martes, 28 de marzo de 2017

El Eclipse Total de Sol del 25 de Enero de 1944

Fotografía del eclipse de sol captada por la Comisión Mexicana
que visitó Chiclayo el año 1944

La publicación mexicana “Ciencia: Revista Hispanoamericana de ciencias puras y aplicadas” en su edición del 15 de julio de 1944, contiene entre las páginas 3 y 7 el artículo “El eclipse de sol del 25 de enero de 1944” de autoría del astrónomo mexicano Joaquín Gallo Monterrubio. Se trata de la narración del eclipse total de sol ocurrido en esa fecha en la ciudad de Chiclayo y que fue observado por una Comisión enviada a nuestro país por el entonces presidente mexicano Gral. Manuel Ávila Camacho por iniciativa del Prof. Luis E. Erro, Director del Observatorio Astrofísico de Tonantzintla (Puebla) y el Gobernador del Estado de Puebla Sr. Gonzalo Bautista.
Aprobado el traslado de dicha comisión, en Mexico, se preparó el instrumental a utilizar contando con el apoyo del Dr. Rodulfo Brito Foucher, Rector de la Universidad Nacional de Puebla, y el Dr. Harlow Shapley, Director del Observatorio de Harvard. Se empacaron el 23 octubre de 1943: un celostato Gautier de dos espejos, un refractor Grubb de 15 cm de diámetro y una cámara fotográfica con lente fecker de 3”. El traslado del instrumental y miembros de la comisión integrada por los Sres. Félix Recillas, José Alva, Luis Zubieta, Pedro Montejo, Hugo Cuesta Jara, Eduardo Gallo y Joaquín Gallo Monterrubio, se hizo a bordo de la embarcación cañonera “Querétaro”. La delegación “tocó los puertos de Salina Cruz, Panamá, Guayaquil y Callao… permaneciendo dos escasos días en Lima y partiendo el 5 de diciembre rumbo a Chiclayo” (Gallo, 1944)
Ya en Chiclayo, narra Joaquín Gallo, “después de presentar nuestros respetos al Sr. Prefecto de Lambayeque, y con la amable compañía de su secretario recorrimos la población en busca de un local apropiado para instalarnos. Elegimos los terrenos anexos al centro escolar 221, a poco menos de un kilómetro al oeste de la plaza principal de Chiclayo” (Ibídem) Dos días después se iniciaron la instalación de los equipos y los trabajos de observación. Gallo reconoce la buena voluntad manifestada en todo tiempo por la población y las autoridades de Chiclayo. La delegación mexicana estuvo en Chiclayo 26 días.
Según el historiador Miguel Díaz Torres, los mexicanos se hospedaron en el Hotel “Europa”. Era alcalde de Chiclayo el Sr. Nicolás Cuglievan y Prefecto de Lambayeque Adriano Baca. Fue tan importante el evento que ganó la atención de la revista “Sky and telescope” (Octubre de 1943). En nuestra ciudad los eventos fueron cubiertos por los periódicos “El Tiempo" y “El País”. Arribaron delegaciones peruanas como la Comisión científica de la Facultad de Ciencias de la Universidad Mayor de San Marcos representada por el Ing. Juan Portocarrero y el doctor Alfredo Rosenblat… La Comisión de la Marina estaba presidida por el Contralmirante Carlos Rotalde, la del Ministerio de Aeronáutica por el coronel B. White y la Comisión del Ejercito estuvo a cargo del Coronel Dianderas al que secundaba el Comandante B. Vallenas. Los visitantes fueron hospedados por el Coronel M. Escalante, jefe de la Base Aérea, en sus instalaciones
Antes de iniciarse el eclipse se observó un arco circunhorizontal debido a la presencia de “nubes cirrus muy tenues…”. Gallo, refiere: “Recuerdo que me llamó la atención la luminosidad del cielo… la coloración con tintes amarillentos y algo verdosos...” (Ibídem)
El eclipse, de acuerdo a las conclusiones del Gallo Monterrubio, fue similar a otro ocurrido el año 1900, con la novedad de la presencia del arco circunhorizontal y la percepción clara de las denominadas plumas polares.
Gallo finaliza su informe asegurando que “Mis compañeros, los miembros de la comisión mexicana,… demostraron por doquier su caballerosidad y por esto fueron acreedores a las continuas demostraciones de simpatía que el pueblo de Chiclayo les tributó, así como el que recibió nuestra querida patria en una manifestación popular dos días antes de que abandonáramos esa simpática población” (Ibídem)
Refiere Díaz Torres: “Durante la mañana del 30 de enero, la Comisión Mexicana salió del hotel Europa con su equipaje rumbo a la agencia Roggero de la calle Elías Aguirre frente al parque principal” (Díaz, 1989)





lunes, 27 de marzo de 2017

Historia de los Cementerios de Chiclayo

Cementerio del Barrio Patazca a inicios del siglo XX

El primer cementerio de Chiclayo en el siglo XVI, según Augusto león Barandiarán, se ubicó en el terreno que luego ocupó la Iglesia Matriz, en la actual calle San José. El segundo Calvario o cementerio desde el siglo XVII estuvo frente a la antigua Iglesia Matriz en el espacio que se conoció como el “Parquecito Bolognesi” o “Parquecito Cabrera” y se extendió hasta la Calle Real (actual Calle “Elías Aguirre”) y los Portales Gonzalez (actual Club de la Unión). Según Walter Saenz Lizarzaburu “Este cementerio era para gente pobre, ya que los fallecidos de cierta categoría económica eran sepultados en el propio convento de San Francisco o en su Capilla” (Saenz, 1988). El tercer calvario ocupó el terreno del actual Parque principal de la ciudad; según León Barandiarán “consta que resolvieron los franciscanos José Flores y Francisco de los Reyes a fin de que estuviera cerca del convento y no lejos del anterior cementerio”.
Cementerio El carmen en 1926

A medida que fue desarrollando la población, bajo el impulso de esa fuerza incontenible de crecimiento que distinguió siempre a Chiclayo desde sus comienzos, hubo necesidad de un nuevo cementerio, el cuarto, que fue construido en el antiguo “Barrio Patazca” actual Urbanización Chiclayo o Patazca, muy cerca de la zona que hoy ocupan el Círculo Departamental de Empleados y el Edificio Residencial FAP. Cuando en la década de 1940 se inician las obras de la “Urbanización Chiclayo” a cargo de Don Francisco Cúneo, quedan expuestos una serie de restos entre ellos los que actualmente se encuentran en la casa de las “Trece animas benditas”, de la cuadra uno de la Calle Juan Manuel Iturregi, se debe cambiar de ubicación al cementerio. El quinto cementerio o “Cementerio General” o Cementerio “El Carmen” se edificó a la altura del entonces llamado Cerrito de Pimentel, terreno destinado desde 1917 para el nuevo calvario o cementerio de la ciudad. Vale agregar en esta lista al Cementerio Chino de Chiclayo ubicado a pocos metros del Cementerio el Carmen y que es propiedad de la colonia china de nuestra ciudad.
Cementerio de la Caleta San José en 1971


Los nuevos cementerios de Chiclayo de fines del siglo XX e inicios del siglo XXI son de propiedad privada: Jardines de la Paz y El Angel. Otros cementerios de la Provincia, según el documento “Relación de Cementerios” (s.f) son: Juan Pablo Cortez (Cayaltí) Nazareno cautivo (Monsefú) San José Obrero (La Victoria) El Carmen (Pomalca) Tumán (Tumán) Reque (Reque) San Pedro (San José) Zaña (Zaña) Divino maestro (Callanca) General de Chongoyape (Chongoyape) San Pedro (Puerto Eten) San Pedro (Santa Rosa) Comunitario (Chongoyape) Santa María (Chiclayo) El Carmen (Pimentel) Parque del Norte (Pimentel) San Gabriel Arcángel (Chongoyape)

miércoles, 22 de marzo de 2017

José D. Effio, Pintor Costumbrista Lambayecano

"El Velorio" (1900) - José D. Effio

Revisando el tercer tomo de la Colección Museo de Arte de Lima (MALI), que contiene información y hermosas ilustraciones de la colección de pinturas peruanas producidas entre las dos primeras décadas del siglo XIX e inicios del XX, aparecen en el capítulo “Costumbrismo” junto a las creaciones del famoso Pancho Fierro, las del excelente artista plástico lambayecano José D. Effio, pintor costumbrista nacido en Monsefú en 1840 (aunque hay hasta tres versiones distintas del año de su nacimiento) y reconocido como pionero de la pintura histórica que desarrolló toda su carrera en Lima, ciudad donde falleció en 1920.
Effio, fue discípulo del famoso pintor español Ramón Muñiz su maestro particular en Lima. Entre sus principales obras se cuentan los oleos “Jarana” (1893) “Fundación de Lima” (1897) “El velorio” (1900) y “La venganza de Cornaro” (1907). Es considerado el continuador de la obra de Pancho Fierro, y con él “surge también un corto auge de escenas costumbristas en la pintura al óleo. Para entonces el costumbrismo, se había asociado casi exclusivamente a Lima, la única ciudad que logró desarrollar una tradición sostenida de imágenes de este tipo” Su obra ha sido ubicada en la corriente pictórica peruana denominada neo academicismo junto a la de Carlos Baca Flor, Francisco Canaval, David Hernández, Alberto Lynch, Francisco Masías, Teófilo Castillo y Enrique Domingo Barreda.
Fue el único artista plástico de su generación que prefirió hacer carrera y nutrirse de información estética en Perú decidiendo no viajar a Europa. Rocío Dueñas, historiadora del arte peruano, afirma sobre el aporte de Effio: “concentró su interés en temas locales y supo captar algunas costumbres de la Lima de fines de siglo e imprimió a sus composiciones un sentido de humor, sobresaliendo la alegría y el colorido de sus cuadros...” (Dueñas, 2010). A fines del siglo XIX Doña Adelina Concha crea, con sus propios recursos, los Concursos de Pintura y escultura Concha. Así, en el de 1897, el primer premio lo obtuvo el pintor Juan Oswaldo Lepiani con La oración en el huerto; Luis Astete ganó la medalla de oro y 200 soles por Reminiscencias; a Evaristo San Cristóbal le premiaron con 150 soles; José Otero recibió 200 soles por Los desocupados, y la pintura histórica La fundación de Lima de José Effio mereció el premio de 100 soles.
Fue miembro de la Logia Masónica “Parthenon N° 04” con sede en Lima, institución a la que también pertenecieron personalidades de la talla de Ricardo palma Soriano, Ramón Muñiz (su maestro) Henry Meiggs, el arquitecto Emilio Harth, entre otros; su nombre aparece en el cuadro de “Grandes Dignidades” de la Gran Logia del Perú del año 1882 y, en 1884. El documento denominado “Gran Logia del Perú 1884” contiene su nombre y aparece en la Comisión de Gran Tesorería en calidad de Recaudador. Dicha institución lo calificó como “hombre de bien, por su fraternidad y su servicio”.
La Revista Caretas de Lima, en su edición de junio de 1993, resalta la obra de Effio e informa sobre el descubrimiento del lienzo “Fundación de Lima” que había permanecido desde inicios del siglo XX ignoto y enrollado en una gaveta del Museo de la Cultura Peruana. Mientras en Lambayeque, José D. Effio es desconocido para la inmensa mayoría, en Trujillo se expuso su obra pictórica junto a la de otros costumbristas y neo clasicistas el mes de octubre de 2016 en la exposición "Historia Visual de la Pintura Peruana 100 años/25 pintores" en la Galería de Arte de ADUPAO.

He tenido el placer de apreciar sus obras y he podido notar su chispa histórica costumbrista y satírica; su visión realista, ingenua e ilustrativa (como anotara Julián Oñate). Ojalá y algún día como efecto del fortalecimiento de nuestra identidad y el aprecio por el aporte de ilustres lambayecanos podamos apreciar en nuestra tierra la brillante y hermosa obra de nuestro insigne personaje.

Los Restos de José Eufemio Lora y Lora

José Eufemio Lora y Lora (JELYL)

Según el poeta Alberto Aznarán “El 14 de diciembre de 1907, a las 11 de la mañana muere en el Hospital de la Charité, el joven poeta José Eufemio Lora y Lora, a raíz de la herida mortal (el doctor legista precisa por fracturas múltiples, principalmente en la base del cráneo) causada por el Metro luego de haber caído accidentalmente a la línea férrea en la estación 4 de septiembre de la línea 3 del metro parisino. Además de sus papeles de identidad, llevaba con él un Carnet que lo acreditaba como redactor del periódico La América Latina y 250 francos. La partida de defunción establecida por la Alcaldía del Distrito VI de París el 15 de diciembre, indica que José Lora (así se le llamaba en Francia), de 23 años, era nacido en Chiclayo-Perú, Hombre de Letras, domiciliado (en el Hotel), N° 44 rue de Jacob, París VI, soltero y de padres difuntos, de los cuales se desconocen sus nombres. El 18 de diciembre, el joven poeta es sepultado en el Cementerio de Bagneux en la División N° 96, Fila N° 4, Tumba N° 2. En 1912, cinco años después de su muerte, termina la concesión de su tumba, y como no fue renovada, los restos mortales de José Lora fueron lanzados a la Fosa Común” (Aznarán, 2007). Tan dramático hecho no pasó desapercibido. Nicanor de la Fuente, refiere: “(a su entierro) acudieron no solo escritores y poetas del Perú y de Latinoamérica, ya que también hicieron acto de presencia elementos representativos de las letras y organismos culturales de París”.

El primer intento de repatriación de sus restos ocurre en 1923. El embajador peruano en Francia, Don Mariano H. Cornejo, en respuesta al oficio N° 112 que le cursara el Ministro Peruano de Relaciones Exteriores pidiendo informe sobre los costos que implicarían la repatriación de los restos, responde escuetamente: “Nos es grato incluir a Ud. el presupuesto que me ha presentado la casa LAMY TROUVAIN que incluye los gastos que ocasionaría el envío de los restos del poeta LORA al Perú. Como verá el Sr. Ministro, la suma es crecida, casi igual al precio de una estatua, 8.500 FF…” no he logrado identificar quien o quienes realizaron la petición al Ministerio.
42 años después, en 1965, el gobierno destina la cantidad de 60 mil soles a la repatriación de los restos del José Eufemio Lora. Así, “se organizó un comité cuya labor estaba dirigida a la construcción de un Mausoleo en el Cementerio General y a cumplir un programa de recepción de grandes proyecciones. En Lima mismo, el Club Lambayeque y otro comité, funcionaba activamente con el mismo propósito” (Nixa, 1967). Sin embargo, llegó de París la noticia abrumadora y desconcertante que daba cuenta de la desaparición de los restos del egregio poeta chiclayano. El gobierno central, a través de la legación en París, explicó que tal desaparición se produjo “porque los nichos temporales solo tienen valor de hospedaje por cinco años… (y) durante la invasión alemán se produjo el desalojo por cuanto el Perú no tuvo representación en esa fecha” (ibídem).
La versión del gobierno causó estupor y resultó en falsa si consideramos que Don Ricardo Miranda Romero, destacado escritor lambayecano (autor de la “Monografía de Lambayeque”) en carta dirigida a al escritor José Vicente Rázuri le comunicó su satisfacción  por haber visitado la tumba del poeta en París el 17 de diciembre de 1953. La versión de Miranda es considerada veraz debido a la calidad de su persona y su solvencia moral e intelectual.

El 20 de octubre de 1966, el entonces Presidente Arq. Fernando Belaunde Terry firmó la Ley 19296 que destina la cantidad consignada a la repatriación de los restos de Lora y Lora y entregada al Comité Pro repatriación, a la edición del libro “José Eufemio Lora y Lora y su Tiempo” del escritor José Vicente Rázuri y encarga al Concejo Provincial de Chiclayo la edición de la misma.

viernes, 17 de febrero de 2017

Apuntes históricos sobre los carnavales en Chiclayo


Según el historiador Miguel Díaz Torres, los carnavales de antaño, los viejos carnavales constituían una de las más bellas y atrayentes fiestas de la euforia y el jolgorio popular. Era tiempo de chisguetazos, alegría y  retretas en las plazas y el parque principal, de las máscaras y antifaces, de las comparsas y el desfile del corso con reinas y carros alegóricos, del Rey Momo y los jueves de compadres, de las aventuras amorosas, de los baldazos de agua, de los polvos perfumados. Era la fiesta de la alegría, del alborozo, del buen humor, del jolgorio y la diversión.
Comparsa "El Rey Momo" Carnavales de Chiclayo 1920

¿Qué es el origen de los Carnavales?
Las fiestas de carnaval son “una continuidad de los antiguos Saturnales, las festividades romanas que se celebraban en honor al Dios Saturno” (López, 2012). Con el avance del cristianismo esta festividad tomó auge y se expande con el nombre de Carnavales, término que deriva de las voces latinas “Carnem levare” o “Abandonar la carne”. Esta “despedida” a la carne se refiere al inicio del tiempo litúrgico denominado Cuaresma, tiempo de conversión y arrepentimiento, que se inicia el “Miércoles de ceniza” y concluye el “Jueves santo” con una duración de 40 días.
Carnavales de Chiclayo 1914

Esta “despedida a la carne” implicó de tres a cuatro días de gran celebración. Todo estaba permitido, por eso, los participantes se disfrazaban tapándose el rostro para salvaguardar su anonimato. Hay evidencias que las máscaras y disfraces ya existían desde hace más de 5000 años en sumeria.
 ¿Cómo se celebraran en Chiclayo?
Carnavales de Chiclayo 1958

El insigne chiclayano Miguel García Puémape aporta con sus recuerdos una respuesta a la interrogante: “Era tradicional la elección de "reinas de las carnestolendas" como soberanas por los días del calendario sábado, domingo, lunes y martes, que cumplían actividades sociales programadas por el Concejo Provincial, con acento festivo. Su mandato se expresaba en el Corso Carnavalesco estructurado para disfrute visual de la población, con la participación de pintorescos y simpáticos carros alegóricos participantes de un desfile muy animado cumplido en el circuito Calle Real - Calle San José - Palacio Municipal - Calle San José -Calle Real. Las reinas, sus cortes y lacayos derrochaban simpatía y jugaban carnaval con el público, uno de ellos el lanzamiento de serpentinas de colores. Creo recordar que el Desfile Carnavalesco se efectuaba los martes, porque el día siguiente era el Miércoles de Ceniza”.
Carnavales de Chiclayo 1920

La alegría del carnaval se veía, también, en las celebraciones organizadas por instituciones de diversas épocas: Casino de Pimentel, Aero club de Chiclayo, Casino de Lambayeque, Club de tiro Chiclayo 77, Club Árabe, Club de la Unión, Jockey Club de Chiclayo, entre otras.  En los bailes los asistentes mostraban bellos disfraces y utilizaban chisguetes de éter perfumado y las serpentinas de conversación con sus elegantes mensajes sugerentes. Muy poco alcohol y en abundancia, alegría desbordante.
Carnavales de Chiclayo 1921

Se elegían cinco  reinas: Reina del Trabajo, Reina del Estudio, Reina de Simpatía, Reina Infantil, y Reina del Deporte. El primer día de Carnaval se coronaba a las reinas y se organizaba, el mismo día, una fiesta en honor de cada una. Al segundo día se elegía entre ellas a la Reina de la Ciudad, que vestía de blanco y era coronada por el alcalde de la ciudad. Era acompañada por un precioso séquito de damitas de honor y por las otras reinas quienes vestían de color similar. Las demás noches de carnavales se hacían fiestas en distintas instituciones algunos asistentes vestían elegantes vestidos y smoking, otros (los más jóvenes) asistían en comparsas temáticas disfrazados. Las fiestas las organizaba la Municipalidad, el Colegio San José, los clubes y otras instituciones. Las elecciones más recordadas fueron las de Bertha Moreno Aurich y Elizabeth Sime, ambas en la primera mitad del siglo XX.
Carnavales de Chiclayo 1929

En su artículo “Volverán los viejos carnavales” (La Industria: 30/01/87) el recordado periodista José Arana Cuadra, dice: “Con (el presidente) Leguía se trató de darle mayor calidad social al juego. Eran dos partidos: el verde y el encarnado… En el Parque se formaba como un colchón de casi un metro de alto de serpentinas, no se podía ni caminar, era un mes de locura 
Una fiesta del Pueblo: Carnavales de “El Porvenir”
Los carnavales de Chiclayo fueron siempre la fiesta del pueblo. En el Barrio “El Porvenir”, por la década de los 50, el Entierro de Ño Carnavalón provocaba el entusiasmo y participación todos. Era la clásica diversión el lanzamiento a peatones de "globos de agua" desde techos y balcones de casa, así como las alegres y húmedas batallas a baldazos de agua entre vecinos. Se instalaba  el “Palo encebado” embadurnado con grasa, y se esperaba el momento del concurso de ascenso para alcanzar el billete que estaba al final en lo más alto.
Carnavales del Barrio "El Porvenir" de Chiclayo - 1985

En las calles había bandas de músicos y actuaciones convocadas en honor a la Reina. Durante el día se jugaba con agua, globos o bombas de agua. Generalmente se hacía por equipos, una familia contra otra, y había guerras de agua.  Al atardecer ya terminaba el juego y todos se iban a casa para cambiar la ropa e ir a las fiestas. El último día había el corso donde desfilaban todas las candidatas, y la Reina de la ciudad.  También salía el Ño Carnavalón acompañado por algunos personajes que danzaban con los Bailes mamarrachos.
Un comentario final
Desde antiguo han sido muchos los historiadores, tradicionalistas y viajeros extranjeros (Middendorff, Mellet, entre otros) que han destacado el carácter alegre de nuestra ciudad. Alguien se animó a calificarla diciendo “vive de noche y duerme de día”. Lo cierto es que si el sello distintivo del chiclayano es la amistad, sus valores relacionados: alegría, afecto y camaradería estuvieron y están presentes en nuestras actitudes sociales.
Bien haríamos en rescatar la belleza, vistosidad e integración de estas celebraciones. Pues cuando se celebra el pueblo se hermana y se une. ¡Cuánta unidad nos falta en procura de los objetivos comunes!


miércoles, 8 de febrero de 2017

Juan Bautista Lastres y Quiñones: Médico e Historiador Chiclayano


El médico e historiador chiclayano Juan Bautista Lastres Quiñones, nació el 02 de enero de 1902 y falleció en Lima el año 1960. Sus padres fueron los señores Andrés Vicente Lastres (hijo del prócer de la independencia lambayecana Andrés de Lastres y Martínez Tejeda) miembro de la Beneficencia de Lambayeque en 1876, y Dominga Quiñones. Realizó estudios escolares en el Colegio Nacional de San José y “el año de 1918, se trasladó a Lima e ingresa a la Universidad de San Marcos, realizando sus estudios preparatorios en la Facultad de Ciencias Naturales; después de dos años, en 1920, ingresa a la Facultad de Medicina. Luego en 1928, opta el grado de Bachiller en Medicina con la tesis titulada: Consideraciones sobre los fundamentos de las principales clasificaciones de nefropatías, en especial de la alemana de Volhard Fah; en marzo del mismo año se recibió como Médico-Cirujano. Como Doctor en Medicina se graduó en 1935 con la tesis Investigación histórica del pasado nervioso peruano” (Gonzales, 2010). El Dr. Orlando Aurazo agrega que realizó estudios premédicos en la Universidad de Trujillo y de Postgrado en Europa.Fue un reconocido y prolífico investigador de la primera parte del siglo XX. Habiendo publicado 64 títulos entre libros y folletos, 163 artículos y ensayos, 33 discursos y 5 memorias.

En 1946, se creó una Comisión para la redacción de la Historia de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, en su cuarto centenario de fundación, presidida por el Dr. Luis Antonio Eguiguren quien convocó a un selecto grupo de intelectuales de la época, entre ellos el Dr. Lastres a quien se le encomendó la redacción del Tomo V: Historia de la Medicina Peruana. El trabajo fue presentado en tres volúmenes: Historia de la Medicina Incaica, Historia de la Medicina en el Virreinato e Historia de la Medicina Republicana; donde ofrece diferentes temas, propios del desarrollo histórico de la medicina peruana. Esta es la obra sintetiza sus indagaciones realizadas desde 1930 cuando, como cirujano asimilado al Ejército Peruano, pudo recorrer todo el país adquiriendo gran conocimiento del Perú profundo y la Realidad Nacional.

Jefe de la clínica de sintomatología en 1928. Médico en la Clínica para hombres, en 1929; Jefe de la clínica de neuropatología entre 1931 y 1934; Jefe del departamento de neuropsiquiatría del Ejército Peruano en 1939. Profesor asistente de neuropatología entre 1934-1935, y profesor de Sintomatología entre 1934 y 1938 en la Facultad de Medicina. Profesor adjunto de antropología en la Facultad de Ciencias en 1938. Representante peruano ante el Décimo Congreso Internacional de Histología el año 1943 con la ponencia “Medicina Aborigen Peruana”. Fue miembro de la Academia Nacional de Medicina, la Sociedad Peruana de Historia de la Medicina (que fundó) y miembro de la Asociación Médica Argentina.
El Amauta Jorge Lazo Arrasco lo califica como uno de los más importantes representantes de la “Vieja pluma chiclayana” y el historiador Teodoro Rivero Ayllón destaca tres de sus obras: “Las enfermedades nerviosas en el coloniajes” (1938) “Una neurosis célebre: La Mariscala” (1945) y “Lope de Aguirre, el Rebelde” (1942),
En el Distrito de Miraflores (Lima) una calle se llama Juan B. Lastres. En Chiclayo, en el Pueblo Joven Diego Ferré, una calle recibe el nombre del padre de nuestro personaje: Antonio Lastres.



martes, 7 de febrero de 2017

Los “matriculados de marina” de Santa Rosa y San José


Obreros del Muelle y Ferrocarril de Eten, 1905.

A partir de 1870 y con el propósito de dar mayor desarrollo a la industria de agro exportación, se inicia en el Departamento de Lambayeque la ejecución de ferrocarriles (en Eten y Pimentel) a cargo de la inversión privada. El primer problema por resolver, una vez concluida la construcción de muelle y línea férrea, fue el de la mano de obra especializada para tareas de mar: estiba, desestiba, manejo de maquinarias, entre otras. Así  “…el funcionamiento de los puertos de Lambayeque significó la instalación de una población laboral donde antes no había ni pescadores ni trabajadores de otras actividades...” (Gómez & Bazán, 1989).
Se recurrió a los matriculados de marina inscritos en las caletas de pescadores de Lambayeque. La “matrícula de marina” fue un sistema establecido en 1840 para la captación de mano de obra para el servicio de los buques de la armada peruana. Según Gómez Cumpa, Los pescadores se inscribían en las capitanías de los puertos solos o por cuadrillas para prestar servicios de aprovisionamiento de los buques de la armada. Sin embargo, con la implementación de los puertos y por influencia de los propietarios de dichas empresas los “matriculados de marina” sirvieron también en los muelles de Eten y Pimentel realizando labores portuarias siendo considerados, por su experiencia marina, trabajadores calificados. A cambio de sus servicios se les otorgaba la licencia de pesca, esto era lo que buscaban. Es menester recordar que Manuel Pardo, Presidente de la República entre 1872 y 1876, fue uno de los accionistas de la Empresa del Ferrocarril y Muelle de Eten.

“Inicialmente la demanda de trabajadores marítimos de la Empresa del Ferrocarril y Muelle de Eten fue cubierta por asalariados provenientes de Sechura, Pacasmayo y Huamachuco. A partir de la ocupación chilena fueron los pescadores de Santa Rosa los que se turnaban en los trabajos marítimos del Puerto Eten” (Ibídem). En el caso de la Empresa del Ferrocarril y Muelle de Pimentel, entre 1870 y 1879 los trabajadores marítimos fueron de Santa Rosa; mientras que de 1880 a 1940 fueron de San José.
En un Memorial de matriculados de la Caleta de San José de 1890, referido por Gómez & Bazán, los matriculados describen las penurias de sus servicios: “son rudos y penosos como todos los del mar especialmente en puertos desabrigados como el de Pimentel en que la vida de cada uno de nosotros se rifa a cada instante no son ni remotamente compensados con el salario que se nos paga…” los “matriculados de marina” trabajaban tres meses en los puertos quedándoles nueve meses para la práctica de la pesca artesanal.


Queda claro, entonces que siendo indispensable para el desarrollo de los muelles y ferrocarriles de Lambayeque la provisión de mano de obra calificada por su experiencia marítima, tal provisión se logró con los pobladores de las caletas pesqueras de Santa Rosa y San José.