miércoles, 10 de junio de 2009

Escribir, leer y aprender en la Universidad


Katherine Gottschalk y Keith Hjortshoj son investigadoras de la Universidad de Cornell en Estados Unidos, responsables del programa “Escribir en todas las asignaturas” y autoras de importantes obras como “The Elements of Teaching Writing” considerada como un gran aporte en el campo de la alfabetización académica. De ellas, principalmente, Paula Carlino, Doctora en psicología de la educación, miembro del Consejo Nacional de investigaciones científicas y tecnológicas y del Instituto de Lingüística del la Universidad de Buenos Aires (Argentina); toma su fuente de información para entregarnos “Escribir, leer y aprender en la universidad” editada por el Fondo de Cultura Económica de Argentina y recientemente puesta a disposición de la comunidad académica internacional.
Deseo aportar algunas ideas centrales del texto que, sin lugar a dudas, redundarán en beneficio de nuestra práctica educativa y de nuestros estudiantes.
1.- La exposición del docente tiene funciones específicas de gran valor potencial: Proveer información actualizada sobre investigación y teoría recientes, sintetizar ideas que se encuentran dispersas en la bibliografía, señalar contradicciones y problemas implícitos, adaptar explicaciones a los estudiantes y transmitirles entusiasmo. Sin embargo, la escritura y el habla pueden ser utilizadas por los alumnos para construir mejores comprensiones y también para incrementar su retención, porque los estudiantes recuerdan mejor lo que ellos han dicho (en tanto es su propio conocimiento) que lo que los docentes les han contado.
2.- Aprender en la universidad no es un logro garantizado. Depende de la interacción entre alumnos, docentes e instituciones. Depende de lo que haga el aprendiz, pero también depende de las condiciones que ofrecemos los docentes (y las que nos brindan las instituciones) para que el primero ponga en marcha su actividad cognitiva.
3.- El modelo didáctico habitual, que implica la exposición de lo que un maestro sabe sobre el tema, permite que quien más aprende en el proceso previo de selección y cruce de información sea el propio maestro. Omite enseñarles uno de nuestros más valiosos saberes: los modos de indagar, de aprender y de pensar en un área de estudio, modos vinculados con las formas de leer y de escribir que hemos ido desarrollando dentro de la comunidad académica a la que pertenecemos.
4.- Alfabetización académica es el conjunto de nociones y estrategias necesarias para participar en la cultura discursiva de las disciplinas así como en las actividades de producción y análisis de textos requeridas para aprender en la universidad; además de el proceso por el cual se llega a pertenecer a una comunidad científica y/o profesional, precisamente en virtud de haberse apropiado de sus formas de razonamiento instituidas a través de ciertas convenciones del discurso.
Pienso que alfabetizar académicamente implica abrir el currículo para permitir que ingresen a el los estudiantes con sus fortalezas, debilidades, anhelos y necesidades. Luego saldrán contenidos que fortalezcan el vínculo y la interrelación maestro alumno. Es necesario incluir la enseñanza de la lectura y escritura integrando la producción y el análisis de textos en la enseñanza de todas las materias pues leer y escribir son parte fundamental del desarrollo profesional y académico de maestros y futuros graduados. Además “elaborar y comprender escritos son los medios ineludibles para aprender los contenidos conceptuales que se deben conocer”.

viernes, 29 de mayo de 2009

Chiclayo: aquellas cosas que añoro


De Chiclayo de mi niñez muchas cosas añoro, no lo digo con nostalgia pues el recuerdo vive; cierro los ojos y vuelvo a los tiempos más hermosos, tiempos de gozo, días de aventuras y tradiciones, de panquiteras, banjios, batea en zarza y espesado. Del tiempo recorrido hasta hoy fue mejor el pasado y, aunque Chiclayo es eterno, radica en mi pecho lo tierno, la impronta: Soy cholo de piel cobriza, muy quemada por la brisa de nuestro vecino mar, empezaré a caminar y daré sin parar a cada recuerdo sonrisas.
Casi a las seis de la tarde entre lunes y domingo, anunciaba una señora de estatura baja y descalza, que tenía en su canasta envuelta cual joya de oro, el más rico tesoro de la culinaria chiclayana. Una panquita renegrida por el fuego del tostón, con una life escondida como en el campo el chiroque, se mostraba ante mis ojos con singular coqueteo, buscaba que de el estoque y no un simple toqueteo. Se comía con ají en agua de buen color amarillo, y salía del bolsillo una moneda de a sol, de aquellas blancas, medianas, con la cara del cacique, vale aquel precio y aun más la sabrosa “panquita de life”.
En la casa de Bartola se comía “batea en zarza” y la sala se llenaba con la gente del molino, por cuidar el intestino con una chicha asentaban. Una fuente para tres, era costumbre de aquellos, que en la propiedad de los Piedra a diario laboraban, y entre cucharadas matizaban con un sonido de banjio y buenos valses criollos, yucas , comotes y ají; cuando pases por ahí recuerda bien lo que digo, encontrarás el huequito en el barrio “San Martín”.
No puede quedar rezagado un plato que es la delicia, y aunque en último lugar de a conocer su atributo, jamás quedará de lado, debo tratar ahora de su majestad: el espesado. De color verde el maíz por su mezcla con culantro se sirve en un plato hondo con abundante arroz amarillo, la carne de res en su brillo, lentejas, yucas y ají, no descuiden por ahí poner caballita salada. Es el plato de los lunes según manda la tradición aunque se saborea lo mismo sin importar la ocasión.
No puedo dejar de decir que todos los platos de arriba hasta hoy los puedes probar, pero el sabor es moderno, perdió lo tradicional. Se comía envuelto en el humo o se olía en el ambiente el carbón, se veía a lo lejos la cocina y en la puerta una banderita blanca mostrando una rama verde y ají, indicaba que ahí se cocinaba sabroso y que además podías pedir la yapa o cariñito; hoy Chiclayo no es chiquito, pero conserva su historia, he de darla a conocer hasta que pierda la memoria.

sábado, 16 de mayo de 2009

Algo más sobre huacas y huaqueros


La palabra “huaquero” deriva del término quechua “wak’a” que significa sagrado y, aunque popularmente se usa para designar en nuestro tiempo a los enterramientos prehispánicos, una Wak’a podía ser una piedra, una cueva, un árbol, un cerro, un lago, en general un sitio de significación sagrada.
En nuestra región los restos arqueológicos de este tipo están intimamente vinculados con las tradiciones, costumbres y creencias locales. De manera que mucho antes que cualquier trabajo de indagación arqueológica los pobladores habían tomado conocimiento y posesión del lugar.
Las huacas, según la tradición, son edificaciones de los “gentiles”, antes de la cristianización española. El término “gentiles” proviene del hebreo “goim” o “gojim” que significa gentes o naciones con creencias distintas y por ello “infieles”. El gentil era idólatra (por extensión) y la idolatría no es admisible en la fe cristiana. Sin embargo es notable la manera en que actualmente ejercen influencia sobre la vida cotidiana del poblador de a pie. Hoy en día, cerca de las huacas, hay capillas como “marcando” la actual creencia cristiana de los pobladores. Y, como “Dios todo lo ve”, se deben hacer misas y rezos debido a la acción de los chamanes y huaqueros foráneos que las usan como altar de sus rituales paganos o como botín de su ilegal ocupación.
Desde hace mucho tiempo existe la costumbre de huaquear durante la “semana santa”. El día preferido es viernes santo, se piensa que “Dios está muerto y no ve”; esa es la razón del huaqueo en tales fechas e implica que muchas prácticas y creencias sincréticas continúen vigentes en diversas zonas de la región de Lambayeque. En este sentido, pienso que el sincretismo religioso en nuestra región se fundamenta en la reinterpretación o adscripción de antiguos significados a elementos nuevos; prometo tratar próximamente este tema con la intención de aclarar algunas ideas.
En lugares como Túcume o Sipán, los pobladores que se dedicaban al oficio eran concientes del carácter sagrado de las huacas. Los tucumanos se convirtieron en huaqueros económicos en otras huacas y lugares que no fueran los suyos. El trabajo del huaqueo en las huacas propias, fue una actividad muy ritualizada y de conocimiento comunitario, hoy en día no es realizado en zonas protegidas.
Algunos de los datos empleados en este y otros artículos forman parte de la tradición oral de los pueblos de Lambayeque. El investigador, Arq. Julio César Fernández Alvarado nos dice sobre la tradición oral en su trabajo “Cerros, huacas y encantos de la costa norte lambayecana del Perú”: “La tradición es una parte del folclor, y por ende del saber popular, sin el, no habría la continuidad de lo que hemos heredado del pasado ancestral. Dentro de este enfoque, una parte de la tradición es la fuente oral, la que se encuentra ejemplificada a través de los mitos, leyendas, cuentos entre otros relatos”.


domingo, 19 de abril de 2009

"Cerro Mulato"en Chongoyape: Tradición y misterio


http://www.youtube.com/watch?v=dGWrrYlIVu4




Chongoyape es “La tierra del sol y la alegría” según la letra de su Himno. Aunque este hermoso Distrito tenga un nombre que, paradójicamente, significa “Corazón triste” ó “Corazón que llora” en idioma quechua; su paisaje pleno de verdor, su belleza natural y riqueza arqueológica lo convierten en un lugar encantador y lleno de misterios.
Dispuestos a constatar el valor histórico de la zona, vincularse con el entorno geográfico regional y valorar las costumbres y tradiciones de nuestro pueblo, más de medio centenar de estudiantes de la Escuela de Derecho de la Universidad Católica “Santo Toribio de Mogrovejo” liderados por el Profesor Martín Cabrejos Fernández realizaron un viaje de estudios a dicha localidad como parte del Proyecto “Cerro Mulato: Zona de tradición y misterio”.
Chongoyape se encuentra a 60 Km. de Chiclayo y cuenta con una población aproximada de 22 000 habitantes. Rodeado por los Cerros Mulato y Chaparrí, el distrito es puerta de ingreso de Lambayeque para chotanos y cutervinos. Su clima es cálido, seco y con lluvias entre los meses de diciembre y marzo. La población se dedica, principalmente, a la agricultura de arroz, caña de azúcar y maíz.
En el distrito, los miembros de la delegación, fueron recibidos por el R.P Luís Díaz Latorre quien mostró los encantos de la Parroquia “Santa Catalina” tales como su hermoso retablo diseñado en el siglo XIX y documentos históricos de más de 130 años de antigüedad que llamaron la atención de los visitantes. La parroquia celebra cada año las festividades de la “Cruz de tres de mayo”, “Cruz de Chalpón”, “San martín de Porres” y la procesión del “Niño Dios” en el mes de diciembre.
La Municipalidad de Chongoyape se sumó al acto de bienvenida proporcionando información histórica y turística de la zona. Se mencionaron lugares de trascendencia histórica y turística del distrito como Cerro Mulato, Paredones, Tabacal, la pequeña capillita de “La beatita”, Tinajones y la Reserva ecológica de Chaparrí. La exposición incluyó sabrosos potajes como el arroz con pato, el espesado, seco de cabrito, los bizcochuelos, las bizcotelas y la chicha de jora. La disertación tan clara como valiosa por la diversidad de información brindada, se realizó en los ambientes del Palacio Municipal y estuvo a cargo de la señora Mercy Paredes, funcionaria de la comuna.
Concluida su visita al área urbana del Distrito, la delegación hizo su programada visita al “Cerro Mulato” para realizar el reconocimiento y observación del sitio arqueológico. Encontramos, imponentes, cerca de 400 petroglifos distribuidos en diferentes piedras sobre el cerro. Se estima que tengan una antigüedad de hasta 6000 años. Aplicaron en el lugar la técnica del “Calco de Petroglifos” logrando asombrosas imágenes que motivaron la admiración de los estudiantes respecto a su pasado y el compromiso necesario para cuidar y preservar los sitios históricos y arqueológicos de la Región Lambayeque. Nos topamos con aves como los arroceritos, tórtolas, chisco y chiclón; lagartijas y muchos zancudos.
Luego de la expedición los estudiantes y maestro responsable preparan la realización de una muestra fotográfica y de recursos históricos y arqueológicos de Chongoyape para fines del mes de Mayo. Se mostraran ceramios, documentos antiguos de los archivos parroquial y municipal, fotografías antiguas del distrito e imágenes del viaje realizado. Es necesario abrir las ventanas de las aulas universitarias y mostrar a los estudiantes la historia perceptible de nuestro pueblo en contacto con sus fuentes vivas, La riqueza y la grandeza de lo nuestro.

"Caballitos de totora"



Un caballo de totora es gacela intemporal, sobrecoge su diseño y su porte sin igual. Embarcación construida con tallos y hojas de totora, desde tiempos muy lejanos ornamenta nuestras costas. Transporta un solo navegante con todos sus aparejos, hace más de tres mil años, tanto a jóvenes y viejos.
Son totorales, humedales y balsares, los antiguos “Ojos de agua” o wachaques que en el litoral, a las naves, dan el rústico material convirtiendo al cholo humilde en un hombre colosal.
Te han tejido manos cholas para muy duras faenas, puesto al sol, frente a la orilla, vas contándome tus penas: “Llevo a un recio hombre a distancias alejadas y, olvidándome en la arena, de mala forma me paga. Me siento solo en las noches pues no tengo utilidad, yo debo estar en las olas, esa es mi necesidad”.
A la mañana siguiente… llega el porteño recio con su cordel en la mano, seguro avanza en tu lomo a cosechar su pescado. Tu generoso esperas y respetas su presencia, sabes que con paciencia podrá repletar su cesta.
Tiempla el cordel para el voleo, lo hace serio y con estilo, no puede hacerlo distinto, ¡Hay que tomarlo en serio! Lanza unos cuarenta metros, directo a las profundidades, el mar se encarga del resto y le da sus bellos ejemplares.
Luego, caído el sol y culminada la faena, retornas hasta la orilla con un gesto de alegría. ¡Hasta mañana! Piensa el cholo, lo dice mirando al inmenso, tú sonríes ante el gesto del bravo y recio porteño.
Son símbolo de identidad y gran valor histórico, herencia de los ancestros y de un pasado heroico. Los mochicas y chimues, los incas y todos los cholos presentamos mil respetos al “Caballo de totora” símbolo que el pueblo añora para pasear en las aguas, tomar el sol con sus manos, navegar para siempre y, como de fe, poner su destino al frente.



viernes, 10 de abril de 2009

Palta pal arroz calato y chichita de Monsefú


Quiero contar en mi verso lo que hace unos días viví, cuando con oídos abiertos, papel y pluma en la mano, me mezclé entre monsefuanos en la “Ciudad de las flores”, quise observar sus costumbres pues de ellas mucho me hablaron y no quedé defraudado con todo lo que noté, si quiere usted conocerlas, entonces, comenzaré.
En el sector “Las Palmeras”, a dos cuadras del portal, un hombre causó mi embeleso en la calle Mariscal. Era un cholo pecho recio, de brazos como mis piernas, llevaba una cesta a cuestas y con voz ronca un pregón, repetido a cada rato: “Lleve mi palta, señor; palta pal arroz calato”.
Su piel morena cobriza es ordinaria en mi tierra, cabello lacio, sonrisa y rapidez en las piernas. Es vendedor desde niño y conoce bien el oficio, conoce más de las paltas que de un enfermo el doctor, preste mucha atención a todo lo que me dijo.
“Arroz comemos a diario aunque de pobres nos tilden, cuando no hay con que montarlo tenemos que decorarlo. Para eso sirve la arveja, la lenteja o el garbanzo, pues solitario no pasa y calato da vergüenza, arroz con algo queremos para calmar la gazuza y así la palta comemos aunque se ensucie la blusa”.
Al verlo las monsefuanas, salen corriendo a la puerta; en una mano su niño y en la otra la moneda; de lejos miran a Justo quien tiene apellido de ave, aunque de lejos le gritan, pues mucha gente lo conoce, cuando lo ven llegar musitan “¡Cerca viene Don Chiroque!”
Aun riendo por lo visto, decidí caminar directo, llegué de esa manera al centro, al parque y al monumento. Pasé por la calle Unión y tomé un buen poto de chicha, frente a la familia Burga; uno entre doce sabores, jora pa los dolores aunque resulte en mi purga.
Me ofrecieron sudado de bagre, pero quise las panquitas, quedan con life exquisitas sin curtirlas con vinagre. Los zancudos y las moscas daban vueltas por mi plato, con una bolsa de agua encontraron solución, siguieron sin dilación a un niñito calato.
La chichita es de maíz, alazán y frutas frescas, la tomas mientras conversas hasta que brotan sonrisas. Los sauces te dan la brisa y la paz “El Nazareno” del FEXTICUM, muy amenos, me hablaban unos floristas.
Es Monsefú linda tierra y de un calor sofocante, son herederos de Chuspo (El pueblo de sus ancestros) pero por tradición son tan nuestros como la palta y el arroz, un poto de chicha, señor, y así termino este cuento.

jueves, 9 de abril de 2009

Un canto para mi raza


Mi pensamiento se abraza

a este verso que se expande

para cantarle a mi raza

con un corazón muy grande.


soy peruano aquí nací

en esta faja costeña

entre algarrobos y leña

con el oro y el maní

porque surgieron aquí

nobles culturas sin tasa

que con sol de ardiente masa

gobernaron al Perú

al mochica y al chimú

mi pensamiento se abraza



Yo nací en la cordillera

el alto pico y la puna

con orgullo fue mi cuna

una nube mensajera

a mis pies tengo praderas

y no hay rigor que me ablande

extendiendose en el Ande

mi Tahuantinsuyo brinca

uno la herencia del Inca

a este verso que se expande



Yo nací en la selva agreste

dominando ricas zonas

soy el rey del Amazonas

bajo un cielo azul celeste

no hay aquí quien contrarreste

mis dardos en su coraza

mi sangre hierve cual braza

nativa de este terreno

levanto mi voz de trueno

para cantarle a mi raza



Soy amo en las tres regiones

respetando mis orígenes

y las tribus aborígenes

orgullo de las naciones

al opresor sin razones

no permito que se agrande

y donde quiera que ande

gritaré con mucho honor

yo soy un cholo señor

con un corazón muy grande.