sábado, 25 de abril de 2009

Tratamientos y honores en la colonia: ¿Quién fue un "don"?



Actualmente, anteponer al nombre de alguien el término “don” es un indicador de respeto a la edad, experiencia, logros, sabiduría o conducta de dicha persona.
El Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española nos indica que el término “don” es un “tratamiento” y proviene del latín “Dóminus” que significa propietario o señor. Por eso, en tiempos de la colonia, la manera correcta de tratar a una persona distinguida era anteponer el “don” a su nombre de pila y usar el término “señor” para mencionar directamente su apellido. Así, por ejemplo, al ilustre Domingo Alamas, se le diría Don Domingo o Señor Alamas. Haberle dicho Señor Domingo o Don Alamas, habría significado un claro deseo de denigrarlo o divulgar su origen “defectuoso”. Un recién llegado a la ciudad debía estar atento al uso que otros miembros de la élite local hacían del término pues, a decir de la historiadora norteamericana Ann Twinam, “un simple saludo indicaba el rango de un individuo dentro de la jerarquía social”.
Usar el tratamiento “don” en España y sus colonias americanas era común. Sin embargo, en las colonias no siempre el término era preciso. Merecedores de ese honor eran los blancos (peninsulares o criollos) acaudalados o no, pero hijos legítimos de esa manera reconocidos. En las colonias algunas veces la ilegitimidad de un blanco era pasada por alto; bastaba haber sido elegido mayordomo de la fiesta religiosa más importante de la ciudad o haber desempeñado algún cargo público, amparándose así en su servicio cívico para pedir reconocimiento. Un hijo ilegítimo era “defectuoso” y no podía ser llamado “don” en medio de las escrupulosas sociedades de la colonia y en cumplimiento de normas que así lo establecían. La riqueza motivó en algunos casos excepciones informales que no implicaban la aceptación universal de la élite.
243 criollos de todo el continente americano presentaron durante el siglo XVIII peticiones de legitimidad ante la Cámara de Gracia y Justicia dependiente del Real Consejo de Indias. Los casos demoraban varios años y el proceso era casi siempre doloroso para el solicitante quien debía ventilar públicamente vergüenzas y angustias pasadas. Sin embargo, todo era válido para conseguir el Decreto de legitimación conocido como “Cédula de Gracias al sacar” que le reconocería como legítimo, digno de honor y merecedor del tratamiento de “don”. Las “gracias al sacar” eran ciertas dispensas de ley y concesiones de título o privilegio que otorgaba el Rey por motivos justos, razonables y justificados; previo pago de un arancel (Doscientos reales para el derecho perpetuo). El nombre del beneficiario no podía ser revelado. El arancel de la legitimación era el más caro entre todos. Fue tal la importancia de este trámite que terminó formando parte de las “Reformas borbónicas” entre 1759 y 1808.
El tratamiento de “don” a lo largo de la historia lo han merecido: Dios, Jesucristo, los Santos, reyes, nobles, obispos, arzobispos, “hijosdalgo” (Hidalgos castellanos e infanzones aragoneses). En América también se dio tal reconocimiento a los jefes indígenas americanos (Considerados como nobles) pues en estos territorios sobre la ley decían: “se acata, pero no se cumple”
Para la anécdota debo anotar que en el “Quijote de la Mancha” el hidalgo Alonso Quijano adopta el nombre de Don Quijote de la mancha y Sancho medita sobre el hecho que ese don no tenía derecho a usarlo pues hasta ayer solo fue “su merced”

Fuente bibliográfica:
1.- Twinam Ann.
2009. “Vidas públicas, secretos privados”
Buenos Aires. Fondo de Cultura Económica.

domingo, 19 de abril de 2009

"Cerro Mulato"en Chongoyape: Tradición y misterio


http://www.youtube.com/watch?v=dGWrrYlIVu4




Chongoyape es “La tierra del sol y la alegría” según la letra de su Himno. Aunque este hermoso Distrito tenga un nombre que, paradójicamente, significa “Corazón triste” ó “Corazón que llora” en idioma quechua; su paisaje pleno de verdor, su belleza natural y riqueza arqueológica lo convierten en un lugar encantador y lleno de misterios.
Dispuestos a constatar el valor histórico de la zona, vincularse con el entorno geográfico regional y valorar las costumbres y tradiciones de nuestro pueblo, más de medio centenar de estudiantes de la Escuela de Derecho de la Universidad Católica “Santo Toribio de Mogrovejo” liderados por el Profesor Martín Cabrejos Fernández realizaron un viaje de estudios a dicha localidad como parte del Proyecto “Cerro Mulato: Zona de tradición y misterio”.
Chongoyape se encuentra a 60 Km. de Chiclayo y cuenta con una población aproximada de 22 000 habitantes. Rodeado por los Cerros Mulato y Chaparrí, el distrito es puerta de ingreso de Lambayeque para chotanos y cutervinos. Su clima es cálido, seco y con lluvias entre los meses de diciembre y marzo. La población se dedica, principalmente, a la agricultura de arroz, caña de azúcar y maíz.
En el distrito, los miembros de la delegación, fueron recibidos por el R.P Luís Díaz Latorre quien mostró los encantos de la Parroquia “Santa Catalina” tales como su hermoso retablo diseñado en el siglo XIX y documentos históricos de más de 130 años de antigüedad que llamaron la atención de los visitantes. La parroquia celebra cada año las festividades de la “Cruz de tres de mayo”, “Cruz de Chalpón”, “San martín de Porres” y la procesión del “Niño Dios” en el mes de diciembre.
La Municipalidad de Chongoyape se sumó al acto de bienvenida proporcionando información histórica y turística de la zona. Se mencionaron lugares de trascendencia histórica y turística del distrito como Cerro Mulato, Paredones, Tabacal, la pequeña capillita de “La beatita”, Tinajones y la Reserva ecológica de Chaparrí. La exposición incluyó sabrosos potajes como el arroz con pato, el espesado, seco de cabrito, los bizcochuelos, las bizcotelas y la chicha de jora. La disertación tan clara como valiosa por la diversidad de información brindada, se realizó en los ambientes del Palacio Municipal y estuvo a cargo de la señora Mercy Paredes, funcionaria de la comuna.
Concluida su visita al área urbana del Distrito, la delegación hizo su programada visita al “Cerro Mulato” para realizar el reconocimiento y observación del sitio arqueológico. Encontramos, imponentes, cerca de 400 petroglifos distribuidos en diferentes piedras sobre el cerro. Se estima que tengan una antigüedad de hasta 6000 años. Aplicaron en el lugar la técnica del “Calco de Petroglifos” logrando asombrosas imágenes que motivaron la admiración de los estudiantes respecto a su pasado y el compromiso necesario para cuidar y preservar los sitios históricos y arqueológicos de la Región Lambayeque. Nos topamos con aves como los arroceritos, tórtolas, chisco y chiclón; lagartijas y muchos zancudos.
Luego de la expedición los estudiantes y maestro responsable preparan la realización de una muestra fotográfica y de recursos históricos y arqueológicos de Chongoyape para fines del mes de Mayo. Se mostraran ceramios, documentos antiguos de los archivos parroquial y municipal, fotografías antiguas del distrito e imágenes del viaje realizado. Es necesario abrir las ventanas de las aulas universitarias y mostrar a los estudiantes la historia perceptible de nuestro pueblo en contacto con sus fuentes vivas, La riqueza y la grandeza de lo nuestro.

"Caballitos de totora"



Un caballo de totora es gacela intemporal, sobrecoge su diseño y su porte sin igual. Embarcación construida con tallos y hojas de totora, desde tiempos muy lejanos ornamenta nuestras costas. Transporta un solo navegante con todos sus aparejos, hace más de tres mil años, tanto a jóvenes y viejos.
Son totorales, humedales y balsares, los antiguos “Ojos de agua” o wachaques que en el litoral, a las naves, dan el rústico material convirtiendo al cholo humilde en un hombre colosal.
Te han tejido manos cholas para muy duras faenas, puesto al sol, frente a la orilla, vas contándome tus penas: “Llevo a un recio hombre a distancias alejadas y, olvidándome en la arena, de mala forma me paga. Me siento solo en las noches pues no tengo utilidad, yo debo estar en las olas, esa es mi necesidad”.
A la mañana siguiente… llega el porteño recio con su cordel en la mano, seguro avanza en tu lomo a cosechar su pescado. Tu generoso esperas y respetas su presencia, sabes que con paciencia podrá repletar su cesta.
Tiempla el cordel para el voleo, lo hace serio y con estilo, no puede hacerlo distinto, ¡Hay que tomarlo en serio! Lanza unos cuarenta metros, directo a las profundidades, el mar se encarga del resto y le da sus bellos ejemplares.
Luego, caído el sol y culminada la faena, retornas hasta la orilla con un gesto de alegría. ¡Hasta mañana! Piensa el cholo, lo dice mirando al inmenso, tú sonríes ante el gesto del bravo y recio porteño.
Son símbolo de identidad y gran valor histórico, herencia de los ancestros y de un pasado heroico. Los mochicas y chimues, los incas y todos los cholos presentamos mil respetos al “Caballo de totora” símbolo que el pueblo añora para pasear en las aguas, tomar el sol con sus manos, navegar para siempre y, como de fe, poner su destino al frente.



viernes, 10 de abril de 2009

Palta pal arroz calato y chichita de Monsefú


Quiero contar en mi verso lo que hace unos días viví, cuando con oídos abiertos, papel y pluma en la mano, me mezclé entre monsefuanos en la “Ciudad de las flores”, quise observar sus costumbres pues de ellas mucho me hablaron y no quedé defraudado con todo lo que noté, si quiere usted conocerlas, entonces, comenzaré.
En el sector “Las Palmeras”, a dos cuadras del portal, un hombre causó mi embeleso en la calle Mariscal. Era un cholo pecho recio, de brazos como mis piernas, llevaba una cesta a cuestas y con voz ronca un pregón, repetido a cada rato: “Lleve mi palta, señor; palta pal arroz calato”.
Su piel morena cobriza es ordinaria en mi tierra, cabello lacio, sonrisa y rapidez en las piernas. Es vendedor desde niño y conoce bien el oficio, conoce más de las paltas que de un enfermo el doctor, preste mucha atención a todo lo que me dijo.
“Arroz comemos a diario aunque de pobres nos tilden, cuando no hay con que montarlo tenemos que decorarlo. Para eso sirve la arveja, la lenteja o el garbanzo, pues solitario no pasa y calato da vergüenza, arroz con algo queremos para calmar la gazuza y así la palta comemos aunque se ensucie la blusa”.
Al verlo las monsefuanas, salen corriendo a la puerta; en una mano su niño y en la otra la moneda; de lejos miran a Justo quien tiene apellido de ave, aunque de lejos le gritan, pues mucha gente lo conoce, cuando lo ven llegar musitan “¡Cerca viene Don Chiroque!”
Aun riendo por lo visto, decidí caminar directo, llegué de esa manera al centro, al parque y al monumento. Pasé por la calle Unión y tomé un buen poto de chicha, frente a la familia Burga; uno entre doce sabores, jora pa los dolores aunque resulte en mi purga.
Me ofrecieron sudado de bagre, pero quise las panquitas, quedan con life exquisitas sin curtirlas con vinagre. Los zancudos y las moscas daban vueltas por mi plato, con una bolsa de agua encontraron solución, siguieron sin dilación a un niñito calato.
La chichita es de maíz, alazán y frutas frescas, la tomas mientras conversas hasta que brotan sonrisas. Los sauces te dan la brisa y la paz “El Nazareno” del FEXTICUM, muy amenos, me hablaban unos floristas.
Es Monsefú linda tierra y de un calor sofocante, son herederos de Chuspo (El pueblo de sus ancestros) pero por tradición son tan nuestros como la palta y el arroz, un poto de chicha, señor, y así termino este cuento.

jueves, 9 de abril de 2009

Un canto para mi raza


Mi pensamiento se abraza

a este verso que se expande

para cantarle a mi raza

con un corazón muy grande.


soy peruano aquí nací

en esta faja costeña

entre algarrobos y leña

con el oro y el maní

porque surgieron aquí

nobles culturas sin tasa

que con sol de ardiente masa

gobernaron al Perú

al mochica y al chimú

mi pensamiento se abraza



Yo nací en la cordillera

el alto pico y la puna

con orgullo fue mi cuna

una nube mensajera

a mis pies tengo praderas

y no hay rigor que me ablande

extendiendose en el Ande

mi Tahuantinsuyo brinca

uno la herencia del Inca

a este verso que se expande



Yo nací en la selva agreste

dominando ricas zonas

soy el rey del Amazonas

bajo un cielo azul celeste

no hay aquí quien contrarreste

mis dardos en su coraza

mi sangre hierve cual braza

nativa de este terreno

levanto mi voz de trueno

para cantarle a mi raza



Soy amo en las tres regiones

respetando mis orígenes

y las tribus aborígenes

orgullo de las naciones

al opresor sin razones

no permito que se agrande

y donde quiera que ande

gritaré con mucho honor

yo soy un cholo señor

con un corazón muy grande.

miércoles, 8 de abril de 2009

A Cristo Crucificado


Me parece verte, Señor, tan cercano y tan real, que hasta puedo percibir tu sufrimiento. La profundidad desgarradora de tu experiencia ha dejado mi vida cautiva, devota y atenta a tu Palabra. La verdad del amor en tu entrega, profundamente humana, Divina, conmovedora y poderosa, me hace notar que solo ese amor, tu gran amor, inspiró el padecimiento, torturas, humillación y escarnio que significó la Cruz del calvario. Y aunque tu cuerpo molido cuelga en indigno madero, embellecido lo veo por ser objeto de mi amor. Y aunque mi vida caída sufre alejada de ti, embellecido me ves por ser objeto de tu amor perfecto. “Ni la muerte, ni la vida, ni lo presente, ni lo porvenir, ni lo alto ni lo profundo, ni ninguna cosa creada nos puede separar del amor de Dios que es Cristo Jesús."
En la Cruz del Calvario, entregaste, Jesús amado, todo lo que tenías: tu sudor sanguinolento a la tierra sedienta; tu sangre preciosa, al pueblo que querías salvar; tus vestidos, a tus torturadores; tu compañero de suplicio, al cielo; tu madre al fiel amigo y Apóstol; tu cuerpo a la tumba, y al Padre tu espíritu.
Tanto te odiaron, Señor, y debieron amarte. Y aunque el odio los torturaba, no pudieron ni quisieron dejar de odiar. Cuanto más te odiaron, mas sufrieron; y cuanto mas sufrían odiando, más perdieron. Fue el odio su más grande esclavitud, no quisieron amar habiendo nacido para eso; pero jamás dejaron de ser amados. Pues no hay nada que el hombre pueda hacer para que Dios deje de amarlo.
Mientras te crucificaban y alzaban la cruz, Juan, tu madre (Que es también mía), María Magdalena y las otras marías, estaban lejos porque les era prohibido acercarse, pero luego, cerca de ti, acompañaron tu agonía. ¡Heme aquí, Señor, junto a María! Con las debilidades de Pedro a cuestas, con las negaciones y traiciones del género condenador. ¡Heme aquí! Al pie y bajo la Cruz, viéndote desfallecer de dolor y agotamiento, sufriendo con paciencia el dolor que vencerá a la muerte, maltratado y maltrecho recordándome que te siga.
¡Oh Jesús bueno! Permíteme acercarme a ti con la pureza de corazón de Juan, con la hermosura del corazón de María, para amarte con la misma entrega, para seguirte con semejante fuerza, para obedecerte con igual firmeza y para que tu puedas manifestarte en mi vida haciendo de mi cuerpo tu morada.