viernes, 15 de enero de 2016

Ferrocarriles de Lambayeque siglos XIX y XX en Informes de Cónsules Británicos

Antiguos ferrocarriles de Cayaltí y Eten

La obra compilatoria “Informes de los Cónsules Británicos” (1975) del historiador Heraclio Bonilla, nos presenta “algunos de los más importantes (informes) enviados por los Cónsules y Vice Cónsules británicos establecidos en el Perú entre 1826 y 1919 al Foreign Office de Londres” (Bonilla, 1975). Al interior de sus cuatro volúmenes existe valiosa información sobre Lambayeque. En esta oportunidad, alcanzo la relacionada con los ferrocarriles y su uso en nuestra región.
Antiguo Ferrocarril de Eten

En el “Informe sobre el movimiento comercial del Callao, 1872”, el británico H. Hutchinson, indica “32 millas hacia el norte por la costa, desde Pacasmayo llegamos a Eten. De Eten a Pimentel hay de ocho a diez millas y desde Pimentel a San José aproximadamente la misma distancia. Entre las ciudades de Lambayeque, Chiclayo, San José, Ferreñafe y las aldeas de Monsefú, encontramos dos líneas de ferrocarriles, una en pleno uso y la otra en construcción. Ambas se comunican con Eten, pero tan solo una con Pimentel” refiere, además, que la línea de Eten era dirigida por el señor John Daly (ex jefe de la Empresa de Gas de Lima) propietario en Eten del muelle de aproximadamente 2 mil pies de largo. Señala que la recaudación de la aduana de Eten fue, ese año, de 24 790 soles con 56 centavos o 4 648 libras con 4 chelines y 7 peniques.
Otras líneas se encontraban en expansión; Hutchinson afirma: “Asimismo se está extendiendo un ramal desde Chiclayo hacia la hacienda de Tumán, perteneciente al Presidente Pardo y hasta Pátapo, propiedad del señor Solf, encontrándose esta última a 18 millas de Chiclayo”. Además, sobre su importancia para el comercio, refiere “los principales productos de exportación de estos distritos son arroz, algodón, tabaco, café, semilla de orchata, cascarilla, cueros, sombreros de paja y pieles de cabras”. Concluye su informe con dos documentos: el primero “Ferrocarriles que se proyecta comenzar pronto” menciona el proyecto de una línea entre Trujillo y Eten que tendría 148 millas de extensión, y que sería realizado por una empresa privada; y otra línea entre Huacho y Lambayeque que tendría 560 millas de extensión con inversión privada. El segundo documento titulado “Empresas privadas – líneas férreas construidas en un 50%” menciona la línea de Eten a Ferreñafe con una extensión de 28 millas.
Antiguo Ferrocarril de Pimentel

En 1878, el Dr. George G. Wilson, Cónsul Interino, informa sobre el intercambio comercial marítimo realizado por súbditos británicos dentro del distrito consular del Callao, e indica “Las embarcaciones a vapor que parten todos los martes, miércoles y viernes del Callao efectúan escalas en Puerto Eten (trasladando) productos (como) tabaco, arroz, ron, ganado”. Luego, el mismo año, Sir Spenser St. John en su “Informe general sobre el Perú” menciona la lista de las vías férreas concluidas y comenzadas y, entre las compañías privadas, menciona la de Eten con 50 millas en pleno trabajo y la de Pimentel con 45 millas de extensión en la misma situación. El mismo St. John, agrega un “Cuadro que muestra el estado del mercado monetario peruano” y al referir a la compañía del ferrocarril de Eten indica “Valor de emisión: 100 libras. Compadro a: 65 libras. Capital: 150 000 libras.”
Alfred St. John en su “Informe sobre la situación General del Perú en el año 1905” menciona que en 1904 se puso en servicio la línea de Eten a Cayaltí con una extensión de 23 millas; y Lucien J. Jerome En su informe “El movimiento mercantil, comercial y Financiero del Perú en 1908 y 1909” afirma que para 1909 se encontraban en operación los ferrocarriles de Eten a Ferreñafe (43 Km de extensión) de Chiclayo a Pátapo (con 24.1 Km de extensión) de Pimentel a Chiclayo (con 24.14 Km de extensión) y de Eten a Cayaltí (con 36.37 Km de extensión).
Más adelante, el 19 de febrero de 1913 se constituyó la “Compañía del ferrocarril y Muelle de Pimentel” a la que fueron transferidos los derechos que correspondían a la “Sociedad Agrícola Pomalca”. La construcción del Muelle y el Ferrocarril se inician en 1914 y recién en 1920 la línea férrea llega hasta la hacienda Pomalca y estuvieron a cargo del ingeniero alemán Bernardo pellny.

El ferrocarril de Eten a Cayaltí dejó de funcionar en 1970, el de Eten a Chiclayo en 1965, el de Pimentel a Chiclayo en 1975 y el de Pimentel a Pomalca en 1983.

miércoles, 13 de enero de 2016

Historia de un Meganiño: El Fenómeno “El Niño” de 1877

La sabiduría popular de los lambayecanos del área rural durante el siglo XVIII refirió el fenómeno “El Niño” con la siguiente idea “enero poco, febrero loco, marzo poco a poco, abril aguas mil dentro de un barril” señalan, entonces el proceso ordinario del Fenómeno “El Niño”. Para ellos, como para nosotros, el proceso de esta ocurrencia atmosférica es: durante el mes de enero se producen lloviznas o lluvias ligeras, en febrero se inician las lluvias torrenciales, en marzo las lluvias comienzan a menguar y, en abril tenemos agua “más que suficiente”. Sin embargo, ha ocurrido en los últimos cinco siglos once Meganiños; tiempo en el cual la anterior fórmula tradicional queda muy corta. El presente artículo busca dar a conocer las características de un Meganiño, para lo cual me enfocaré en el ocurrido los años 1877 – 1878.
Según Arturo Rocha Felices “En el bienio 1877-1878 ocurrió uno de los más grandes Fenómenos El Niño de que se tiene noticia, el que constituyó una modificación severa, violenta y transitoria del clima dominante, que se produjo cuando las acciones humanas sobre el medio ambiente eran pequeñas, de modo que no se puede establecer una relación causal entre ellas y el fenómeno ocurrido…originó grandes daños en una parte importante del planeta y sus consecuencias económicas y sociales fueron enormes” (Rocha, 2014) luego compara y afirma que en la costa norperuana el Meganiño de 1982 tuvo un impacto similar al de 1877.
Sobre dicho evento, el inglés Sir Spencer St. John en su informe general sobre el Perú (1878) registra en sus observaciones in situ que “Un fenómeno curioso fue ampliamente notado. Después de la gran marea alta de 1877 se produjo un cambio en el tiempo y cayeron fuertes lluvias en lugares que no habían conocido tal fenómeno por más de 50 años y los cerros desnudos y los llanos arenosos de pronto se vieron cubiertos con flores y diminutos arbustos. La temperatura se elevó perceptiblemente y en 1877 hubo muy poco frío y nublado del que aquí se llama invierno” (Spencer, 1878)
El investigador chileno Patricio Aceituno, señala “El año 1877 fue un año que podría haber sido catalogado como el año del Apocalipsis, en todo el mundo. Cuando uno mira la evolución del clima a nivel global desde mediados del siglo XIX hasta ahora, lo que se ve es un salto en este año que muestra que nunca la temperatura había subido tanto en un solo año, una situación tremendamente anómala y que generó muchos cambios a nivel político y social en muchos países” (Aceituno, 2008)
Rocha Felices, sintetiza el impacto del fenómeno El Niño de 1877 en Lambayeque con los siguientes términos: “El departamento de Lambayeque fue, a la luz de la información disponible, uno de los lugares del norte peruano que sufrió más intensamente los efectos del Meganiño 1877-1878. El 29 de marzo de 1877 el río Chancay Lambayeque tuvo lo que llamaron la gran creciente que originó una fuerte inundación en varios lugares del departamento y que produjo graves daños a los caminos, puentes y vías férreas. Las acciones que se tomaron en febrero de 1878 para la defensa de la ciudad de Lambayeque fueron intensas; sin embargo, los daños fueron muy grandes. Los pobladores se retiraron a los médanos altos de la arena. Los daños no fueron solamente urbanos; en el campo, dicen los informes, no ha quedado una sola sementera en estado de utilidad. Todos los campos agrícolas quedaron cubiertos por las aguas, formándose un inmenso lago. Se ahogaron animales, se perdieron las cosechas y los sistemas de riego. Fue la ruina total de la agricultura… Se reportaron impactos severos en Motupe, Lambayeque, Chiclayo, Zaña, Trujillo y Chimbote”. Spencer refiere en sus observaciones una sobre la temperatura durante aquel periodo de tiempo “hubo un incremento marcado del calos, que ha continuado hasta el mes de mayo de 1878, en el que se aprecia la tendencia a volver al estado normal…” (Rocha, 2014)

Es conveniente, entonces, aprender de la historia y no bajar la guardia. En un país con un fenómeno atmosférico recurrente, tomar medidas de último minuto, resulta en un acto poco inteligente pues significa no haber aprendido nada de ella.

martes, 12 de enero de 2016

Apuntes Históricos sobre el Rio de la Leche o la Leche

Actualmente se afirma que “El río La Leche se origina en Incahuasi, teniendo como afluente el Río Sangana que constituye su afluente más importante. Su cuenca colectora se calcula en 1,609 km2. Confluye con el río Motupe en el lugar denominado Las Juntas, formando el río Mórrope, que atraviesa el distrito homónimo, llevando agua sólo en los años de mucha lluvia. Ordinariamente, al Oeste de Batán Grande el cauce del río La Leche permanece seco la mayor parte del año y en algunos casos aún en épocas de lluvia no tiene agua, rellenándose de arena y desechos, en partes hasta desaparecer” este río, por lo general, no llega hasta el mar salvo en tiempo de abundantes lluvias; está ubicado a 109 metros sobre el nivel del mar. ¿Es una corriente natural? ¿Por qué recibe este nombre?
Río La leche o de La leche

León Barandiarán, en “Mitos, leyendas y tradiciones lambayecanas” (1938) afirma “en las ordenanzas sobre irrigación de las tierras de Lambayeque, de que fue autor D. Gregorio Gonzáles de Cuenca, de fecha 3 de marzo de 1567…no se hace mención ninguna del Río de la Leche, ni de las tierras que riega”; luego añade “…el referido río no existió en la época de las referidas ordenanzas, ya que fue abierto por la mano del hombre tres años después” es decir, en 1570. ¿Por qué se abrió ese cauce?
León señala que en Mórrope, por aquel tiempo, existió un único pozo de agua para sus habitantes y ganado; sin embargo, no había aguas de regadío. Por lo cual Don Luis Quijano, cura de Mórrope “reunió a todos los naturales del lugar y procedió a abrir un cauce que nacía de los cerros de Penachí y Salas” la corriente llegaría hasta Mórrope después de recorrer 27 leguas o 125 Km. (aproximadamente). El trabajo duró cuatro años. Participaron todos los naturales con mano de obra, víveres, vestuario y el pago de un tributo al Cacique de Penachí “… consistente en sal, ají y algodón”. El trabajo realizado “consistía en desviar las aguas naturales de las altas sierras, para llevarlas a la costa por el cauce abierto…”
Los morropanos creyeron que la apertura del cauce sería la solución esperada a la falta de agua, sin embargo “a pesar del trabajo, de las lluvias y vertientes, apenas llegaba agua a las entecas tierras”. Al no encontrar explicación natural al hecho, decidieron consultar al párroco y, con él, buscar una solución espiritual y sobrenatural a la escases. El cura Quijano manifestó que “si se había terminado la obra de los hombres, no se habían cumplido las obligaciones para con el cielo y que, por lo tanto, era preciso realizar una procesión por todo el cauce, desde su nacimiento a manera de bautismo”.
El 12 de junio de 1570 partió la comitiva desde la iglesia de Mórrope con dirección a Penachí. Salió el pueblo entero. Cargaron las andas de San Pedro y San Pablo, siendo presididos por el cura Quijano y el religioso franciscano Francisco Ambrosio Tasón junto a los ayudantes Luis Solórzano de la Torre y Toribio Castañeda. Ya en Penachí, el 21 de junio, realizaron las “ceremonias de consagración, dedicación, bendición y bautismo…” lo cual produjo un aumento notable del caudal, pero insuficiente para llegar hasta Mórrope. Decidieron volver en procesión por el interior del cauce y, el 29 de junio, al llegar a Mórrope, todos los pobladores llenos de fervor se sumergieron en el agua junto con la imagen de San Pedro, patrón de Mórrope, después de lo cual una gran corriente de agua llenó el cauce que hizo a todos retirarse rápidamente sin haber podido hacer ingresar la imagen de San Pablo, patrón de Pacora.
León Barandiarán, afirma “hasta ese instante las aguas habían tenido el color natural de todas las aguas de regadío, pero súbitamente tomaron un color blanquecino, casi lechoso, de dónde provino el nombre que se le dio Río de la Leche”
Sin lugar a dudas es mejor, primero conocer nuestra tierra, su historia y sus costumbres, para luego conocer el mundo, interactuar con personas de otras culturas y realidades. Conocer lo nuestro genera identidad, empatía y autoestima. No perdamos la oportunidad de interiorizar lo nuestro, lo más cercano, nuestra herencia, lo que nos pertenece.


jueves, 7 de enero de 2016

La Historia del Club de la Unión de Chiclayo


Club de la Unión, año 1910
Foto: Antiguas Fotos de Chiclayo
El 20 de mayo de 1900 una Comisión organizadora integrada por los señores Pedro Chacaltana, Francisco Tagle, Wenceslao Salazar, Santiago Luis Gonzales y Aurelio Montenegro; invitaron a una reunión, con la finalidad de “fundar una organización representativa de la sociedad de Chiclayo”, a los señores Julio Cohen, José Antonio García Delgado, Nicanor Lora, Guillermo Gamarra, Juan Cuglievan, Daniel Checa, Emeterio Pérez, Manuel Echeandía, Leoncio Brandon, Vicente Maúrtua, Carlos Salazar, Alberto Divizia, Bernardo Salazar, Juan Francisco Crousillat, Rodolfo del Campo, Francisco Villacorta y Víctor Amésquita; decidiendo fundar el Club Unión. Se eligió la primera Junta directiva, integrada por: Dr. Pedro Chacaltana (Presidente) Sr. Aurelio Montenegro (Vicepresidente) Sr. Rodolfo del Campo (Secretario) Sr. Vicente Maúrtua (Tesorero) Sr. Wenceslao Salazar (Bibliotecario) Sr. Francisco Tagle, Sr. Manuel Echeandía, Sr. Santiago Luis Gonzales y Sr. Carlos Salazar (Vocales). La primera Junta calificadora fue integrada por los señores Juan de Dios Lora y Cordero, Juan Ugaz, Daniel Urrutia, Nicanor Carmona, Carlos Ruiz, Arturo Laca, Carlos Condemarín.
Club de la Unión, años 30
Foto: Antiguas Fotos de Chiclayo 

El Club Unión (o de la Unión) tuvo como antecedente el Club Unión y Recreo, fundado el 20 de junio de 1886 por los señores Martín Herrera, Julio Laca, Alejandro Leguía, Juan Manuel Carbonel, Juan Rondón, Julio Eggart, José Jiménez, Honorio Ortiga, Carlos Condemarín, Julián Mayorga, José Francisco Medina, Juan Cabanillas, Julio Arias, Ricardo Bernal, Miguel Eggart y Nicolás La Torre.
Según Don Nicolás Kuljevan (1944) en un discurso pronunciado en el Club Unión con ocasión del centenario de los nacimientos de los héroes Elías Aguirre y Diego Ferré “allí laboraron por la instrucción y la cultura de Chiclayo no solo los mencionados caballeros, sino también Don Manuel del Castillo, Don José Russo, Don Augusto León, Don Eugenio Campodónico, Don Virgilio Dall´Orso, Ramón Navarrete, Juan de Dios Lora y Cordero y varios otros a quienes recordamos con gratitud…”
Portales del Club de la Unión, años 40
Foto: Antiguas Fotos de Chiclayo

Sobre ambas instituciones, NIXA menciona “no existía rivalidad, pero comprendían que no era posible que en una ciudad con veinte mil habitantes acaso, o algo menos (hubiera dos clubes); debería existir una sola institución”. La unión de ambos clubes resultaba, entonces inevitable. La tarea no fue fácil pues fue notorio “el capricho de unos y la indiferencia de otros”. El 4 de junio de 1914, ambas instituciones se fusionan bajo el nombre de Club Unión y Recreo, hasta que el 12 de junio de 1923 adquiere su actual denominación “Club de la Unión”. Se establecen los estatutos y es designado presidente Don Francisco Cúneo Salazar quien, además, lo presidió en 1922, 1923, 1924, 1929 y 1930. Según Kuljevan (1944) “(Cúneo) es la personificación de esa tradición de patriotismo, de sociabilidad y de cultura…” motivo por el cual fue nombrado socio honorario. Francisco Cúneo dijo las siguientes emocionadas palabras “Chiclayo, sobreestimando con su generosidad y finesa mis condiciones personales, desde mi juventud me confió por más de treinta años la dirección de sus diversas instituciones públicas en forma honoraria y absoluta; yo no tuve siempre otra cosa que hacer que procurar responder a esa confianza, entregándole a cambio mis capacidades y mi honradez y luchando incansablemente por su prosperidad y grandeza; si mucho se ha hecho siempre ha sido poco para lo que mi alma deseaba hacer; si ha sido lo contrario, ello depende de las diversas contingencias que a mis anhelos se han opuesto. En ambos casos me queda la satisfacción de haberme entregado íntegro a esos propósitos: he cumplido honesta y esforzadamente con mi deber de ciudadano del Perú y de lambayecano en particular…”
Don Francisco Cúneo Salazar
Foto: Antiguas Fotos de Chiclayo

La figura de Francisco Cúneo Salazar es, sin duda alguna, significativa para la ciudad de Chiclayo y la región. Junto a Juan de Dios Cabanillas, en 1910, encabezaron una movilización del pueblo de Chiclayo protestando contra los ataques al Consulado peruano en Guayaquil (Ecuador). En 1913, Cúneo, fue designado alcalde de Chiclayo. Además, fue el primer presidente del Rotary Club de Chiclayo, en 1926.
Los aportes del Club de la Unión a la cultura de Chiclayo son innegables. En 1923 auspiciaron un censo de población en la ciudad de Chiclayo que arrojó la cantidad de 9000 habitantes, según el historiador Jorge Lazo Arrasco, y de 16 059 habitantes según el historiador Miguel Díaz Torres.
Comedor Club de la Unión, año 1940
Foto: Miguel Angel Díaz Torres

En la memoria de 1902, además de confirmar que con la colaboración de los socios el Club de la Unión contaba con alumbrado de lámparas de acetileno, se menciona el orgullo de sus socios “por la tranquila y progresista vida del Club, la cual no se había resentido ni menoscabado en lo menor, aun en los amargos días de pasión política, que quedaba en la puerta de la calle para dejar a los asociados inmaculada la unión y la confraternidad, únicas inspiraciones que siempre se han dejado sentir en el seno del Club…”


lunes, 14 de diciembre de 2015

Historia del Teatro de Chiclayo o Teatro 2 de Mayo


Entre 1863 y 1865, Don Mariano Ignacio Prado y su regimiento se encontraban acantonados en Chiclayo e iniciaron los trabajos del “Teatro de Chiclayo” apoyados por voluntarios del pueblo. Según NIXA “luego quedó la obra paralizada hasta la época en que se elevó esa sección territorial a la categoría de departamento, y el Prefecto don Carlos Ferreyros y el Director de Beneficencia Don Alfredo Lapoint, continuaron los trabajos, levantando un empréstito de 16 000 soles, con el que se concluyó el teatro…”. Recordemos, Lambayeque se convirtió en Departamento el año 1876 y Alfredo Lapoint fue nombrado Director de Beneficencia en 1878 iniciando “con el apoyo de algunos chiclayanos, la construcción del Hospital de las Mercedes y del Teatro 2 de mayo”. Ambas obras fueron construidas con donaciones que las señoras de Chiclayo, encabezadas por la señora Asunción Salazar, obtuvieron los fondos necesarios para principiarlas” La realización de la obra implicó “el entusiasmo de estas señoras… se hicieron conciertos, tómbolas, rifas hasta ver estas dos obras concluidas. Con este apoyo, el señor Lapoint les consagró sus esfuerzos personales y pecuniarios con el desinterés más absoluto”. Así, Don Nicanor de la Fuente, afirma: “así pues el Teatro 2 de mayo debe su existencia a la progresista iniciativa del coronel Prado, a los esfuerzos del departamento que contribuyó con su dinero y al pueblo que acudió entusiasta con su trabajo personal” (Ibídem) Don Alfredo Lapoint, pidió los planos a Paris.
El Teatro de Chiclayo abrió sus puertas el 28 de julio de 1878 con el nombre “Teatro 2 de mayo” en conmemoración al combate ocurrido diez años antes entre fuerzas peruanas y españolas. Se presenta la compañía dramática de Ludgardo Fernández Gómez, con el drama “L´Hereu o el Derecho de primogenitura y la zarzuelita los estanqueros aéreos”.
Las instalaciones del teatro tenían las siguientes características “16 palcos de primera fila y 18 de segunda, capaces para seis personas cada uno, 450 asientos de platea y 200 de cazuela, que le dan una capacidad total de 854 espectadores. Tiene decorado propio, y el telón de boca que figura el templo de vesta, fue pintado por el escenógrafo Baldessari”.
El 24 de setiembre de 1880, en plena Guerra con Chile, llega a Chiclayo un regimiento de dicho país encabezado por el general Patricio Lynch, quien impuso un cupo exorbitante que la población no pudo reunir por lo que “decretó el incendio de la Plaza del Mercado y el Teatro” orden que debía cumplirse el día 28 de setiembre a las 2 de la tarde. “El señor Lapoint habló con Lynch de quien era amigo desde Londres. Al fin consiguió la derogación de tal orden, pero el jefe chileno olvidó transmitirla al oficial que desempeñaba la intendencia y otro salió con un pelotón de soldados a cumplirla, llevando cajones de kerosene y barriles de alquitrán y aguarraz la que se regó en el escenario, platea, etc. y solo esperaba reloj en mano que fueran las dos de la tarde para prenderle fuego. Don Antonio Quintana, natural de Cuba, que era portero del teatro, asombrado de este suceso, voló (corrió) al Molino de la Unión donde el señor Lapoint con la noticia; y este desesperado vino a la ciudad en busca de Lynch quien diez minutos antes de la hora revocó la orden”

En 1903 el teatro fue restaurado por Don Emilio Petroni. Desde su fundación ha desfilado por su escenario los talentos de las compañías dramáticas: Valois, Duclós, Chávez, Galé, Sinisterra y Perla. Compañías de zarzuela: Járquez, Dalmau, Capdevilla, Ureta, Aragón, Roglos, Recalde y Saíllo. Compañías infantiles: Arcos Unda y Baronti. Compañías de variedades: Reina, Cuadros, Fabregat. Prestidigitadores: Patrizio, Walace, Verdi, Martini, Hermann, Watry y el circo Quiroz. Además, varios cinematógrafos. También, el hipnotizador ruso Onofroff.
El Diario “El País” de Chiclayo en su edición del 24 de enero de 1923, 31 años después de la muerte de Don Alfredo Lapoint, pidió que en homenaje a su memoria “la calle del teatro lleve su nombre, que en el hall del teatro se erija un monumento y una placa de bronce recordando su acto de gran abnegación y que en los salones de sesiones de la Sociedad de Beneficencia Pública y Concejo Provincial se coloque el retrato de este señor en recuerdo de que a ambas instituciones perteneció y fue el salvador de sus más valiosos edificios de la época”
Referencia:
1.     Colección Nixa (1996) Manuscrito “Biografía del Señor Alfredo Lapoint”. En Archivo Regional de Lambayeque.



martes, 10 de noviembre de 2015

Viajeros extranjeros en Lambayeque antes de la Independencia (1800 - 1820)


Zaña siglo XVIII

Introducción:
Afirmó Voltaire que “para el observador nada hay mudo en la tierra: absorto, el universo se hace su tributario. Aventarse al zar, ver todo, no juzgar nada, es recorrer el mundo…”[1]. Nuestro país, por su importancia histórica y geográfica, además de su reconocida variedad natural; ha sido punto de destino de gran cantidad de viajeros extranjeros (especialmente europeos) que, maravillados, registraron las incidencias y describieron todo aquello que vieron y oyeron, brindando de esa manera importante y valiosa información para el conocimiento de nuestro pasado. Dichos viajes se produjeron a partir de la fundación del Virreinato peruano, conforme pasaba el tiempo, con mayor incidencia.
Nuestra región histórica, que había adquirido enorme importancia comercial por aquel tiempo, fue también escala obligada de dichos personajes. En el presente artículo haré un recuento de las observaciones de los viajeros extranjeros que visitaron Lambayeque en los años anteriores a la Independencia del Perú, no sin antes presentar las condiciones sociales y económicas de la región de lambayeque a inicios del siglo XIX.
Notaremos su vocación por describir el paisaje, la vida cotidiana y las labores de los hombres y mujeres de nuestra región que más llamaron su atención: los aborígenes, mal llamados “indios” a quienes dedicaron significativas líneas reconociendo su dominio del paisaje geográfico y la capacidad creativa para el trabajo, en un tiempo en el cual las ideas conservadoras de menosprecio a los aborígenes peruanos de todas las regiones contrastaba con las liberales de reconocimiento y valoración, ya expresadas en el “Mercurio Peruano” a fines del siglo XVIII. Esto me lleva a considerar también, un espacio para el conocimiento de esta confrontación ideológica.
La información  sobre Lambayeque, aquí registrada, se obtuvo en base a los documentos de los viajeros Julien Mellet (francés), William Bennet Stevenson (inglés) y Gabriel Lafond de Lurcy (francés) contenidos en la “Colección Documental de la Independencia del Perú” elaborada por la Comisión Nacional de la Independencia del Perú en 1971.
1.     Lambayeque a fines del siglo XVIII e inicios del siglo XIX[2]
A fines del siglo XVIII, el antiguo Partido de Lambayeque había sufrido desastres naturales (Fenómeno de “El Niño” como los de 1720, 1728 y 1791 y un terremoto a fines de siglo; por mencionar los más fuertes) la aplicación de las Reformas Borbónicas (y la consecuente alza de impuestos) y la reorientación del mercado y precios deprimidos (a partir de las mencionadas catástrofes y la aplicación de las Reformas Borbónicas).
A lo anterior se suma el aumento de impuestos en 1746, el monopolio del tabaco decretado en 1752 (en Lambayeque existió una fábrica que procesaba 6000 fardos ó 125 manojos de tabaco sembrado, principalmente, en Motupe) y el aumento de alcabala de 1776. En 1780 se produjo el decreto de monopolio de cordovanes, producto de la zona cotizado por su gran calidad,
A fines del siglo XVIII, el monocultivo de caña de azúcar decayó por la competencia de los productos de Brasil, se optó entonces por la ganadería como actividad alternativa. Por las intensas lluvias del Fenómeno de “El Niño” gran parte del ganado se ahogó y se sufrieron pérdidas en la comercialización de productos como carne, sebo y cueros.
Bajó la oferta de esclavos. Muchos propietarios perdieron sus haciendas a manos de prestamistas a quienes no pudieron devolver su dinero por los altos intereses que cobraban. Los indígenas que se dedicaron a la actividad agrícola sufrieron por la desigual repartición de aguas (correspondía mayor caudal de agua a los españoles) y, según Susan Ramírez (1998), a fines del siglo XVIII ya se habían presentado conflictos por motivos económicos debido a la abusiva posesión de tierras a favor de los españoles americanos. Refiere: “El conflicto que brotó a fines del siglo XVIII y comienzos del XIX en la costa norte del Perú fue el legado de casi cien años de penurias para aquellos ubicados en los diversos niveles de la pirámide social”.
La tierra más fértil de los valles más altos era cedida en dominio a los españoles americanos, mientras los indígenas eran relegados a zonas menos fértiles, más cercanas al océano pacífico, donde la producción era limitada por la presencia de hongos, niebla, humedad, altas capas freáticas y formaciones salinas.
Este procedimiento fue posible debido a las llamadas “visitas de la tierra”. Por este sistema abusivo, “los indígenas tenían títulos sobre la tierra y los españoles sobre os pastos…” (Ramírez, 1998) así, los pastos, arbustos y árboles que crecían sobre los bordes o entre los surcos de chacras indígenas fueron forraje para los animales de los propietarios de los pastos. Una muestra de esta negativa repartición se produjo en la “visita de la tierra” que realizó al Partido de Lambayeque el Juez Antonio Sarmiento de Sotomayor, quien vendió pastos comunales al mejor postor; hecho ocurrido entre 1711 y 1712 (según Ramírez) aunque Enrique Bruning los registra como ocurrido en 1713 en la zona de Jayanca, y concluye: “a raíz de la entrada de los españoles en el Perú, los conquistadores empezaron a tomar para sí cuantas tierras podían y las de esta región fueron codiciadas…” (Bruning, 1922)



2.     La opinión sobre el indígena peruano
A fines del siglo XVIII e inicios del siglo XIX se produjo en el Perú y el resto de América una confrontación ideológica entre conservadores y liberales sobre la dignidad y el carácter del indígena, su capacidad intelectual, sus costumbres sociales y su laboriosidad. Uno de los conservadores más críticos del carácter del aborigen peruano fue el español Antonio de Ulloa[3]. A continuación algunas de sus ideas:
“La propensión al ocio y a la desidia es la misma en los (indios) de la Luisiana y el Canadá que en los del Perú y partes meridionales de la América, civilizados o gentiles. Y los únicos ejercicios en que se ocupan los que subsisten en su libertad es la caza y la pesca…Para cualquier cosa que sea de crueldad se les encuentra dispuestos, reconociéndose en la alegría que muestran tener complacencia de ello…Es general en esta gente la propensión a la embriaguez y para ello prefieren siempre los licores más fuertes. Los del Perú usaban de la chicha hasta de pocos años a esta parte…La grande afición que conservan al ocio y a la flojera les induce a ser extremosos en el uso de las bebidas que embriagan, siendo tal el desatino que tienen por ellas que lo atropellan todo, arrastrando por cuanto peligros pueden oponérseles, por saciar esta desenfrenada pasión…En el Perú beben las mujeres al igual de los maridos, se privan con ellos y no pueden socorrerse uno a otro. Pero lo que es más particular en este exceso es que las madres incitan a los hijos desde muy tiernos de el pecho, dándoles de lo mismo que ellas beben, y antes de despertar a las luces del conocimiento los acostumbran a la embriaguez…No son temibles los indios por su valor como lo son por sus alevosías y las astucias de que se valen para cometerlas. Vencedores por sorpresa son inhumanos hasta el extremo, sin conocer piedad ni compasión, y esto lo hacen a sangre fría, deleitándose en la carnicería; vencidos son los más cobardes y pusilánimes que se puedan ver…Por lo que queda explicado se reconocerá ser la vida de estas gentes semejante a la que hacen los brutos, sin horas determinadas para las distribuciones, y que también les parecen en ser de poco sueño, manteniéndose en vela mayor parte de las naciones…A la rusticidad y barbarie, de que respectivamente se hallan poseídos, se sigue la cortedad o falta de nociones. Ya se ha dicho no contar los días, ni distinguir semanas. La luna cuando la ven les indica el término de un tiempo, sin embarazarse en los días que contienen...” (Ulloa, 1992)
Olinda Celestino[4], en “Afroindios entre los siglos XVI al XX”, brinda una selección de artículos publicados en el “Mercurio Peruano” e infiere que Los mercuristas, como portavoces de la élite local, preferían la división natural en castas. A continuación algunos textos:

“El indio como conquistado odia por lo general cordialmente al español. En cuanto a los mestizos aman más a los españoles que a los indios, de quienes, segregándose, se declaran enemigos mortales…mientras los indios detestan a los negros, éstos son mirados en menos por los mulatos, a quienes ven como inferiores a los mestizos, y a todas estas razas trata como superior el español”. (Celestino, 1992)

Hasta aquí se puede apreciar una ideología negativa respecto del indio (aborigen) sus capacidades y posibilidades sociales. En el caso de los mercuristas estas posiciones variaron con el paso del tiempo. En un inicio (1790 a 1792) sus críticas contra el indio fueron parecidas a las de los conservadores (como Antonio de Ulloa). Más adelante, desde 1793 a 1795, variaron reconociendo el valor de la raza aborigen. En las páginas del Mercurio Peruano se pudo leer:
“Mucho se ha ponderado para eximirse de tan indispensable empeño, la rudeza e incapacidad de los indios. Se les ha llegado a figurar ineptos para toda doctrina (…) No faltaron quienes los confundiesen con brutos, excluyéndolos de la clase de humano, y dudando si eran capaces de los sacramentos de la iglesia. Pero, valga la verdad, exclama uno de los más experimentados y sinceros escritores del Perú: la tan decantada barbarie de los indios no tanto provenía de su ineptitud, cuanto de la incuria de sus primeros maestros (…)”
(“Mercurio Peruano” IX – 302 – 1793: 194 – 198)
“La América en su interior no prospera como fuera justo; y es que dentro de sí misma brota la cizaña de la división que debilita y destruye (…) resulta una separación de intereses con que se consideran como enemigos, o rivales preparados (…) son otras tantas las líneas de división que forman dos repúblicas en cierto modo distintas de un mismo estado, lo cual en política viene a ser un desorden y a la sociedad atrae no pocos inconvenientes (…) la separación se ve que no aprovecha. Pruébese, pues, si tendrá mejor efecto la reunión”.
(“Mercurio Peruano” X – 344 – 1794: 259 – 261)
En el primer texto se reconoce el maltrato y marginación sufrida por los aborígenes y se le califica de injusta por cuanto no fue cierta su ineptitud sino la actitud negligente y malintencionada de los conquistadores. En el segundo texto se considera injusta, inconveniente e innecesaria la división política, económica y social del virreinato sobre la base de dos repúblicas, la de los españoles y los indios. Se propone entonces la unión de ambas clases sociales. A mi juicio esta unión no pasaría de ser una utopía.
3.     Observaciones de viajeros extranjeros en Lambayeque:
a)    Observaciones de Julien Mellet
El francés Julien Mellet fue comerciante y viajó por América desde 1808 y por espacio de 12 años llegando a recorrer la costa de Perú (principalmente) el año 1815. El registro de sus observaciones se puede encontrar en el apartado “Impresiones sobre el Perú en 1815” de su obra “Viajes por el interior de la América meridional 1808 – 1820” publicada en español el año 1824. En la introducción de dicha obra, Mellet señala que el objetivo de su obra fue “estudiar las costumbres, el carácter y sus de sus habitantes”, otros temas de su interés fueron el clima, las artes, el comercio, entre otros. A la vez que pide indulgencia por su estilo de escribir, garantiza exactitud y verdad “como testigo ocular” de los lugares que visitó, personas, costumbres y actividades que conoció.
En la región histórica de Lambayeque, visitó los pueblos de Eten, Chiclayo y Lambayeque. Sobre su primer destino indica:
“Eten es una gran población que tiene gran comercio con el Puerto de Guayaquil; sus habitantes son en gran parte indios tributarios sumisos y laboriosos; fabrican hermosos cobertores de algodón, adornados con toda clase de dibujos que venden hasta en veinticinco francos; muchas esteras de juncos, muy finas, de variados colores, de cien francos de precio; sombreros del mismo junco a cuarenta francos y cigarreras que se venden hasta en veinticinco francos. El delicado trabajo y la extraordinaria boga de estos objetos les procura grandes entradas. Las afueras de esta aldea abundan cañas de azúcar, maíz, raíces de mandioca, batatas y todo lo necesario para la vida, a excepción del trigo, lo que hace que el pan se venda muy caro. Además, hay mucho ron de un gusto delicioso. Hay un árbol llamado palto que tiene un fruto exquisito y singular. Este árbol se asemeja al manzano, pero de hojas más grandes; produce una fruta de la forma de una pera grande y tiene una especie de hueso parecido a la castaña. Esta fruta se come con sal y pimienta como la alcachofa cuyo gusto es parecido. El cocimiento de sus hojas es muy saludable; se le emplea con buen éxito en la curación de las inflamaciones. Aunque el calor es excesivo en verano, el clima es sano, no llueve jamás; y por eso, para regar las tierras usan el mismo procedimiento que en Lima” (Mellet, 1824)
         De sus observaciones en Eten vale destacar los siguientes importantes datos:
a)                Eten mantuvo relaciones comerciales con Guayaquil.
b)                La mayor parte de la población fue aborigen y es calificada como “sumisa y laboriosa”
c)                 La artesanía les proveyó notables ingresos para su sustento. Además destaca la originalidad y variedad de la artesanía etenana.
d)                Destaca, como alimento, la palta y el uso de sus hojas cocidas a las que atribuye propiedades curativas.
e)                Refiere el mismo procedimiento que en Lima para regar los campos. En su misma obra, cuando describe las actividades en Lima, indica: “para regar los campos usan el agua del río, que se conduce por canales practicados al efecto y que suministran a cada propietario la cantidad suficiente para poder regar sus tierras” (Mellet, 1824)
La laboriosidad de la población aborigen a la que refiere Mellet contrasta con la sumisión también observó. Ésta ocurrió debido al ejercicio violento del poder por parte de los españoles y se puede apreciar en diversos documentos y códices de la época.
A continuación, su relato nos muestra la información registrada de su observación a la ciudad de Chiclayo:
“Después de esta población y a tres leguas de distancia se encuentra Chiclayo. Chiclayo es una aldea bastante importante, que tiene mucho comercio de azúcar y algodón que cosecha, como también jabones de sus fábricas que surten en abundancia a Lima y Guayaquil; tiene otro no menos importante de tabaco llamado desagüe, que igualmente producen sus campos, consumido en gran parte en otras provincias. Todos esos diversos artículos dan a la población inmensas entradas. Hay en abundancia víveres; los alrededores están cubiertos de soberbios viñedos, de algunos árboles frutales de Europa y muchos otros de América, entre los cuales se distingue el palto. La mayor parte de los habitantes son indios tributarios y mulatos, industriosos para el comercio y muy amables; las mujeres, particularmente las indias son muy hermosas y de carácter muy dulce. El clima es el mismo de Eten; la población de Chiclayo, que no dista dos leguas de Lambayeque, es de cerca de cuatro mil habitantes, comprendidos los de su jurisdicción” (Mellet, 1824)
Sobre Chiclayo destaco la siguiente información:
a)    La reconocida importancia comercial de Chiclayo el año 1815.
b)    La exportación de jabón a Lima y Guayaquil.
c)     La laboriosidad y amabilidad de los pobladores aborígenes de la ciudad.
d)    La belleza y el buen carácter de la mujer chiclayana.
e)    Una población estimada en cuatro mil habitantes.

b)    Observaciones de William Bennet Stevenson
La obra de Bennet Stevenson, un conjunto de documentos que a manera de informes circularon entre 1820 y 1821, fue oficialmente publicada en una compilación en español el año 1917 bajo la denominación de “Memorias sobre las campañas de San Martín y Cochrane en el Perú” por Luis Terán. A pesar de estar centrada en la lucha por la independencia del Perú, Bennet no se aleja del espíritu observador e indagador de los viajeros extranjeros de la época.
En sus observaciones sobre nuestra tierra, pone énfasis en Eten. Señala que se trata de un pueblo habitado “casi exclusivamente por indios” e indica:
“(fabrican) muchos artículos de algodón tales como servilletas, manteles y pisos, algunos de los cuales son magníficos y ornamentados con curiosas figuras entretejidas en el damasco. He visto sus colchas vendidas por veinte o veinticinco dólares cada una. Hacen ellos también esteras para el piso, de la planta del junco y fabrican sombreros… estos sombreros son generalmente hechos de finos juncos crecidos en los terrenos pantanosos o de mocora producto de una palmera en la provincia de Lambayeque” (Terán citando textualmente a Stevenson, 1917)
              Como se puede apreciar, la información de Bennet resalta para el caso de Eten las bondades de su actividad artesanal, su originalidad, creatividad y variedad. Agrega el uso de mocora (macora) como el elemento vegetal del cual se obtiene el material para la fabricación de sombreros. Los productos de paja palma macora son hechos también en la actualidad por los artesanos etenanos. Destaco el hecho de haber sido una comunidad trabajadora y capaz de sostenerse económicamente de acuerdo a las costumbres occidentales.
              De otra parte, en un tiempo en el cual conservadores y liberales debatían sobre el valor intelectual de la población aborigen; Bennet niega la idea de Antonio de Ulloa, naturalista español del siglo XVIII, y recuerda que fue quien había señalado al “indio” como poco laborioso y lento para aprender al afirmar “ningún expediente puede inducirlos a dejar de lado su gruesa ignorancia”. Frente a este concepto, Bennet responde que la originalidad y capacidad mostrada por los aborígenes de Eten “son suficientes pruebas de que cuando un indio cosecha el beneficio de su obra no tiene aversión al trabajo”. Así Bennet demuestra su carácter liberal y su oposición, por tanto, a las formas de marginación contra el aborigen que el mismo pudo testimoniar.
c)     Observaciones de Gabriel Lafond de Lurcy
Un joven Gabriel Lafond, de apenas veinte años, viajó extensamente y participó en algunos episodios de la independencia de Sudamérica. En 1822, en “Remembranzas de Guayaquil, Lima y Arica” anota sus observaciones en territorio peruano. Para el caso de Lambayeque, refiere sobre el clima de su costa:
“Toda la costa del Perú y principalmente desde la Punta de Nasca hasta Lambayeque y Paita, está cubierta de brumas que se elevan del mar y son traídas hacia la costa por los rayos del sol, permaneciendo suspendidas sobre ella hasta mediar el día, es decir hasta que la calor sea lo bastante fuerte para disiparlas” (Lafond, 1822)
           La bruma a la que refiere Lafond, es la neblina matutina que apreciamos desde Chérrepe hasta el fin del litoral lambayecano. Por otra parte hace hincapié en la presencia de “plata piña” (de alta pureza) en la zona lambayecana:
 “Lambayeque provee de jabón, pieles de cabra curtidas, dulces de toda especie, tabaco y un poco de vino. Este valle, el más rico del Perú, une los productos de Europa a los de la India. También se encuentra en el interior de ella algodón, pita, paja para sombreros y la plata piña o plata de las minas que posee” (Ibídem)
           Lafond, destaca el comercio de ponchos desde Lambayeque:
“Lambayeque produce ponchos de toda calidad que se ven a precios bastante elevados, por cuya razón no pueden colocarse sino en los países en los que se sabe apreciar su valor como objetos de lujo” (ibídem)
           Da la impresión que las anotaciones de Lafond sobre Lambayeque son fruto, en parte,  de algunas referencias de gente que pasó por esta zona y que, en algunos casos, informaron erróneamente al viajero. A continuación, en una de sus “observaciones” que a mi juicio es errada, Bennet afirma:
 “es de Colán o de Lambayeque que los habitantes de Paita traen, valiéndose de mulas, no solamente las legumbres frescas, la leche y las provisiones diarias, sino, asimismo, el agua que sirve para beber, que es reclamada para el servicio usual de los hogares”
           Es imposible que desde Lambayeque a Paita lleguen “legumbres frescas”, mucho menos agua, leche o provisiones diarias. Sin embargo, el valor de sus observaciones, contrastadas con las de otros viajeros resulta en la mayoría de casos acertado.
Conclusiones
1.     Julien Mellet, William Bennet y Gabriel Lafond, registraron sus observaciones poniendo énfasis en las costumbres, actividades económicas y sociales, dominio del espacio geográfico, laboriosidad, creatividad y originalidad de los antiguos pueblos de Eten, Chiclayo y lambayeque. Cabe indicar que los datos brindados nos distan demasiado de los que proporcionará, posteriormente, el alemán Ernest Middendorff a fines del siglo XIX.
2.     De los tres, William Bennet muestra una posición liberal respecto de las ideas conservadoras de Antonio de Ulloa que significaron la minimización del carácter y la dignidad del aborigen peruano. En el Perú, uno de los medios difusores de las ideas liberales fue el “Mercurio Peruano”.
3.     Algunos de los registros de Lafond podrían haberse realizado sobre la base de versiones de otros, hecho que se concluye por los errores que se notan al relacionar Paita y Lambayeque como si se tratara de dos comunidades cercanas, vecinas o contiguas. Con lo cual y por haber incurrido en error no es posible afirmar que  pisó tierras lambayecanas.

Referencias
1.     Bennet W. (1917) “Memorias sobre las campañas de San Martín y Cochrane en el Perú” (Luis Terán, trad.) España: Sociedad española de libreria. (Obra original publicada en 1824)
2.     De Ulloa, A. (1992) “Noticias americanas”. Edición de Miguel Molina Martínez, Granada.
3.     Mellet, J. (1824) “Viajes por el interior de la América meridional 1808 – 1820: Impresiones sobre el Perú en 1815”.   
4.     Mercurio
Peruano
(1790‐1795).
Lima:
Imprenta
Real
de
los
Niños Huérfanos.
Edición
digital,
 Biblioteca
 virtual
 Miguel
 de
 Cervantes.
disponible en:



[1] Ver en “El mundo como va” (1748) de Francois Marie Arouet (Voltaire).
[2] Ver “La causa económica de la independencia de Lambayeque” de mi autoría. Disponible en http://historiacienciadevida.blogspot.pe/2015/07/la-causa-economica-de-la-independencia.html
[3] Naturalista, intelectual, militar y escritor español del siglo XVIII.
[4] La antropóloga alemana peruana Olinda Celestino, fallecida en 2003, legó una serie de trabajos sobre los problemas de las castas en el Perú colonial. El trabajo referido corresponde a una de sus publicaciones en 1992.