martes, 13 de febrero de 2018

Don Juan del Carmen Santisteban: “Maquinita”

Restos mortales de don Juan del Carmen Santisteban "Maquinita"
Fotografía: María Cecilia Luyo Balarezo

Mencionar a don Juan del Carmen Santisteban Vásquez, significaría hablar solo de una persona más; sin embargo, referirnos a “maquinita” (el mote con el cual don Juan fue conocido la mayor parte de su vida) resulta muy significativo para los chiclayanos de mediados del siglo XX.  
“Maquinita” era muy conocido hasta fines de la década de 1980. Lo veíamos caminando por las calles del centro de la ciudad simulando ser una locomotora (con sonido incluido) o parado en una esquina, el parque principal o la plazuela, emitiendo voz en cuello los comerciales de las emisoras de radio de la época los cuales memorizó con letra y música incluida. Ante la consulta de los ciudadanos, “maquinita” daba la hora exacta hecho que llamó siempre la atención pues no usaba reloj. Se creía una radio. Para “cambiar de emisora” se tocaba el pecho y simulaba mover o girar una perilla; entonces, “automáticamente” dejaba de “transmitir” con radio Delcar para “convertirse” en radio Chiclayo, radio heroica, radio imperio y así sucesivamente. Lo conocí siendo un niño: hombre robusto, de mediana estatura, ojos algo desviados, cabello corto y piel cobriza; lo recuerdo amable, vestido con un pantalón remangado, zapatillas blancas desgastadas y un polo de color caqui o bibidí blanco percudido. Siempre lo vi salir de una casa ubicada en la calle Tacna, propiedad de la familia Perleche, frente a la actual Residencial “Pascual Saco” lugar que recorría a toda velocidad y mucho más cuando al grito de ¡maquinita! Que dábamos todos los niños de aquel tiempo la “locomotora” humana parecía aumentar la velocidad. A veces se detenía y sacaba un objeto metálico, parecido a un visor o cañón de cámara fotográfica con el cual, daba la impresión, observaba la ruta que iba a seguir.
María Cecilia Luyo Balarezo, una de las personas que más lo conoció afirma: “su cumpleaños era el 24 de junio. No tenía familia cercana y vivía de la caridad de las personas. Tenía muchas cualidades, una de ellas era dibujar. Recuerdo que dibujó el Muelle de Pimentel y la Catedral de Chiclayo. Durante un tiempo vivió en la Av. Sáenz Peña en casa del peluquero Pedro Vílchez, luego se trasladó a casa de la familia Perleche en la cuadra 2 de la calle Tacna donde también vivió el amor de su vida que se llamaba María. Luego pasó a casa de la familia Quiñones Castro”.
Entierro de "Maquinita"
Fotografía María Cecilia Luyo Balarezo

El tiempo, inexorable, hizo mella en la salud de nuestro popular y muy querido personaje. Envejeció y enfermó. Los vecinos de las calles Manuel María Izaga (cuadras 4 y 5) y Alfredo Lapoint (Teatro) lo alimentaban y proveían de medicinas. Es digno recordar que en esta tarea participaron las señoras Tarcila Quiñones, Juana Nakano, Margot Pflucker, la propia María Cecilia Luyo Balarezo y el señor Luis Valencia quuien gestionó su internamiento en el asilo de ancianos, lugar donde residió hasta su fallecimiento el 09 de febrero de 2012. Sus restos fueron velados en el local del Club Cajamarquino en la cuadra 5 de la calle Manuel María Izaga y gracias a la donación del gerente de la Beneficencia Pública de Chiclayo de aquel entonces, se logró sepultar sus restos en un nicho de sétima fila del cementerio “El Carmen”. María Cecilia Luyo Balarezo, recuerda “don Juan murió de pena… era un hombre muy inteligente, lástima que se perdieran sus obras y no se sepa a donde fueron a parar”.
Entierro de "Maquinita"
Fotografía: María Cecilia Luyo Balarezo


Junto a otros personajes como “Tuta”, “Chingao”, “Marchador” o “Chete”; “Maquinita” forma parte de aquellas historias inolvidables de un Chiclayo que no se irá pues, mientras haya quien recuerde sus presencias, vivirán y seguirán recorriendo las calles y plazas, y de corazón a corazón posadas en las mentes de aquellos que añoramos una ciudad que se fue pero que todavía vemos en nuestros más hermosos recuerdos, nos alegrarán evocando un tiempo que gozamos y que jamás volverá. 

lunes, 12 de febrero de 2018

Antiguas peluquerías de Chiclayo

Don Catalino García Lloctún, maestro peluquero. Propietario de
la peluquería La Primavera.
Foto: Antiguas Fotos de Chiclayo  

Para quienes vivimos de manera presencial las costumbres de mediados del siglo XX y la experiencia de la tradicional visita al peluquero por el corte de cabello escolar, alemán o rape (según sea el caso, o el castigo); nos hará mucho bien recordar aquellos lugares donde los antiguos fígaros de la ciudad desplegaban sus mayores destrezas sobre las cabecitas infantiles, las adolescentes y aquellas que, con cabellos blancos, compartían la sabiduría popular en interminables conversaciones.
Cotty de la Oliva, afirma que desde 1930 atendió en Chiclayo la peluquería del Señor Ezequiel Bravo Lluncor, en la esquina de las calles Elías Aguirre y Colon a la que concurrían, personas conocidas como Enrique Woyke, Arturo Pastor Boggiano, Lorenzo Orrego, Félix Nepo Mora (propietario de la Farmacia Pasteur), Nixa (quien la citó en innumerables oportunidades en sus crónicas)… y disfrutaban de una amena conversación. Muy cerca estaba la cigarrería Colón de la Familia Rondón. La peluquería de Don Pedro Llontop en los bajos del Club de la Unión (en los antiguos portales). Don Pedro, era el único que usaba guardapolvo blanco por aquellos días. La peluquería del maestro Neciosup quien, además de cortar el cabello vendían “guachitos” de lotería. La peluquería La Primavera del Maestro Catalino García Lloctún que hasta ahora existe y en la cuadra 7 de Vicente de la Vega a un costado de una de las puertas de salida del cine Dos de Mayo estaba la del maestro Martín Brenis, sub oficial de la FAP y empresario de box, donde también mostraba su arte el gracioso maestro Heredia; en Alfonso Ugarte, casi frente al colegio “Nuestra Señora del Socorro” la peluquería del recordado maestro Renzo. En la esquina de las calles 7 de enero y Leoncio Prado, un peluquero alquilaba bicicletas de paseo, todos lo conocían como “tun tun”, y salía con un antiguo reloj despertador para controlar el tiempo de arriendo. La peluquería del Sr. Banda, en la calle Manuel María Izaga cdra. 4; hombre bonachón, silencioso y servicial que hacía además servicio a domicilio con una pequeña maletita negra similar a la de un médico; su negocio cerró debido al ensanche de la calle, entonces junto a su familia decidió radicar en el distrito de Pimentel.
Mario Dávila, recuerda que la peluquería de los Sres. Pedro y Aníbal Vílchez comenzó a funcionar en la calle Torres Paz (en casa de las Srtas. Caycay hasta 1953), luego se trasladó a la cuadra 8 de Manuel María Izaga y finalmente a la Av. Sáenz Peña; alquilaba bicicletas y fundó el club de ciclismo “Flecha”, después se trasladó a la Av. Sáenz Peña. Las Peluquerías de moda en los años 70s y 80s eran las del Sr. Millones, a la cual el suscrito acudió hasta la adolescencia, ubicada en la cuadra 7 de Torres Paz, también la del Sr. García en la esquina de Vicente de la Vega y Alfonso Ugarte y la peluquería Lux en la misma calle. La peluquería Rentería, en la calle Eugenio Moya, que funcionó desde 1942. La peluquería Colichón a media cuadra del parque principal en la Av. Balta. La peluquería "El Dorado", del sr. Arenas, entre Balta y San José, junto al hotel Bolívar. La peluquería "Valverde “ubicada en la esquina de 7 de Enero con Leoncio Prado, frente a la bodega de Miura. Peluquería Neciosup en la calle 7 de enero antes de llegar a Elías Aguirre. La peluquería del Sr. Jayashida, ubicada entre las calles Tacna y Francisco Cabrera, cuyo salón estaba muy bien decorado con imágenes del país del sol naciente. La peluquería del Sr. García en la calle Diego Ferre de “El Porvenir” (cerca al antiguo cine Tumi). La peluquería Baquedano en Vicente de la vega y calle Bolívar de la Urb. El Porvenir. La peluquería Salón azul ubicada en los altos de la farmacia “El parque” de la familia Aita y frente al antiguo Banco Popular. La peluquería Olea, en la cuadra 12 de Vicente de la Vega.
De seguro y algunos establecimientos no han sido mencionados. Espero, al menos haber cubierto la mayoría de aquellos lugares donde los chiclayanos que bordeamos o sobrepasamos el medio siglo perdimos mucho de nuestro cabello pero ganamos grandiosas historias entre tijeras y al filo de la navaja.


viernes, 9 de febrero de 2018

Antiguos Bares y bodegas de Chiclayo de mediados del siglo XX

"El chino de la esquina" (1950)
Foto: Antiguas Fotos de Chiclayo - Miguel Díaz Torres

A continuación una lista significativa, aunque desordenada de comercios antiguos que han quedado grabados en la memoria de los chiclayanos, al menor de los más “entrados en años”: los bares de los Hoteles “Europa", "Astoria" y "Turistas"; bar “El Trébol", "El Gaucho", " El gringo Negro; discotecas "El Camgo In", “Jhony Jan” de Valentín Yamashiro. Bodega Chang Kau, en la esquina de Balta y Manuel María Izaga, donde se expendía el mejor café tostado de la ciudad. El Bar de la discoteca " El Caballito ", que funcionaba en el Hotel de Turistas y cuyo Barman era “el flaco” Máximo Molero. La taberna "ventanita" entre los años 1950 y finales de 1970, Se ubicaba entre las calles Leoncio Prado y calle Manco Cápac, cerca de la antigua cárcel. Según Francisco Fernández, “Era concurrida por diferentes obreros y trabajadores de mano de obra fuerte (constructores y hojalateros) se juntaban a tomar sus respectivos bolones (cañazo)” el propietario fue el “conejo” Valdez.
Se aprecia, donde se encuentra el cartel de "El Pacífico", el local de
la Bodega Chang Kau, esquina de Balta e Izaga, año 1966
Foto: Antiguas Fotos de Chiclayo

En un comentario testimonial, Miguel Angel Walde afirma recordar algunos “huecos” (bares o tabernas): “castellanos" , la "bajada de los toros", " el vaso de leche"( frente a la cuna maternal") , la "cámara de gas", "la cámara de diputados", donde se expendía licores de la sierra norte; el bar " Willis" que funcionaba entre Arica y 7 de enero y vendía caldo de gallina, el" gallo de oro” (en la avenida Pedro Ruiz), el "Venecia" o el de "colores" del Sr. Hueda…”. Otro bar, muy pequeño pero siempre solicitado, fue “La Aurorita” en la cuadra 4 de Balta a una cuadra de la antigua empresa de transportes “Perú Express”, el Bar “Rosado” del chino Hueda y su famosa rocola, “La churrasquería” de José Soplapuco, “Don José” y sus caldos de pata y de gallina junto al club de tiro Chiclayo 77 al lado del antiguo grifo “Quiñones” ubicado en la actual plazuela de la fraternidad frente al banco de la nación. Bar “La colmena” en Lora y Cordero. César Aguinaga, recuerda “Entre 1974 y 1982 el bar los 5 hermanitos, atendíamos mi hermano Jaime, yo, Hugo, Carlos y Enrique, ubicado en la Av. Balta 1187, de propiedad de la señora Hilda Anaya Mendoza, mi madre, lugar muy concurrido por comerciantes, maestros, bancarios, gente de radio, y personas que por lo céntrico de su ubicación transitaban por ahí”. La bodega de los hermanos Kamt y la de las señoritas Fu entre teatro y siete de enero. La bodega de los hermanos Kong frente a la puerta lateral del mercado central en la calle Lora y Cordero. Bodega " Mi Lucerito" en el Parque Villarreal, de la Sra. Margarita Racchumi, el " Maipú" de la calle san jose, cerca de la panadería "Rojas". Los “perros calientes” del “tío Bonilla” al lado del antiguo Banco Popular, exactamente en la puerta del actual INEI de la Av. Balta. “El cincuentita” de la calle Manuel María Izaga, frente al antiguo colegio “La Inmaculada”. Bar y bodega “El patio” cerca de la antigua piscina municipal. Las tiendas Yep y el “Palmas de oro” cerca del mercado modelo. No podemos olvidar la carretitas azules con barras de manjar blanco y alfajores de la “Flor del norte”. La fábrica de coñac y anisado del Sr. Cabrejos en la cuadra 11 de la Av. Balta. El bar “33” entre Balta y Pedro Ruiz. El Bar Milán de Giovanni Cantelli, a mediados de la década de los 50, estaba ubicado en la Calle San José, frente al costado de la Catedral, tenía “puerta falsa" en la Calle 7 de enero. Discotecas Blue Sky y Shanom. Bar Lucky en la calle Torres Paz. Discoteca “Billy Bobs”, luego llamada “El escarabajo” del Sr. Billy Holden. En el centro de Chiclayo las bodegas “Don Alarcón”, “Don Simón”, “Don Juan”, “Wilson”, “Chino Carlos”. Bar “El criollo” entre Saenz Peña y Bolognesi, bar restaurante “Tokio” de la Srta. Carmen Uyejara, bar restaurante Maeda. “La Celinda” entre siete de enero y Lora y Cordero.
Tienda Galaxy, ubicada en la Av. Balta frente a la actual RENIEC antiguo
Banco Popular.
Foto: Antiguas Fotos de Chiclayo

Juan Lossio, recuerda “Cantinas: De Colores, en Av. Bolognesi y 7 de Enero. El criollon en la esquina de Bolognesi con Sáenz Peña. Picanterías: La Chero en Diego Ferré El Porvenir. La Viento Fuerte también en D. Ferré El Porvenir. la Diente de Oro (su propietaria tenía diente de Oro). También en Diego Ferré en la esquina del Parque El Porvenir. Las Rejitas en Leonardo Ortiz. La cachetona en la esquina de Bolognesi con la calle del molino Piedra. Recreos: El Choloque, por el parque Villareal. Snacks: El Roma, El Trébol, el Snack Bar de E. Aguirre. Dulcería de olla: Lucianito, al costado de la puerta de Delantero del cine Colonial en Vicente de La Vega. Otra dulcería en Juan Cuglievan con Tacna, por Pascual Sacó” Se refiere a la bodega y dulcería Ramírez.

 
Tienda Quiñones Riquero (1930) calle Elías Aguirre.
Foto: Antiguas Fotos de Chiclayo

miércoles, 7 de febrero de 2018

Las Plazas de Toros de Chiclayo


fotografía aérea de la ubicación de la primera plaza de toros de
Chiclayo.
Foto: Antiguas Fotos de Chiclayo - Miguel Díaz Torres.
La primera plaza de toros de Chiclayo fue inaugurada en 1924 siendo apadrinada por el entonces Prefecto interino del departamento Sr. Vicente Russo Fry. Fue su propietario el Sr. Juan Francisco Casaretto Ugaz, hijo de Juan Casaretto Farfalla inmigrante genovés quien junto a Nicolás, su hermano, llegaron a nuestra ciudad a fines del siglo XIX. La plaza estuvo ubicada en un solar, actualmente entre las calles Vicente de la Vega y Lora y Cordero, al que se accedía por un largo callejón frente a la Plazuela “Elías Aguirre” y al lado de la antigua Clínica Walter. Se pudo apreciar en el mismo lugar, según testimonio de Julio Ching Wong, a los Circos Caballini y, muy cerca, el colegio Peruano Japonés (luego Jardín de la Infancia y Colegio San Pedro). Don Miguel García Puémape, ciudadano ilustre de Chiclayo, afirma: “Aquella plaza la conocí en 1936, cuando se realizó una corrida de toros de casta, llevado por mi tío Ricardo Guerra Q. Grabé por siempre en mi memoria el instante cuando el toro embistió al caballo (sin peto protector) del picador y le abrió al jamelgo la herida por donde se le vaciaron los intestinos”. Un aviso de 1939 anuncia una corrida de toros con el “Niño de la Palma”, “Torerito de Triana” y al chiclayano César Quiñones a quien calificaron como “voluntarioso y entusiasta paisano”

Inauguración de la primera plaza de toros (1924)
Foto: Antiguas Fotos de Chiclayo - Miguel Díaz Torres.
Anuncio de una corrida (1939)
Foto: Antiguas Fotos de Chiclayo - Miguel Díaz Torres

La segunda plaza de toros de nuestra ciudad se ubicó en un solar antiguo usado por el desaparecido Molino Nacional para secar arroz y fue vendido al Sr. Virgilio Acuña en 1983 durante la gestión edilicia del Sr. Flavio Núñez Izaga. Actualmente está detrás de la Basílica de San Antonio en el terreno que ocupa un colegio y un conjunto habitacional. Según testimonio de la ciudadana Cotty de la Oliva, la plaza fue inaugurada en 1962, señala: “la mandó construir un grupo de aficionados como don Amado Lora Risco, Pepe Arrascue Díaz, entre otros. En su inauguración torearon Miguelín y Palmeño, después Rovira y otros”. También participaron en aquella ocasión, Consuelo Villanueva y Jorge Guevara quienes torearon al alimón.  Toreros aficionados desplegaban sus mejores artes: Armando Lora (propietario, además de un criadero de toros de lidia en Motupe), su hijo (apodado “el curro”), “Pochi” Doig, Gonzalo Gil, Ricardo Dejo, Alberto Ugaz, el novillero Orderique y su hijo el “banderillero Orderique”; varios de ellos actuaban, además en corridas en Tumán y en la sierra norte. Antes de su construcción, el solar era ring improvisado de algunos buscapleitos sanjosefinos quienes “cuidaban su honor” después del popular “chócala”.  Doña Ninfa Idrogo, cuenta que “En el edificio de la gran plaza cuentan que algunas noches veían a un torero dar vueltas en el primer piso, justo ocupa el espacio de la plaza de toros”. Hay quienes dicen que se improvisó, también, corridas de toros en el interior de la catedral y en el hospital las mercedes. Según Vicente Sierra León: “(se hicieron muchas obras) A base de estas corridas de toros, los fondos se destinaban a obras sociales, que administraba la Sociedad Beneficencia de Mujeres. La Sra. Victoria Vda. de Dall´Orso donaba el toro de lidia”. Merece ser mencionado el toreo bufo a cargo de compañías mexicanas y nacionales durante la década de 1970.
Corrida de toros años 70
Foto: Antiguas Fotos de Chiclayo



Añadir leyenda
Cuadrilla en la que se aprecia a los accionistas de la plaza
Foto: Antiguas Fotos de Chiclayo
Torero Chiclayano Paco Céspedes
Foto: Antiguas Fotos de Chiclayo

Plaza de toros cerrada (1987)
Foto: Miguel Díaz Torres

Los impuestos y la cada vez menor acogida terminaron por paralizar la actividad taurina que, en Lambayeque, tuvo relativa acogida con dos haciendas de toros de lidia: La Viña, del Sr. Víctor Montero, y Yéncala del Sr. Nazario Villafuerte. Además de Chiclayo, en Tumán las corridas de toros se organizaban en una pequeña placita y desde nuestra ciudad los aficionados viajaban gratis en tren.

jueves, 1 de febrero de 2018

La antigua cárcel pública de Chiclayo

Construcción de la Cárcel de Chiclayo (1907)

El objetivo del presente trabajo es presentar algunos datos históricos sobre la antigua cárcel de Chiclayo y no presentar la historia completa de dicho establecimiento, para la cual es necesario un trabajo más sostenido de recopilación de información.
                                                                Fotografías del año 1910
                                
   
En Chiclayo del siglo XIX hubo, al interior del local municipal una celda para reos (tal como consta en un documento del año 1881). A inicios del siglo XX, la Ley N° 27, aprobada por el Congreso de la República el 25 de octubre de 1904 y promulgada el 12 de noviembre del mismo año por el presidente Serapio Calderón Chirinos, determina en su artículo único “ (incluir) en el Presupuesto General de la República, por dos años consecutivos, a partir del próximo (1905) la suma de 500 libras en cada uno, que se entregarán a la Junta Departamental de Lambayeque, para atender a los gastos que demande la construcción de la cárcel de la ciudad de Chiclayo”. El local se ubicó cerca de la antigua Pampa Cuglievan en el “Chiclayo chiquito”.

                                                                    Fotografías 1911


La gestión que permitió la promulgación de la ley fue encabezada por el Sr. Nicanor Alvarez Calderón Roldán, diputado por Lambayeque entre 1899 y 1905 y anterior administrador del Muelle y Ferrocarril de Eten, quien se desempeñaba como presidente de su cámara parlamentaria. A pesar de la ley y los recursos que aparentemente destinaba, los trabajos sufrieron serios atrasos. Con fecha 02 de noviembre de 1906, el Prefecto de Lambayeque dirige un oficio al Ministro de Obras Públicas y Fomento solicitando “que se nombre una junta que se encargue de dirigir la construcción de la cárcel de Chiclayo” (Dirección de Obras Públicas, 1908) petición a la que accede luego de verificar el atraso de los trabajos a través de un oficio enviado a su solicitud por la Junta Departamental de Lambayeque que reconoce haber adoptado la decisión de invertir en la construcción recién a partir de agosto de 1906. El terreno que ocupó se encuentra en la calle “Manco Cápac”, entre “Lora y Cordero” y “Leoncio Prado”; actualmente dichas instalaciones son ocupadas por la sede regional norte del INPE (Instituto Nacional Penitenciario). Según Nicanor de la Fuente (NIXA) “hasta hace más de cien años, en la ciudad, había cruces en Chiclayo chiquito, por el sector de la cárcel…” (De la Fuente, 1935) y según Ricardo Miranda “En el cuarto distrito (de Chiclayo, se ubicaron) la Prefectura, la Cárcel Pública y la municipalidad” (Miranda, 1925).
                                                                         Fotografía 1930

El modelo penitenciario adoptado para la infraestructura y el control de los reos de la cárcel de Chiclayo fue de corte norteamericano, el mismo que estaba vigente en Lima fundamentado en el Reglamento Penitenciario de 1901. La adopción del modelo penitenciario fue así: “Se formó una comisión encargada de estudiar los sistemas penitenciarios de otros países y elegir el que mejor se adecuara a nuestra realidad. Esta misión estuvo a cargo del gran sabio Mariano Felipe Paz-Soldán, quién viajó a Estados Unidos y estudió el funcionamiento de las prisiones. Paz-Soldán creyó que el sistema más conveniente era el de Auburn, que permitía la socialización de los presos y se sustentaba en el trabajo y la educación como forma de corregir su conducta” (Pacheco, 2015). La protección y resguardo al interior del penal correspondió a la antigua Guardia Republicana.
1958

1960

1960

1970

En 1925, se instala la escuela de la Cárcel pública de Chiclayo, dirigida por Don Gregorio Vásquez.
Algunos presos detenidos en 1932 por el Sub-Prefecto de Chiclayo Sr. Manuel Morante debido a su filiación aprista fueron: Arbulú Hurtado, Augusto; Bracamonte, José del Carmen; Bravo Llúncor, Ezequiel; Carmona, Héctor; Céspedes, Hernán; Doig, Juan Manuel; Doig y Lora, Patricio; Farfán, Alfredo J.; Gorbitz, Julio; Nepo Mora, Félix; Plaza, Miguel; Vega, Roberto; Zapata, Augusto.
Fotografía 1980
                                 

En el diario de debates del Congreso de la República (1950) se lee una petición dirigida al Ministro de Justicia “a efecto de que, teniendo en cuenta el atentado que se comete contra la salud de los reclusos de la Cárcel de Lambayeque, les sea nivelado su racionamiento diario con el que perciben los presos de la Cárcel de Chiclayo” la ración diaria de un preso en Lambayeque era equivalente a un sol diario.
esquina con Eugenio Moya

Testimonios de pobladores de mediados del siglo XX: César Aguinaga Anaya, comenta: “de chicos íbamos a comprar las alcancías de yeso (chanchitos, carritos, camioncitos), pero tenías que llevar una cajetilla de cigarros Norton o Ducal, para invitar a los presos”. Jorge Mirko Sarmiento, afirma: “Recuerdo que los bandidos hicieron una excavación para consumar un escape. La idea era ver la calle pero por la parte posterior (Eugenio Moya) Al parecer la fuga se frustró”. Luis Lossio: “en esa Pampa Cuglievan, verdaderamente se jugaban todos los campeonatos de tercera división, de ahí salieron los Hermanos Stucchi (Carlos, Eduardo), Oscar Chiclayo (Camay), Potozen, y los Pulatos Hnos. Diaz y muchos grandes jugadores que no recuerdo sus apellidos”.


miércoles, 24 de enero de 2018

La Historia del Indio Villasante
Pobladores de Concepción (Huancayo) año 1917
Fotografía disponible en: metodistaperu.blogspot.com

El alférez del ejército Ezequiel Villasante Gonzales falleció, según certificó el Dr. Juan Ugaz (médico titular), en Chiclayo a las 11.30 de la mañana del 4 de setiembre de 1919 víctima de tuberculosis pulmonar en un departamento de pensionistas del Hospital “Las Mercedes”. Era soltero, tenía 26 años y pasó en solitario el tiempo de su internamiento. Sus padres, don Mariano y doña Josefina, y Hortensia, su novia, fueron los últimos en enterarse. Hasta su natal Concepción (Huancayo) no llegaron a tiempo las noticias de la enfermedad, muerte y encierro cruel de su hijo en las frías celdas del cuartel en Lambayeque, que las produjo.
Ezequiel era mestizo, 1,60 m de estatura, cabello negro, nariz aguileña… ¡Cholo! ¡Indio! De acuerdo al infame parecer de la antigua oficialidad elitista, y así se lo hicieron recordar. Despectivamente tratado como el “cholo Ezequiel” o el “indio Villasante”, trascendió con valor rebelándose ante el improperio. No sabemos su argumento a la ofensa, pero inferimos fue ruda, directa, sincera, veraz… Villasante fue un hombre de no escasa cultura. Entre sus objetos personales se encontraron novelas, cuadernos de apuntes, innumerables cartas y una copia de la defensa del juicio que, por su apariencia, fue releída muchas veces. Fue acusado de “Insulto al superior”.
La vergonzosa muerte de Villasante se trató de ocultar. El mayor Carlos Lluncor, del Regimiento de Infantería N° 01 de Lambayeque, fue comisionado junto al Tnte. Manuel Camino Calderón para, en cumplimiento del artículo 27 del Código de Justicia Militar (vigente en aquel tiempo), cumpliesen con dar cristiana sepultura a los restos del Alférez Villasante. No escatimaron en gastos: nicho perpetuo y carroza, una costosa caja mortuoria, 04 coronas florales, el alquiler de un automóvil para el traslado de los oficiales comisionados y 15 misas a ser oficiadas durante el primer mes. Todo por un valor de 160 soles.
Los comisionados informaron a los superiores, ausentes adrede durante el acto, que “(…) vieron sacar el féretro de una de las salas de pensionistas de ese establecimiento, para colocarlo en una carroza de primera clase a la que acompañaron en un automóvil hasta el Panteón nuevo, a donde condujo los restos del malogrado Alférez los que fueron depositados en un nicho perpetuo del cuartel de San Víctor; nicho que fue cerrado y el que lleva por número 196…”. Solo, así murió y fue sepultado Villasante. Sin presencia de su padres y novia. Sin el apoyo de la oficialidad y, mucho menos, de aquel militar sin nombre cuyas palabras de ofensa aún resuenan: ¡Cholo Ezequiel! ¡Indio Villasante! Y que dieron origen a toda esta historia de sufrimiento.

Al enterarse, sus padres vinieron y lloraron a su hijo. Hortensia no pudo venir, o no quiso, o pensó no soportaría ver sus restos, no lo sabemos. De su hijo solo quedaban la tumba fría del cuartel San Víctor y los objetos que, inventariados, fueron entregados a sus progenitores: Una caja corriente con su chapa y llave; un terno de paño nuevo; un par de zapatos de hule con presilla; un sombrero de paño negro; cuatro camisetas; un calzoncillo; dos cuellos; dos corbatas; tres sabanas; tres servilletas; seis pañuelos; útiles de aseo una cajita de lata conteniendo útiles de costura; una carterita con carboncillos de colores; cuatro frascos de remedios; dos cajas conteniendo ampolletas para inyecciones; un gancho de madera para colgar ropa; un block de papel para cartas y veinte sobres; dos novelas; dos cuadernos de apuntes; una copia de la defensa del juicio del extinto; un paquete conteniendo cartas particulares y envuelta en un papel de regalo una medalla de metal con el nombre de Hortensia. A lo mejor y ella fue la persona que logró sus agónicos suspiros y el amor jamás realizado da un corolario triste a la corta vida del cholo, del indio que no soportó el atropello y defendió su dignidad. 

jueves, 4 de enero de 2018

A Lambayeque desde Cantabria

Región Montañeza de Cantabria en el siglo XV

La Comunidad Histórica de Cantabria, en España, limita por el norte con el mar cantábrico, por el sur con Castilla y León, por el este con el país Vasco y por el oeste con el principado de Asturias. Desde aquella zona arribaron a Lambayeque colonial destacados personajes que ahora mencionamos. Es interesante referir que aquellos personajes aportaron, fundamentalmente, en el comercio y agricultura por las experiencias traídas desde su lugar de origen.
El interesante trabajo del historiador Rafael Sánchez Concha Barrios, maestro de la Universidad Católica del Perú, “Los Montañeses en el Perú Siglo XVIII” (2012) nos permite conocer las razones de la emigración de cántabros a Lambayeque y, luego, su destacada posición en la sociedad colonial. Sánchez Concha, refiere:  “en el siglo XVI la población montañesa soportó una serie de problemas sociales y de fragmentación de la tierra que obligó a los varones a emigrar dentro de la península, y en contados casos al Nuevo Mundo… la emigración funcionaba como un mecanismo de compensación económica y estabilización social. Por eso, la necesidad de subsistir hizo que el trabajo no mellara su condición de hidalgos”. También, sobre su distribución en el temprano Perú Colonial, señala: “Con su trabajo, reforzaron el poder de las elites locales y sus descendientes pudieron acceder a las más altas magistraturas en las ciudades de Lima, Arequipa, Moquegua, Cuzco, Lambayeque y Piura”.
Específicamente en el caso de Lambayeque, aporta: “En Lambayeque, el vecindario ilustre estuvo encabezado por Bonifacio de Seña y Hedilla, hijo de la villa de Laredo, hacendado y teniente de corregidor de Motupe; Luis de Bustíos y Muga, también de Laredo, agricultor; Domingo Fernández de la Cotera y Somera, natural de Ongayo, cabildante y alguacil mayor del Santo Oficio en Lambayeque”.
Aporto a continuación información particular de cada uno de los personajes cántabros referidos por Sánchez Concha obtenida de su genealogía particular e información de archivo:
Juan Bonifacio de Seña y Hedilla, nación en Laredo, Cantabria, en mayo de 1642. Fue el 4to hijo de Pedro de Seña y de Seña (de ocupación comerciante) e Isabel de Hedilla. Sus hermanos fueron Ildefonso, Bernardo, María Ángela y Sebastiana Antonia. Fue bautizado en la Parroquia Santa Maria de la Asunción de Laredo el 15 de mayo de 1642. Antes de su partida a Lambayeque aportó en los negocios de su padre hasta la crisis agrícola de mediados de 1660 que empobreció Cantabria.
Luis de Bustíos y Muga, sobre este personaje, Sánchez Concha, afirma: “En la misma línea, Luis de Bustíos y Muga, natural de Laredo y vecino de Lambayeque a finales del siglo XVIII, pasó al Perú llamado por su tío materno el montañés Manuel Isidoro de Muga, próspero comerciante de Lambayeque. Con la finalidad de asegurar la fortuna familiar, don Luis contrajo matrimonio con su prima hermana doña Josefa de Muga y Sojo, hija de don Manuel Isidoro”
Domingo Fernández de la Cotera y Somera, fue hijo de Pedro Fernández de la Cotera y María Fernández de la Somera. Nació en Burgos (Castilla – La Mancha) región de Cantabria en 1720 y falleció en 1781 en Lambayeque. Tuvo un solo hermano, Pedro Fernández de la Cotera y Somera. Estuvo, por su hermano, relacionado a la administración de las haciendas de Cayaltí y Pítipo. Casado con María Joaquina de Rojas Caso. El solo hecho de pertenecer a una Comisaría inquisitorial, en su calidad de alguacil mayor del Santo Oficio en Lambayeque, nos muestra la pureza (“Limpieza”) castiza de su sangre. En el “Diccionario de autoridades” se define “limpieza” como “excelencia y prerrogativa que gozan las familias, aunque no sean nobles: y consiste en no tener mezcla ni raza de Moros, Judíos, ni Herejes castigados” (1990, II: 409). Los Fernández de la Cotera, debieron hacer demostración de sus raíces familiares y de la “cristiandad vieja”, para ingresar en el ministerio del Santo Oficio.

Los cántabros eran reconocidos tanto por su “vocación al trabajo, el ahorro, el orgullo familiar” y la convicción de su hidalguía o sentido de nobleza no reconocida. Miguel de Cervantes Saavedra en el cap. 48, segunda parte, del Quijote, expresa: “Hidalgo como Rey porque era Montañez” y sobre su emigración constante y notable presencia en la sociedad colonial peruana, un poema del Conde de la Granja, Luis Antonio de Oviedo y Herrera, el más destacado poeta de la Academia de Palacio de Lima, mencionó en un verso: “…Tanta nobleza junta, al sur extraña/ juzgando va a poblar otra montaña”