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Sobrevivientes de la Guerra del Pacífico. Fotografía tomada en Chiclayo de propiedad del Sr. Marco Maguiña, descendiente del héroe Eliseo Maguiña. |
Chiclayo
fue dos veces invadido por los chilenos durante la Guerra del Pacífico: en
setiembre de 1880 y en abril de 1881. la primera vez, según narra Don Eric
Mendoza en “Lambayeque en el Siglo XX” los chilenos desembarcan en Eten, sin
encontrar resistencia, con una fuerza integrada por 2700 hombres a bordo de las
embarcaciones “Itata”, “Copiapó”, “Chacabuco” y “O´Higgins”; de inmediato,
causaron pánico (robaron, incendiaron y destruyeron embarcaciones) en Eten y
Monsefú (más adelante, estos pueblos serían literalmente arrasados). Fue la
invasión chilena la más grande desgracia de nuestra historia y nuestra dignidad
se vio, inolvidablemente, pisoteada. Los chiclayanos jamás pensaron que tal
desgracia pudiera ocurrir, pues “(se dio) poca importancia a las noticias de la
guerra” (Gómez, 1992)
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Veteranos chiclayanos de la Guerra del Pacífico, homenajeados en la Municipalidad de Chiclayo en 1934. |
En
Chiclayo, incendiaron los locales de la Prefectura, la Caja Fiscal, la
Subprefectura, el Palacio Municipal y la Torre del reloj público. Saquearon y
robaron comercios, esto a pesar que “…los jefes chilenos habían declarado que
sus tropas no harían la guerra a la propiedad privada; que solo iban a pelear
con el enemigo en campaña; que los intereses y la honra de la población civil
estarían cobijados por el glorioso pabellón chileno…” (Markham, 1882) ¡Tamaña
mentira! Cada vez que aparecía un soldado chileno muerto se aplicaba el quinto
en aquel barrio: los hombres eran contados y a quien por ventura tocaba el
número cinco, era fusilado. Si no encontraban hombres, hacían la cuenta con
mujeres a quienes cortaban el seno.
El comportamiento
de las autoridades fue vergonzoso. El Prefecto Manuel Aguirre huyó con los
suyos, en tren, a Pátapo y, luego a Chongoyape; los mismo el alcalde y otras
personalidades locales. Así, los chilenos, con mucha facilidad hicieron de las
suyas: impusieron un cupo de 150 mil soles a todo el Departamento, incendiaron
8 viviendas de familias notables, dañaron
haciendas (galpones, casas y terrenos de cultivo).
Ante esta
lamentable realidad y “como las principales autoridades habían fugado con rumbo
desconocido, tanto Montjoy como el vicecónsul inglés señor Fry formaron con
ciudadanos extranjeros radicados en Chiclayo la Guardia de los neutrales para el cuidado de las propiedades
abandonadas, que estaban siendo atacadas por delincuentes”. Evitaron la destrucción
del Teatro “Dos de mayo”, el mercado, un colegio y el local “City may”; gracias
a la participación de los ciudadanos extranjeros Carlos Montjoy y Alfredo
Lapoint.
Resulta
sorprendente comprobar que “… esta actitud de proteger la propiedad fue tomada
en vista que los mismos chiclayanos eran lo que terminaban los saqueos que
iniciaban los chilenos”. Don Antero Aspíllaga en carta a su hermano Ramón, el
18 de octubre de 1880, referida por Eric Mendoza, indica “Todo (en) Chiclayo ha sido vergonzoso…
por los robos de los mismos hijos de Chiclayo…no solo formaban cola tras los
chilenos cuando incendiaban y sacaban muebles y artículos del país… luego los
del pueblo de Chiclayo barrían y recogían con todo”.
Mendoza,
también refiere la publicación aparecida en el Diario “La Patria” de Lima del 6
de diciembre de 1880 en la que indican el arribo a Chile de un cargamento
procedente de Perú con el producto de los hurtos efectuados por las tropas
invasoras en Chiclayo, Eten, Ferreñafe, Lambayeque, Monsefú, San Pedro y zonas
aledañas; contenía arroz, azúcar, algodón, tabaco y ocho cajones de piedras
preciosas (oro, plata, brillantes, diamantes, perlas) y una gran cantidad de
dinero en plata fuerte (casi 12 mil pesos) y libras esterlinas (poco más de 29
mil)
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Cripta de los Heroes Lambayecanos, fotografía tomada por Don Ricardo Silva Peralta |
Otros extranjeros,
específicamente, los chinos, trabajadores de las haciendas agrícolas,
“…colaboraban en cuanta barbaridad cometían las hordas invasoras en las
haciendas y fundos de la localidad”. Algunos, vistieron el uniforme chileno.
Este comportamiento se justifica por el trato inhumano que recibieron por parte
de los hacendados que los hicieron víctimas de un sistema de semiesclavitud,
siendo varios de ellos encadenados.