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Fotografía publicada en Revista Variedades de Lima - año 1911 |
En junio y
julio de 1649, en Ciudad Eten, según el documento “Crónica del Milagro
Eucarístico de Eten” (1649), ocurrieron dos apariciones del Niño Jesús en la
Hostia Consagrada. Según el Profesor Carlos Millones Carrillo, investigador que
analizó y transliteralizó los 82 folios de la crónica “se dio como secuela de
un sacrilegio realizado en la ciudad de Quito (Ecuador) en la madrugada del 19
de enero de 1649, en el cual unos malhechores desfondaron el Sagrario y se
llevaron el Copón de plata, maltratando las Sagradas Hostias y dejándolas
regadas en el piso, algunas de ellas rotas y otras sin poder ser encontradas”
(Millones, 2009). A continuación una narración de los hechos que considera el
orden de la información registrada en la crónica franciscana.
En Reque,
el 23 de junio de 1649 Don Fernando de la Carrera, Vicario Juez eclesiástico
del Partido de Chiclayo creyó necesario citar y tomar declaración al cura
franciscano de Eten, Fray Jerónimo de Silva Manrique, testigo presencial del
extraordinario hecho, no sin antes solicitar a su superior, Fray Marcos López
(“Presidente del Convento de San Francisco de Chiclayo”) la autorización para
dicha comparecencia. Dicha solicitud se le notificó el 25 de junio a través del
notario Iñigo de Sarabia quien leyó la petición y recibió la autorización
solicitada en presencia de Fray Antonio Crespo, quien actuó como testigo del
hecho.
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Foto publicada en Revista Variedades de Lima - año 1911 |
Testigos de
la primera aparición, ocurrida el 02 de junio de 1649, fueron Fray Jerónimo de Silva Manrique, Cura y Vicario de
Eten (46 años); Don Domingo Martínez, español natural, residente en
la Ciudad de Zaña (27 años); Andrés
Neciosup, Sacristán Mayor de la Iglesia (36 años); Don Pablo Quinocial, alcalde
ordinario de Eten (68 años); Don Fabián Chancafe, alcalde ordinario de Eten (36
años) y los pobladores presentes en el acto litúrgico. Todos ellos fueron
entrevistados por Don Fernando de la Carrera. El interrogatorio, del que
participaron por separado, constó de 7 preguntas: “¿si vieron con los ojos
corporales, el 02 de junio de 1649, dichas las Vísperas del Corpus en la Hostia
Consagrada que estaba, un niño como cosa distinta de la Hostia o como pintado?;
¿el dicho Niño que pareció en la dicha hostia era de medio cuerpo o de cuerpo
entero, desnudo o vestido, si cubría toda la hostia o no?; ¿ si el dicho niño
tenía cabellos, cara y carnes de cuerpo humano haciendo distinción de lo blanco
del círculo de la hostia?; ¿si por los ocho días de la octava que se celebró
con gran concurso de gente pareció en la misma hostia el dicho niño estando en
el mismo lugar puesta la hostia como el primer día?; ¿si vieron todos los que
estuvieron en la dicha Iglesia al dicho niño y qué efectos causó en sus ánimos
y corazones?; ¿si todos a una dijeron milagro y fueron a repicar las campanas
de su motu propio?; ¿si todo lo dicho es público y notorio, publica voz y fama
así en este pueblo como en los circunvecinos y en la ciudad de Saña?” (Folio
30, CMEE) Cada testigo juró decir la verdad e hizo la señal de la Cruz.
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Foto publicada en Antiguas Fotos de Chiclayo |
De
las declaraciones se concluye que el 02 de junio de 1649, víspera del Corpus
Christi, mientras celebraba el acto litúrgico Fray Jerónimo de Silva Manrique,
y estando de rodillas frente al viril que contenía el Santísimo Sacramento
(Hostia Consagrada), vio un niño dentro de la hostia a manera de una lámina
pintada. Se le podía ver de medio cuerpo hacia arriba con una vestimenta
morada. Hubo dificultades para una exacta visión por ser horas de la noche y
debido a la oscuridad que había en el altar. Dio certeza de haber visto un
niño, su cuerpo y su cabello rubio ondulado hasta la altura de los hombros; este
hecho no había ocurrido en los días anteriores de la octava. De inmediato mando
a llamar con gran prisa al ciudadano español Domingo Martínez y al alcalde
ordinario de Eten Don Pablo Quinoncial, para que subieran al altar y vieran al
Niño en la Hostia Consagrada, siendo también ellos testigos del milagro. Refirió
que todos quienes asistieron a la Iglesia vieron al niño y “movidos de devoción
daban gritos y voces enterneciéndose y particularmente este declarante se
conmovió con un gozo espiritual llenándose de ternura y lágrimas”, se postraron
“y adoraron al Señor, muy tiernos y fervorosos”; a continuación, el sacristán
gritó “¡Milagro, milagro! con lo cual todo el pueblo repitió lo mismo y tocaron
chirimías, clarín y trompetas y repicaron las campanas y que de ahí a adelante
acudían a los demás días de la octava con más fervor y devoción”.
4 comentarios:
Hay que felicitar a Martín Cabrejos por los temas historiográficos que viene publicando, Pero también es necesario -en este caso-- contextualizar los supuestos hechos narrados por autoridades eclesiásticas, interesadas en ganar prestigio y ventajas para su propia circunscripción (Vicaría y curato, respectivamente).
Uno de los datos que no hay que omitir es que estaba vigente la Extirpación de Idolatrías como mecanismo para destruir nuestra cultura andina. El historiador Manuel Burga ha señalado con mucha razón que todo sacerdote era prácticamente un extirpador de idolatrías. Y había muchas penas, incluido el "destierro" (prisión sufrida fuera de la provincia habitada por el "brujo o dogmatizador" --así llamaban a los sabios originarios que mantenías nuestra continuidad cultural andina--).
En tales condiciones, ¿qué indio (y en Eten casi todos lo eran) se atrevería a expresar públicamente que no veía lo que el sacerdote "vio"? ¿Qué indio se iba atrever a contradecir lo que decían las poderosas autoridades como el cura y el alcalde?
Como el desarrollo del juicio crítico no es sólo exigencia de todas las ciencias, sino también ahora exigencia del sistema educativo peruano, sería bueno por lo menos aportar preguntas y datos que ayudasen a desarrollar una actitud crítica.
Tiene usted razón, estimado Prof. Guillermo Figueroa. El trabajo no está concluido. La información parcial que brindo es a partir de la propia crónica, los aspectos críticos los iré mencionando en posteriores entregas. Gracias por darse un tiempo y leer mis trabajos.
En Reque, el 23 de junio de 1649 Don Fernando de la Carrera, Vicario Juez eclesiástico del Partido de Chiclayo creyó necesario citar y tomar declaración al cura franciscano de Eten, Fray Jerónimo de Silva Manrique, testigo presencial del extraordinario hecho, no sin antes solicitar a su superior, Fray Marcos López (“Presidente del Convento de San Francisco de Chiclayo”) la autorización para dicha comparecencia https://tightwriters.com/como-graficar-una-hiperbola-en-5-pasos/
¡Divino Niño del Milagro de Eten, ten piedad de nosotros, concédenos el don de la oración constante, el buen clima, el trabajo digno, la gobernabilidad, la paz y la salvación del mundo entero! Amén.
El Beato Carlo Acutis hizo paneles sobre más de cien milagros eucarísticos, entre ellos el del Niño del Milagro de Eten.
Por la razón Aristóteles y otros filósofos griegos dedujeron que había un solo Dios con existencia, cualidades y movimiento propios, caaz de dar vida y movimiento a otros seres.
Por la revelación sabemos que es comunidad de amor en la Santísima Trinidad, que el Hijo se encarnó, padeció, murió y resucitó por nuestra salvación, nos da su gracia mediante su Iglesia, sus Sacramentos y está presente en la Santa Eucaristía.
Los panteístas, ateos, no católicos y protestantes lo niegan.
Paz y bien.
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