lunes, 12 de enero de 2015

Reflexiones Para la Construcción de una Filosofía de la Historia Regional de Lambayeque


Tener glorias comunes, en el pasado.
Una voluntad común, en el presente.
Haber hecho juntos grandes cosas
Querer hacerlas aún:
¡He ahí las condiciones esenciales para ser un pueblo!

Joseph Ernest Renan, en “¿Qué es una nación?” (1882)

Introducción
Jorge Basadre, célebre historiador peruano, en la conferencia “La enseñanza de la Historia”, dictada en la Escuela Normal de Lima en 1952, hace una pregunta y esgrime excelentes ideas con las cuales deseo comenzar el presente trabajo: ¿Comprender qué?... una respuesta fácil a tal pregunta es decir, el pasado. La historia es la ciencia del pasado. Pero ¿Es verdad que el pasado nos interesa como hecho desnudo, absoluto, compuesto por todas las cosas que solo tienen como carácter común haber existido antes y ya no ser contemporáneos nuestras? El médico no estudia el cadáver porque sea cadáver. Lo estudia por aquello que hay en él y que sirve para conocer la vida”.
La historia no es un como un cementerio. Los hechos históricos no son como una colección de cadáveres. Es gracias a la labor seria del historiador, como intérprete de los intereses culturales y trascendentes de la sociedad, que cada hecho cobra sentido. La historia es una ciencia viva y es la ciencia de la vida. La historia es mucho más que registrar datos. La historia descubre, interpreta y reconstruye, lo más cercanamente posible, las distintas realidades del hombre en el tiempo.
La Historia Regional de Lambayeque, basada en la Filosofía de la Historia Lambayecana, interesa a todos aquellos que hemos nacido o vivimos en esta tierra. Es connatural preguntarnos reiteradamente sobre nuestro origen y nuestro destino personal y social; sobre la evolución de nuestro pueblo y los personajes trascendentes a lo lago de milenios; sobre nuestra raza, mestizaje e idiomas; sobre nuestras costumbres, tradiciones, restos, documentos… la curiosidad histórica es una característica tan humana que, sin exagerar, podría considerarse como una necesidad básica de su intelecto y su integración social. Ha llegado el momento de conceptualizar sobre la necesidad, importancia, características, factores, métodos, exposición, divulgación… de la Historia Regional de Lambayeque, alejándola de lo anecdótico, ordinario y vistoso (la mayoría de los ciudadanos no pasa de este primer contacto); acercándola a lo científico, académico y sistemático.
Sin el conocimiento de los aportes de la Historia Regional de Lambayeque, sería imposible la comprensión actual de nuestra realidad regional y la planificación futura de las acciones a partir de nuestros intereses y necesidades. El pasado es la motivación de nuestra conciencia presenta y mantiene el dinamismo necesario para solucionar las diversas problemáticas y caminar hacia el futuro.  Según Josefina Ramos de Cox, “Solo quien conoce los esfuerzos de lo hecho, tiende a acrecentarlos…” Afirmo que esta es la hora, y ha llegado, de dar a conocer las maravillas de nuestra historia para generar identidad y  definir nuestros objetivos comunes.

1.       Filosofía de la Historia
¿Qué es la filosofía de la Historia? Y ¿Por qué es importante dar a luz una filosofía de la Historia Regional de Lambayeque? Debemos empezar por definirla para la caracterización de dicha filosofía. La reflexión en conjunto, en diversos espacios académicos, es una tarea pendiente pero indispensable.
Luis Ignacio Vivanco Saavedra, maestro de la Universidad de Zulia (Venezuela) indica: “Lo que se conoce como filosofía de la historia se ha establecido tradicionalmente, entre otras cosas, como una reflexión sobre las posibles causas finales de los acontecimientos históricos. Se trataría de una investigación que correspondería al ámbito de una teleología de lo histórico, la cual puede quedarse en lo inmanente o centrar su telos en lo trascendente, o abarcar ambas cosas”[1].
La filosofía de la historia regional surge de la reflexión de nuestro pasado, sus personajes, su espacio, características; pero, además, propuestas para el enfoque de su estudio (o enfoques) el respeto a las interpretaciones.
Es necesario saber ¿Quién o quiénes escriben e investigan la historia regional? Luego resulta indispensable la conformación del academus histórico que permita sistematizar la información y compartir una misma orientación que permita sumar y multiplicar, antes que restar y no dividir.

2.       La “secuencia Natural de la Historia”

Según el filósofo español Xavier Zubirí Apalategi, el pasado vive en el presente, no como un recuerdo, sino como una parte de la misma realidad; es entonces, el pasado, una entidad vigente, en cuanto permanece en el hombre motivando sus ideologías, costumbres y estilos de vida. Por eso, José Agustín de la Puente Candamo afirma: “(al estudiar la historia) estudiamos parte de nuestra vida, tanto en el sentido personal, como en el sentido comunitario y nacional”. Luego añade “los problemas de un pueblo, así como los problemas de un hombre, tienen que esclarecerse a la luz de la vocación, el destilo, de la tradición de ese pueblo o de ese hombre. El presente tanto en el hombre como en la nación se entiende dentro de la tradición histórica”. Cuando afirma los sentidos personal, comunitario y nacional; se refiere a tres categorías o niveles que, como propuesta de estudio,  denomino el “Sentido Natural de la Historia”.
Sostengo, que la historia como ciencia ligada al pasado (como tiempo) y a al hombre en el pasado (como objeto) tiene una secuencia natural lógica:
a)      se origina en el nivel de la Historia Personal que significa la búsqueda de respuestas respecto del origen y entorno más íntimo del hombre (familia nuclear y extensa, familia por adopción, sitios y lugares vinculados al círculo familiar, valores y tradiciones, etc.).
b)      Luego, la Historia Local y Regional, por la necesidad de pertenencia a un barrio, vecinos, amigos… a una historia común, a los vestigios y restos materiales e inmateriales que generan autoestima e identidad.
c)       Otro nivel es el de la Historia Nacional que nos integra considerando valores, hechos, personajes, costumbres y realidades culturales diversas, con todas las comunidades existentes dentro de un mismo territorio.
d)      Finalmente, la Historia Americana y la Historia Global, que nos acercan a realidades cada vez más cercanas en tiempos de fronteras imperceptibles y comunicación en tiempo real.


3.       El Hombre en el Tiempo
No es, entonces, la historia, la ciencia del pasado. El pasado es, filosóficamente, una etapa, un eslabón en la cadena histórica del hombre. Un espacio que no somos capaces de reconstruir con nitidez, a lo sumo aproximarnos en base a fuentes primarias, monumentos y relatos que nos permitan configurar una realidad indispensable para la comprensión de nuestro presente. “Es la historia la ciencia del hombre en el tiempo”. No tiene sentido el estudio del hombre en el tiempo sino como centro y eje de ese estudio. Dicho ser, intemporal, el hombre, siendo el centro, en cuanto a ser transformador se relaciona con el tiempo complementándose en la unidad que es el objeto de estudio de la historia. Entonces, la historia es, la ciencia del hombre intemporal, eje y centro del pasado, presente y futuro
Comparto la idea del historiador Pedro Rodríguez Crespo quien afirma que la historia no se conforma con el logro de hombres cultos y enterados, sino que promueve hombres capaces de apreciar la justicia y de vivir solidariamente en una comunidad. Creo que la historia nos presenta un pasado que tiene vida, en cuanto tiene sentido y significancia para nosotros; “el pasado vive en nuestro presente y actúa sobre nosotros”.
Sobre la relación del hombre con su pasado y la influencia del pasado en la vida del hombre, presente y futura, Rodríguez Crespo tiene una afirmación que me parece insoslayable: “Conviene recordar que el pasado, cercano o remoto vive en nuestro presente y actúa sobre nosotros. Aunque el pasado no obliga, nosotros somos porque otros fueron antes que nosotros; lo que ellos decidieron como proyecto de vida nos afecta. El pasado es vida”.

Es por eso que la historia no debe mostrarse como la colección de una serie de hechos ocurridos. Hay que permitir a todos encontrar sentido y dar valor a los hechos del pasado que nos configuran como pueblo. Hay que motivar a valorar, esto es el valor humano de la historia. Hay que despertar el espíritu crítico para no aceptarlo todo con resignación y asumir posturas de cambio. Esto es el valor transformador de la historia. Debemos mostrar el camino que permita comprender el pasado e intentar llegar a la verdad de los hechos mediante un proceso y con el uso de fuentes. Este es el valor científico de la historia.


4.       Reflexiones Para La Historia Regional de Lambayeque
Parafraseando a Jorge Basadre, no se puede hacer una historia de Lambayeque sin una filosofía de la historia de Lambayeque. El historiador Edward Hallet Carr, en su obra “¿Qué es la Historia’” (1965) afirma: “Solía decirse que los hechos hablan por sí solos. Es falso, por supuesto. Los hechos solo hablan cuando el historiador apela a ellos; él decide a que hechos se da paso, y en qué orden y contexto hacerlo”. En Lambayeque necesitamos historiadores intelectualmente impregnados e aquella filosofía.
Debemos penetrar, estimo, en los factores propios de nuestra historia local. En ese sentido, y proponiendo categorías antagónicas al sentido marxista de la historia, debemos tener claros los factores endógenos y exógenos de nuestra historia. Entendamos por factores endógenos a las diversas formas de pensamiento, motivaciones,  intereses, existentes en las distintas etapas de nuestra historia y de origen local. Lo endógeno parte del interior del hombre mismo.
Como factores exógenos entendamos a las antiguas y nuevas tecnologías, condiciones ambientales, valores alienantes y formas de pensamiento que, en algunos casos, minimizan y agraden nuestras manifestaciones culturales. Lo exógeno, exterior al hombre, no es necesariamente dañino y necesita, sin embargo, una reflexión profunda, fruto del sentido crítico y no una actitud de obligatoria adaptación o mimetización.
Respecto a lo anterior, las palabras de uno de los más grandes historiadores del siglo XX, según Basadre, el inglés George Macaulay Trevelyan, son aleccionadoras: “No conozco triunfo más grande del intelecto humano que la reconstrucción cierta de etapas pasadas de la vida en sociedad por largo tiempo olvidadas, o no bien comprendidas y que son recuperadas después por el esfuerzo paciente de arqueólogos, anticuarios e historiadores. Descubrir en detalle lo que fue la vida del hombre hace diez mil o cien años, es un milagro tan grande como hacer que los barcos naveguen bajo el agua y surquen el espacio”.
Para comprender nuestro ser social necesitamos acoger el conocimiento histórico. Necesitamos redescubrir nuestras características, objetivos y tradiciones comunes; esto podrá generar un auténtico sentimiento de identidad y solidaridad lambayecana.








[1] Ver en “Sobre la posibilidad de una filosofía de la historia regional” (2006) disponible en: http://www.scielo.org.ve/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0798-11712006000300004&lang=es

jueves, 25 de diciembre de 2014

Breve Historia de la Navidad en Lambayeque

En Lambayeque colonial, el mes de diciembre, ha sido festivo. Según Sandra Negro (2013) “por influencia española, coloquialmente (…) es frecuente señalar esta fiesta con el apelativo de Pascua, que hace referencia al tiempo desde la Natividad de Nuestro Señor Jesucristo hasta la Epifanía. En el Perú virreinal, el 25 de diciembre era el primer día de la Pascua de Navidad… [En todas las ciudades del Perú virreinal] la fiesta comenzaba el 08 de diciembre con las celebraciones de la Inmaculada Concepción; es notorio el énfasis con que se reseña la fiesta de la Pura y Limpia Concepción de María Nuestra Señora, que se celebraba, ayer como hoy, el 8 de diciembre…”.
Es posible inferir, por extensión histórica y ya que así se realiza en todas las ciudades principales que ingresaban por las calles de Zaña y Lambayeque en dirección a la Iglesia “ocho carros decorados con flores. El número ocho hacía referencia al octavario dedicado a la Virgen María… Detrás de éstos seguía un carruaje (…) que contenía la efigie de un león, que representada al rey de España, Felipe IV. En este carro se exhibía una gran imagen de la Limpia Concepción y una espada desnuda defendiendo su pureza…”
Entre el 09 y el 23  se  instalaban los “Belenes” o nacimientos y después de la “Misa de Gallo” se preparaban para recibir las visitas o alternativamente salían para “dar las buenas Pascuas” a familiares y amistades. Para los nacimientos, desde el 13 (Día de Santa Lucía), se hacían germinar “los triguitos” elementos indispensables para la decoración.
El tiempo de las visitas era usualmente desde las 6 de la tarde hasta las 11 de la noche. Los visitantes pasaban al principal (sala) o a la cuadra (comedor), no sin antes contemplar el belén que los dueños de casa exhibían. El día 25 no se desayunaba pues debían guardar ayuno estricto para participar de la Misa de Navidad que se celebraba al medio día. A los licores usados como asentativos se les llamaba “los orines del niño”. Las fiestas se extendían hasta recibir el año nuevo. Ya durante el gobierno del Virrey Luís Jerónimo Fernández de Cabrera y Bobadilla, Conde de Chinchón, se usaban antorchas y fuegos artificiales dispuestos en “castillos”.
Sobre los alimentos tradicionales, en el trabajo “La Navidad en el Perú” (2010) de Rodolfo Tafur Zevallos, indica “En el norte del Perú se consumía el Yupichín que era una mazamorra de bayas de algarrobo… [Además] Se consumía el camote en mazamorra, que de acuerdo a las clases sociales tenía su nombre: para los pobres era ´Camote dulce´, para la clase media, ´Camotillo´ y los ricos lo llamaban ´Cabello de ángel´”. Sabemos que hubo otros platos como “puchero” (sopa), tamales, humitas, chicharrones, escabeches… para asentar: “mate de Paraguay” y licores diversos.
Según el historiador Miguel Díaz Torres en el trabajo monográfico “Del Chiclayo que se fue” y recogiendo la versión del recordado periodista lambayecano José Arana Cuadra, en la celebración navideña en Chiclayo de la década de 1920: "la gran novedad era la pascua, la noche buena en el Hospital de las Mercedes se celebraba con banda de músicos, fuegos artificiales, tómbolas; los muchachos iban a gastar su propina. Había un cuetero famoso: el cuetero Chávez, existían dos bandas de músicos en competencia: La Banda de Brenis y la del Sordo Gamarra".
Los ancianos recuerdan, desde la década de 1930, que se formaban, por barrios, grupos de niños que, a cambio de una propina y disfrazados de personajes navideños cantaban villancicos en las casas ante los nacimientos. Desde mediados del siglo XX se hicieron muy famosos los concursos de belenes, en especial aquel que propiciaba el Diario “La Industria”. Eran famosos los nacimientos en la Catedral, el Asilo de ancianos, el parque principal…
En la década de 1970 e inicios de los 80, se realizaban los concursos escolares de villancicos en los que participaban las corales de los colegios “Manuel Pardo”, “Santa María Reyna” o “Nuestra Señora del Rosario”; eventos muy competitivos y de altísima calidad interpretativa. Recuerdo la presencia inolvidable del R.P José María Jubera. Un villancico chiclayano fue ganador en la edición de 1976 “Martín invierno” interpretada por la coral del colegio “Santa María Reyna” y de autoría de Osterli Campos.
Hoy todo ha cambiado. El consumismo materialista va acabando con nuestras mejores tradiciones. Desde ahora compartamos, en familia, los mejores recuerdos de un Chiclayo que se jamás se irá pues vive en nuestra memoria y se actualiza con nuestros recuerdos y tradiciones.





miércoles, 3 de diciembre de 2014

El Cine y su Historia en Chiclayo


Local del antiguo Cine "Tropical" ubicado en la calle
Elías Aguirre.
La historia del cine comenzó en París, en diciembre de 1895, han pasado casi 120 años. En el Perú, la primera función “se realizó en febrero del año 1897, en la Confitería Jardín Estrasburgo (hoy "Club de la Unión"), en Lima” se usó el cinematógrafo de los hermanos Lumiere. Así, Mientras en las principales ciudades del “mundo industrializado” y en Lima, nuestra ciudad capital, la “Belle Epoque” mostraba nuevos estilos de vida a partir de la aparición de impensadas tecnologías; en Chiclayo, el sétimo arte causó primero sorpresa y asombro para, luego, convertirse en una forma habitual de distracción que puso a los chiclayanos en contacto con el mundo. Tomando como base la información del trabajo “Historia del Cine en Chiclayo” (s.a) puedo afirmar que, al inicio, antes de 1918, se proyectaron películas en el atrio de la catedral en funciones vespertinas los días sábados y domingos y usando un gran telón blanco.
Los cines de Chiclayo fueron: cine Olimpo (1918) ubicado en la cuadra 9 de la calle San José. El cine y teatro “Dos de Mayo” administrado por el empresario Alejandro Lora. El cine “Pathé”, que luego cambió a cine “Royal”, para luego ser el  cine “Colonial”. En “Del Chiclayo que se fue”, del historiador Miguel Díaz Torres, se afirma: “ (a inicios del siglo XX, en Chiclayo) Había dos cines, el Pathe (Colonial) de Don Francisco Cuneo Salazar y, al poco tiempo abre el Gaumonth... el cine era mudo, eran tres funciones: Vermouth, primera y segunda tanda y noche, cada cine tenía un timbre con el que llamaban 15 minutos antes de empezar. Cada cinema tenía un piano y su pianista, me acuerdo de la pianista del Gaumonth, era una chilena llamada Rebeca Silva Renar de Cassanova…”. En 1945, fue inaugurado el cine “Tropical” de la familia Pardo.
Local del antiguo cine "Colonial" en
la Calle "San José"
Son muy recordados, además, el cine “Iris” ubicado en la calle 7 de Enero el cual era administrado por el Sr. Alfredo Ballesteros; el cine “Norte” inaugurado el 2 de Febrero de 1949, ubicado en la cuadra 13 de la calle “Vicente de la Vega”, el cine “Elba” (fundado en 1954) ubicado en el distrito de José Leonardo Ortiz, y el cine “Sur” (fundado en 1959), administrado por el Sr. Luis Cortes. El cine “Tumi” (fundado en 1960) ubicado en la cuadro 12 de la avenida Luis Gonzales; el cine “San Antonio” que luego se convirtió en cine “Oro” y que, actualmente es el auditorio episcopal “San Antonio de Padua”, de los padres Franciscanos. El año 2002 abre sus puertas el multicine “Primavera” en el local del antiguo cine “Tumi” y el año 2006 significó la apertura de la sala de cine “Planet”, en vigencia a la actualidad.
Hubo cines en Ferreñafe (cine “Motupe” administrado por José María Cabrejos) Cayaltí, Tumán, Chongoyape, Pátapo, Pomalca y Eten. En otros distritos y centros poblados se proyectaban filmes al aire libre con asistencia masiva de pobladores.
Los días domingo, en la década de 1970, era de matiné. Los niños y jóvenes, vestidos con el mejor traje (“el dominguero”) formábamos grandes colas frente a las boleterías para apreciar los mejores filmes mexicanos (recuerdo “la niña de la mochila azul”), las mejores películas de Cantinflas, Capulina y Chespirito.

Local del antiguo cine y teatro
"Dos de mayo" en la Calle Alfredo Lapoint.
Hoy, el cine, sigue formando parte de nuestras vidas. La tecnología ha permitido mejorar el color y la calidad de la imagen; sin embargo, las sesiones en los antiguos cines de Chiclayo serán inolvidables. Tal vez, esas salas, fueron testigos mudos de un primer beso de amor, de una declaración romántica o de travesuras juveniles. Ir al cine en patota, silbar cuando fallaba la imagen o reclamar cuando encendían la tímida luz de una pequeña bombilla eléctrica, son algunos de los imborrables recuerdos de un Chiclayo que vive en nuestra memoria y que no debemos olvidar.

lunes, 20 de octubre de 2014

Algunos Datos Históricos de Pimentel entre los siglos XVI y XIX


Deseo afirmar el origen prehispánico y brindar algunos datos históricos de importancia sobre Pimentel.

En el Siglo XVI, durante su visita a Lambayeque (1566 a 1567), Don Gregorio Gonzales de Cuenca visitó, entre otros, el repartimiento de indios de Chuspo (actualmente Monsefú). Indicó que dichas personas realizaban faenas de pesca artesanal. Por la descripción de la zona de sus faenas, es posible inferir que se refería a la zona del litoral ubicada entre las actuales playas de Monsefú y Pimentel.

En el siglo XVI, según indica Pablo Rodríguez, en 1620 habitó en esta zona la familia Filcullán. Indica que los herederos de la familia (de apellidos Seclén Filcullán) fueron quienes vendieron 869 hectareas a Don Virgilio DalOrsso. Esta afirmación se basa en el testamento de Alfonso Filcullán ante el escribano de cabildo Francisco Minche.

En el siglo XVIII, se realizó la visita del Obispo de Trujillo Baltazar Martínez Compañon y Bujanda a toda la Diócesis. En el registro de su visita a Saña, llamada así la actual zona territorial de Lambayeque, hay un mapa en el que se puede apreciar como lugares costeros las zonas de San José, Puerto Nuevo (Pimentel) y Santa Rosa. No aparece Eten. El documento data de 1785 y ha sido estudiado por el historiador José Gómez Cumpa.

En el siglo XIX, la relación entre partidarios de la independencia de Guayaquil y Lambayeque era estrecha. En una visita realizada a Guayaquil, pude comprobar el vínculo desarrollado  a través de las logias masónicas. La madera usada para la construcción de algunas casas de personas notables fue traída desde Guayaquil. De seguro, San José y la Caleta de la Concepción de los valles de Chiclayo (Pimentel) eran los lugares de estiba y desestiba de productos e intercambio de comunicación verbal y escrita.

En la obra póstuma de Mariano Paz Soldán titulada "Geografía del Perú" (1862), Chiclayo aparece como provincia del Departamento de La libertad e indica que "... contiene catorce distritos, una ciudad que es Chiclayo, una Villa, quince pueblos, una estancia y once curatos". Se menciona a Eten y San José como Distritos del litoral. Sin embargo, Pimentel no aparece en la lista de distritos o curatos. ¿Por qué? infiero que es debido a su escasa importancia económica. 

El lugar evolucionó de Puerto Nuevo a caleta de la Concepción de los Valles de Chiclayo a Caleta de Salaverry y, finalmente, Pimentel. No pudo haber tenido mucha importancia debido a las inundaciones de los años 1821, 1871 y 1875. Sin embargo, durante la guerra del Pacífico esta ya era una zona más poblada y medianamente próspera. Los informes escritos por el general chileno patricio Lynch indican que, tratando de erradicar la fiebre amarilla, dictó algunas medidas y ordenó que los gastos sean asumidos por los de Pimentel.

Para fines del siglo XIX, Pimentel era una zona sin importancia económica.  En la visita realizada a Lambayeque, Ernest Middendorf, médico e investigador alemán, describe la travesía que vivió indicando que la llegada de pasajeros se hacía por la zona de Eten. Describe a dicho lugar como poco adecuado para la realización de la estiba, desestiba y traslado de pasajeros debido al fuerte oleaje. Esta condición mejoró con la construcción del Muelle y Ferrocarril de Pimentel, pero esa, es otra historia que, posteriormente, comentaremos.


sábado, 11 de octubre de 2014

Pobreza y Consumismo ¿Qué hacer?


El PNUD es el organismo de las Naciones Unidas que se ocupa de analizar y monitorear los indicadores de la pobreza y el desarrollo en el mundo. En su informe sobre la situación mundial hasta el año 2013 refiere “(en el mundo) la riqueza está repartida de manera extremadamente desigual…” y, aunque descendió la pobreza extrema mundial de 36% a 19% (hay 620 millones menos de pobre extremos en el mundo) el problema de la desigualdad es notorio y refleja, a mi entender, una caída en los indicadores morales de las diversas sociedades en las que, a pesar de las cifras, el consumismo se fortalece como parte de una cultura individualista disfrazada de prosperidad y que, en términos prácticos, muestra la laxitud de valores como la solidaridad, caridad y justicia; la despreocupación por el prójimo y la reducción de los objetivos de vida únicamente a los referidos al bienestar económico y el logro de la riqueza. Dígase de paso, no hay problema en ser rico mientras se tenga clara la idea del compartir o repartir con justicia, según sea el caso.

Si la riqueza mundial estuviera distribuida equitativamente, indica el mismo informa, una familia media, de dos adultos y tres hijos, podría disponer de ingresos por 2.850 dólares al mes. Sin embargo, un ser humano de cada tres no dispone de las instalaciones sanitarias más elementales, uno de cada cuatro no tienen electricidad, uno de cada siete vive en zona de extrema pobreza, uno de cada ocho tiene hambre y uno de cada nueve no dispone de agua potable. Cada persona podría disponer de un ingreso medio de 19 dólares al día, pero uno de cada vive con menos de 1,25 dólares al día.

Rafael del Peral, propone “actualmente vivimos en un mundo en el que consumimos de manera masiva, y ha llegado el momento de plantearse ciertas preguntas, como ¿por qué consumimos?, ¿quién se beneficia con mi consumo?, ¿a quién perjudica?”. Mientras Susana Rodríguez refiere que “…ha triunfado en las últimas décadas un estilo materialista y egoísta que ha acabado por ocasionar un agravamiento de la desigualdad social que ha sido, con toda probabilidad, una de las causas de una crisis que, para algunos, no es solamente de carácter económico, sino también una crisis cultural, de valores”. Creo que en nuestro tiempo, cada quien reclama su derecho a consumir y, con ello, se va perdiendo la integración social por la actitud de un consumidor que rinde pleitesía a los caprichos o veleidades que estimulan la producción de objetos superfluos que no cubren necesidades primarias y vitales.

Francisco Coriñaupa en “Autoridad ¿Existe?: Consumismo, moda y otras fantasías capitalistas”, indica: “el sujeto postmoderno, o sea, construido socialmente a imagen y semejanza del capitalismo, se maneja entre el consumismo y el individualismo de forma muy natural, no teniendo que buscar alguna relación sino viviendo identificado a ella, y no solo a través de la economía, que da sentido al consumismo, sino por las ideas y claro, por la conducta que irradia de ellas, es decir la idea de vivir aquí, ahora y rápido, con la mayor satisfacción posible, y buscar la manera para hacerlo tangible, es lo ´normal´”.

Consumo y consumismo no es lo mismo. El primero implica satisfacción de necesidades. El segundo superficialidad, egoísmo, individualismo, injusticia, inequidad… vale la reflexión seria de este hecho en el que, a lo mejor, nosotros mismos estemos sometidos.


viernes, 10 de octubre de 2014

La Familia y la Vida se Defienden


Una Resolución del Consejo de Derechos Humanos emitida el 25 de junio pasado reconoce que la familia es el núcleo natural y fundamental de la sociedad, cuya responsabilidad primaria es nutrir y proteger a los niños a quienes brinda un ambiente y una atmósfera idónea de felicidad, amor y entendimiento que les permite un desarrollo completo y armonioso de su personalidad. Señala que la sociedad y el estado de cualquier país tienen el deber y el derecho de protegerla. Un dato curioso es que la resolución fue aprobada por 26 votos contra 14 y se suma seis abstenciones, entre ellas la de Perú.

 ¿Por qué Perú se abstuvo de votar a favor de la resolución? La resolución fue redactada en base a documentos suscritos por el estado peruano tales como la Carta de las Naciones Unidas y la Declaración Universal de Derechos Humanos y la Declaración, entre otros documentos a cuyos límites se adscribió en Perú. Entonces ¿Cuál fue la razón de fondo?

Es curioso, al revisar los antecedentes y la coyuntura hasta el momento de la aprobación de la resolución de la ONU, en nuestro país, se discutían dos temas relacionados con la estabilidad de la familia: el matrimonio entre homosexuales y el aborto terapéutico. En ambos casos se conocieron las posturas de los agentes políticos del gobierno y de la oposición política. Pero hubo, también, espacio para la expresión de la opinión de otras instituciones y personalidades que públicamente se definieron a favor o en contra. El debate se cerró abruptamente debido a la violencia expresada y la incomodidad que su discusión provocó en la clase política. Dígase de paso, fue un debatillo cargado de muchas emociones y poco conocimiento, de muchas marchas y pocos foros académicos, de mucho interés mediático y poco compromiso moral. La posición del estado no se dio a conocer oficialmente y su presencia resultó débil y ambigua. No se le vio asumiendo el rol que le da el derecho internacional como entidad protectora de la familia. Se notó, por el contrario, un deseo (acaso una política) de apoyar la posición abortista y el matrimonio homosexual; dígase de paso, la más altisonante, “victimizada”, colorida, intolerante de las posiciones.

Ya la resolución, al hacer la definición de familia, indicó tácitamente la inexistencia de varios tipos de familia y dio como característica de su origen la unión natural, vale decir, respaldó el origen de la familia en la unión entre un hombre y una mujer. Esto significó un duro golpe a quienes pretenden inventar matrimonios y familias a partir de la unión entre personas del mismo género.

Un comentario personal. Es bueno que Perú sea uno de los últimos países en que se viene realizando el debate de mediadas “antifamilia” y “antivida”, pues hemos podido ver lo que ocurrió en otros dondeen se desarrollaron medidas y políticas en favor de aborto y el matrimonio gay. La Corte Suprema de EEUU viene suprimiendo temporalmente, para ser estudiadas, las normas que permiten matrimonios gay en varios estados de la “gran nación americana” debido a sus negativas e inesperadas consecuencias. Las uniones libres y su consecuente falta de compromiso hacen, a las “modernas” sociedades europeas, añorar los valores familiares. En Perú, más del 70% de personas están en contra de ambas medidas. La minoría es más bulliciosa, pero es minoría. Reclamo, desde esta tribuna, se dé a conocer la posición del gobierno peruano respecto de ambos temas y que dicha posición sea representativa de la voluntad de la inmensa mayoría de peruanos.

   

martes, 7 de octubre de 2014

La Historia y Su Nuevo Aliado, El Cine

Fernando Martínez Gil, Maestro de la Universidad de Castilla – La Mancha, ha realizado el interesante estudio titulado “La Historia y el Cine: ¿Unas amistades peligrosas” (2013) en el aporta interesantes ideas acerca de la novedosa interacción entre la Historia y el Cine. Por el uso, casi cotidiano, de vídeos y películas históricas en instituciones educativas escolares y superiores me parece recomendable trascribir las más importantes ideas del trabajo de Martínez.

Sobre el inicio de esta interacción, Martínez afirma que en el pasado la historia y el cine se trataron con recelo e incluso con desprecio. En las dos últimas décadas la historia ha descubierto al cine no solamente como un recurso didáctico hoy accesible y lleno de posibilidades para recrear y explicar el pasado, sino como un auténtico documento necesario para investigar y comprender el siglo XX. Pero la imagen en movimiento presenta unas características propias que exigen un tratamiento distinto al de los documentos escritos, tanto por parte del profesor que la utiliza en sus clases como por el investigador que se sirve de ella para documentar su trabajo.

Sobre el uso intencional de los aportes del cine histórico, indica que la historia, superando el positivismo, ha ampliado el concepto de fuente a todo vestigio que proporcione información sobre el pasado, lo que incluye como tal desde un paisaje a un objeto artesanal, desde una obra artística a una fotografía y, naturalmente, a la imagen en movimiento. La insistencia de los recientes planes de estudios académicos en la innovación docente ha hecho el resto, en un momento en que el acceso al patrimonio cinematográfico acumulado a lo largo del último siglo se ha democratizado hasta límites insospechados gracias a la difusión del vídeo, el DVD e Internet. No se puede pedir a una película ambientada en el pasado que sea ante todo rigurosa y veraz, sino, en todo caso, verosímil.


Deja claro el hecho que la historia intenta aprehender un pasado que ya no existe; y no lo hace reproduciéndolo “tal como era”, como pretendía el positivismo, sino interpretando los vestigios que se han conservado de ese pasado ya desvanecido mediante la aplicación de una metodología transparente y avalada por su rigor. Para llevar a cabo su tarea el historiador se sirve de la crítica textual y de la densidad argumentativa que le proporciona el lenguaje escrito, con su capacidad analítica, sus excursos y citas de autoridad. La historia es, pues, ante todo rigor en su acercamiento a la realidad. Pero no solamente eso. Está obligada a ser creativa.

El cine también remite a la realidad, puesto que la representa o incluso la suplanta. Pero, al ser forzosamente una obra colectiva y un producto comercial que es preciso financiar, el rigor suele supeditarse a la necesidad de amortizar la inversión, por lo que una película debe entretener y satisfacer los gustos y las expectativas de la crítica y del público, de la sociedad a que se dirige; y en virtud de ello el cineasta ha de respetar todo un cúmulo de convenciones que limitan su libertad (los géneros, la censura o la autocensura, los límites de lo mostrable, etcétera) o bien subvertirlas.


Creo que una fuente histórica, cualquiera que sea su naturaleza, solamente puede ser interrogada de forma correcta y fiable si se la conoce por dentro, si se es consciente de sus especificidades, sus posibilidades y limitaciones. No basta, sin embargo, contentarse con su dimensión sincrónica y contextualizadora; es preciso también situarla diacrónicamente. Lo que quiero decir es que un historiador no ha de saber sólo mucha historia; ha de conocer de forma suficiente la historia del cine si es que piensa utilizar las películas como documentos que sustenten su investigación o su enseñanza.