jueves, 4 de enero de 2018

A Lambayeque desde Cantabria

Región Montañeza de Cantabria en el siglo XV

La Comunidad Histórica de Cantabria, en España, limita por el norte con el mar cantábrico, por el sur con Castilla y León, por el este con el país Vasco y por el oeste con el principado de Asturias. Desde aquella zona arribaron a Lambayeque colonial destacados personajes que ahora mencionamos. Es interesante referir que aquellos personajes aportaron, fundamentalmente, en el comercio y agricultura por las experiencias traídas desde su lugar de origen.
El interesante trabajo del historiador Rafael Sánchez Concha Barrios, maestro de la Universidad Católica del Perú, “Los Montañeses en el Perú Siglo XVIII” (2012) nos permite conocer las razones de la emigración de cántabros a Lambayeque y, luego, su destacada posición en la sociedad colonial. Sánchez Concha, refiere:  “en el siglo XVI la población montañesa soportó una serie de problemas sociales y de fragmentación de la tierra que obligó a los varones a emigrar dentro de la península, y en contados casos al Nuevo Mundo… la emigración funcionaba como un mecanismo de compensación económica y estabilización social. Por eso, la necesidad de subsistir hizo que el trabajo no mellara su condición de hidalgos”. También, sobre su distribución en el temprano Perú Colonial, señala: “Con su trabajo, reforzaron el poder de las elites locales y sus descendientes pudieron acceder a las más altas magistraturas en las ciudades de Lima, Arequipa, Moquegua, Cuzco, Lambayeque y Piura”.
Específicamente en el caso de Lambayeque, aporta: “En Lambayeque, el vecindario ilustre estuvo encabezado por Bonifacio de Seña y Hedilla, hijo de la villa de Laredo, hacendado y teniente de corregidor de Motupe; Luis de Bustíos y Muga, también de Laredo, agricultor; Domingo Fernández de la Cotera y Somera, natural de Ongayo, cabildante y alguacil mayor del Santo Oficio en Lambayeque”.
Aporto a continuación información particular de cada uno de los personajes cántabros referidos por Sánchez Concha obtenida de su genealogía particular e información de archivo:
Juan Bonifacio de Seña y Hedilla, nación en Laredo, Cantabria, en mayo de 1642. Fue el 4to hijo de Pedro de Seña y de Seña (de ocupación comerciante) e Isabel de Hedilla. Sus hermanos fueron Ildefonso, Bernardo, María Ángela y Sebastiana Antonia. Fue bautizado en la Parroquia Santa Maria de la Asunción de Laredo el 15 de mayo de 1642. Antes de su partida a Lambayeque aportó en los negocios de su padre hasta la crisis agrícola de mediados de 1660 que empobreció Cantabria.
Luis de Bustíos y Muga, sobre este personaje, Sánchez Concha, afirma: “En la misma línea, Luis de Bustíos y Muga, natural de Laredo y vecino de Lambayeque a finales del siglo XVIII, pasó al Perú llamado por su tío materno el montañés Manuel Isidoro de Muga, próspero comerciante de Lambayeque. Con la finalidad de asegurar la fortuna familiar, don Luis contrajo matrimonio con su prima hermana doña Josefa de Muga y Sojo, hija de don Manuel Isidoro”
Domingo Fernández de la Cotera y Somera, fue hijo de Pedro Fernández de la Cotera y María Fernández de la Somera. Nació en Burgos (Castilla – La Mancha) región de Cantabria en 1720 y falleció en 1781 en Lambayeque. Tuvo un solo hermano, Pedro Fernández de la Cotera y Somera. Estuvo, por su hermano, relacionado a la administración de las haciendas de Cayaltí y Pítipo. Casado con María Joaquina de Rojas Caso. El solo hecho de pertenecer a una Comisaría inquisitorial, en su calidad de alguacil mayor del Santo Oficio en Lambayeque, nos muestra la pureza (“Limpieza”) castiza de su sangre. En el “Diccionario de autoridades” se define “limpieza” como “excelencia y prerrogativa que gozan las familias, aunque no sean nobles: y consiste en no tener mezcla ni raza de Moros, Judíos, ni Herejes castigados” (1990, II: 409). Los Fernández de la Cotera, debieron hacer demostración de sus raíces familiares y de la “cristiandad vieja”, para ingresar en el ministerio del Santo Oficio.

Los cántabros eran reconocidos tanto por su “vocación al trabajo, el ahorro, el orgullo familiar” y la convicción de su hidalguía o sentido de nobleza no reconocida. Miguel de Cervantes Saavedra en el cap. 48, segunda parte, del Quijote, expresa: “Hidalgo como Rey porque era Montañez” y sobre su emigración constante y notable presencia en la sociedad colonial peruana, un poema del Conde de la Granja, Luis Antonio de Oviedo y Herrera, el más destacado poeta de la Academia de Palacio de Lima, mencionó en un verso: “…Tanta nobleza junta, al sur extraña/ juzgando va a poblar otra montaña”

miércoles, 25 de octubre de 2017

Los Milagros de Fray Francisco Solano en Lambayeque

Oleo: San Francisco Solano
De Kracker Johann Lucas
Año: 1770 

En 1676 en Madrid (España), se publica la obra “Vida, virtudes y milagros del apóstol del Perú el B. P. Fr. Francisco Solano” del presbítero franciscano Diego de Córdoba y Salinas. El texto reúne las declaraciones y testimonios de quinientos testigos sobre la acción milagrosa de San Francisco Solano. Los testigos pertenecieron a las diócesis de Sevilla, Granada, Lima. Córdoba y Málaga. En la obra aparecen (Cap. XI – p. 523 - 526) cuatro testimonios  registrados entre 1634 y 1640 en el pueblo de San Pedro de Lambayeque.
A San Francisco Solano se le llama el “Taumaturgo del nuevo mundo” reconociéndosele como una Persona que actuó de forma milagrosa y a quien se atribuyó actos prodigiosos. Nació en 1549 en Andalucía (España). Recorrió a pie los territorios de Perú, Argentina y Paraguay, instruyendo a los naturales y ganando fama por su humildad, alegría, servicio y labor pacificadora.  Falleció en 1610 pero sus virtudes fueron reconocidas también en Lambayeque.
Sana una niña desahuciada: A 26 de enero de 1634, juraron ante el juez apostólico en el pueblo de Lambayeque, Martín Godínez Ternero y su mujer María de Mingolla que hacía tres años que una hija suya llamada Lucía estuvo desahuciada y sin esperanza de vida, ni remedio alguno le era de provecho, no podía comer y para que recibiese alguna sustancia le habrían la boca con un palo. El padre afligido pidió una imagen de San Solano que puso en la cabecera de la enferma invocando su intercesión que luego se experimentó, pues el mismo día mejoró y pidió de comer y de bien en mejor en breve consiguió entera salud. Y lo declararon sus padres juntamente con Luisa de Mingolla testigo conteste”.
Resucita un niño: Mayor fue la maravilla que dentro de dos años sucedió, que según buena cuenta fue el de 1639. Parió la dicha María Mingolla un niño que llamaron Pedro que por haber nacido antes de tiempo salió enfermizo y desmedrado y a los siete días le sobrevino un mal repentino. Tomolo en los brazos su padre, pusosele el rostro renegrido, fuele faltando el aliento y la respiración, dio dos o tres boqueaqueadas y con ellas acabó la vida dando principio a general llanto y lágrimas en todos los de su casa. El padre certificado de la muerte del hijo, hizo memoria de lo mucho que valen con Dios los méritos del S. Solano, partió de carrera por el retrato del santo, llegó al difunto y pidió a todos hiciesen pausa en sus lágrimas y tuviesen fe, que sin duda Dios le restituiría la vida a su hijo  por medio de su siervo el santo Solano. Y así sucedió pues dentro de media hora que estuvo puesto el retrato del santo al rostro del niño, resucitó, abrió los ojos y de improviso el color difunto y amarillo se transformó en un color rosado y apacible cobró nuevo aliento y tomó el pecho y quedó bueno y sano y lo estaba al tiempo que se escribió ante el juez apostólico esta maravilla. Todos quedaron como pasmados y alabaron a Dios que por la intercesión del bendito padre Solano obró tan gran milagro, por cuya causa llaman al niño Pedro Solano. Hicieron declaración con juramento en forma los dichos su padre y su madre, y su hermana Lucía de Mingolla, testigo conteste a 26 de enero de 1640”.
Sana una niña muy peligrosa: Una niña llamada Francisca, hija de Alonio García Flores y de Lucía de Mingolla su mujer, vecinos de Lambayeque, estuvo muy peligrosa de una enfermedad que le dio a modo de perlesía, torcíasele la boca a un lado y hería lastimosamente de pies y manos. Viendo su madre cuan poco le prestaban los remedios que le hacían, pidió a su cuñado Martín Ternero el retrato del S. P Solano que con viva fe puso en la cabecera de la doliente y siendo esto de parte de noche, volvió luego en sí y a medianoche tomo el pecho que en tres días no había sido posible con que fue mejorando de manera que amaneció  quitada la fealdad de la boca y vuelta a su lugar, y en señal de su salud milagrosa, apareció delante de todos (con notable admiración) sobre la cabeza de la niña una señal en forma de cruz, como dorada y muy hermosa que luego se fue desapareciendo, y sin otra cura ni remedio humano, en breve se conoció su maravillosa salud y algunos dos años después reconocidos al santo padre Solano, hicieron de esta declaración ante el juez apostólico según derecho los dichos su padre y madre y María de Mingolla testigo conteste el enero pasado de 1640”.
Sana un niño de calenturas: Doña María Santillán, viuda de Miguel de Ribas, juró en el dicho pueblo de Lambayeque ante el juez apostólico, a treinta y uno de enero de 1640, que habría tiempo de cuatro meses, que estando un niño llamado Pedro, que criaba en su casa muy enfermo, una noche llego a estar tan mortal y con tal pestilencial calentura, que no hablaba ni comía y todos aguardaban que expirase. Acudió esta señora con un poco del aceite de las lámparas del santo Solano que le aplicó al vientre implorando su auxilio que luego se sintió con la súbita mejoría de manera que al tiempo que trataban de su entierro amaneció sin calentura y pidió de comer y siempre se continuó su mejoría. Y esta declarante y los demás de su casa celebraron el suceso por milagro obtenido por los méritos del santo Solano”.    
Portada de la Obra de Diego Córdoba y Salinas
“Vida, virtudes y milagros del apóstol del Perú el B. P. Fr. Francisco Solano” - 1676

Algunos comentarios que me parecen necesarios: En los tres primeros milagros es notoria la participación de personajes cercanos, familiares. Los prodigios ocurrieron en favor de dos de los hijos y un nieto de Martín Godínez y María de Mingolla. Se puede inferir la notable devoción familiar a San Francisco Solano. Tenían un retrato del santo y según la costumbre de la época pienso debió tratarse de un retrato grande. En el primer caso se testimonia la sanación de su hija Lucía, al parecer de epilepsia, en 1634 aclarando que el hecho se produjo en 1631. En el segundo caso, Pedro el recién nacido hijo de la pareja, resucita por la intercesión milagrosa de San Francisco Solano treinta minutos después de invocarse su acción milagrosa. Entre los testigos de los hechos se cuenta a Luisa y Lucía de Mingolla hermanas de la madre de los pequeños. El tercer prodigio fue en favor de Francisca, hija de Lucía de Mingolla, usándose medios similares a los dos primeros; esta vez, una cruz dorada apareció por poco tiempo en su cuero cabelludo. Sobre el cuarto prodigio, no puedo evitar relacionarlo con el segundo, en favor del pequeño Pedro; me da la impresión que refieren al mismo milagro.
Me parece significativo que en la dedicación de la obra de Córdoba y salinas realizada por Fray Pedro de Mena a Don Pedro de Portocarrero y Aragón, Conde de Medellín y Presidente del Real Consejo de Indias entre 1676 y 1679; Mena, califique a San Francisco Solano como el “místico diamante de subidos fondos de fe, celo, austeridad y milagros… tesoro perulero con que aquella opulentísima ciudad de Lima adorna la Iglesia…”.


martes, 24 de octubre de 2017

La "Monja Alférez" en Saña

Catalina de Erauzo
La "Monja Alférez"
Oleo de Hans Van Der Hamen
El historiador Teodoro Rivero, en “Lambayeque: Sol, flores y leyendas”, afirmó “… Saña albergará caprichos y desenfados de la Monja Alférez, cuyos escándalos motivan su excomunión por parte del Obispo de Trujillo, Fray Jaime de Mimbela…” (Rivero, 1976). Se ha escrito que por su comportamiento extraño y escandaloso fue rechazada por la población sañera, pero ¿Quién fue la “monja alférez”? y ¿Qué se conoce de su paso por Saña? Su nombre real fue Catalina de Erauzo, nació en la villa de San Sebastián de Guipúzcoa (España) el año 1585 (aunque su partida bautismal original registra el año de 1592). Hija del capitán Miguel de Erauzo y de María Perez de Galarraga. Vestía de hombre, como un militar, y se comportaba de manera contraria a lo que, socialmente, se solicitaba de una dama. A la edad de 4 años fue internada en el Convento de las Dominicas de San Sebastián cuya Priora fue Úrsula de Unza y Sarasti, prima hermana de su madre; Miguel de Erauzo hizo un voto “… a la Virgen de Atocha, consistente en contraer matrimonio y dar sus hijos varones al Ejército, para sacrificarlos en defensa de su Patria, de su Religión y de su Rey. Sus hijas mujeres irían al convento para adorar a Nuestro Señor, en caso de devolverle Dios la salud” (Gana, 1960). Catalina fugó a los 15 años luego de  golpear a la religiosa Catalina de Aliri por haberla “maltratado de manos”. No llegó a recibir los hábitos de la Orden. Fuera del convento se hizo llamar Francisco de Loyola.
En 1829, en París, Joaquín María de Ferrer presentó ilustrada y con notas la autobiografía de Catalina de Erauzo titulada “Historia de la Monja Alférez, Doña Catalina de Erauzo, escrita por ella misma”. De esta versión y la contrastación con otras fuentes históricas es posible reconstruir la breve historia del paso de tan original personaje por nuestras tierras lambayecanas.
Sobre su llegada a Saña, entre 1604 y 1605, Erauzo refiere “De Panamá partí con mi amo Juan de Urquiza en una fragata para el puerto de Paita…a lo último con las últimas cargas, yo partí de Paita y llegué a Saña". Se acomodó a trabajar con el próspero comerciante Juan de Urquiza, de quien refiere “…Púsome en una tienda suya…dejóme dos esclavos que me sirviesen, y una negra que guisase; y tres pesos señalados para el gasto de cada día: y se fue de allí a la ciudad de Trujillo…Yo me quedé en Saña con mi tienda: fui vendiendo conforme a la pauta que me quedó: fui cobrando y asentando en mi libro”.
Los antecedentes del incidente sangriento ocurrido en Saña y por el cual es recordada es narrado por ella misma con las siguientes palabras: “Estábame un día de fiesta y sin más atención, un fulano Reyes vino y me puso otro tan delante y tan arrimado que me impedia la vista. Pedíle que lo apartase un poco, respondió desabridamente, y yo a él: y dijome que me fuese de allí, que me cortaria la cara. Yo me hallé sin armas más que una daga, salíme de allá con sentimiento: entendido por unos amigos me siguieron y sosegaron”.
El lunes siguiente por la mañana, estando en la tienda, Reyes “hijo del alguacil mayor de Saña” (Andrés, 2014) pasó por la puerta. Catalina de Erauzo cerró la tienda y fue a un barbero para afilar la espada, buscó a Reyes y lo encontró frente a la iglesia con un amigo. Se puso al frente diciendo “esta es la cara que se corta” ocasionándole una profunda herida en el rostro. A la reacción del amigo, Erauzo respondió dándole una estocada “por el lado izquierdo, que lo pasó y cayó”. La “monja alférez” se refugió en la iglesia y, entrando el corregidor Mendo de Quiñones, la sacó arrastrando y la encarceló. Juan de Urquiza, enterado, volvió a Saña habló al corregidor y logró la libertad de Erauzo tres meses después.  

Con el propósito de acabar con el problema y creyéndolo varón, Juan de Urquiza propuso a Catalina Erauzo contraer nupcias con Doña Beatriz de Cárdenas, con cuya sobrina era casado Reyes. Erauso dedujo quererlas a ambas “a mí para servicio y a ella para gusto”. Erauzo rechazó el matrimonio a pesar que Urquiza “me prometió montes de oro”. Más adelante, ya en Trujillo, Erauzo tendría un nuevo incidente con el mismo Reyes y su amigo a quien hirió de muerte siendo nuevamente encarcelada. En la obra teatral, “La monja alférez” de Domingo Miras Molina el personaje de catalina rememora sus aventuras y termina, con justicia diciendo: “¡Me han pasado tantas cosas...!”

miércoles, 13 de septiembre de 2017

La visita de Santo Toribio Alfonso de Mogrovejo a los pueblos de Lambayeque en 1594

Retrato de Santo Toribio de Mogrovejo

Introducción
En el Consistorio del 16 de marzo de 1579, el Papa Gregorio XIII nombró Arzobispo de Lima a Toribio Alfonso de Mogrovejo quien tomó posesión del sillón arzobispal en abril de 1581. Tal responsabilidad, en sus propias palabras, la consideró “… temible aun para los ángeles y a pesar de verme indigno de tan alto cargo, no he diferido más el aceptarlo, confiado en el Señor y arrojando en él todas mis inquietudes” (Vargas, 2005) 
En las leyes de indias, la Ley XXIV, Título VII, Libro I “Sobre arzobispos, obispos y visitadores eclesiásticos”[1] se ordenó a los Prelados “…que personalmente visiten todas sus diócesis y reconozcan el estado de las doctrinas… procurando informarse de todo… acabadas las visitas envíen (al Consejo de Indias) relación distinta, clara y especial de todos los lugares y doctrinas de sus distritos…”. Tal obligación fue tomada por el nuevo arzobispo con “… amor y entusiasmo…” (Vargas, 2005); lo cual se confirma en la comunicación que cursara al Papa Clemente VIII indicando que realiza sus visitas “…conociendo y apacentando mis ovejas, corrigiendo y remediando lo que ha parecido convenir… andando y caminando más de cinco mil y doscientas leguas muchas veces a pie, por caminos muy fragosos y ríos, rompiendo por todas las dificultades y careciendo algunas veces yo y mi familia de cama y comida; entrando en partes remotas de indios cristianos…” (Vargas, 2005) José Antonio Benito, refiere al jurista Solórzano Pereyra y las características que este otorga a las visitas diocesanas como la realizada por Santo Toribio: “El objetivo de acercar al pastor a sus ovejas…resolver asuntos de carácter judicial…era pública… (En el) distrito diocesano…”[2].
El Libro de visitas del Sr. Arzobispo que describe las visitas realizadas por Santo Toribio de Mogrovejo en 1593, 1597 y 1604; abunda en la siguiente información:  “De cada curato se consigna el itinerario, las distancias a la capital o al curato inmediato o a la sede de la diócesis; los padrones del curato – bautismos, confirmaciones, índices de la población total (niños incluidos), familias, matrimonios, entierros - ; el estado material del curato y de la diócesis – iglesias, cuentas, arte - ; la descripción de las instituciones eclesiásticas en cada curato o parroquia – cofradías, hermandades - , entro otros datos” (Benito, 2006). Toda la información recopilada por Santo Toribio nos permite, en el caso de Lambayeque, poder tener información que nos da luz sobre las condiciones de la población respecto de su número, enfermedades, fallecimientos, entre otra.
La redacción del presente artículo se hizo en base a los documentos del “Libro de Visitas de Santo Toribio de Mogrovejo, 1593 – 1605” editado por el historiador José Antonio Benito y que muestra los originales del diario de visitas del arzobispo y santo; información complementada con fuentes relacionadas de historiadores de la Iglesia en el Perú. Nuestra atención ha sido puesta en las visitas a los curatos de Lambayeque con cuyos datos podremos configurar el panorama económico y social de dichas comunidades del siglo XVI. Esto servirá de seguro para, como decía el santo "para tomar claridad y lumbre de las cosas”.
Mapa de Obispados y Doctrinas Seculares (1532 – 1600)[3]

1.     Primer contacto con Lambayeque
El recién designado arzobispo de Lima “Con un acompañamiento de 22 personas, se embarcó rumbo al Perú en Sanlúcar de Barrameda en septiembre de 1580”. El trayecto de Santo Toribio en América hasta su llegada a la Ciudad de los Reyes fue, básicamente, por tierra: “Arribado a Nombre de Dios, hizo la travesía del estrecho por tierra y llegado a Panamá, tomó el barco que le habría de conducir al Perú…” (Vargas, 2005). Llegó a Paita, puerto de Piura, el 11 de marzo de 1581 y decidió continuar la travesía a pie.
La diócesis de Lima comprendía, por la costa de Lima a Jayanca. El historiador Esteban Puig, señala: “… por tierra, atravesando el desierto de Sechura, entra al primer pueblo de su diócesis: Jayanca.  No es una visita pastoral en el sentido clásico del término sino el primer contacto de la tierra y de su gente. Desde Zaña envía un poder y dos bulas papales de Gregorio XIII al Licenciado Antonio Gutiérrez de Ulloa, para que en su nombre tomara posesión de su sede limeña” (Puig, 2016) y Enrique Fernández, afirma que el arzobispo aprovechó “… todo el viaje subsiguiente por la costa hasta alcanzar su sede como una previsita para conocer a su pueblo, las doctrinas, los sacerdotes que las servían y las necesidades espirituales de este gran sector costanero de su arquidiócesis” (Fernández, 2000) con lo cual nos da una idea de las actividades que brevemente desarrollo el nuevo arzobispo en cada centro poblado de Lambayeque y el resto de la costa norte y central, hasta la ciudad de Lima. Esta “previsita” duró un mes. Ya en Lima “tomó posesión de su sede el viernes 12 de mayo de 1581 (y) se dedicó al progreso espiritual de sus fieles…”[4]
En conclusión, Santo Toribio de Mogrovejo visitó los pueblos de Lambayeque en tres ocasiones: en 1581 a propósito de su arribo al Perú y su traslado por tierra de Paita a Lima; en 1594, en el marco de su segunda visita general efectuada entre 1593 y 1597 posterior al IV Concilio Limense (1591) y al sétimo sínodo, en la misma ciudad, de 1592; y, finalmente, en 1606 cuando fallece en olor a santidad el 23 de marzo en la ciudad de Saña.
2.     Lambayeque en 1594: La Segunda Visita General
Mapa de curatos franciscanos en Lambayeque (1532 – 1600)[5]

El Diario de la visita del santo arzobispo se escribió entre 1593 y 1606, según Benito. En dicho documento se refiere a la segunda visita general y, entre los folios 44 y 56 a la información consignada sobre la visita a los diversos pueblos de Lambayeque. En las visitas realizadas a los pueblos de Lambayeque actuó como escribano Antonio Luis Coello y como testigo permanente Sancho de Marañón, Corregidor y justicia mayor de este distrito.
Nicole Bernex refiere que “Los indios estaban con frecuencia dispersos fuera de las doctrinas y pueblos. Pero Santo Toribio no limitaba sus visitas pastorales a estos centros principales, ni empleaba delegados, sino que él mismo se allegaba, según los testimonios de sus acompañantes”[6]
A continuación el detalle:
a)     Pueblo de San Miguel de Farcapa
Sobre su ubicación geográfica: Según Jorge Zevallos, San Miguel de Farcapa (Farcape o Farcap), fue un “Pueblo comprendido dentro del Repartimiento de Cinto. Era el límite entre Picci (Picsi) y Ferreñafe”[7]. De la información de los documentos la podemos describir como una zona próspera con doce estancias (espacios para el desarrollo, principalmente, de la ganadería), cuatro de las cuales fueron de propiedad del español Alonso de Migoya quien aportó 100 pesos al salario del sacerdote de las estancias el franciscano Juan Gonzales; los otros 106 pesos se prorratearon entre los otros propietarios de estancias, los españoles Francisco de Taguada, Juan Salguero, Hernán García (2 estancias), Juan Veneciano, Francisco Zesudo, Andrés Martín y Hernán García.
Hubo en San Miguel de Farcapa 67 indios (aborígenes) tributarios, 18 reservados (ancianos) y 145 de confesión (convertidos o que recibían los sacramentos). Confirmó también 185 ánimas (fallecidos) “grandes y chicas”. Fray Juan Gonzales sabía hablar la lengua yunga lo cual, de seguro, le permitió desarrollar con mayor facilidad su labor evangelizadora.

b)    Pueblo de Ferreñafe
La información obtenida en Ferreñafe fue por los padrones o registros, por boca de los caciques y por el testimonio del Sacerdote del pueblo Rodrigo Díaz, calificado como lenguaraz por sus formas sarcásticas y mordaces. Encontró tres estancias propiedades de los españoles Tirado, García de Cárdenas y Melchor de Osorno “el viejo”. Todas con gran cantidad de cabras y ovejas. La Iglesia del pueblo recibía 16 patacones[8] de renta dejando un año. Hubo una próspera cofradía[9], la de Santa Lucía, propietaria de 1267 animales (ganado ovino) y un hospital con 100 pesos de renta y 892 ovejas producto del impuesto a las propiedades de Antonio Flores, vecino de Saña. El sacerdote Rodrigo Díaz recibía 400 pesos ensayados[10] de salario. En este pueblo hubo 214 indios tributarios, 37 reservados, 950 de confesión y 1060 ánimas.


c)     Pueblo de San Juan de Illimo de los Llanos de Trujillo
Califica a este pueblo como “postrero” por estar en los límites entre el antiguo arzobispado de Lima y el Obispado de Quito. El sacerdote del pueblo fue Esteban Ramos quien habló la lengua yunga y cobró un salario de 400 pesos ensayados. El informe incluye a la estancia de Chapeico[11], propiedad de Juan Roldán Dávila, la de Calú, propiedad de Lorenzo de Ulloa junto a dos estancias más en la zona denominada Raco.
Hubo una cofradía con 864 cabezas de ganado y un hospital que gozaba rentas de 400 ovejas. En total hubo una población de 357 indios tributarios, 148 reservados, 942 personas de confesión y 1325 animas. Se aprecia en las estancias la presencia de capataces españoles y, en una de ellas, un esclavo negro.

d)    Pueblo de Túcome (Túcume)
Encontró el arzobispo 912 indios que incluían a los del pueblo de Mochumí. En la confirmación de los datos censales hubo necesidad de recurrir, para el caso de Túcume, a los padrones de Miguel Jerónimo de la Hera (Vicario de Saña) y el del Padre Hernando de la Carrera; para el caso de Mochumí se revisó los resultados de la visita de Juan Osorio Gavilano (Corregidor del distrito en 1592) y Pedro Narmo (Gobernador del repartimiento). Halló en Túcume la cofradía de la Inmaculada Concepción (propietaria de 114 cabezas de cabras y ovejas) y un hospital (con 680 cabras y ovejas). Mochumí tuvo una cofradía y un hospital. Hubo tres sacerdotes en el pueblo Francisco Pacho y Hernando de la Carrera conocían la lengua yunga; y Miguel Gutiérrez quien reemplazó al padre Juan de Osorno. Se esperaba en esa fecha que se provea el curato “conforme el Real patronazgo”.

e)    Pueblo de Lambayeque
Encontró en el pueblo 1009 indios tributarios, 381 reservados, 3770 de confesión y 5256 ánimas. Las cantidades hablan por sí solas mostrando una comunidad más poblada que todas las demás. Un hospital con rentas de 1008 cabezas de ganado e impuestos sobre las casas de Juan de Villafanca y las de Rodrigo Alvarez de Trujillo que en esa fecha estaban habitadas por Francisco Jiménez Torres quien no aportaba un centavo delegándose a Nuño Faria la tarea de indagar el caso. Hubo una Iglesia y una casa donada por Francisco Sánchez (Sacerdote) de la cual se obtenía una renta de 18 patacones al año. Los sacerdotes del pueblo fueron Roque Zejuela de Trana, Francisco Sánchez y Diego Alfonso Gironda quienes hablaron la lengua yunga Cada uno recibió 400 pesos de salario.

f)      Pueblo de san Francisco de Chiclayo
Julián Heras, afirma que “entre los primeros lugares evangelizados por los franciscanos del Perú cabe enumerar las cercanías de Chiclayo, pues en 1533… el P. Alonso de Escarcena (paso de Cajamarca) a catequizar a los naturales de la vecindad de Lambayeque…” (Heras, 1989). Añade que los franciscanos reciben en 1551 provisión para una residencia la cual se concretó recién en 1559 gracias al Marqués de Cañete quien permite fundar un convento en el valle de Chiclayo, lo que dio como resultado la fundación de Santa María del Valle de Chiclayo. Chiclayo y sus doctrinas recibieron la visita de Santo Toribio de Mogrovejo en 1593 confirmando una población de 2720 personas que incluyen a 770 indios tributarios y 176 reservados. En la información se incluye a los indios reducidos en los pueblos de San Miguel y Eten. Los sacerdotes del pueblo eran Franciscanos: Fray José Flores y Fray Francisco de los Reyes, conocedor de la lengua yunga. En Eten era sacerdote Fray Rodrigo de Buenaventura, conocedor de la lengua yunga y en San Miguel Fray Juan Gonzales; ellos recibieron un sueldo de 771 pesos anuales. Se conoció de la existencia de 500 pesos en poder de el mercader Segovia producto de una herencia de Diego de Vega para el hospital; lo mismo una cantidad no precisada que heredó Pedro de Lezcano para los indios pobres o el hospital del pueblo.
Según Angulo (1920) durante su visita, Santo Toribio instaló las cofradías de ánimas y del Santísimo Sacramento[12].

g)     Pueblo de San Martín de Reque
Se observan datos diversos y contradictorios sobre la población de este pueblo. El cura del pueblo declaró una población de 1860 indios y 1320 ánimas. Se registró la existencia de una Cofradía de “Santa Lucía” y una Iglesia que recibe 33 pesos de impuesto de los indios, un hospital con 590 cabezas de ganado. El cacique Diego Chimoy se puso de acuerdo en 1584 con el presbítero Francisco Guisado para que a cambio de 100 fanegas de trigo al año se hiciese una misa y responso todos los sábados del año. Fray Francisco Guisado conocía y hablaba la lengua yunga y recibía 400 pesos al año.

h)    Pueblo de Callanca y Monzebú (Monsefú)
Se emitieron datos contradictorios sobre la población del pueblo, unos registrados por Juan Monrroy (corregidor) otros del padre Alonso de Cuevas y otros distintos registrados por el arzobispo. Dando por válidos los terceros tenemos en Callanca 497 indios tributarios y 753 en Monsebú o Monsefú. Agregamos, además, otros datos del corregidor con el afán de complementar: 555 muchachos, 1153 mujeres y 2443 ánimas. El Padre Alonso de Cuevas habló la lengua yunga y recibió 548, 5 pesos de plata anuales.
El pueblo de Callanca tuvo diez estancias, destacando la de Chicep (propiedad de Juan Bautista) la de Juan Enfistun, la de Juan Fuentes, las de Juan Romero (una de ellas se llamó Tucumán) la de Gaspar de Coria, las de Francisco Martín (una de las cuales es Pomarca o Pomalca). Todas las estancias fueron muy prósperas con gran cantidad de cabras, ovejas, yeguas, crías de caballos. Además se nota la presencia de algunos trabajadores negros en dichas estancias.
En Callanca hubo una Cofradía de Nuestra Señora que ofrecía misas y festividades en su honor, lo mismo que en el pueblo de Monsefú.

i)       Pueblo de la Magdalena de Eten
En este pueblo por orden de Santo Toribio se fundó la Cofradía de ánimas. El cura del pueblo Fray Rodrigo conocía y hablaba la “lengua yunga pescadora” recibe 110, 5 pesos. Se registró una población de 487 indios entre tributarios, reservados y de confesión, además 450 ánimas. Anotó, además, a 17 indios que asistían a este pueblo desde Reque.

j)       Pueblo de Mocupe
Se registró una población de 582 indios y 630 ánimas. El cura del pueblo, Fray Francisco de Torres, sabe muy poco de lengua Yunga y recibía 250 pesos “en plata y comida”. Menciona un hospital con 438 cabezas de ovejas y una estancia de doña Bernardina (sin apellido) con vacas y mulas que paga 20 pesos de salario al cura.

k)     Pueblo de Chérrepe
Registró 418 indios (102 tributarios) y 300 ánimas. Cerca se encuentra el puerto de Chérrepe con 6 o 7 personas. El cura es Alonso Salgue o que conoce poco de la lengua yunga y a quien se asignó un salario de 70 pesos. Hubo un molino de Diego García de Chávez, un hospital con 280 cabezas de ganado y dos estancias, una de Juan Orozco y otra de don Pedro (sin apellido). Hace mención a un monasterio de frailes agustinos en el valle de Pacasmayo llamado Nuestra Señora de Guadalupe (actual pueblo de Guadalupe) con una población, alrededor del mismo, de 311 personas incluyendo algunos españoles, indios, mujeres y niños. Cerca de dicho monasterio había dos estancias, una de Diego García de Chávez y otra de Hernán López; así como una casa y chacra de Bernabé Arroyo.

3.     Situación económica y social de los pueblos de Lambayeque en el siglo XVII
a)     Economía
Según los reportes de la visita, en los pueblos de Lambayeque del siglo XVII la actividad económica por excelencia fue la ganadería como se aprecia por el número de estancias en cada uno de los pueblos. De manera subyacente la agricultura debió ser la actividad de respaldo a la primera y de auto sostenimiento de las poblaciones junto a la pesca, en mucha menor proporción. Aunque no se menciona en los escritos del Arzobispo, la producción en las minas de yeso de Mórrope fue, también una actividad importante; además de la producción de jabón siempre en competencia con la de Piura.
Susan Ramírez afirma que durante el siglo XVII e inicios del XVIII “…en Trujillo y Lambayeque habían extensas propiedades dedicadas al cultivo de la caña, pero la competencia de Lima, la apertura del comercio de las Antillas con Panamá, que hasta 1740 la recibía del Perú, el comercio de exportación de Brasil y la apertura del puerto de Buenos Aires, contribuyeron a su decadencia” (Ramírez, 1973)[13]
Se tiene referencias a producción de jabón desde 1552…A lo largo de la primera mitad del siglo xvii, el trigo fue reemplazado gradualmente por el azúcar. Sobre todo en Lambayeque en que el suelo, era relativamente libre de salinización y un típico clima soleado, caliente y seco fueron ideales para el cultivo de la caña. Cultivo que colocó en segundo plano tanto a la industria lambayecana de jabón y cordobanes como a la actividad pecuaria de la región… (Desde 1740) Aprovechando sus pastizales, Lambayeque se convirtió en el centro de mantenimiento y de engorde de ganado comprado a las estancias de Piura. 
El sostenimiento de hospitales en cada uno de los pueblos visitados se hacía con donaciones y ofrendas testamentarias de acaudalados españoles.
b)    Sociedad
He compilado aquella información que, sobre sociedad, aporta la visita de Santo Toribio. A continuación ofrezco la síntesis:


Población
Población
Indígena
Animas
Esclavos
Estancias
Españoles notables
Cofradía
Hospital
Sacerdotes
San Miguel de Farcapa
230

185

12
1.         Alonso de Migoya
2.         Francisco de Taguada
3.         Juan Salguero
4.         Hernán García
5.         Juan Veneciano
6.         Francisco Zesudo
7.         Andrés Martín
8.         Hernán García

No
No
Juan Gonzales
(hablaba yunga)
Ferreñafe
1201

1060

03
1.         Tirado
2.         García de Cárdenas
3.         Melchor de Osorno “el viejo”
Santa Lucía
01
Rodrigo Díaz
San Juan de Illimo
1477

1325
01
04
1.         Juan Roldán Dávila
2.         Lorenzo de Ulloa
01
no menciona denominación
01
Esteban Ramos
(Hablaba yunga)
Túcume
912[1]




1.         Inmaculada Concepción
2.         Otra en Mochumí

1.         Francisco Pacho.
2.         Hernando de la Carrera (Hablaban yunga)
3.         Miguel Gutiérrez
Lambayeque
5160
5256




01
1.         Roque Zejuela de Trana
2.         Francisco Sánchez
3.         Diego Alfonso Gironda
San Francisco de Chiclayo
946




1.         De Ánimas.
2.         Del Santísimo Sacramento.
01
1.         Fray José Flores
2.         Fray Francisco de los Reyes
(Hablaban yunga)
San Martín de Reque
1860
1320



1.         Santa Lucía
01
Francisco Guisado
(Hablaba yunga)
Callanca y Monsefú
1708
2443

10
1.         Juan Fuentes
2.         Juan Romero
3.         Gaspar de Coria
4.         Francisco Martín
1.         Inmaculada Concepción.


Alonso de Cuevas
(Hablaba yunga)
Magdalena de Eten
487
450



1.         De Ánimas

Fray Rodrigo
(Hablaba yunga)
Mocupe
582
630

01


01
Fray Francisco de Torres
Chérrepe
418
300

02
Diego García de Chávez
Juan Orosco



Alonso Salgue
(Hablaba yunga)



[1] Incluye a los indios de Mochumí

Conclusiones:
La presente visita de Santo Toribio de Mogrovejo a tierras lambayecanas, como las otras dos, se produjo en cumplimiento de la ley las Leyes de indias que ordena a los prelados visitar sus diócesis para conocer el estado de sus doctrinas y enviar informe escrito al Real Consejo de Indias.
El libro de visitas indica que de cada curato se incluye el itinerario, las distancias a la capital o al curato inmediato o a la sede de la diócesis; los padrones del curato – bautismos, confirmaciones, índices de la población total (niños incluidos), familias, matrimonios, entierros - ; el estado material del curato y de la diócesis – iglesias, cuentas, arte - ; la descripción de las instituciones eclesiásticas en cada curato o parroquia – cofradías, hermandades - , entro otros datos. Para el caso de Lambayeque, como hemos visto, no siempre se da cuenta de todas esa información; a pesar de eso, no cabe duda que, de acuerdo a sus acompañantes, Santo Toribio llegó a cada rincón de la diócesis personalmente. Se sirvió, también, de información registrada por autoridades locales con anterioridad.
La población indígena compuso la actividad económica por excelencia fue la ganadería como se aprecia por el número de estancias en cada uno de los pueblos. De manera subyacente la agricultura debió ser la actividad de respaldo a la primera y de auto sostenimiento de las poblaciones junto a la pesca.
Referencias bibliográficas

1.     Archivo Digital de la Legislación del Perú: “Leyes de Indias”. Disponible en http://www.leyes.congreso.gob.pe/leyes_indias.aspx
2.     Armas, F. (2015) Cristianización del Perú. 1531 – 1600: mapas de las doctrinas y las misiones de las órdenes religiosas y seculares en el Perú del siglo XVI. Disponible en http://ietoribianos.blogspot.pe/2015/11/mapas-de-la-evangelizacion-del-peru.html
3.     Arzobispado de Piura (2017). Biografía de Santo Toribio de Mogrovejo. Disponible en http://arzobispadodepiura.org/santos-peruanos/santo-toribio-alfonso-de-mogrovejo/
4.     Benito, J. (2006) Libro de Visitas de Santo Toribio de Mogrovejo, 1593 – 1605. Lima: Perú. Ed. PUCP.
5.     Heras, J. (1989) Artículo: Las Doctrinas Franciscanas en el Perú Colonial. Disponible en http://dspace.unia.es/bitstream/handle/10334/1833/14Heras.pdf?sequence=1
6.     Ramirez, S. (1973) The sugar estates of the Lambayeque valley (p. 29 – 30). Wisconsin: USA. Land Tenury Center.
7.     Zevallos, J. (1993) Toponimia Mochica de Lambayeque. En Revista del Museo de Arqueología N° 4. Lima: Perú. Ed. Museo de Arqueología.




[1] Incluye a los indios de Mochumí





[1] Ver en Archivo Digital de la Legislación del Perú: “Leyes de Indias”. Disponible en http://www.leyes.congreso.gob.pe/leyes_indias.aspx

[2] Ver en “Libro de Visitas de Santo Toribio de Mogrovejo: 1593 – 1606” de José Antonio Benito, página 13.
[3] Ver en “Cristianización del Perú. 1531 – 1600” de Fernando de Armas Medina. Disponible en http://ietoribianos.blogspot.pe/2015/11/mapas-de-la-evangelizacion-del-peru.html

[4] Información tomada de la página web del arzobispado de Piura. Disponible en http://arzobispadodepiura.org/santos-peruanos/santo-toribio-alfonso-de-mogrovejo/
(Vargas Ugarte, 2005)
[5] Ver en “Cristianización del Perú. 1531 – 1600” de Fernando de Armas Medina. Disponible en http://ietoribianos.blogspot.pe/2015/11/mapas-de-la-evangelizacion-del-peru.html

[6] Ver en “Comentarios al Libro de Visitas de Santo Toribio” de Nicole Bernex
[7] Ver en “Toponimia Mochica de Lambayeque” (1993) de Jorge Zevallos Quiñones.
[8] Un patacón fue una moneda de plata de una onza de peso.
[9] Una cofradía fue una congregación o hermandad que forman algunos devotos, con autorización competente, para ejercitarse en obras de piedad.
[10] Los pesos ensayados eran los acuñados en las cecas reales americanas: peso era el término indiano del real de a ocho (llamado perulero, si era procedente de la ceca de Lima)
[11] Jorge Zevallos encontró el dato en la revista del archivo nacional I, 230.
[12] Ver en Revista del Archivo Nacional del Perú, Visitas. Lima, 1920. Citado por Dr. Julián Heras en “Las Doctrinas Franciscanas en el Perú Colonial”.
[13] Ver en The sugar estates of the Lambayeque valley (1973) de la historiadora Susan Ramirez Horton. P. 29 – 30.