jueves, 12 de enero de 2017

Los Preparativos y el Arribo de la Expedición Lynch a Lambayeque

Capitán de navío chileno Patricio Lynch de
muy ingrata recordación para los lambayecanos

Introducción
La invasión del Departamento de Lambayeque durante la Guerra del Pacífico se realizó en dos etapas, la primera en setiembre de 1880 y la segunda en abril de 1881. En ambos casos, el caos, la amenaza y la destrucción fueron su forma habitual de imponer su poder en una guerra tan injusta como desigual.
Según el historiador Robert Markham “Ordenose a Lynch (comandante de la expedición invasora chilena) que arrasase todo el litoral peruano, desde el Callao a Paita, y aquél cumplió sus instrucciones al pie de la letra, arruinando dondequiera tanto la propiedad pública como la privada. Los daños que causó no sólo en los puertos marítimos de Huacho, Supe, Salaverry, Trujillo, Pacasmayo, Chiclayo, Eten, Lambayeque y Paita, sino en todas las villas, haciendas y plantaciones, fueron incalculables.…..las casas que se incendiaron fueron regadas previamente con petróleo y otras sustancias igualmente inflamables…los jefes chilenos habían declarado que sus tropas no harían la guerra a la propiedad privada; que solo iban a pelear con el enemigo en campaña; que los intereses y la honra de la población civil estarían cobijados por el glorioso pabellón chileno…”” (Markham, 1982)
El presente artículo tiene como objetivo explicar los antecedentes de la “Expedición Lynch” a las ciudades y haciendas de la costa; además, sobre su llegada a nuestro departamento, narrar los pormenores de la imposición de cupos a la Compañía del Ferrocarril y Muelle de Eten, como una muestra de lo que sería la aplicación abusiva de esta medida a otros negocios de la región.
1.     Los antecedentes de la Invasión chilena a Lambayeque
Tras el éxito del ejército chileno en la campaña de Tacna, el retiro a Lima de las fuerzas peruanas y el retiro del ejército boliviano del conflicto, el (en ese entonces) capitán de navío Patricio Lynch “vio con claridad un nuevo aspecto de la guerra… apreciando que Chile debía tomar la ofensiva, ya que en caso contrario caería en un peligroso statu quo…” (Rodríguez, 1967). Así, Lynch decide proponer al gobierno chileno el envío de una fuerza expedicionaria al norte del Perú con doble finalidad: imponer contribuciones de guerra a puertos y haciendas de la cosa y distraer la atención del debilitado ejército peruano concentrado en la defensa de Lima.
La comunicación de su idea al entonces presidente chileno Anibal Pinto no fue complicada. Según Diego Barros, Lynch y Pinto fueron amigos y compañeros de escuela en el colegio de los hermanos Zapata de Santiago (Barros, 2000). Así con fecha 26 de junio de 1880, Lynch envía una carta a su amigo Anibal Pinto comunicándole
“En la actual situación de las partes beligerantes, sólo dos soluciones se divisan sin la paz: o marchamos sobre Lima con el grueso del ejército, o nos quedamos en statu quo… Mi proyecto en globo se reduce a marchar con una división ligera, compuesta de cuatro batallones de infantería, una batería de artillería de montaña y un escuadrón de caballería, a operar en diversos desembarques en la costa, al sur y norte del Callao… Estos desembarques tendrían por objeto: 1.º: Distraer las fuerzas concentradas en Lima, llamando la atención a distintos puntos; 2.º: Imponer contribuciones de guerra en los pueblos próximos a la costa y algunos del interior, para atender con ellos en parte el mantenimiento de nuestro ejército; 3.º: Producir el pánico de la guerra en las poblaciones más comerciales del Perú; 4.º: Mantener el espíritu público en Chile, y provocar en Lima, tal vez una revolución con los cargos que la impunidad de nuestras operaciones harían nacer contra la imprevisión del gobierno de Piérola; y, 5.º: Hacer sentir las consecuencias de la guerra a los acaudalados del norte del Perú, que hasta ahora muy poco o nada han sufrido. La parte ofensiva de la expedición se reduciría a imponer contribuciones de guerra ya a batir las fuerzas que se opusieran a mi proyecto. De ninguna manera comprendería su objeto causar daños que no nos reportarán provechos directos; nada de incendios ni de destrucciones vandálicas; con operaciones de esta naturaleza, lejos de alcanzar el fin racional de la guerra, se obligaría al enemigo a negarse a toda transacción, porque con ello se hace nacer la desesperación de una lucha sin término, ni cuartel…”
(Carta de Patricio Lynch a Presidente chileno Anibal Pinto)
La ruta propuesta por Lynch para su expedición invasora se iniciaría por el sur, en el Departamento de Ica, y avanzaría hacia el norte del Callao hasta Piura. El Plan de Lynch, aprobado por sus ministros y asesores, se formalizó cuando “con fecha 12 de agosto (Anibal Pinto) nombró a Lynch jefe de una expedición independiente para expedicionar al norte del Perú…” (Rodríguez, 1967)
Con fecha 24 de agosto, el ministro chileno José Francisco Vergara entrega a Lynch las instrucciones y material logístico para su expedición. Llama la atención el cambio a la ruta original propuesta por Lynch, además del cuidado que demanda el ministro respecto a los daños que pudieran producirse entre los ciudadanos “neutrales” o extranjeros:
“… 5. º: Terminadas las operaciones en Paita, hará rumbo a Chimbote donde ejecutará las mismas operaciones. Pasará algún tiempo más al norte para ocupar a Trujillo e invadirá el país hasta Lambayeque. Seguirá después al sur del Callao a tomar los valles de Cañete, Ica, etc., hasta Víctor, estacionándose en Quilca; de ahí dará aviso al general en jefe y esperará órdenes. El pago de las contribuciones de guerra lo exigirá en metálico o especies como azúcar, arroz, algodón, alcoholes, etc. Fijará prudencialmente la cuota y la hará efectiva con todo rigor apelando si es necesario a la destrucción de la propiedad para compeler a los particulares y autoridades a cubrir las cantidades exigidas; 6. º: Evitará en cuanto fuere posible todo daño a los bienes de los neutrales, pero si se hicieren amparadores de los del enemigo, se les hará sentir los rigores de la guerra”.
(Instrucciones de ministro don José Francisco Vergara a Patricio Lynch)
Según Eric Mendoza los chilenos “durante el conflicto bélico pusieron en práctica una táctica contraria a la que pregonaron, que fue criminal y despiadada. Impusieron exorbitantes cupos de guerra: a las ciudades con destacado movimiento comercial y si se negaban hacerlo, quemaban sus más importantes edificios públicos También se impuso este mismo pago a ciudadanos acaudalados y a compañías importantes” (Mendoza, 2012). Las afirmaciones de Mendoza son sustentadas en documentos oficiales peruanos y chilenos y, además, en publicaciones periodísticas como las emitidas por el diario “La Patria” de Lima que da cuenta de las listas de cupos y objetos saqueados por los chilenos durante su ocupación de Lambayeque.
Lynch inicia su expedición en Arica, el 04 de setiembre de 1880, tocó Mollendo y realiza su primer desembarco en Chimbote la mañana del 10 de setiembre. Además de la imposición de cupos de guerra a los hacendados, en dicha ciudad Lynch libera a los trabajadores chinos “… que desde ese momento le dan a Lynch, que hablaba el cantonés, el tratamiento de El Príncipe Rojo” (Rodríguez, 1967). Una situación similar ocurriría en Lambayeque, donde los ciudadanos de origen chino apoyaron la invasión chilena.
Lynch se dirige a Chancay ciudad que torpedea; luego desde Supe a Chimbote y a Paita, el 17 de setiembre del mismo año. Desde Paita, después de haber impuesto cupos y causado destrucción en cada puerto y ciudad a la que arribaron, la expedición parte al departamento de Lambayeque.
2.     La Invasión Chilena a Lambayeque
Rodriguez afirma que “Desde Paita, punto más septentrional de la expedición, Lynch zarpó con sus buques al puerto de Eten, del departamento de Lambayeque, que tenía gran producción de azúcar y algodón. Desde a bordo se hizo notificar al prefecto de la ciudad que debía cancelar una contribución de 150.000 soles en el plazo de 48 horas, y como esta autoridad se negara, ordenó desembarcar tropas. Ante la presión militar el prefecto y demás autoridades se retiraron de la ciudad” (Ibídem)
Según Eric Mendoza, “El 24 de setiembre de 1,880 las fuerzas chilenas llegaron por mar a las costas de Lambayeque a bordo de los cruceros “Itata” y “Copiapó” y de las corbetas “Chacabuco “y “O’Higgins”, desembarcaron durante dos días en Puerto Eten sin encontrar resistencia alguna, bajaron a tierra 2,700 hombres de infantería, artillería y caballería, cañones, armamento y 300 caballos. Capturaron el telégrafo, se apropiaron de la mercadería que se encontraba en los almacenes de la aduana, quemaron las oficinas de la compañía del ferrocarril y el de la Aduana Mayor, destruyeron toda clase de embarcación que pudiera significar un peligro para ellos, luego de obligar a reparar la avería producida a propósito al tren, se embarcaron hacia la ciudad de Chiclayo seguidos por la caballería, causando pánico en los pueblos de Eten y Monsefú” (Mendoza, 2012).
2.1.              El Ferrocarril de Eten
Estación del Ferrocarril de Eten (1910)

En Lambayeque, para protegerse de las confiscaciones y saqueos, muchos peruanos traspasaron sus propiedades a “ciudadanos neutrales” (extranjeros ingleses e italianos especialmente) hecho que provocó la orden de Lynch a Carlos Albano, secretario de la expedición, de estudiar cada caso de acuerdo a lo establecido por el Derecho Internacional; así descubren, según Rodríguez, que “En el caso del ferrocarril y muelle de Eten, los peruanos habían vendido títulos y acciones a una firma británica (Graham Rowe y Cía.) y a un comerciante italiano (Conde de Canevaro). El ministro inglés, al igual que el italiano por esas circunstancias, enviaron notas de protesta al comandante en jefe de la expedición chilena. Así, el Ministro inglés lo hizo por intermedio del capitán Paget de la corbeta de guerra Penguin, que fondeó para este objeto en Eten. En la comunicación, el diplomático observaba que existían intereses británicos en el ferrocarril y por consiguiente solicitaba respetar esas propiedades de extranjeros” (Ibídem).
Oficinas del Ferrocarril y Muelle de Eten (1921)

Mendoza, sobre la actitud de los “neutrales” (a quienes llamó “La Guardia de los neutrales”), refiere “Hay que resaltar el apoyo prestado a los chiclayanos sobre todo a las jovencitas, de parte de los señores Alfredo Lapoint dueño del molino La unión y Virgilio Dall’ Orso dueño del molino Nacional, quienes asilaron a esta gente durante la ocupación chilena, dándoles alimentación y seguridad, guardando las joyas y tesoros de las iglesias Matriz y Verónica. Asimismo la actitud valiente y desinteresada del Cónsul americano Carlos Montjoy, intervención que motivó que el invasor no fuera tan severo, sobre todo en la oportunidad en que se iba a quemar el Teatro 2 de mayo, el mercado, un colegio y el local del conocido City Hall”. (Mendoza, 1986)
Estación del ferrocarril de Eten (1916)

Debido a la reclamación inglesa e italiana, Lynch responde a través de sendas cartas a los ministros embajadores de Inglaterra e Italia en Perú dándoles a conocer las consideraciones de la decisión tomada con respecto al tema. Les informa que el ferrocarril de Eten y sus ramificaciones “pertenecen, no a ciudadanos extranjeros, sino a una sociedad anónima nacional peruana” aunque reconoce la existencia de intereses de ciudadanos extranjeros en dicha empresa. Luego, informa cronológica y detalladamente el proceso de la creación y administración del muelle y ferrocarril de Eten hasta la llegada de los chilenos:
“Por supremo decreto de julio 3 de 1867, el Gobierno del Perú concedió privilegio a don José Antonio García y García por 25 años para establecer y explotar un ferrocarril entre Eten y Chiclayo, que pasara por el muelle de Monsefú, pudiendo prolongar la línea desde Chiclayo hasta Lambayaque sin privilegio alguno, y establecer ramificaciones bajo la misma condición. La anterior concesión fue ampliada hasta llevar la línea a Ferreñafe, por supremo decreto de agosto 19 del mismo año. Estando autorizado don José Antonio García y García por el Artículo 18 de su petición de privilegio, aprobada por superior decreto de julio 30 de 1867 para organizar una sociedad anónima, que se encargara de realizar la constitución de la obra mencionada y para transferir su privilegio a esa sociedad, previo conocimiento y consentimiento del Gobierno del Perú, a solicitud de interesado, por supremo decreto de octubre 19 del año, se resolvió: 1.º: Que se da por organizada la sociedad anónima; 2.º: Que se concedía permiso a don José Antonio García y García para transferir su contrato a la expresada sociedad, la cual, agregaba el expresado decreto ya citado, como asimismo la empresa que representa, no podrá cambiar jamás su carácter de permanente sociedad nacional ni recurrir en ningún caso a reclamaciones diplomáticas. Bajo tales bases, sólo el 7 de octubre de 1869 se organizó la referida sociedad denominándose la Compañía del Ferrocarril de Eten, la cual fue reorganizada siempre con iguales bases en junio de 1871”.
(Carta de Lynch al Ministro inglés en Perú – Eten, 24 de setiembre de 1880)
Es un hecho inobjetable que la transferencia de la propiedad del Ferrocarril de Eten a ciudadanos neutrales se produjo, como es también muy claro que los chilenos necesitaron imponer sanciones y confiscar el patrimonio del ferrocarril y muelle de Eten por su importancia vital para el traslado de personas, objetos, productos y pertrechos, así como para la comunicación con otros puntos del país.
Muelle de Eten (1910)

La respuesta de Lynch al Ministro italiano en Perú aporta importante información respecto a los movimientos realizados por los propietarios peruanos para evitar la destrucción, confiscación o cupos a la empresa del ferrocarril de Eten.
“… el ferrocarril de Eten ha sido transferido en varias ocasiones, perteneciendo últimamente a los señores Derteano, Candamo y Canevaro, como únicos accionistas. El señor Luis López, gerente de la empresa y representante de dichos señores, refiriéndose a la invasión de mis fuerzas, les decía en carta oficial: 'Invasión.- Como Uds. sabrán ya, el viernes de la semana pasada han desembarcado por Chimbote 2.800 hombres del ejército enemigo, que no dudo vendrán hasta aquí. Mi intención es retirarme oportunamente con todo el material rodante hasta Pátapo, y una vez en ese punto, quitarle a cada locomotora unas piezas para que no puedan hacer uso de ellas. Desgraciadamente no es posible tomar ninguna otra medida. Como es probable que quieran imponerle a la empresa alguna contribución de guerra, so pena de incendiar la estación, carros, etc., sírvanse decirme qué debo hacer llegado este caso'. En el copiador de cartas de la empresa que tengo en mi poder, aparecen las explicaciones de las transferencias de última hora, hechas por el señor Conde de Canevaro y a la mencionada casa inglesa… el gerente continúa dando cuenta del movimiento diario de la empresa a los antiguos dueños señores Derteano, Candamo y Canevaro…. Después de tener noticias sugerentes de la transferencia enunciada, voluntariamente destruyó en el muelle los elementos de desembarque para evitar ganáramos tierra: empleó el material del ferrocarril en transportar fuerzas enemigas y por último llevó todo el material a la hacienda de Pátapo, término de la línea y allí desarmó las locomotoras…”
(Carta de Lynch al Ministro inglés en Perú – Eten, 24 de setiembre de 1880)
Es correcto afirmar que “Los usurpadores se hicieron cargo del muelle de Puerto Eten y cobraron los derechos por el uso, así como el impuesto por la importación y exportación de productos” (Mendoza, 2012).En Chiclayo, los chilenos quemaron, entro otras propiedades, las residencias de las familias Arbulú, Quiñones, Villasis. Incendiaron Eten y Monsefú, y las haciendas El Combo y Vista Florida.
Transporte de pasajeros del Ferrocarril de Eten (1913)

Conclusiones  
1.     El capitán de navío chileno Patricio Lynch propuso al gobierno chileno, a través de una carta dirigida a su amigo personal el Presidente Anibal Pinto, el envío de una fuerza expedicionaria al norte del Perú con la doble finalidad de imponer contribuciones de guerra a los puertos y haciendas de la cosa y distraer la atención del debilitado ejército peruano concentrado en la defensa de Lima.
2.     El Plan de Lynch, fue aprobado por el presidente y ministros chilenos y se formalizó cuando el 12 de agosto de 1880 con el nombramiento de Lynch como jefe (comandante) de “una expedición independiente para expedicionar al norte del Perú…”. Luego el 24 de agosto del mismo año el ministro chileno José Francisco Vergara entrega a Lynch las instrucciones y material logístico para su expedición, dispone la ruta de la expedición y  demanda el cuidado dispuesto por la legislación internacional a los bienes y propiedades de los ciudadanos “neutrales” o extranjeros.
3.     A su llegada a Lambayeque, Lynch impone cupos y confiscaciones a la Empresa del Ferrocarril y Muelle de Eten argumentando que la propiedad de dicha empresa era de ciudadanos peruanos. Los embajadores de Inglaterra e Italia en Perú envían notas de protesta al jefe de la expedición indicando que dicha empresa era de propiedad inglesa (Graham Rowe y Cía.) e italiana (Conde de Canevaro).
4.     Es un hecho inobjetable que la transferencia de la propiedad del Ferrocarril de Eten a ciudadanos neutrales se produjo, como es también muy claro que los chilenos necesitaron imponer sanciones y confiscar el patrimonio del ferrocarril y muelle de Eten por su importancia vital para el traslado de personas, objetos, productos y pertrechos, así como para la comunicación con otros puntos del país.

Desembarco de pasajeros en el Muelle de Eten (1920)



Referencias Bibliográficas

1.     Barros Arana D. (2000) “Historia General de Chile” (Vol. 9). Santiago: Chile. Ed. Universitaria.
2.     Markham R. (1982) “La Guerra entre Perú y Chile”. Lima: Perú. Ed. Universo
3.     Mendoza Samillán E. (2012) "Lambayeque durante la Guerra con Chile" (Artículo). Diario “La Industria”. Chiclayo: Perú.
4.     Mendoza Samillán E. (2012) "Lambayeque en el siglo XIX". Chiclayo: Perú.

5.     Rodríguez Sepúlveda J. (1967) “Patricio Lynch, vicealmirante y general en jefe: síntesis de la Guerra del Pacífico”. Santiago: Chile. Ed. Universitaria.

miércoles, 4 de enero de 2017

La Caleta de Santa Rosa y su Crónica Sencilla

Caballitos de Totora en Santa Rosa, 1908.
Fotografía de Enrique Bruning

Así se denomina el cuarto capítulo de la obra “Aspectos Criollos” publicada en 1937 por José Mejía Baca y que, a mi juicio, merece mayor atención y estudio por sus aportes a la Historia Regional. Mejía Baca, en sus propias palabras, quiso legar una “sencilla contribución al folklore nacional…” sin embargo, su aporte se relaciona a la corriente historiográfica denominada historia de la vida cotidiana que documenta hechos concretos de la vida de las personas sencillas y de a pie en un periodo determinado mostrándonos como era la sencillez de su día a día en los aspectos económicos, sociales, religiosos, políticos… en todos o en algunos de ellos. En este caso particular, Mejía Baca remarca su deseo de observar en el habitante santarroseño “la emoción vital del cholo; del cholo como exponente de tipismo; del cholo que antes que pescador es cholo, es decir, personificación del alma criolla”. A continuación una breve reseña:
Sobre las características generales de la caleta en la tercera década del siglo XX, Mejía Baca aporta: “(después de) un pesado camino de arena que parece interminable… (Se ve) como escondidas detrás de una loma, tres o cuatro manzanas de casas. De caña y totora unas; de madera pintada de colores chillones, otras… angostas callejas de arena (que llevan) a una bajada que conduce a la playa. Todas las playas son hermosas. La de Santa Rosa es típica”. El pueblo se instaló en la parte sur bajo la loma en la que se ubica la antigua iglesia del distrito. Hoy el distrito se ha dividido, por tradición, en dos sectores. Al sector norte se le denomina “de morropanos” pues en dicho espacio se instaló desde 1945 gente forastera proveniente de tal lugar.
"Bote" varando en playa de Santa Rosa (S.a/S.f)

Mejía Baca dicta sentencias muy estimables sobre el cholo santarroseño: “… es de una capacidad emocional en mucho superior al de Eten y Monsefú…El cholo pescador siente la emoción de las empresas arriesgadas. En pequeños botes, en "caballitos de totora" y entre inmensidades de agua, vive tanto los peligros de las bravezas, cuanto la bonanza de las mansedumbres. Esta lucha diaria, ha contribuido a darle, una mayor fortaleza física, un sólido temple… El cholo campesino no ama la tierra con la intensidad que el santarroseño ama el mar…”
Con respecto a la pesca, principal actividad económica de la caleta (hoy distrito) indica: “Hacia el lado de Eten (al sur), alineados, los botes esperan ser lanzados al mar… (A las cinco de la tarde) un pescador examina las amarras de un bote y en rápida ojeada, efectúa la inspección… saldrán a la una o dos de la mañana para aprovechar la marea…En la despedida ni lloros ni abrazos… Van con la seguridad del que ya es vencedor”.  
Algunas costumbres del antiguo poblador santarroseño son resaltadas por Mejía baca: “…la botija de chicha está sustituida por la chicha embotellada. La guitarra y el arpa han conservado toda su prestancia y dignidad. El piajeno no ha perdido su condición de imprescindible. La "carne salada" y el pellejito de chancho han sido relegados a segundo término, ante la primacía del toyo, el robalo, la cachema, la chita, etc., que constituyen los elementos primordiales del piqueo santarroseño. (Destaca el) chilcano… Levanta muertos es el calificativo mayor que habla de la bondad del alimento”.
Nos cuenta la manera en la que se inició el proyecto de construcción del parque en la caleta: “Tropezamos con una simpática y modesta maestra de escuela. Conversamos un momento y luego nos pregunta: - Han venido a divertirse, ¿verdad?… La simpática maestra nos habla del proyecto de un parque para Santa Rosa y con tal objeto nos coloca en la solapa un pequeño y ovalado cartón, en cuyo centro se lee: Obolo pro parque de Santa Rosa. Le entregamos algunas monedas… hoy el parque es una realidad”. Refiere también su experiencia con el “Limari”, embarcación chilena encallada frente a las costas de la caleta en 1919: “…a cien metros de la playa un trozo de casco del Limari desde hace cerca de un cuarto de siglo vive una agonía que parece ser eterna.
Portada de la Obra de José Mejía Baca publicada en 1937
y reeditada en 1988 por la Biblioteca Nacional.


Pienso que el buen cholo llega lejos, llega alto, no se deja vencer fácilmente. Ser cholo es un verdadero estilo de vida y confieso con orgullo que mi condición de cholo me hace sentir singular. Antes de retirarse a Pimentel, Mejía Baca, declara sobre los cholos santarroseño: “Ellos sí son verdaderamente libres. Ellos en sus caballitos y en sus botes, los verdaderos triunfadores”. Suscribo, también, estas palabras con las cuales rindo homenaje al cholo de nuestra tierra.

Información Histórica de la antigua Caleta de Santa Rosa

Enrique Bruning en casa del compositor Carlos Ramírez Montalvo, autor de
"La Veguera" en  la Caleta de Santa Rosa en 1905

El actual distrito de “Santa Rosa” fue creado, oficialmente, mediante ley 174 del 2 de agosto de 1920. Sin embargo, su historia, data de muchos años antes. El actual pueblo de “Santa Rosa” surge en la primera mitad del siglo XIX; sin embargo, la “Carta Topográfica de la provincia de Saña” diseñada a fines del siglo XVIII, registra que las caletas o puertos del Partido de Saña, de norte a sur, fueron: Caleta de Lambayeque, Puerto Nuevo, Puerto de Santa Rosa, Puerto Chérrepe, Puerto de Pacasmayo y Puerto de Malabrigo. Aunque el nombre es similar, ese antiguo puerto de “Santa Rosa” no corresponde al actual distrito. La tradición oral indica que sus primeros pobladores fueron oriundos de Huanchaco (Trujillo).
Durante el siglo XIX fue un anexo del distrito de Monsefú y una de las dos Caletas de la provincia de Chiclayo (la otra era Chérrepe). “Santa Rosa”, en la ubicación actual, ya existía en 1835.
La leyenda original indica: "Fiesta de Santa Rosa, danza de los gigantes,
30 de agosto de 1908"
Don Antonio Raymondi, en “El Perú” (1956), indica que en la década de 1870 se autorizó el reparto de terrenos en la caleta de Santa Rosa. Mendoza afirma: “… gente, en su mayoría, de Huanchaco, Monsefú y de Eten vinieron a poblar este puerto”.
Mendoza (2008) refiere el informe de José M. Arbulú, subprefecto de Chiclayo en 1874, quien describe a “Santa Rosa” como “… puerto de pescadores y balneario de esta provincia, el pueblo constaba de seis cuadras de largo por cuatro de ancho, conteniendo 175 ranchos que albergaba a trescientos habitantes. Existía una escuela de instrucción primaria en la que se impartía la educación a los niños. Una capilla en regular condición, en la que se administraba los sacramentos” (Mendoza, 2008). Dicha escuela es la denominada, actualmente, Institución Educativa N° 10017.
Danza de "La vaca loca" delante de la procesión de Santa Rosa
30 de agosto de 1908

En la segunda mitad del siglo XIX los diversos movimientos caudillistas que tuvieron eco en el norte del Perú, fueron sin duda percibidos en la antigua “Santa Rosa” cada vez que, para nutrir los ejércitos rebeldes o gobiernistas se hacían “levas de hombres de mar” en los diversos puertos y caletas de toda la región. En 1879, al estallar la Guerra del Pacífico, las autoridades, en el deseo de preparar a los ciudadanos para la defensa de la patria, dividieron el departamento de Lambayeque en 9 zonas. “Santa Rosa” fue ubicada en la zona 6, a cargo del sargento mayor Don Germán Cáceres.
En “Aspectos Criollos”, José Mejía Baca, refiere haber llegado caminando en la década de 1930, desde Pimentel; describe la Iglesia en su ubicación actual, las faenas de pesca, su admiración por la destreza de los hombres de mar, las labores de las mujeres, las rústicas casuchas y a una maestra pidiendo colaboración económica para la construcción de un parque. Por este mismo tiempo, el distrito, fue considerado en la inspección de la campaña sanitaria debido a la epidemia de peste que se prolongó en toda el antiguo Departamento de Lambayeque hasta la década de 1940.
Barco chileno "Limari" encallado frente a la Caleta de Santa Rosa
en 1919
Otros datos “sueltos”: “Santa Rosa” fue cuna del héroe Eliberto Casas, quien participó en la Guerra del Pacífico. Frente a las costas se encuentran los restos de la embarcación chilena “Limarí” hundida en la década de 1960. Hasta la década de 1980 solo había tres colegios: 10017, 10018 y “José Olaya B.” (Secundario) hoy se cuentan casi veinte de los diversos niveles. A poca distancia, al suoeste del distrito se encuentran las minas de sal usada para salar caballa y jurel. Hace mucho no se ve la abundancia de peces y son pocas las lanchas (ellos las llaman “botes”) que varan en la caleta. Dos personajes tradicionales del pueblo, ya fallecidos, fueron “la chagua y papelito”. Los conocí, fueron personas nobles y buenas pero por su compartamiento y fisonomía “merecieron” pocas burlas y mucho cariño de la gente.
Santa Rosa es el distrito que cuenta con la mayor cantidad de comunidades evangélicas de toda la Región. En la década de 1990 circuló en el distrito el “Semanario Expresión”, dirigido por el Prof. Luis Alberto Ramón Vidaurre, medio en el cual colaboré. El distrito cuenta, actualmente con casi 20 mil habitantes, la mayoría son mujeres.
Pescadores de Santa Rosa en 1980. Fotografía de
Efraín Huamanchumo Effio.

El primer asentamiento humano, surgido en 1990, a partir de una invasión de terrenos aledaños al antiguo cementerio, fue la zona de “Los Balsares”. Una anécdota: hasta 1988, llegaban al distrito dos unidades de ENATRU PERU, las paisanas al verlas decían: “ya viene el TRU”. En la zona norte del distrito se asentaron pobladores de Mórrope que llegaron a laborar como pescadores desde 1975. Personajes recordados: Erland Rodas Díaz, Feliciano Chanamé… familias reconocidas: Sipión, Huamanchumo, Custodio, Bernal, Effio, Núntón, Uchofen, Llontop, entre otras.

miércoles, 21 de septiembre de 2016

Elvira García y la Defensa de los Derechos de la Mujer a Inicios del Siglo XX

Portada de la Obra "La Mujer Peruana a través de los Siglos: Serie historiada
de estudios y observaciones" (1924) de la educadora
 chiclayana Elvira García y García.
Es conocido que la célebre dama chiclayana Elvira García y García Berth fue “una destacada educadora y escritora, fundadora de los jardines para la infancia en 1902 y de la Academia de Enseñanza Superior de Mujeres en 1920”.  A la ya conocida información anterior, el presente artículo integra su profunda vocación de lucha por el reconocimiento de los derechos de la mujer en un tiempo en que la intelectualidad dio mayor importancia a este tema, hecho evidenciado en la frecuencia creciente de los ensayos sociológicos sobre esta problemática. Desde la segunda década del pasado siglo empieza a perfilarse una nueva imagen de la mujer con respecto a sus capacidades laborales, condiciones para la educación y salubridad, esto último a partir de los principios del higienismo de mediados del siglo XIX.
Según Gladys Díaz, expresidenta de la Cámara Peruana del Libro “La sociedad peruana de los siglos pasados se caracteriza por una mentalidad y conducta social machista y patriarcal…La historia nos ha mostrado que no han sido valoradas ni escuchadas, sino silenciadas y no reconocidas como líderes de opinión” (Díaz, 2009).
En 1924 se celebró en Lima la Conferencia Panamericana de Mujeres. La maestra Chiclayana Elvira García y García Berth aprovechó la ocasión para presentar el libro “La mujer peruana a través de los siglos: serie historiada de estudios y observaciones”. La obra narra una serie de historias de mujeres, desde el Tahuantinsuyo hasta inicios del siglo XX, mostrando en cada una el espíritu de sacrificio, deseo de superación, resistencia y lucha contra corriente de la mujer. La visión tradicional sobre la mujer percibida por García y García, según la escritora española Inmaculada Lergo, era la de compañera y amiga de su hermano o de su esposo; la de una persona socialmente frívola “a la sombra” sin reconocimiento social… una persona a la que se conoce poco y se juzga equivocadamente. Según García y García “Se le niegan sus derechos civiles y políticos, temiendo que, en el ejercicio de ellos, descienda de ser la eterna niña. Se limita su cultura intelectual, cortándole las alas muy temprano. Se sostiene que, con la ciencia rudimentaria que bebe en aquellos centros culturales, que la moda y las costumbres imponen, tiene suficiente, pensando que, es peligroso dejarla marchar muy allá”.
Documento de Mercedes Gallagher, Presidenta del Tercer Congreso
Científico Panamericano, dirigido a Esther Festini de Ramos, Presidenta del
Comité Internacional de Universitarias Graduadas; comunicando
la aprobación a la publicación de la obra de Elvira García y García.

El escritor e historiador peruano Emilio Gutiérrez de Quintanilla, fundador de la Academia Peruana de la Lengua, fue quien prologó la obra con ideas conservadoras acorde a la corriente de inicios del siglo XX, así enuncia a la mujer como una persona poco agresiva que se gloría en el sacrificio del deber cumplido; reservada; reservada y alejada del feministo (feminismo) que, según Gutiérrez “propende dejar en vacancia, la función fisiológica, conservadora de la especie, para invadir órbitas absolutas y permanentemente masculinas […]”. El prologuista emite una sentencia: “Ni a la mujer, ni al hombre, le es lícito, dejar de ser los tipos armónicos, que hizo la naturaleza y definirlos en la bella frase de Napoleón Bonaparte: La mujer es poesía: el hombre es prosa. Nina Scott, investigadora de la Universidad de Massachussets, refiere que la obra de García y García “es un compendio fascinante de información biográfica sobre mujeres peruanas desde tiempos precolombinos hasta la época de la escritora” (Scott, 1992).
Según Gloria Bautista Gutiérrez, en sus “Voces femeninas de Hispanoamérica” (1996) “En el siglo XX la mujer ya no era vista como un mero adorno. Tenía su propia voz frente a la crítica que había empezado a valorar su calidad ideológica”.

La segunda década del siglo XX es la de la participación decidida de mujeres es pos de conseguir mejores derechos. Dicha lucha dista del feminismo y de la actual ideología de género en gran medida. Flora Tristán argumentó “Reclamo derechos para la mujer para que se tome en consideración su educación y porque de la educación de la mujer depende la del hombre en general… “Más adelante, estas palabras suyas sería de gran inspiración para Elvira García y García  “Yo escribo para que ustedes sepan, para que comprendan, grito para que me oigan, voy, adelante para mostrarles el camino”. A la fecha, esta lucha no ha terminado.

lunes, 5 de septiembre de 2016

Versiones sobre la "santidad" de la niña Isabel Miranda de Monsefú. 1917

Fotografía de la niña Isabel Miranda ("santa" Isabel) de Monsefú.
Año 1917, en su lecho de muerte. Fotografía del
Historiador Miguel Díaz Torres.

La religiosidad popular en Lambayeque ha tenido y tiene manifestaciones dignas de ser resaltadas, y estudiadas. En pleno siglo XX, en 1973, según reportó el Diario La Industria en sucesivas ediciones del mes de agosto, una niña afirmó haber visto a la Santísima Virgen María en el Distrito de Olmos (Tineo, 2016); el mismo diario y otras fuentes periodísticas hicieron mención a la supuesta aparición de la Virgen en los vidrios de un domicilio en el sector “9 de octubre” de la ciudad. Esto, por mencionar algunos casos en los que el imaginario popular recrea situaciones supuestamente espirituales. Una de ellas, tal vez, la que más ha llamado la atención en el pasado siglo ocurrió en 1917 en el Distrito de Monsefú teniendo como personaje principal a la niña Isabel Miranda. Sobre tal hecho, Pedro Dávalos, historiador de inicios del siglo XX y estudioso de este caso, mencionó: “Casos como ése ocurren en la sierra y en la costa…” (Dávalos, 1919)

Según el maestro e historiador monsefuano David Ayasta, “(Para el pueblo de Monsefú) 1917, (es un) año en el que coinciden dos hechos de gran arraigo en la mentalidad monsefuana: La masacre de los integrantes de la banda del silencio y la explosión de fanatismo expresado hacia la Santa Isabel de Monsefú. La tradición oral refiere una combinación de pobreza en los hogares y robos nocturnos por la época. Se dice que la Santa Isabel, durante sus ataques de catalepsia (sic), pronosticó (frente a los feriantes que curiosos se acercaron a ella) la muerte de los facinerosos de la banda del silencio…” (Ayasta, 2010)

El párroco de Monsefú Manuel Ríos, según el historiador Miguel Díaz Torres, acerca de los supuestos prodigios de la llamada santa Isabel, dijo: “no habido milagros ni profecías, lo único que hizo fue engañar a la gente ignorante, asegurando que hablaba con los muertos y la gente la visitaba y le dejaba flores, plata y velas… al ver que la idolatraban, pedía le besen las manos y los pies y hacia le laven esas extremidades, y esa agua servía para curar decían, muchos la bebieron y aseveraron que era milagrosa… a pesar de muerta, muchos seguían haciendo negocio (como los fotógrafos) la gente afirmaba que en su sepulcro continuaba incorruptible y con los ojos abiertos, mucha gente ha llegado de la sierra y le pide milagros y deja dinero en resumen : para el párroco" la miranda fue una histérica, cataléptica y tísica" (Díaz, 2015)

La niña Isabel Miranda, fallece un 29 de diciembre de 1917 y, según Díaz Torres, los diarios de la época le dedicaron extensos comentarios. “Algunos resaltaron los 67 días que pasó sin comer ni beber. Otro diario dice que fue envenenada en algún momento y no hizo efecto el veneno, además de atribuirle milagros, visiones celestiales y prodigios místicos. Que la mano divina la había señalado” (Díaz, 2015) y refiere, además, la manifestación del Dr. Muro Pacheco, médico tratante en Monsefú, sobre el real estado de salud de la supuesta niña santa: “En uno de los primeros días de diciembre se me llamó a Monsefú, allí volví a encontrar a la Srta. Isabel en estado cataléptico, con respiración y circulación regulares, y una paraplejia con rigidez en miembros inferiores, dilatación de las pupilas, que creo fue debido a los parásitos intestinales que debían haber sido la causa de su catalepsia… de paso sea dicho que de histeria y catalepsia nadie se ha muerto, pero la familia de la Srta. Isabel descuidó su alimentación de la enferma que contribuyó a su inanición” (Díaz, 2015).

Este hecho, estudiado en la época, por el historiador Pedro Dávalos y Lissón en su obra “La Primera Centuria” refiere: “El fanatismo popular, rico siempre en fantasía, suele santificar a las personas que se distinguen por su virtud o por sus dolencias catalépticas. Últimamente ha llamado la atención el caso de Isabel Miranda, una niña enferma en Monsefú, a quien la población indígena atribuyó misión divina para convertir a los hombres… Las gentes ignorantes de las vecindades, sugestionadas por lo que se les contaba, se apresuraron a rodearla y a rendirla culto. Con habilidad e imaginación forjáronse historias de milagros y predicciones que pusieron en gran alboroto a Monsefú y a las comarcas vecinas. Como era de esperar, los médicos del departamento negáronse a practicar los reconocimientos solicitados por la autoridad política, temerosos de desvanecer la ilusión de las gentes fanáticas y de provocar la ira popular. El cura quedó todavía en peor situación. ¡Pobre de él que hubiera pronunciado la palabra catalepsia! …” (Dávalos, 1919).

La iglesia Católica por aquel tiempo no refirió versión alguna sobre el hecho y se apoyó en la versión del Párroco Ríos.



lunes, 4 de julio de 2016

Breve Historia de la Capilla "Nuestra Señora de Lourdes" de la Urbanización Patazca de Chiclayo

De izquierda a derecha: Sra. María Sahuma, Padre Juan Mechán,
Sra. Leonor Doig, Monseñor Jesús Moliné, Sra. Victoria Zamora,
Sra. Julia Morales y Padre José Antonio Jacinto Fiestas

En la década de 1970 las familias de la Urbanización Chiclayo (Patazca) anhelaban la construcción de una capilla en la zona. Jurisdiccionalmente pertenecían a la Parroquia “San Juan María Vianey” a cargo del venerable sacerdote canadiense Juan Tomis Stack. Para saciar aquel hambre de Dios, el Padre Tomis decidió celebrar misas los días domingos a las 11.00 am en el Parque “Leoncio Prado” de dicha urbanización, la celebración se realizaba bajo un frondoso árbol, las familias acudían cada una con su propio mobiliario. La Sra. Bertha Ambulódegui de López Torres, recuerda “El Padre Tomys pasaba con sus acólitos y coro en su camioneta por toda la urbanización tocando su campana anunciando su llegada a las 10.30 am. Y la misa empezaba a las 11.00 am. El Sr. Rázuri ponía parlantes en el balcón de su casa tocando cánticos de misa”. La Sra. María Enriqueta Terán Vda. De Guerrero, afirma “El altar era una mesa prestada por la Sra. Violeta Hurtado… nos repartían boletines de la parroquia y ensayábamos las canciones con los jóvenes (del coro). Para navidad se instalaba en el lugar un pesebre. No teníamos misa para Semana Santa, íbamos a la parroquia”.
Se instaló un Comité Pro Construcción conformado por los Sres. Tirso Aldana, Carlos Rázuri, Jorge Prieto y Luis Jabiles; además de las  Sras. María Enriqueta de Guerrero, Teresa Pastor, Victoria Zamora, Julia Morales, Rosa Castro, Bertha de Obando, Victoria Hurtado, Ruby de Peralta, Bertha López Torres y las Hnas. Pilar, Teresa y Elena Pizarro; Se solicitó, entonces, a la Municipalidad de Chiclayo la donación de un terreno para la construcción de un salón parroquial. Durante la gestión edilicia de Don Flavio Núñez Izaga se cedió en uso un terreno de 400 metros cuadrados en la II etapa de dicha urbanización, de un total de 500 metros cuadrados considerados por el Sr. Rinaldi, ejecutor de la obra de urbanización, para parque y/o colegio. Las obras de construcción de la capilla (antes salón parroquial) se iniciaron a inicios de la década de 1980.
Señala la Sra. María Enriqueta vda. de Guerrero “el arquitecto Chullén hizo planos de la capilla ocupando toda el área, estos fueron descartados y luego hizo los de un solo salón, que fue lo que se construyó. El Ing. Ibañez, vecino de la zona, dirigió la construcción con un maestro de obras…”. Las familias del sector se identificaron con la donación de dinero y materiales de construcción. Al respecto la Sra. Bertha Ambulódegui, recuerda “no se recibió apoyo económico de la Diócesis. Probablemente si ayuda económica del extranjero pues el padre Tomis tenía benefactores que lo apoyaron en la construcción de las capillas de los sectores Quiñones, Túpac Amaru, etc.”
Por iniciativa del Sr. Tirso Aldana se adquieren las primeras bancas para el salón parroquial. La adquisición fue gracias a las familias del sector que donaron 1 banca por familia, más en algunos casos. La inauguración y consagración de la Capilla de “Nuestra Señora de Lourdes” se realizó el 08 de diciembre de 1985 y estuvo a cargo del Obispo de Chiclayo Monseñor Ignacio María de Orbegozo y Goicoechea. La imagen de "Nuestra Señora de Lourdes" fue adquirida por el Padre Tomis en 1982.
El año 2000 se crea la Parroquia de “Nuestra Señora de Guadalupe” y se integra en ella a la Capilla “Nuestra Señora de Lourdes” de la Urbanización Patazca. Su párroco, Presbítero José Antonio Jacinto Fiestas autorizó la continuación y ampliación de la construcción de la capilla. En tal circunstancia, la Sra. Leonor Doig junto a las Sras. Victoria Zamora y Julia Morales, convocan y gestionan junto a los vecinos de la zona los recursos necesarios para tal fin a través de colectas y diversas actividades encabezadas por ellas y que les han merecido el aprecio y respeto de los vecinos de dicho sector.
Hoy, la Capilla ofrece diariamente servicios litúrgicos. Cuenta con un aforo para 250 personas cómodamente sentadas. Tiene un salón multiusos con dos baños y cocina para servicios sociales y mortuorios y un extenso patio.

Entre muchos otros sacerdotes, desarrollaron su ministerio en dicha capilla los presbíteros Juan Tomis, Francisco Poloshnys, Sefred Bietighofer, Isaac de Vega, Eutiquiano Saldón, Angel Arrebola, Elky Segura, José Antonio Jacinto, Juan Mechán, Carlos Mundaca, Juan Mechán. Actualmente colaboran con la gestión de la capilla las señoras María Sahuma Guerrero y Mónica Reyes Guerrero, lideradas por la señora Leonor Doig. Es párroco el sacerdote José Antonio Jacinto Fiestas.

miércoles, 25 de mayo de 2016

Ciudadanos extranjeros (europeos, americanos y asiáticos) en Lambayeque de 1850 a 1930

Italianos parten rumbo a Perú

El Padrón de Extranjería (1850 – 1931) ubicado en el Archivo Regional de Lambayeque, muestra en dicho periodo registro del ingreso a nuestra región de 241 chinos, 175 japoneses, 23 españoles, 36 alemanes, 36 italianos, 30 norteamericanos, 21 franceses, 15 yugoslavos, 11 ingleses, 04 colombianos, 04 venezolanos, 11 ecuatorianos, 16 rumanos, 07 suizos, 03 escoceses, 02 húngaros, 03 chilenos, 02 austríacos, 01 holandés, 01 polaco, 02 griegos, 01 otomano (turco), 01 checoslovaco, 02 rusos, 01 argentino, 03 brasileños, 11 árabes (sirios), 02 palestinos, 02 israelitas y 02 de origen poco claro (aparece Furcor como lugar de origen). En total se registraron 669 extranjeros de los cuales solo 15 indicaron estar de tránsito por la región y el resto en calidad de residentes en el antiguo Departamento de Lambayeque.
El registro más antiguo es del año 1850 y corresponde al Sr. Federico L. Zetner de nacionalidad alemana, procedente de Darmstad, con 72 años de edad y residencia en Ferreñafe; mientras el registro más tardío, de 1931, corresponde al español Darío Riambro Porras de 34 años de edad, procedente de ecuador y de tránsito por nuestra región.
Judíos arribando al Puerto del Callao

Se puede observar la gran cantidad de ciudadanos extranjeros de diversas nacionalidades con apellidos judíos. También es posible notar que en reiteradas ocasiones, al parecer, el (los) registrador (es) escribió el apellido de acuerdo al sonido del mismo y no necesariamente coincide con la escritura correcta. Además, con respecto a los inmigrantes chinos se puede apreciar que algunos de ellos se registraron con los apellidos de quienes los contrataron para venir a nuestro país.
A continuación los apellidos de los ciudadanos extranjeros que ingresaron durante ese tiempo:
Españoles: Graner, Domingo y Gavaldá, Amengual, Miñana, Barlero, Pascual, Mateo, Larrusain, Ruiz, García, Garuomiola, Dalman, Calles, Parateha, René, Menéndez, Rua, Canteli, Novas, Martin, Sarricolus, Fernández, Riveros, Frontecille, Arana, Ballester, Riambro, Porras.
Alemanes: Bruning, Reimers, Feiler, Stechman, Zoeger, Bolzmann, Gerbitz, John, Sihrrastwann (sic), Zetner, Keinle, Du Bois, Feiler, Schiller, Kerkholl, Gotthelf, Fonn, Glass, Kuthn, Stumsberg, Gorbitz, Siebentritt, Kauffmann, Ressler, Sthepan, Wedd, Friedlauder, Liebert, Werner, Stemberg, Korner, Behr, Wolff, Kahler, Reinvers.
Árabes: Chereque, Abraham, Otto, Coopi.
Italianos: Campodónico, Maltese, Casaretto, Casinelli, Scarpati, Minetti, Batta, Brusso, Cilumbriello, Deville, Reynaud, Saresti, Valle, Bartolomeo, Buscoglia, Lossio, Aita, Bloise, Bianechi, Piccini, Fidanza, Lampo, Magliochetti, Catalani, Agostino, Chiarot, Favelly, Chirichigno, Canchido.
Sirios: Yunis, Cooper, Manmud, Saint, Terzolo.
Norteamericanos: Stephano, Nieva, Halwreth, Borbe, Pork, Holland, Blaesing, Mc Frue, Saldivar, Mc Henry, Chetter, Winaus, Winane, Westerlir, Myers, Lagerquist, Moore, Food, Harrigan, Losky, Hicklund, Browning, Casson, Schmetzen (Schmetgen), Keliu, Levy.
Franceses: Melillot, Mourit, Boyer, Duran, Dastugue, Paillos, Poirier, Saint Pastou, Brassie, Benson, Raymond, Graso, Richard, Morin.
Brasileños: Schavartz, Bastian (Bastican).
Yugoslavos: Cuglievan, Kuljevan, Lujac, Pecor, Wahtersdorfer (Waterdorfer), Basica, Peckar, Nekolin, Gjinanovic, Gjik, Miskulin, Percovich.
Ingleses: Fleming, Hunter, Esson, Miller, Levi, Milner, Marsh, Cambell.
Colombianos: Gómez, Forget, Yvezo, Churón.
Venezolanos: Mora, Guillén, Romero, Acosta.
Ecuatorianos: Zavala, Zevallos, Maestre, Peña, Cox, Cano, Armin, Miranda, Fernández.
Austríacos: Barbush, Patzelh.
Israelitas: Pollastro, Levy.
Argentino: Arzemo.
Rusos: Bruno, Yeffimos.
Rumanos: Eidelman, Ythoc, Eidelman, Brustein, Garenstein, Burnstein, Mechel, Ghelfgorti, Mekel, Fepu.
Suizos: Druyfun, Maibach, Rocoh, Baumann, Gygli, Borsinger, Battislga, Zusman, Borsinger. Holandeses: Weinat.
Polacos: Madejerrsky.
Griegos: Aragorico, Maimón.
Otomano: Aragonés.
Escocés: Nicokron, Schopield, Campbell.
Húngaros: Jovanovic.
Checoslovacos: Roller.
Chilenos: Letelier, López, Silva.
Palestinos: Schmerler.
Furcor: Bahar, Nrolhay.
Residentes Chinos

Con respecto a los inmigrantes chinos se puede apreciar que algunos de ellos se registraron con los apellidos de quienes los contrataron para venir a nuestro país a trabajar en las plantaciones de la costa; otros (pocos) se registraban de acuerdo al significado de su apellido en español. La vida de los ´culíes´ o ´coolies´ chinos fue muy sufrida en nuestro país. Según Spenser St. John, Cónsul británico en Lima en 1878, “…con mucha frecuencia los chinos eran cogidos con trampa en su propio país…se les amontonaba en barcos, en los que el aire viciado y la mala alimentación daba cuenta de ellos en gran porcentaje. En muchísimos barcos moría más de la mitad. Los contratos eran por ocho años a 4 dólares mensuales… (Los propietarios) a dichos hombres los consideraban como su propiedad y a menudo los trataban como esclavos, teniendo poder para azotarlos, encadenarlos y castigar de diversos modos a estas infortunadas criaturas…”. A pesar de esto, la Colonia China en nuestra región ha sabido sobreponerse a lo largo de la historia fruto del esfuerzo y perseverancia de sus miembros siendo innegables e innumerables los aportes de su inteligencia y cultura a nuestra región y país.
Chinos: Puseng, King, Fan, Lo, Kuong, Loo, Li, Lama, Pan, Dejo, Cruz, Mau, Lau, Hun, Chung, Losan, Kuan, Suchan, Chia, Fon, Kan, Fong, Zam, Kong, Chu, Alon, Polo, Kcamt, Azan, Chen, Chiu, Wong, Ching, Chong, Kon, Hnang, Acón, Kien, Sánchez, Hoja, Aja, San, Jon, Lodan, Asión, Wuenlloc, Choji, Tonfi, Kay, Alfón, Loy, Hin, Aguay, López, Lung, Kuam, Wú, Achí, Wuang León, Ling, Cahu, Men, Foro, Pue, Cuadra, Sen, Llen, Ahing, Yin, Fac, Leng, Yui, Seng, Fung, Shi, Loyi, Campos, Su, Ahon, Wosan, Pankan, Llan, Uno, Yong, Lia, Fú, Salina, Castillo, San, López, Wu, Wan, Pen, Kam, Kung, Wia, Lao, Liau, Loun, Kumai, Joo, Chuyon, Yan, Con, Wo, Chau.
Trabajadores Japoneses

Según refiere la Asociación Peruano Japonesa “la inmigración japonesa se inició en 1899 y los primeros grupos de japoneses que llegaron a nuestro país lo hicieron para trabajar en las haciendas de la costa peruana. Pero con el paso del tiempo, se trasladaron también a otras provincias del interior y empezaron a dedicarse al comercio, poniendo negocios como peluquerías, fondas, ferreterías, entre otros”. 

Los primeros japoneses en Lambayeque arribaron en 1899 a las haciendas de Cayaltí y Pomalca, contratados por sus propietarios los señores Antero Aspíllaga Barrera y los hermanos Segundo y Vicente Gutiérrez La Torre, respectivamente. La fuente indica que a Cayaltí llegaron 63 personas (50 provenientes de Hiroshima) y a Pomalca 100 (13 de Niigata, 50 de Yamaguchi y 37 de una zona no mencionada en el registro).
Japoneses: Chaschi, kimura, Yoshida, Toyomura, Sugihara, Otani, Ykchara (sic), Seo, Matguoka, Hashimoto, Kanamura, Matsuoka, Sato, Uchiyama, Macegawa, Ytaleashi, Meguro, Kitoshima, Sakamoto, Kusaka, Domen, Nagasawa, Hamasaki, Nakasukasa, Yanagui, Abe, Nakamura, Yahiro, Yeno, Tochiki, Ygari, Endo, Kamo, Matsuyama, Hagui, Watanabe, Huechiy, Kikuchi, Yoshimoto, Hashimoto, Matsui, Yamamoto, Tokomura, Kanna, Tagami, Furukama, Otaki, Sakakuchi, Tomari, Ono, Shimose, Kawahara, Weraki, Nakano, Surva, Yasuta, Kanohi, Kitayama, Kondo, Kikkawa, Okochi, Ychikawa, Murumachi, Nakayami, Takahashi, Uezaki, Sahai, Araki, Chama, Hayashida, Ueda, Yasumura, Kageyama, Sakuma, Minami, Miura, Ygare, Miyamoto,  Yoshimura, Ogata, Takayama, Ogukana, Yomada, Mayeda, Nakasaki, Yoshitaki, Tsukamoto, Norishigue, Kawamata, Kauno, Kamazhu, Ysoda, Kiyano, Yoshioka, Matsuzawa, Ywabuchi, Yoshija, Miyamura, Shimotakehara, Ageihi, Susuki, Kame, Wakamatsu, Otsu, Nitta, Nikishaka, Tateshita, Hiroshima, Morimoto, Suda, Seino, Kogeyama, Kitazima, Yamada, Mizokami,  Ogawa, Gamauchi, Sumota, Higoi, Kanohara, Yamaguchi, Gushikono, Nagano, Higa.