jueves, 30 de julio de 2020

¿Réquiem por las bibliotecas?


El lugar más visitado en las instituciones educativas, especialmente las superiores universitarias, debe ser la biblioteca. La crisis social de este tiempo guarda una triste relación con el sonido que las hojas adheridas de los libros en desuso hacen cuando los abrimos. La cantidad de libros o la amplitud de los espacios de lectura hacen un favor escaso a la sociedad sin un sistema que promueva la lectura y sin la motivación o necesidad de las personas. 

Se evita lo difícil: la perplejidad, el análisis, la relación de las ideas… y, ya ven como estamos, aceptando y tolerando con inmerecida indulgencia ideas y modas que han subsumido a nuestra sociedad en el lodo del embrutecimiento aplaudido; somos incapaces de argumentar (por falta de conociento que genere autonomía) y, ya que se promueve la cultura de lo fácil y lo útil, preferimos edificar sobre la base del escándalo y el anonadamiento admitido frente a una pantalla de televisor. Hemos creado y extrapolado códigos lingüísticos; algunos para abreviar ideas, otros para calificar personas, instituciones y acciones según los contenidos paupérrimos de los video juegos, las canciones de letra obscena y la pobreza intelectual de los gorilas de cuerpos bronceados, que no conocen la letra completa del Himno Nacional y causas millones de suspiros diarios con su sonrisa perfecta.

Esto se pone peor, no he conocido aún ninguna biblioteca en Lambayeque que reúna las características de este espacio académico: ordenada, limpia, organizada, con textos y obras recientes y de interés catalogadas, repositorio especializado, sencilla, silente, con espacios diferenciados, abierta a otras actividades y no solo a la lectura: debates, cine, coloquios… ¡No faltaba más! Para ellas no se asigna un presupuesto digno pues promover el conocimiento a través de la lectura no es un buen negocio (no se cuantifica el retorno de la inversión). Nadie reclama, a los jóvenes esto no les interesa o afecta, pero lo que es peor ¿escuchó o leyó usted que algún maestro en las escuelas o universidades proteste o, al menos, muestre oficialmente su preocupación por el estado actual de las bibliotecas? (para ser justo conozco a tres o cuatro maestros universitarios que lo han hecho fracasando en el intento) Mucho me temo que las bibliotecas, que esperan a los jóvenes con los brazos (libros) abiertos, están casi vacías porque en las universidades y escuelas la mayoría de maestros no tiene por hábito leer y, siendo así, ¿no es, entonces, la situación actual de la cultura, educación y sociedad, un efecto del amodorramiento de los agentes en instituciones educativas más interesadas en el balance anual que en la calidad de sus egresados?

Francisca Josefina Peña González, maestra de la Universidad de los Andes, publicó “El placer de leer” (2018) he aquí una afirmación que comparto “la formación de lectores autónomos es una responsabilidad del sistema educativo. Es una función compleja y difícil por la connotación de tarea que se le imprime a la lectura en la educación formal sistematizada”. Muy pocas personas viven la experiencia del placer de leer: la sensación de goce o satisfacción que experimentamos al percibir ideas y realidades fascinantes que nos encandilan y agradan. La sensación positiva e infinita de las realidades que se abren y se muestran; la perplejidad y la alegría de conocer y saber que, luego, regresaré para conocer más y más y más. La realidad que me afecta positivamente a nivel físico, mental o espiritual, y que está asociado a mi felicidad, bienestar y satisfacción.

Por el momento, los anaqueles de las bibliotecas, lucen vetustos y olvidados. ¿Réquiem por las bibliotecas? ¡Todavía! Aún agoniza. Sus muchos libros ignorados y en desuso aún pueden ser abiertos, aunque, por el momento, me hacen recordar que corresponden a una realidad lamentable e inútil; tal como la de los cadáveres de una fosa común.


miércoles, 29 de julio de 2020

Perú: estado empírico y el abismo social

"Basadre" - pintura de Fernando de Szyszlo


Jorge Basadre, en la década de 1940, explicó la desgracia peruana de la Guerra del Pacífico y la condición paupérrima de la República en “dos fallas esenciales que, si continúan existiendo, pueden llevarlo a nuevas catástrofes frente a las grandes pruebas del futuro: la supervivencia del Estado empírico y la del abismo social”.

Definió las características del empirismo de nuestro estado: alienado, frágil, corroído de impurezas, anómalo, inestable, ineficaz en su actuación, con un presidente inestable, un congreso de origen discutible, elecciones amañadas y, en suma, una democracia falsa. Da la impresión que este diagnóstico correspondiera a nuestro tiempo y no a una realidad de hace ochenta años. Destacó la falta de inteligencia en el gobierno, la escasez de personas preparadas para ejercer la función pública y el inexistente buen ejemplo entre los funcionarios, de manera que no había garantías de una formación de cuadros para el desempeño de dichas funciones.

El acceso al gobierno del estado ha sido, casi siempre, una cuestión de dinero. La democracia descansa en una ciudadanía débil. Esta anomia no puede ser distinta considerando la debilidad educativa y cultural que, da la impresión, terminará por llevarnos a la incivilidad total; a la catástrofe cavernaria del individualismo feroz, al desprecio de la inteligencia y a la vigencia consuetudinaria del cinismo.

Las miserias del estado, descansan hoy como en el tiempo de Basadre, en un profundo, injusto y lastimero abismo social. No se ha resuelto el problema de la pobreza, la desigualdad social, el acceso a los servicios básicos, la educación pública de calidad, la inclusión de las comunidades andinas y amazónicas, el respeto a la diversidad lingüística y cultural, el racismo, la exclusión del “otro” que no corresponde a los cánones alienados que se han establecido para gobernar, ser político o defender lo suyo.

Los dos extremos del Perú, bien pueden caricaturizarse en los personajes consuetudinarios de la permanente comedia que con el mismo guion y diferentes personajes significa el acto democrático (término alborotador para nuestra realidad) de elegir autoridades: los candidatos (con mínimas excepciones), políticos de inteligencia fracasada, tránsfugas, negociantes con mucho dinero y poca preparación, demagogos de labia fluida y fijaciones perversas; de otra parte, el ciudadano, persona de mano extendida, dispuesta a hipotecar su consciencia por una dádiva o una promesa de trabajo, capaz de menear su preferencia al ritmo del pungi que hipnotiza su consciencia.

Pensar que, en otros tiempos, el candidato fue así llamado pues vestía una túnica blanca que usaba para destacar por la nitidez de sus aportes e ideas, por sus cualidades personales y aptitudes de gobierno. Hoy, la túnica de la democracia ha sido seriamente manchada con el comportamiento de aquellos que mal gobiernan y de otros que preparan las tapas más bulliciosas de las ollas y los reales de la herencia familiar para postularse sin méritos intelectuales ni aptitudes académicas en el próximo proceso electoral de abril. ¿Y el ciudadano? Se ha convertido en un ser inconsciente de sus derechos políticos, de su rol como agente activo y determinante del estado. ¿Cuándo notará el ciudadano que su débil participación en la toma de decisiones del estado es una de las causas de la permisividad ante las decisiones erróneas? El sentido de identidad y pertenencia muestran su más débil expresión en el rol desinteresado y cómplice del ciudadano (¿?) peruano.

El estado empírico y el abismo social subsisten, también, por el desinterés de quienes saben y pueden, pero no quieren involucrarse.



 


Constitución… ¡Estruendosas carcajadas!

Constitución… ¡Estruendosas carcajadas!


El Perú ha redactado leyes imposibles y dignas de las más estruendosas carcajadas. La constitución es la primera de ellas. La “Carta magna” invoca desde el inicio enunciados propios de un país de retórica barata, donde la palabra vale poco y la viveza implica sacar la vuelta a la ley. Un país, donde la “ley del embudo” (invocada por satíricos del siglo XIX) sigue (y seguirá) vigente con su muy antigua fórmula de usufructo: en la parte más amplia, arriba, quienes gozan del poder, deleitándose en la ostentación y el despilfarro; abajo, en la punta del embudo, los pobres, apenas maman de las gotas que los de arriba dejan caer. No creo que la constitución deba cambiar. Pienso que la actitud ante ella debe mejorar. A continuación algunos ejemplos:

¿La defensa de la persona humana y el respeto de su dignidad son el fin supremo de la sociedad y del Estado? Quedo perplejo ante la incapacidad social de definir los términos persona, dignidad, sociedad y estado. Ya que la onomatopeya no basta, mejor emito la metonimia “¡ya es tiempo de tener seso!”.  Otra, ¿El concebido es sujeto de derecho en todo cuanto le favorece? ¡Tamaña mentira! ¿no estamos, acaso, en el territorio de “ellos y ellas” de “todos y todas”? ¿no también, gobernantes que (por jugar a la inclusividad) restan dignidad a la unicidad de la persona y admite constantes ataques contra la familia natural? ¿Nadie se ha dado cuenta que la constitución declara viva a la persona desde el momento mismo de la concepción?

¿El estado propicia la creación intelectual, artística, técnica y científica; propicia el acceso a la cultura y fomenta su desarrollo y difusión? ¡No! No sabe cómo hacerlo, sus mayores órganos estructurales en materia de educación y cultura apenas luchan por salir del sótano del ranking de la lectoescritura o contratan cantantes desconocidos para dictar charlas motivacionales a los burócratas y papeleros de turno. Irrespeta la creación intelectual con un tratamiento tibio de la colusión, el plagio y el auto plagio, a través de un organismo que para admitir denuncias o respaldar creaciones cobra derechos inaccesibles para algunos. Permite con desparpajo la existencia de universidades que “investigan” según el papel, cuyos maestros (en su gran mayoría) no leen, publican, ni crean conocimientos; universidades con bibliotecas paupérrimas, de libros con hojas pegadas por el desuso, estantes apolillados y una baja cantidad de lectores (obligados, para ciertos documentos) … ¿Alguien leyó El principito, Corazón o La divina comedia?

¿Todo peruano tiene derecho a usar su propio idioma ante cualquier autoridad mediante un intérprete? No lo creo. Es más sencillo para un turista de habla inglesa comunicar su estado de ánimo y solicitar el baño de un restaurante que para un quechua, aimara, conibo o ashaninka comunicar que sus tierras son contaminadas, que necesitan vacunas, alimentación básica (para combatir la anemia) y educación de calidad en su propio idioma. ¿Cuántas tesis en quechua o en cualquier lengua nativa se han defendido en las universidades del país? Hasta donde sé, una.

¿La comunidad y el Estado protegen especialmente al niño, al adolescente, a la madre y al anciano en situación de abandono? ¿También protegen a la familia y promueven el matrimonio? ¿Reconocen a estos últimos como institutos naturales y fundamentales de la sociedad? ¡Estoy al bode del desmayo!¡No y No! Hemos permitido palmoteando como morsas que la sub cultura del más fuerte, del más bello, de la cabeza vacía, del más grosero, invada la televisión y, por ende, las familias, con mensajes distorsionados de masculinidad, amor y tratamiento al prójimo. Hemos sido permisivos ante la vulgarización de los contenidos y comportamientos.

Un país que no es capaz de respetar la mayor, la más importante, citable e incontrastable de sus leyes ¿será capaz de promover la ética, la legitimidad, la legalidad en todos los estamentos y áreas de su desarrollo?... finalmente, retiro lo de “estruendosas carcajadas”. Prefiero ir a leer, a lo mejor y encuentre en el plagio de Bryce una razón para argumentar sobre lo original.


martes, 21 de julio de 2020

Somos una sociedad poco inteligente

Si la inteligencia es nuestra salvación, la estupidez es nuestra gran amenaza


Somos una sociedad poco inteligente, en síntesis. Han fracasado la inteligencia política y la ciudadana de tal forma que aquella visión basadrista de un “estado empírico y un profundo abismo social” continúa vigente y sin el más mínimo atisbo de transformación. Nos vamos constituyendo en una oclocracia, donde el tumulto y la muchedumbre impone su razón a pedradas y donde la diversidad (palabra usada de manera tan cínica) invocada por los políticos y feministas termina cada vez que alguien solicita explicaciones o contradice sus argumentos.
Somos una sociedad cínica que corre tras el discurso demagógico, la debilidad moral, las dádivas y los ofrecimientos nunca realizados; para luego, como en un círculo vicioso (o estúpido) pedir la revocatoria o lapidar a quienes ellos mismos eligieron y representan, de sobra, la calidad paupérrima de su elección irresponsable. Nuestra sociedad tilda de inconformes y pesimistas a quienes, con conocimiento de la historia y algo (no de suma) inteligencia argumentan la necesidad de una profunda reflexión, convergencia, renuncia a posiciones particulares y conclusiones sostenibles como única salida para el país.
Si, lamento decirles que se abre paso la estupidez vestida de oro, representada por un grupo de gorilas televisivos que ganan más dinero que el mejor científico peruano y no saben el valor de pi (¿3.1416?); por infames personajes que fungen de periodistas (no pisaron jamás las aulas universitarias) cuyo propósito es embrutecer cada día más a la sociedad con un leguaje farandulero y procaz que enaltece a Chacalón y se burla José Effio, Baca Rossi o Ñañake. Si, aunque nos avergüence, es la sociedad en la que vivimos, acostumbrada a mirar de reojo las oportunidades de mejora, facilista, informal, que se golpea el pecho con la mano derecha y no confirma su fe con las obras que exige cada vez que se escandaliza inmisericorde por los pecados ajenos.
La inteligencia es nuestra salvación y la estupidez es nuestra gran amenaza, diría José Antonio Marina (creo que pensaba en nosotros). Hay que ser estúpidos para reconocer la corrupción y no combatirla ni denunciarla; para ver el sufrimiento del pobre, allá en sus casuchas endebles y maltrechas ya ornadas con una pequeña y rota banderita que nos hace recordar la miseria de la clase política (¿clase?) de nuestra patria tan acostumbrada a darles limosnas y a convertirlos en una estadística para volverlos invisibles despersonalizándolos y negándoles la dignidad. Si, nuestra sociedad ha negado a la inteligencia la posibilidad anhelada de tocar sus instituciones por la razón sencilla de haber sido arrojada de los hogares y de los círculos que deben venerarla (me refiero a las universidades y cuidado con ofenderse: “por sus frutos los conoceréis”).
Hoy, el fracaso de la inteligencia se ve en las calles y por ella circula un nuevo tipo de persona, estulta y de inteligencia fracasada: los que asocian su alivio por estar de regreso en las calles luego de un tiempo de encierro, con su estabilidad emocional. Mientras más salen más tranquilos están y más felices son. Salen y se amontonan, seres de tumulto, de mancha; estúpidos intrínsecos que sueñan con el bullicio de una fonda y un amanecer aguardientoso con humor a flatulencia y cigarrillo. Estúpidos consuetudinarios a quienes nada puedes decir pues, en su lamentable unicidad, no te escucharían y, de hacerlo, no abandonarian las calles pues su idea de gatos techeros o de perros sin dueño los conducen de inmediato a la razón de su ser: la calle y su efecto (aunque sea virulento).
Antes de continuar, pido disculpas a las personas inteligentes (que las hay y muchas) este discurso no es para ellos; disculpas a los buenos maestros universitarios (lectores, investigadores y trabajadores del conocimiento que nos ayudan con sus publicaciones y productos); me diculp, también, con gatos y perros.
La irracionalidad va triunfando y se encumbran, como el virus, al ritmo de la curva (ex meseta) que ellos dibujan e impulsan con alegría y ahínco. Ellos, están de fiesta mientras mueren miles. Gritan de entusiasmo y babean ebrios ingeniándoselas para evitar el ruido llamativo que convoque a la autoridad. Perdón, he cometido un error, la autoridad en este tiempo también es estulta y, en casi todos los casos, corrupta. Están convencidos que la vida es una sola y que el aislamiento social debilita, envejece, atrasa, amodorra, entristece... Son felices faltando el respeto a quienes cumplen la norma, a los miles de enfermos y sus familiares, a los médicos y trabajadores que sí deben salir pues de ellos depende la salud y la economía de la nación. Ven la estadística y se encogen de hombros pues el daño del prójimo es su tipo de sensualidad.
Corrupción y estupidez son los dos lados de la cotidiana moneda. Hay estúpidos en autos y vestidos de corbata. También los hay en andrajos y descalzos. Están en condominios, urbanizaciones y asentamientos. Los hay en todos los espacios alimentada por una televisión vergonzosa que vuelve admirables a los asesinos y no se pone a disposición de la paz, la educación y el bienestar social (¿puede más el rating?).
Tenemos que elegir a diario entre estupidez e inteligencia. Depende del ciudadano seguir actuando bien pues nuestros enemigos andan sueltos: el virus y los estúpidos que lo ayudan a pervivir.


jueves, 19 de marzo de 2020

Virtualidades de la escuela en tiempos de crisis

Experimentamos con mucha esperanza (porque así es todo proceso educativo)nuevos escenarios, adaptaciones y extraordinarios cambios de actitud en tiempos de crisis 


Y ahora resulta que en medio de esta crisis (Una verdadera oportunidad educativa) los maestros ingresamos al campo de las "escuelas virtuales" haciéndonos parte de la solución esperanzada como en otros tiempos de la historia. Sí, portadores de mucha esperanza en días de una experiencia educativa de tal magnitud que bien podría cambiar nuestra forma de ver la educación y la vida misma. ¡Estemos atentos y seamos muy proactivos!
Las experiencias retadoras, aquellas que nos han exigido al máximo para la solución de problemas con innovación y creatividad, han ocurrido en todos los tiempos y los maestros: líderes educativos, motores de cambio y transformadores consistentes del mundo, siempre hemos estado al frente y en acción desde la escuela. El desafío de hoy, afirma Fracois Valleys, no tiene que ver con la economía, la tecnología o el trabajo; tiene relación con el sentido de humanidad, con la necesidad de educar en virtud y en resiliencia (como forma de ser) para promover la constante adaptación a tiempos cambiantes por el deterioro del medio ambiente y por las acciones humanas últimamente tan individualistas y economicistas. Antes, entonces, necesitamos volver a una verdad deontológica: para educar bien es necesario el liderazgo de maestros virtuosos (no perfectos) y resilientes. ¡Nosotros lo somos!
Educar en este tiempo de crisis tiene como impronta la construcción del sentido de futuro, el respeto a la dignidad personal y, como consecuencia, tareas hacia la interioridad: sentido de superación, adaptación al cambio, inteligencia y renovada vocación de servicio por cualquier medio, incluyendo el virtual. Educar para la virtud en este tiempo es desterrar el egoísmo, egocentrismo y la idolatría básica del deseo y ansia de poder que tanto daño ha hecho a toda la humanidad. Y, para colmo, lo hacemos todos a través del hilo virtual. Nos confrontamos, entonces, con nuestras inquietudes primerizas y nuestras limitaciones, temores a lo desconocido (o nuevo) y, finalmente, a los éxitos cada vez más sostenidos y que fortalecen una nueva capacidad.
Nuestros alumnos viven en un mundo más caliente (calentamiento global) en movimiento constante (migraciones) en estado de vulnerabilidad (violencia e ideologías nocivas) y, ahora, pandemias… las amenazas son constantes y notorias. En ese entorno se requiere educar para la solución de problemas, la caridad, la compasión, la esperanza y la alegría como un estado a normalizar entre los estudiantes para garantizar una sociedad y un mundo mejor. La sociedad material sigue siendo necesaria, pero no solo de pan vive el hombre y, hoy en día, el pan de la esperanza y del amor son necesarios y deben partirse en nuestras manos con generosidad. Esta crisis llegará a su fin más temprano que tarde. Pero la experiencia y los aprendizajes quedan. Somos maestros vencedores de este y no de otro tiempo. Estamos dando soluciones y trayendo luces en medio de la ansiedad social.
Veo por doquier escuelas cerradas y procesos educativos abiertos y dinámicos en las nuevas "escuelas virtuales". Hemos sintetizado al mundo en nuestra nueva escuela (literalmente en la nube) y lo estamos cambiando a través de ella. Nos hemos convertido en un solo cuerpo decidiendo difuminarnos en la virtualidad para tocar con nuestras manos y consciencias, a través de nuestros alumnos y sus familias, a una región, un país y la humanidad entera que con nuestra ayuda no perderán la esperanza.

viernes, 8 de noviembre de 2019

La Independencia de Lambayeque según los “Anales del departamento de La libertad en la Guerra de la Independencia” de don Nicolás Rebaza (1898)

Don Nicolás Rebaza. Vocal de la Corte de Trujillo
Autor de la obra analizada.

Introducción:
El presente artículo muestra la versión sobre la independencia de Lambayeque contenida en los informes que don Nicolás Rebaza, trujillano, recibió directamente de su amigo don Juan Manuel Iturregui Guilarte y otra información documentada (básicamente en cartas de la época) entre las décadas del 20 y 50 del siglo XIX y que forman parte de “Anales del departamento de La libertad en la Guerra de la Independencia”, obra de 328 páginas publicada recién en 1898.  
El autor define su obra y hace las advertencias sobre su contenido y la lectura que debe hacerse de ella: “Lo que contengan los anales solo debe estimarse como la crónica de los acontecimientos notables que tuvieron lugar en la Guerra de la Independencia y de los que tengo conocimiento citando documentos o personas que me los trasmitieron… lo que escriba será pues simple narración de los hechos y en muy pocos casos haré apreciaciones de ellos…” (p. 16)
Después de mencionar algunas, a su juicio, imprecisiones sobre los sucesos de la independencia en Trujillo (por lo tanto, en todo el norte del Perú) afirma la necesidad de su obra para dar a conocer acciones, en ese tiempo, desconocidas o silenciadas por los historiadores: “Cuan necesario ha sido narrar los hechos notales que tuvieron lugar el año 21 en la gobernación de Trujillo y que han silenciado los historiadores…” (p.9)
En la parte final del trabajo doy a conocer los errores en los que cae Rebaza, al parecer por una información inexacta de sus fuentes y testimonios.
A continuación sintetizo sus aportes.
1.     Lambayeque en la independencia del norte del Perú
En 1846, en París, el Gral. Juan Manuel Iturregui, representante de Perú ante la Corte de San James, realizó un recordaris de lo ocurrido en Lambayeque en 1820 y 1821, así como de la importancia que tuvo para el ánimo y organización de la expedición de San Martín la cooperación de los pueblos del norte:
San Martín se encontraba en Chancay sin recursos y los hospitales llenos de enfermos; “se habría visto obligado a reembarcarse para Chile, sino hubiese sido por la importante colaboración que con el pronunciamiento le prestaron los pueblos del norte” (p. 16).
El libertador se había puesto en contacto, a través de cartas privadas, con distintos personajes de la intendencia como el Marqués de Torre Tagle, Manuel Cavero y Muñoz (Marqués de Bellavista), Juan Manuel Iturregui y otras personas influyentes “haciéndoles comprender la obligación en que estaban de trabajar por la libertad e independencia de su patria” (p. 16). Sin embargo, en el caso de Iturregui, “(para persuadirlo) no fue necesario esfuerzos porque era antiguo carolino… discípulo del Sr. Sánchez Carrión, que era en el colegio San Carlos el mayor insurgente…” (p.16). además, la información sobre los sucesos de Lambayeque la recibió directamente de una fuente confiable: “El Sr. D. Juan Manuel Iturregui; cuya plena confianza merecí, me puso al corriente de cuanto tuvo lugar en la provincia de Lambayeque; en cuya capital fue alcalde de españoles, cuando en 1820 encabezó la proclamación de la independencia” (p. 11) vale la pena recordar que, en este proceso, Iturregui es considerado coronel en jefe del Regimiento de Infantería de Lambayeque que contó con 963 hombres de armas.
Una vez proclamada la independencia en la Intendencia de Trujillo el Marqués de Torre Tagle, investido con el cargo de Presidente, decide realizar dos acciones: auxiliar con prontitud al ejercito del Gral. San Martín que se hallaba en condiciones deplorables y que las provincias debían nombrar sus gobernadores (para reemplazar a los antiguos subdelegados coloniales). “En Lambayeque… el Sr. Juan Manuel Iturregui… no aceptó el cargo porque prefirió ir al ejercito de San Martín con los recursos de hombres y dinero que proporcionó la rica y abundante provincia de Lambayeque…” (p. 54).
2.     Juan Manuel Iturregui Aguilarte
 Acaudalado hijo de una de las familias más notables del Partido de Lambayeque. Coronel de Reales Milicias de Ferreñafe. Sus padres fueron Juan Manuel y Catalina. Realizó estudios en el Real Convictorio de “San Carlos” y fue discípulo del precursor de la independencia Dr. José Faustino Sánchez Carrión. Estudió artes, latín, filosofía, matemática y jurisprudencia con estudios en derecho natural y de gentes. Enfermo de asma regresó a Lambayeque. Su madre, ya viuda, inculcó en Juan Manuel la dedicación a las actividades comerciales y organizó su primer viaje a Jamaica para la compra de mercaderías para el negocio familiar. En Panamá y Jamaica, el año de 1818, se puso en contacto con patriotas colombianos (puede inferirse su relación con las logias masónicas) y “en vez de emplear el dinero en mercaderías, compró un considerable número de armas y municiones; y para no despertar sospechas, compró algunos efectos”. (p. 179). Por ese tiempo, la casa de Iturregui era el centro de reunión de muchos jóvenes de familias notables que de manera secreta leían impresos llegados desde Colombia y Buenos Aires. Se comprometieron desde entonces con la causa antimonárquica y pro republicana.
Enterados por el aviso de un amigo de la familia y miembro de la Real Audiencia de Buenos Aires de que las autoridades españolas habían sido notificadas de las reuniones en casa de los Iturregui y el peligro para su vida y economía que ello implicaba; Juan Manuel decide tomar precauciones y esconde el armamento y municiones comprados en Jamaica en una de sus tinas en el área rural de Lambayeque.
3.     El movimiento popular de Lambayeque y el “diablo grande”
Una vez proclamada la independencia de Lambayeque, entre fines de diciembre de 1820 e inicios de enero de 1821, Iturregui arma a la plebe y pone a la cabeza de esta gente a su hermano José Ignacio Iturregui. El pueblo armado defendió la independencia y a las autoridades (alcalde, regidores y vecinos notables) ante la amenaza del regimiento de caballería realista de tomarlos prisioneros, amenaza que duró por espacio de tres días hasta su rendición. Según el mismo Iturregui, este movimiento popular fue auxiliado por las milicias de Ferreñafe; afirmó “… en ese día se trasladó, puede decirse, todo Ferreñafe a Lambayeque…” (p. 182). “El jefe del cuerpo acantonado en la ciudad de Lambayeque fue un teniente coronel de apellido Romero, famoso por sus actos de crueldad… escapó de la ciudad cuando el pronunciamiento” (p. 187) Líderes del movimiento de Ferreñafe fueron “los vecinos Salazar”. Iturregui debió convencer a la multitud (haciendo esfuerzos denodados) las propiedades de los españoles ni de los ciudadanos de Lambayeque y Chiclayo considerados como realistas.
Era residente de Lambayeque Francisco de Paula Ruiz, oriundo de Buenos Aires (o Chile) conocido como “diablo grande”, “de ejercicio papelista…” caudillo de la plebe. Apoyado por un gran grupo de la plebe se propuso arrebatar los caudales de los españoles y los realistas. Ante ello, Juan Manuel Iturregui “llamó a la orden a diablo grande y a quienes lo apoyaban, les explicó que la patria no era para robar, ni atacar las propiedades, lo que era un crimen…” (p. 183).  A pesar de ello, el diablo grande, persistió en sus planes dirigidos contra las familias Estela, Delgado, el párroco español Lázaro Villasante y los Navarrete (residentes en Chiclayo). Hizo falta que, con el uso de las armas, una parte de la milicia del Sr. Iturregui lo contuviera y conminara con amenazas a dejar la ciudad, lo cual hizo.
4.     Las “cajetas” de Pedro Estela
El acaudalado lambayecano Pedro estela, apoyado por la familia Delgado, en su afán de quedar bien parado ante realistas y patriotas; remitió al Virrey dos mil onzas de oro selladas en cajetas de dulce. Y sabiendo que San Martín se encontraba en Chancay, parte de la misión fue compartir con su guarnición los exquisitos dulces de don Pedro Estela de paso a la ciudad de Lima.
El responsable de la misión fue un trabajador de Estela, José Bringas, quien cargado de las cajetas de dulce y aguardiente viajó por tierra haciendo una primera escala en Chancay y se presentó ante el libertador con los obsequios y algunas cartas falsas con supuestas recomendaciones de vecinos notables de Lambayeque. No sin antes haber compartido los productos con la oficialidad y soldados del ejército libertador, continuó camino a Lima donde entregó el metal enviado por Pedro Estela al Virrey en persona (p.194)
De todo lo anterior, Juan Manuel Iturregui no tuvo conocimiento. Si supo de algunas muestras de apoyo de parte de Estela y otros lambayecanos al virrey español. La versión de las cajetas se supo algún tiempo después de producida la independencia (en 1829) por versión del mismo Bringas.
5.     La carta sobre Lambayeque de José de San Martín
De manos del síndico procurados de Lambayeque, Sr. Mariano Quesada, el marqués de Torre Tagle recibe una misiva fechada en 24 de enero de 1821 dirigida a los beneméritos patriotas lambayecanos y que contiene expresiones elogiosas del libertador al valor y ayuda del pueblo de Lambayeque:
He visto con la más pura y viva complacencia el acta de la proclamación de la independencia en Lambayeque el 31 de diciembre último. Este movimiento espontaneo, esta augusta manifestación de la voluntad de sus beneméritos habitantes, es la prenda más segura de lo sublime de sus sentimientos, y el garante de su felicidad futura. Los hijos de Lambayeque no podían ser menos americanos que el resto de los habitantes de este continente; y al levantar el grito, osados contra la tiranía peninsular, al proclamar decididamente su libertad, manifestaron que eran dignos de obtenerla, que sabían conservarla y que merecían ocupar un lugar entre los pueblos del globo, que solo obedecen a sí mismos, obedeciendo las leyes que dicta la pluralidad de los que forman un estado independiente. Yo no puedo ser insensible a las muestras de heroísmo que los habitantes de Lambayeque dieron al mundo el memorable día ultimo del año, último de la esclavitud del Perú; y me gloriaré de ser justo en la época no muy distante del establecimiento de un gobierno general en este país, patentizando el mérito contraído por aquel ilustre pueblo y recomendándole a la gratitud de los contemporáneos no menos que a la admiración de la posteridad.

Dios guarde a ustedes – Cuartel General en Huaura, enero 24 de 1821 – José de San Martín.
6.     Iturregui en la Guerra civil de 1823
Concluido el paso de la expedición sanmartiniana en Perú, ya en 1823, se instalan dos gobiernos: el del Marqués de Torre Tagle con sede en Lima y otro del Marqués de la Riva Agüero con sede en Trujillo. Se origina una cruenta guerra civil. Los pueblos del norte tomaron partido por Riva Agüero y, en ese sentido, Juan Manuel Iturregui le sirvió lealmente en las siguientes dos acciones:
-         Fue nombrado Ministro negociador (junto con el Dr. Pérez Tudela) y como tales se les asigna la misión de viajar a Guayaquil y entrevistarse con el libertador Simón Bolívar para solicitar su respaldo a Riva Agüero. La misión fracasó cuando en el trayecto se enteraron que el Gral. Bolívar decidió ir de Guayaquil a Lima y brindar su respaldo a Torre Tagle.
-         Fue nombrado representante de la legación diplomática de Perú en Chile. Dicho país reconoció a dos embajadores (el de Riva Agüero y el de Torre Tagle) afirmando que “por hallarse el Perú en guerra civil, con dos gobiernos sostenidos cada uno por una gran mayoría del país, (Chile) no debía decidir cuál era el gobierno legal” (p. 72)
-         De Chile, pasó a Mendoza (Argentina) en busca del Gral. San Martín a quien solicitó su retorno al país para “completar su obra de la independencia”.  San Martín respondió “pidiendo se pusiera término a la guerra civil reconociendo la autoridad del Congreso por malo y detestable que fuese.

- Los errores de Nicolás Rebaza
  Según el historiador Guillermo Figueroa Luna, el informe de Nicolás rebaza es una muestra de la abundancia de apología en la historia oficial. Señala como errores:
  - La frase de José de San Martín mencionando el 31 de diciembre como fecha de la proclamación de la independencia en Lambayeque no niega la proclamación del 27 de diciembre, sino que refiere a la segunda, la del "pueblo medio y bajo". Habrá que recordar que en Lambayeque hubo cuatro actos de proclamación.
- - El regimiento español no pudo haber amenazado a las autoridades independientes por espacio de tres días porque en documentos se registra que dichas fuerzas se riendieron solo dos horas después de la proclamación del 27.
   - Rebaza menciona la "Guerra civil entre Torre tagle y Riva Aguero"; sin embargo, el enfrentamiento se produjo entre el Congreso Constituyente y Riva Aguero y nunca se convirtió en una guerra civil.
    - El informe de Rebaza señala un momento en el cual la expedición sanmartiniana se retira o abandona el Perú. En realidad, el ejército nunca se retiró pues permaneció en Perú pero bajo el mando de Bolívar. Aunque el pelotón del sargento Moyano traicionó y entregó los castillos del Callao al jefe español Rodil.
  Según el historiador Jorge Izquierdo Castañeda:
  - No cabe duda que el evento que reviste mayor trascendencia en el calendario cívico patriótico de la ciudad de Lambayeque es la declaración de su independencia absoluta del gobierno español la memorable noche del 27 de diciembre de 1820.
   - Sabemos que Lambayeque comparte esta primacía con otros pueblos del Perú, como la otrora caleta de pescadores de Supe que proclamó su independencia el 5 de octubre de 1819 según el historiador recano Manuel Bonilla Castro. Además, Ica (21 de octubre de 1820) Huamanga (1 de noviembre) Huancayo (20 de noviembre) Jauja (22 de noviembre) Huaura (27 de noviembre) Tarma (28 de noviembre) Cerro de Pasco (7 de diciembre) Huánuco (15 de diciembre). Luego tocó el turno a Lambayeque el 27 de diciembre, a Trujillo el 29, a Chiclayo el 31 de diciembre de 1820 y a Ferreñafe el 01 de enero de 1821.
     - Aunque Lambayeque no tiene primacía cronológica, si la tiene en el discurso ideológico, pues "su actitud y trabajo a favor de la independencia y el ardor de los patriotas lambayecanos, antecede incluso al arrivo de las velas de la expedición libertadora del sur".
Conclusiones
1.     La obra aporta información relevante, alguna es discrepante y errónea con aquella que de ordinario referimos en Lambayeque. La fecha de su independencia consignada en este documento es 31 de diciembre y no 27 como afirmamos basados en documentos en la región de Lambayeque. Esto se debe a un error de interpretación de Rebaza. No es posible conocer su propósito.
2.     Se afirma la importancia concedida por el libertador José de San Martín al aporte material y personal realizado por el pueblo y patriotas lambayecanos en favor de la causa de la independencia.
3.     Se aporta información sobre la participación de la plebe y la importancia del movimiento popular liderado, entre otros, por diablo grande en el proceso de la independencia lambayecana.
4.     Se evidencia la postura bipolar de algunos miembros de la élite lambayecana en el proceso independentista. Tal es el caso de don Pedro Estela y la familia Delgado.
5.     Se destaca la participación y liderazgo de Juan Manuel Iturregui Guilarte en la conducción y liderazgo del proceso en Lambayeque; así como sus servicios a las causas de la libertad hasta cumplida la primera mitad del siglo XIX.
  6. Destacados historiadores lambayecanos, refutan el trabajo de Rebaza por contrariar los testimonios históricos en fuentes confiables que dan primacía a Lambayeque en cuanto a la proclamación de su independencia. Además, Figueroa Luna, refiere otros errores cometidos por Rebaza en sus anales.

Referencia bibliográfica:

1.     Rebaza, N. (1898) Anales del departamento de La libertad en la Guerra de la independencia. Trujillo: Perú. Ed. Imprenta “El obrero del norte”.
  2. Figueroa, G. & Idrogo, N. (2003) Historia del Perú y lambayeque siglo XIX.



viernes, 13 de septiembre de 2019

Una cuestión de honor: El desafío y duelo del periodista chiclayano Pedro Ruiz Bravo a José de La Riva Agüero y Osma.

La imagen muestra el duelo entre Fernando Belaunde y Eduardo Watson Cisneros
En el aeroclub de Collique en 1957. Nos da una idea de las cuestiones de honor
en pleno siglo XX.

La práctica del duelo y los lances de honor por caballerosidad (al ser de exclusivamente masculina) y en defensa de la integridad del nombre, la sangre; persistieron hasta inicios del siglo XX en nuestro país, específicamente en Lima, según demuestra la historiadora Magdalena Chocano en su investigación “Pulsiones nerviosas de un orden craquelado: desafíos, caballerosidad y esfera política: Perú, 1883-1960” (2011) que cito como fuente y evidencia.[1]
Según Chocano, un caballero era modelo de masculinidad y estaba asociado a la práctica de una profesión liberal o su pertenencia a una familia notable de la sociedad. Un duelo no se relacionaba con cualquier tipo de violencia. Por lo general, los caballeros de la época se preparaban para dichas eventualidades. Así fue con Luis Alberto Sánchez y Jorge Basadre que aprendieron el uso de las espadas en la sala “Cavallero” de Lima. “Por esa razón, el honor mancillado se convertía en el fundamento de los desafíos, que debían restablecer la igualdad entre los varones de la comunidad”, tal como veremos en el hecho relatado a continuación.
El 13 de junio de 1918, durante una sesión de la Cámara de Diputados, el parlamentario Jorge Corbacho acusó de “germanófilo” al ex canciller del gobierno de José Pardo, Enrique de la Riva Agüero por su posición política durante la primera guerra mundial que, según Corbacho, trajo como consecuencia al país “… aislarlo del bando aliado en un momento en que eran necesarios más apoyos para solucionar de manera favorable las cuestiones pendientes con Chile”. Atacó, también, a José de la Riva Agüero y Looz Corswarem, quien fuera ministro de relaciones exteriores durante el gobierno de Manuel Pardo y Lavalle, responsable del Tratado defensivo con Bolivia (una de las causas invocadas por Chile para declarar la guerra al Perú).
La intervención del diputado Corbacho fue publicada ampliamente por el diario “El Tiempo” de Lima, dirigido por el periodista chiclayano Pedro Ruiz bravo, en una crónica de dos páginas titulada “Sensacional sesión en la Cámara de Diputados. El problema de la defensa nacional. Una sombría página de nuestra historia”. La nota mostró el discurso completo de Corbacho con su versión sobre el conflicto con Chile y su acusación al partido civil de ser responsable de dicha derrota. Además “El Tiempo publicó una carta del 20 de septiembre de 1879 dirigida al almirante Lizardo Montero, jefe del ejército del sur y también miembro fundador del Partido Civil, por su correligionario José Carlos de la Riva-Agüero, quien le aconsejaba que procurara obtener una gran victoria en Arica para hacer contrapeso a la figura de Miguel Grau, a quien los pierolistas querían lanzar como candidato. Grau era miembro del Partido Civil, pero no era el favorito del círculo de César Canevaro y de Riva-Agüero, quienes consideraban que otra victoria del Huáscar haría la corriente en favor de Grau irresistible”. Luego, el 15 y el 17 del mismo mes publicó otras cartas de Riva Agüero en las que el autor, aparentemente desprestigia a Grau, al diario El Comercio y al presidente Luis La Puerta; mencionó en su nueva crónica “Las sensacionales revelaciones del señor Corbacho en la Cámara de Diputados. El civilismo a través de nuestra historia [...] Temían que la gloria del almirante Grau contrariara tenebrosos proyectos de conquistar el gobierno” (El Tiempo - 15 de junio de 1918) y agregó “Los documentos del Sr. Jorge Corbacho. Una carta de don José de la Riva Agüero al general Lizardo Montero [...] Los planes maquiavélicos para adueñarse del gobierno”, en su edición del 17 de junio de 1918.
Por lo anterior, el historiador José de la Riva-Agüero y Osma, descendiente de los personajes mencionados por Corbacho e implicados en estas “revelaciones” del diario, envió una carta repudiando las acusaciones publicadas en el Diario “El Tiempo”. Al respecto “Luis Alberto Sánchez ha señalado que la preocupación de Riva-Agüero era extrema en lo referente a los miembros de su familia, presentes y pasados… Genealogía e historia se confundían en esta percepción. Una luz poco favorable proyectada sobre un antepasado se convertía en un problema de reputación política…” (Ibd).
“El Tiempo” responde con nuevos artículos; esta vez sobre Jose de la Riva Agüero y Sánchez Boquete, primer presidente del Perú, otros de los antepasados de Riva Agüero y Osma sobre quien tanto José de San Martín como Simón Bolívar, en su momento, expresaron muy malas opiniones según mencionaba el diario. Riva Agüero y Osma notó que el diario pretendía mostrar una actividad continua por parte de los Riva Agüero (de todas las generaciones) contra los intereses del Perú.
El 21 de junio de 1918, el diario “El Comercio” a pedido de Riva Agüero y Osma, publica el artículo de su autoría “La personalidad histórica del Mariscal Riva Agüero. Acápites de un libro”; en el refiere: “…Lo que El Tiempo busca, no es la verdad, sino la sorpresa y el engaño en el bullicio, siguiendo la proterva máxima de que de la calumnia algo queda…  Y en esta maldita obra no repara en medios, atropellando el honor ajeno y hasta la sagrada memoria de los muertos. Herido en lo más íntimo de mis sentimientos familiares, y prescindiendo de toda consideración política, mancomunado con mi más próximo pariente, denuncio al desprecio público esta nueva campaña pasquinesca, inmundo amasijo de ignorancia, de impostura y de perfidia”.
Pedro Ruiz Bravo, director de “El Tiempo” responde el 19 de junio de 1918 con el artículo “El señor Riva Agüero y El Tiempo” señalando: “Nos hemos limitado a reproducir una carta… el señor Riva Agüero trata de justificar a su abuelo… nosotros no le hemos negado ese derecho. Únicamente hemos sostenido y continuaremos sosteniendo que los egoísmos y ambiciones del grupo político a que pertenecía el abuelo del Sr. Riva Agüero debilitaron nuestra defensa y contribuyeron a nuestra derrota… (Riva Agüero) acusándonos de pasquinistas, se expresa en el lenguaje menos propio de un político, intelectual y maestro, obligado a ser ejemplo de prudencia, serenidad y cultura, y no de matonería y agresividad”. Ambos personajes, como se nota, estaban seriamente ofendidos. Según Luis Alberto Sánchez “el retador fue Riva Agüero…”[2]
Al momento de la publicación del artículo en “El Comercio”, Pedro Ruiz Bravo envió a sus dos padrinos Manuel Químper y Miguel Grau, hijo del almirante Grau, quienes se reunieron con los del historiador: José María de la Jara y Víctor Andrés Belaúnde. Decidieron que Riva Agüero y Ruiz Bravo se batirían con “sable de combate, arma de punta, filo y contrafilo. El combate debía suspenderse cuando uno de los adversarios quedara en manifiesta condición de inferioridad (una herida que le impidiera continuar la lucha). El director del combate designado no se pudo presentar; por ello, asumieron el cargo, por turno, los maestros de esgrima Sarco y Fabbi” (Ibd).
Según Chocano, hubo dos asaltos. En ambos, Riva Agüero profirió insultos a Ruiz Bravo según hizo notar Miguel Grau, padrino de Ruiz. El combate fue detenido pues ambos duelistas estaban heridos impidiéndoles, según Eduardo Basadre (médico) continuar batiéndose. Al concluir el duelo debía redactarse un acta y, sin embargo, no lograron conciliar sobre el contenido de la misma.
Fue así que la caballerosidad de un mestizo provinciano, el chiclayano
Pedro Ruiz Bravo; quedó incólume ante la de José de la Riva Agüero y Osma, personaje limeño de rancio abolengo.



[1] Ver en “Pulsiones nerviosas de un orden craquelado: desafíos, caballerosidad y esfera política: Perú, 1883-1960” (2011) Revista Histórica XXXV.1
[2] Ver “Conservador, no; reaccionario, sí. Ensayo heterodoxo sobre José de la Riva Agüero, marqués de Montealegre y Aulestia”. Lima: Mosca Azul, 1985, pp. 42-43