El diario “La Tarde” de Chiclayo en sus ediciones del 10 y 11 de mayo de
1902, informa sobre la inauguración del tranvía de Chiclayo, “tranway” o “tranvía
a sangre” como era llamado por la población. La ceremonia fue programada para
el 11 de mayo de 1902, a las tres de la tarde, frente a la estación del
ferrocarril de Eten (actual Banco de la Nación). Esta obra privada del Sr.
Vicente Maúrtua y fue catalogada como “un nuevo elemento de progreso y
comodidad” por el diario “La Tarde” en su edición del 10 de mayo.
La programación de la ceremonia sería breve: La bendición a cargo de
Mons. Ismael Puerridón, Obispo de la diócesis de Trujillo que se encontraba por
aquellos días en visita pastoral en el departamento de Lambayeque; luego,
harían uso de la palabra los señores Víctor Maúrtua (propietario del tranvía)
el Sr. Wenceslao Salazar (Alcalde de la Provincia de Chiclayo) y el Sr. Carlos
Velarde Canseco (Prefecto del departamento).

El día programado (11 de mayo) hubo una numerosa concurrencia. Ante la
imposibilidad del Sr. Obispo de asistir, bendijo el tranvía el vicario apostólico
de Chiclayo Presbítero Juan Álvarez Campos, En un breve, pero sentido discurso,
el Sr. Vicente Maúrtua, hizo entrega de la obra al Sr. Wenceslao Salazar,
alcalde provincial, quien respondió de la siguiente manera: “el desempeño de
los cargos públicos, sembrados casi siempre de amarguras y decepciones, tiene
también momentos de satisfacción que, suavizando las amarguras dan valor para
sobreponerse a las decepciones. El sencillo y significativo acto a que
asistimos, apadrinado por nuestro progresista prefecto Sr. Velarde Canseco es
una prueba de ello, pues marca un paso más en la senda de progreso y adelanto
material en que desde hace poco ha entrado Chiclayo, y yo como representante de
su comunidad me complazco sobremanera en asistir a él y dar en nombre del
pueblo chiclayano una palabra de aliento a nuestro entusiasta vecino Sr.
Maúrtua que en esta empresa como en otras, debidas a su iniciativa o
colaboración, ha sabido conciliar la prosperidad de sus negocios con el
adelanto y progreso del pueblo en que ha formado su hogar”. Siguió una ráfaga
entusiasta de aplausos de la concurrencia.
El también llamado “Tranvía a sangre” (pues era tirado por una mula)
tenía como estacionamiento nocturno una gran casona que, con el tiempo, fue
remodelada convirtiéndose en el local del Club de Tiro Chiclayo No. 77.
El costo o tarifa autorizada por la Junta de Notables de Chiclayo fue de
5 centavos por pasajero de ruta completa. El recorrido del tranvía era notorio
por el riel que se extendió a lo largo de toda la calle “Real” (actual calle “Elías
Aguirre”) hasta la intersección con la calle “Santa Ana” (actual Av. Sáenz
Peña).
La línea del tranvía se convirtió, a inicios del siglo XX, en una suerte
de arteria que permitió la circulación fluida de personas y comercio por el
centro de la ciudad.