lunes, 19 de octubre de 2015

Personajes Ilustres: Juan de Dios Lora y Cordero




El maestro, jurista y político Juan de Dios Lora y Cordero, nació en Chiclayo el 13 de marzo de 1864. Fue hijo de don Juan de Dios Lora y doña Manuela Cordero. Su formación escolar la realizó en Chiclayo y, luego, estudió leyes en la Universidad Mayor de San Marcos. “Periodista de buena sepa, atacó los vicios políticos y sociales de la nación con perseverancia; combatió las explotaciones y abusos que se realizaban con los indios. Uno de los capítulos más significativos en la vida política del doctor Lora y Cordero, es su participación decisiva y rotunda en la célebre revolución de 1894-1895, que culminó con el triunfo del Partido Demócrata y entrada de Don Nicolás de Piérola a Lima por Cocharcas el 17 de marzo de 1895”. Se casó con doña Rosaura Olivares. Fue padre del poeta Juan José Lora y Olivares, y tío del poeta José Eufemio Lora y Lora.
Teodoro Rivero Ayllón, califica a Lora como un hombre “con amplia obra dispersa en diarios y revistas de Lima, Chiclayo, Piura y Trujillo”. Lora y Cordero fue Alcalde de Chiclayo en 1899, Director del Colegio Nacional San José de 1901 a 1904, Fiscal de la Corte Superior desde 1908, líder del Partido Liberal, Diputado por Chiclayo entre 1895 y 1890. Dirigió los Colegios Nacionales de San Juan de Trujillo y Guadalupe de Lima desde 1912. Perseguido bajo el régimen de Cáceres, fue Director de Gobierno durante el período de don Nicolás de Piérola” (Rivero, 1976). 
Al Colegio San Juan de Trujillo, llegó para reemplazar al maestro Alemán Gustavo Ríes en 1916. Fue maestro, según Luis Facundo Antón, en el Primer Colegio femenino de Chiclayo, “Nuestra Señora de la Concepción”. Una de sus principales estudiantes fue la, posteriormente, poetisa y maestra Sara Bullón La Madrid.  Años después, junto a otro insigne maestro de nuestra tierra, don Nicolás La Torre García, fundó el antiguo Colegio Bolognesi de Chiclayo. También fue Director de Justicia durante el gobierno de Don Guillermo Billinghurst, quien fuera apodado “pan grande”. 
A Lora y Cordero se le recuerda como un orador brillante y de sólidos argumentos. Publicó la obra “Para la historia del departamento de Lambayeque” (1905) donde hace una severa crítica a la clase política lambayecana, a las formas de elección de las autoridades municipales y a la Junta de departamental de Lambayeque, vigente por aquel tiempo. Apoyó a la montonera del Cura Casimiro Chumán en 1910. En Trujillo, Lora y Cordero, dirigió en el Colegio San Juan al maestro y poeta brillante César Vallejo. 
El literato Saniel Lozano, narra una anécdota de ambos: “El director acostumbraba hacer un recorrido por los pasadizos y claustros del plantel. Una tarde, empezó su recorrido habitual. Avanzando por el claustro del segundo patio, le llamó la atención el gran silencio que reinaba en el aula del primer año que, por tratarse de niños, deberían estar, como siempre, movidos y bulliciosos. Se acercó, pues, el director a la puerta y, con gran sorpresa, contempló al profesor César Vallejo, quien, reclinado sobre su pupitre, dormía profundamente, mientras los niños en el salón permanecían en el más grave y respetuoso silencio. Ante la sorpresiva presencia del director, los niños trataron de ponerse de pie, pero, reaccionando de inmediato, el doctor Lora les hizo en forma apresurada señales con ambas manos para que no se movieran y, llevándose el índice a los labios: “¡Shist!”, les invocó silencio. Y prosiguió su paseo por los demás salones del claustro” (Lozano, 2013).

Ejerció como Fiscal de la Corte Superior de Piura hasta que, al fundarse la Corte Superior de Lambayeque y a pedido de muchos ciudadanos que enviaron un memorial a las autoridades de gobierno, fue trasladado a la ciudad de Chiclayo. 
Falleció el 28 de febrero de 1924. Los restos de Lora y Cordero, quien falleció el 28 de febrero de 1924, se encuentran en el nicho N° 117 del cuartel San Guillermo del cementerio “El Carmen” de nuestra ciudad. En su honor, la antigua calle de “Santa Catalina” cambió su denominación por la de “Juan de Dios Lora Y Cordero” o simplemente, “Lora y Cordero”, como es actualmente conocida. 

domingo, 18 de octubre de 2015

Personajes Ilustres: José Andrés Torres Paz

Don José Andrés Torres Paz. Héroe chiclayano de la
Guerra del Pacífico

El héroe chiclayano de la Guerra del Pacífico, José Andrés Torres Paz nació el año 1857. Fue hijo de Don José Manuel Torres Aguirre y de Doña María Carmen Paz. Junto a su familia se traslada a temprana edad a la ciudad de Lima donde fue estudiante del Colegio Guadalupe y, posteriormente, estudiante de derecho en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Sus dotes intelectuales fueron notables, así lo demostró al publicar el texto “La oligarquía y la crisis” (1877) referida por Jorge Basadre como uno de las más importantes de su tiempo, según consta en la obra de Fernando de Trazegnies “La idea de derecho en el Perú republicano del siglo XIX” (1992). Los jóvenes estudiantes sanmarquinos habían conformado la “Logia Carolina”.
Una vez declarada la guerra, consciente que el gobierno no permitiría que los jóvenes intelectuales de la patria acudan a los campos de batalla, junto a sus compañeros deciden disolver la logia y solicitar su conscripción, luego de una primera negativa el gobierno decide aceptar a tres universitarios “de modo que los sanmarquinos reunidos decidieron previo sorteo, enviar una representación compuesta por tres jóvenes cuyas edades eran de 20 y 23 años. Estos jóvenes eran: José Andrés Torres Paz, Manuel Eduardo Lecca y Augusto Eron Bedoya” (Buenaño, 2010)
En “La Universidad Mayor de San Marcos y los sanmarquinos durante y después de la Guerra con Chile” (2010) el historiador Julio Buenaño Olivo aporta información indispensable para la comprensión del sacrificio heroico de nuestro ilustre paisano. Los jóvenes sanmarquinos partieron del puerto del Callao en el barco “Oroya” desembarcando el 29 de mayo de 1879 en Iquique, en donde reciben el grado subtenientes en el Regimiento «Dos de Mayo» a cargo del coronel Manuel Suárez. Concurrieron a las batallas de San Francisco, el 19 de noviembre de 1879, a la de Tarapacá, el 27 de noviembre de 1879, donde Augusto Bedoya y José Torres Paz fueron heridos, éste último en el hombro izquierdo. Por su valor en Tarapacá los sanmarquinos se ganaron el reconocimiento del coronel Andrés Avelino Cáceres, quien ya había colocado como ayudante a Manuel Lecca. Al llegar a Arica el ejército se reorganiza, Torres Paz y Bedoya serán subayudantes del coronel Cáceres. El 26 de mayo de 1880, en la Batalla del Alto de la Alianza, Torres Paz es nuevamente herido, esta vez en la mano. Buenaño refiere un hecho anecdótico: “Durante el transcurso de la batalla de Tarapacá fue capturado un oficial perteneciente a una distinguida familia de Chile, el cual se libró de ser muerto debido a la oportuna intervención de Torres Paz. Ya como prisionero de guerra, dicho oficial fue conducido a Arica… el “rotito” como amigablemente le llamaban, fue canjeado en este último lugar y al despedirse de ellos lo hizo profundamente conmovido por el trato recibido. Habiéndose producido la derrota en el Campo (Alto) de la Alianza, comenzó el enemigo a cumplir con ferocidad sus órdenes, sin heridos ni prisioneros, ultimando a estos aun cuando se encontraban amparados por la Cruz de Ginebra (Cruz Roja). Torres Paz estuvo a punto de ser asesinado, cuando el “rotito” lo reconoció y deseando pagar la deuda de gratitud que con él tenía contraída, evitó enérgicamente que fuera victimado y lo hizo fugar del campo del desastre” (ibídem).
En adelante Torres Paz, flanqueando a Cáceres, estuvo en Puno y, luego, en Lima donde alcanzó el grado de Teniente. En la Batalla de Miraflores (1881) Torres Paz que marchaba al lado de Cáceres, recibió un disparo certero del enemigo que le produjo instantáneamente la muerte. 

El 25 de octubre de 1896, el Congreso de la República "teniendo en consideración los méritos del teniente Don José Andrés Torres Paz, muerto en la Batalla de Miraflores, ha resuelto conceder a doña María Paz viuda de Torres, madre del expresado teniente, la pensión de gracia de sesenta y cinco soles mensuales..." mediante documento firmado por Don Guillermo Billingurst, Presidente del Senado; Don Wenceslao Valera, Presidente de la Cámara de Diputados; Don Emilio Luna, Secretario del Senado; y Don Juan Julio del Castillo, Secretario de la Cámara de Diputados.

La antigua calle “La Verónica” de nuestra ciudad, hoy se denomina “Torres Paz” en su honor y en Barranco (Lima) en 1939 se inauguró la Plaza “Torres Paz” durante la gestión edilicia de Don Germán Noriega del Valle, la obra fue apadrinada por el Gral. Oscar R. Benavides.

lunes, 5 de octubre de 2015

Los Pardo en Tumán


     El matrimonio formado por don Manuel Justo Pardo y Lavalle y doña Mariana Barreda y Osma se produjo en Lima el 17 de julio de 1859. Fueron sus hijos: Felipe (1860), Manuel (1861), Juan (1862), José (1864), María (1865), Ana (1868), Luis (1869), Enrique (1870), Rosa Mercedes Genara (1871), Carmen, Victoria (1876) y Manuel Adalberto (1877) Pardo y Barreda. Manuel Pardo invirtió su capital en la exportación de guano, contratación de trabajadores chinos y otras empresas dedicadas al comercio internacional. Además en la construcción de ferrocarriles y en la exportación de azúcar. Don Manuel Pardo y Lavalle, había amasado su fortuna al haber sido gerente de la Compañía de Consignación del Guano para la Gran Bretaña, director del Banco del Perú, presidente de la Compañía de Seguros La Paternal y director de la Compañía Sur-Americana de Seguros Marítimos e Incendios. Además su esposa, Mariana Barreda y Osma, pertenecía una familia muy adinerada.

     Según Bazán (2013) “En 1872, Pardo compró la Hacienda azucarera Tumán”. Además, Ulric Unke (2010) indica “Pardo compró la hacienda azucarera Tumán de Diego Buenaño por 404 000 pesos… la compra, hecha a nombre de su esposa, la financió con un préstamo de 300 000 pesos del Banco de Crédito Hipotecario, y con un préstamo de 125 000 pesos extendido por la casa comercial de Carlos Delgado” Entonces, no es correcto, como afirmara Jorge Basadre, que Felipe Barreda y Aguilar comprara la hacienda Tumán y se la diera a su hija Mariana Barreda de Pardo como un regalo. Fue el matrimonio Pardo quien compró Tumán.

     A partir de 1873, Tumán representó las dos terceras partes del capital conjunto del matrimonio Pardo Barreda. Según Unke “Los Pardo no compraron la hacienda Tumán como un símbolo de status… Tumán habría resultado del todo inadecuada para los Pardo si hubiesen deseado jugar al señor y la dama del feudo, porque estaba demasiado lejos como para que ellos pasaran parte de su tiempo allí… Por lo tanto, no se convirtieron en hacendados por una mentalidad tradicional o colonial, sino más bien por su agudeza empresarial, la cual hizo que consideraran, con toda razón, que la producción azucarera habría de ser un negocio rentable”.

     La Hacienda Tumán, según José Carlos Martin (2010) quien refiere a José pardo y Barreda en sus memorias inéditas “Lo que mis hijos deben conocer” (documento resguardado a la fecha por José Pardo Heere) fue arrendada inmediatamente después de su compra a Alfredo Solf por diez años, a un pago anual de 24 000 pesos y, luego, nuevamente arrendada al mismo Solf por cinco años más. Con esto notamos un nuevo error de Basadre quien indica que Tumán fue administrado en 1881 por Felipe Pardo y Barreda, hecho que resulta imposible. Es seguro que la administración directa de los Pardo se produce a partir de 1883. 

     José Pardo y da a conocer en sus memorias datos interesantes del proceso judicial que emprendieron contra Alfredo Solf Martens para recuperar la hacienda debido a la falta de pago del arrendamiento y afirma "tuve a mi cargo los asuntos judiciales con el Sr. Solf, para el cobro de los arrendamientos de la hacienda Tumán y para recuperar esta hacienda por su falta de pago. Estos asuntos me llevaron a Chiclayo donde tuve que actuar en una atmósfera de visible hostilidad, por las grandes relaciones que tenia Solf en ese lugar. Contadísimas fueron las personas que me prestaron su concurso: Dr. Luis López, Gerente de Eten; el médico Pedro Pablo Chacaltana, hermano de los Chacaltana de Lima y un Mariano Polo, padre del Dr. Salón Polo, personalidad conocida en el ramo de Relaciones Exteriores... En este proceso tuve el apoyo de las autoridades y así pude poner un interventor en la hacienda y ocupar ésta al fin del juicio… Solf era hombre inteligente, .honorable, pero mal agricultor, por no disponer de los capitales necesarios”.
Don Manuel Pardo y Lavalle, propietario de la
Hacienda Tumán; propiedad adquirida junto con
su esposa doña Mariana Barreda y Osma


     En 1907, doña Mariana Barreda, entregó la propiedad de la Hacienda Tumán a hijos, dando origen a la Negociación Tumán S.A., que incluía las propiedades de Tumán, San José y Calupe.

viernes, 2 de octubre de 2015

Italianos en Lambayeque

Bandera izada en 1880 en el Molino Nacional de Chiclayo durante
la invasión chilena en la Guerra del Pacífico

Según Díaz y Pizarro (2000) “La presencia de italianos en el Perú se hace sentir desde el momento de la conquista llevada a cabo por los españoles, se tiene referencia de por lo menos tres italianos que tuvieron participación en la repartición de la recompensa pagada por los incas a los españoles por la libertad de Atahualpa, estos italianos fueron, Pedro de San Milán, Martín de Florenda y Juan de Niza, todos pertenecientes a la rama de infantería”.
Poco a poco el número de migrantes fue en aumento “Para el año 1876 se contabilizan 6.692 italianos en todo el Perú…El censo de 1876 arroja para Lambayeque 244 italianos” (Ibídem) se estima que, actualmente, los descendientes de italianos suman casi 500 mil en todo el Perú
Los italianos que llegan al Perú son prevalentemente ligures. Chiaramonte refiere “… Si, como escribía Pirrone, ministro en Lima en 1901, los orígenes de la colonia italiana en Perú se deben buscar en aquel núcleo de gente de mar, proveniente la mayor parte de la Liguria…”. En la región de Lambayeque llegaron, también, italianos de las zonas de Piamonte, Lombardía y Calabria.
Sobre nuestra región, según Rivero (1976) “a principios del gobierno de Balta arriban a Chiclayo las primeras familias de inmigrantes, generalmente italianos”.
El mismo autor, refiere como el más reconocido inmigrante italiano a “Don Virgilio Dall´Orso… (quien) llegó por abril de 1866. Vino con un coterráneo suyo, Piero Ferri. Dall´Orso era genovés, originario de Chiavari (1844). Tenía pues 22 años cuando llegó e instaló con Ferri el primer almacén comercial de la ciudad frente al parque principal”. El nombre de Virgilio Dall´Orso aparece, luego, en el Registro de Reclamaciones Italianas presentadas al Ministerio de Relaciones Exteriores de Perú debido a los daños causados a sus propiedades en las revueltas de 1900 (RI. 47 – Daños por la Guerra civil – 1900/1901).
Rivero Ayllón complementa la información en indica “llegarían después los Lossio, los Oneto, los Bianchi, los Scarpatti, los Gervassi, los Cassinelli, los campodónico, los Minetti…”.
Ya en nuestro tiempo, la dama chiclayana Yolanda ciccia algarete, descendiente de don Michelangelo Ciccia Mercury, nacido en Cinquefrondi, Provincia di Reggio Calabria en italia, es intérprete y autora de la letra y música del Himno de la Asociación Italiana de Chiclayo, hecho que le permitió recibir las felicitaciones del Embajador Italiano en el Perú, Instituto Raymondi, Casa de Cultura Italiana, Presidentes de los Comités y de las Asociaciones Italianas. El presidente de la Asociación en Chiclayo es el Sr. Enrique de la Piedra Cassinelli. Actualmente, el Corresponsal Consular de la Embajada de Italia en la ciudad de Chiclayo es el Sr. Antonio Rinaldi Ionno. Además, destaca notablemente la profesional italiana Dra. Ágata Serranó, Doctora en Derecho, quien brinda desde inicios de este año sus conocimientos a través de la práctica académica en la Universidad Católica “Santo Toribio de Mogrovejo”.
Algunos datos relacionados: En enero de 2014, el artista italiano residente en Chiclayo Adriano Sala Villa, realizó una exposición individual denominada “Impacto cromolírico” con óleos de corte impresionista inspirados en los paisajes de Puerto Eten, Pimentel y Chiclayo. Actualmente esta expuesta, en el octavo piso del edificio Juan Pablo II de la Universidad Católica “Santo Toribio de Mogrovejo” la bandera italiana izada por Virgilio Dall´Orso, en 1880, en el antiguo Molino Nacional, signo que permitió evitar el ataque chileno de dichas instalaciones durante la Guerra del Pacífico, con lo cual salvaron la vida muchos chiclayanos. El idioma italiano es enseñado en 2 universidades, 2 centros de idiomas y mediante enseñanza particular.
Entre las familias de origen italiano en la Región Lambayeque, tenemos: Lecca, Parodi, Cánepa, Traverso, Cúneo, Bacigalupo, Chiappe, Rinaldi, Zunino, Zunini, Amoretti, Bianchi, Boggie, Boggiano, Rocca, Tasso, Costa, Dagnino, Cantelli, Onetto, Gamallo, Castellano, Campodónico, Cannata, Gasco, Valle, Casaretto, Bocanegra, Castello, Centurión, Vassallo, Vento, Rivera, Ricci, Riccio, Adriano, Oliva, Espino, Descalzi, Dall´Orsso, Cassinelli, Biffi, entre otros.


jueves, 24 de septiembre de 2015

El interrogatorio al Pueblo y la Verificación de Testimonios de la Primera Aparición del “Divino Niño del Milagro” de Eten, 02 de junio de 1649.

Uno de los aspectos que debió significar un problema para las averiguaciones del Cura de Reque, Vicario y Juez eclesiástico del Partido de Chiclayo, Don Fernando de la Carrera sobre la verdadera ocurrencia de la aparición, fue la lengua común de los concurrentes a la celebración litúrgica que, salvo contados casos, fue la yunga (llamada también muchik). Ante el hecho, la Crónica Franciscana sobre el Milagro Eucarístico de Eten (1649) registra, después del análisis del juez eclesiástico, su decisión para facilitar las indagaciones: “… por cuanto en esta información se han de examinar muchos indios e indias de este dicho pueblo y sin  embargo de ser unos y otros muy ladinos en la lengua española por lo que pudiere suceder y dificultades que se ofrecieren a los testigos, es necesario nombrar intérpretes que se hallen presentes al examen de los dichos indios e indias. Por el presente oficio de la justicia eclesiástica nombra a Tomás Castel residente en el pueblo de Reque, persona entendida en la lengua materna de estos valles y a Nicolás Chiccul, natural así mismo de dicho pueblo de Reque por intérpretes de esta causa y mandó se les notifique y parezcan ante su majestad a aceptar y jurar como son obligados y estando presentes los susodichos. Dijeron que aceptaban y aceptaron el nombramiento de intérpretes que en ellos se hace y juraron a Dios y a la cruz en forma de derecho de usar el dicho, oficio y cargo bien y fielmente a su leal saber y entender, y a la conclusión del dicho juramento dijeron sí juro y amén, y lo firmaron de sus nombres con el dicho señor Vicario: Don Fernando de la Carrera, Tomas Castel, Nicolás Chiccul ante mi Iñigo de  Sarabia notario público” (Folio 35, CMEE[1]).
Se puede apreciar que esta solución, nombrar como intérpretes o lenguas a Tomás Castel y Nicolás Chiscul,  fue pensada previamente por el Juez eclesiástico y que, en el documento, se formalizaba la decisión. Se infiere que la estrategia para el tratamiento analítico del hecho a investigar se gestó con anticipación y cada paso dado respondió a una planificación convencional para casos similares de acuerdo a las disposiciones eclesiásticas vigentes en la época.
Un hecho a considerar es que Don Fernando de la carrera ya había publicado en 1644 la obra “El arte de la lengua yunga de los valles de Trujillo” por lo cual sabía de la importancia de conocer el significado de los términos utilizados por los aborígenes en el marco de su labor evangelizadora y, específicamente en este hecho, para esclarecer el evento religioso materia de su estudio. También, algún tiempo antes se había publicado “Ritvale, Sev Manvale Pervanvm”, obra sobre la lengua yunga realizada por Don Luis Jerónimo de Oré en 1607. Según José Antonio Salas García, los textos “son de tipo teológico, por haber sido escritos por sacerdotes para adoctrinar a la población en su propia lengua”[2] (Salas, 2001). A su vez, los textos antes referidos (los de oré y Daza) respondieron al emitido por el Tercer Concilio Limense de 1584 denominado “Doctrina Cristiana para instrucción de los indios y de las demás personas”. El mismo Salas afirma “El orden en el que aparecen escritos es el mismo que el de la Doctrina Christiana de 1584, aun cuando De la Carrera añada algunos más, también de tipo religioso” (Ibídem).
Así, cuando rindieron su testimonio Don Andrés Neciosup, Sacristán Mayor de la Iglesia de Eten; Don pablo Quinocial, alcalde ordinario de Eten; Don Fabián Chancafe, alcalde ordinario de Eten; y el pueblo presente en el acto; lo hicieron ante Don Fernando de la Carrera y los dos traductores o lenguas.
Un dato importante que aporta la crónica es el referido al interrogatorio realizado a los pobladores asistentes al acto litúrgico. El cura De la Carrera, acompañado por el notario Iñigo de Sarabia y los intérpretes o lenguas, ingresó a la Iglesia mientras Fray Jerónimo de Silba Manrique adoctrinaba al pueblo “por ser viernes de los señalados por las Reales ordenanzas sinodales y concilios provinciales para que los naturales oigan doctrina los dichos días, sean instruidos en la ley evangélica y en los misterios de nuestra santa fe” (Folio 40, CMEE)
El acto de interrogatorio ha quedado registrado en los siguientes términos: “(De la Carrera) fue preguntando a las indias e indios por voz de los dichos interpretes qué es lo que vieron en la Hostia Consagrada, el miércoles víspera del Corpus pasado desde este presente mes y año qué efecto causó en sus ánimos y corazones lo que vieron y todos unánimes y conformes, dijeron a una voz que el dicho miércoles cuando el dicho Padre Vicario quería encerrar al Señor después de dichas las vísperas del Corpus vieron por sus ojos en la Hostia Consagrada que estaba en el viril puesto encima del Sagrario a un niño de la cintura para arriba con rostro y cuerpo humano y con cabello rubio, que estaba vestido con una vestimenta como morada y que luego que lo vieron se postraron en tierra adorándolo con muy grande gozo y contentamiento espiritual y con notable ternura en sus corazones y así lo dijeron y certificaron por cosa pública y notoria que vieron todos, jurándolo a Dios y a la cruz en forma de derecho y para que coste lo firmó el dicho señor vicario con los intérpretes, don Fernando de la Carrera, Tomas Castel, Nicolás Chiccul ante mi Iñigo de Sarabia notario Publico” (Ibídem)
Se puede apreciar que el interrogatorio no se hizo de manera personal. Las preguntas fueron dirigidas a la asamblea. No se hace referencia a las personas del pueblo que dieron testimonio, pero se resalta el hecho que los testimonios dados en ese momento fueron validados por todos los asistentes.
El proceso continuó con una constatación del lugar donde ocurrieron los hechos, para lo cual la delegación: Juez eclesiástico, notario y testigos (Frailes Antonio Crespo, Diego Valentín de Rojas y Gregorio López de Zúñiga) además del lengua Tomás Castel de Luna; llegó a la Iglesia y en el altar “(pidieron se) ponga al Santísimo Sacramento, en la parte y lugar que estaba cuando se apareció el niño para ver si teniendo el mismo adorno y las mismas luces que entonces tenía, pudo algún reflejo o alguna vislumbre dando a las vidrieras del Viril causara a la vista naturalmente aquella aparición” (Folio 41, CEMM).
Por indicaciones del Padre De la Carrera “(se ubicó) el Santísimo Sacramento en su viril con sus rayos encima del Sagrario adornado con seis velas de cera encendidas y siete rostros de Ángeles que caían a las espaldas del Señor y abía (había) puestas cuatro luces y bultos de Santa Maria Magdalena y de San Pedro y de san Andrés y de san Francisco y habiendo concurrido a este acto muchas personas del pueblo después de haber adorado al Señor, el dicho señor vicario anduvo por todas partes viendo si alguna luz u otro accidente podía causar algún reflejo en el dicho viril de manera que apareciese en forma de niño como dicen los testigos y hechas muchas diligencias así por aparte del señor Vicario como de los testigos referidos no pareció que fuese natural la aparición que los dichos testigos antes caso raro y admirable en que nuestro Señor quiso manifestar su grandeza dignándose de que los hombres le viesen con ojos corporales y el dicho Padre Vicario que presente estuvo certificó que es la misma Hostia Consagrada que actualmente está en el viril lo que entonces causó aquella aparición que los testigos refieren y el dicho señor vicario lo firmó con el dicho Padre Vicario y testigos” (Ibídem)
Entonces, se ubicaron todos los objetos sagrados en el mismo lugar que tuvieron el día que se produjo el evento y se buscó en distintos lugares de la Iglesia aberturas que permitan el paso de luz u objetos que produzcan reflejo. El acto realizado muestra el deseo de comprobar que el hecho fuera realmente extraordinario, milagroso y no el resultado de una experiencia física que haya pasado desapercibida o de alguna psicológica colectiva resultado de la intensa devoción de los pobladores. La conclusión fue que la aparición se produjo pues  no encontraron explicaciones convencionales, normales, a la luz del conocimiento humano. Así, Don Fernando De la Carrera declaró “que en cuanto puede y a lugar de derecho guiado de la sustancia de estos autos declaraba y declaró que la dicha aparición del Señor fue real y verdadera como certifican los testigos en sus posiciones por ser como son personas de todo crédito y de las más capaces de este dicho pueblo, y particularmente el Padre Predicador Fraile Jerónimo de Silba Manrique Cura y Vicario de él” (Folio 42, CMEE)





[1] CMEE: Crónica del Milagro Eucarístico de Eten.
[2] Ver “El Ave María en idioma Muchik” de José Antonio Salas García, disponible en file:///C:/Documents%20and%20Settings/ccabrejos/Mis%20documentos/Downloads/Dialnet-ElAveMariaEnIdiomaMochica-4070472.pdf

miércoles, 23 de septiembre de 2015

Historia de la Primera Aparición del “Divino Niño del Milagro” de Eten: 02 de junio de 1649


Fotografía publicada en Revista Variedades de Lima - año 1911
En junio y julio de 1649, en Ciudad Eten, según el documento “Crónica del Milagro Eucarístico de Eten” (1649), ocurrieron dos apariciones del Niño Jesús en la Hostia Consagrada. Según el Profesor Carlos Millones Carrillo, investigador que analizó y transliteralizó los 82 folios de la crónica “se dio como secuela de un sacrilegio realizado en la ciudad de Quito (Ecuador) en la madrugada del 19 de enero de 1649, en el cual unos malhechores desfondaron el Sagrario y se llevaron el Copón de plata, maltratando las Sagradas Hostias y dejándolas regadas en el piso, algunas de ellas rotas y otras sin poder ser encontradas” (Millones, 2009). A continuación una narración de los hechos que considera el orden de la información registrada en la crónica franciscana.
En Reque, el 23 de junio de 1649 Don Fernando de la Carrera, Vicario Juez eclesiástico del Partido de Chiclayo creyó necesario citar y tomar declaración al cura franciscano de Eten, Fray Jerónimo de Silva Manrique, testigo presencial del extraordinario hecho, no sin antes solicitar a su superior, Fray Marcos López (“Presidente del Convento de San Francisco de Chiclayo”) la autorización para dicha comparecencia. Dicha solicitud se le notificó el 25 de junio a través del notario Iñigo de Sarabia quien leyó la petición y recibió la autorización solicitada en presencia de Fray Antonio Crespo, quien actuó como testigo del hecho.  
Foto publicada en Revista Variedades de Lima - año 1911
Testigos de la primera aparición, ocurrida el 02 de junio de 1649, fueron Fray Jerónimo de Silva Manrique, Cura y Vicario de Eten (46 años); Don Domingo Martínez, español natural, residente en la Ciudad de Zaña (27 años);  Andrés Neciosup, Sacristán Mayor de la Iglesia (36 años); Don Pablo Quinocial, alcalde ordinario de Eten (68 años); Don Fabián Chancafe, alcalde ordinario de Eten (36 años) y los pobladores presentes en el acto litúrgico. Todos ellos fueron entrevistados por Don Fernando de la Carrera. El interrogatorio, del que participaron por separado, constó de 7 preguntas: “¿si vieron con los ojos corporales, el 02 de junio de 1649, dichas las Vísperas del Corpus en la Hostia Consagrada que estaba, un niño como cosa distinta de la Hostia o como pintado?; ¿el dicho Niño que pareció en la dicha hostia era de medio cuerpo o de cuerpo entero, desnudo o vestido, si cubría toda la hostia o no?; ¿ si el dicho niño tenía cabellos, cara y carnes de cuerpo humano haciendo distinción de lo blanco del círculo de la hostia?; ¿si por los ocho días de la octava que se celebró con gran concurso de gente pareció en la misma hostia el dicho niño estando en el mismo lugar puesta la hostia como el primer día?; ¿si vieron todos los que estuvieron en la dicha Iglesia al dicho niño y qué efectos causó en sus ánimos y corazones?; ¿si todos a una dijeron milagro y fueron a repicar las campanas de su motu propio?; ¿si todo lo dicho es público y notorio, publica voz y fama así en este pueblo como en los circunvecinos y en la ciudad de Saña?” (Folio 30, CMEE) Cada testigo juró decir la verdad e hizo la señal de la Cruz.

Foto publicada en Antiguas Fotos de Chiclayo
De las declaraciones se concluye que el 02 de junio de 1649, víspera del Corpus Christi, mientras celebraba el acto litúrgico Fray Jerónimo de Silva Manrique, y estando de rodillas frente al viril que contenía el Santísimo Sacramento (Hostia Consagrada), vio un niño dentro de la hostia a manera de una lámina pintada. Se le podía ver de medio cuerpo hacia arriba con una vestimenta morada. Hubo dificultades para una exacta visión por ser horas de la noche y debido a la oscuridad que había en el altar. Dio certeza de haber visto un niño, su cuerpo y su cabello rubio ondulado hasta la altura de los hombros; este hecho no había ocurrido en los días anteriores de la octava. De inmediato mando a llamar con gran prisa al ciudadano español Domingo Martínez y al alcalde ordinario de Eten Don Pablo Quinoncial, para que subieran al altar y vieran al Niño en la Hostia Consagrada, siendo también ellos testigos del milagro. Refirió que todos quienes asistieron a la Iglesia vieron al niño y “movidos de devoción daban gritos y voces enterneciéndose y particularmente este declarante se conmovió con un gozo espiritual llenándose de ternura y lágrimas”, se postraron “y adoraron al Señor, muy tiernos y fervorosos”; a continuación, el sacristán gritó “¡Milagro, milagro! con lo cual todo el pueblo repitió lo mismo y tocaron chirimías, clarín y trompetas y repicaron las campanas y que de ahí a adelante acudían a los demás días de la octava con más fervor y devoción”.

lunes, 7 de septiembre de 2015

Construcciones, Albañiles e Ingenieros en Chiclayo de 1947


Antiguo Parque Principal de Chiclayo - Década 1940
Foto: "Antiguos Fotos de Chiclayo"
En artículo publicado en enero del presente, afirmé: “La relación entre los procesos históricos y la estructura urbana actual de la ciudad de Chiclayo es innegable; como lo es el hecho que una serie de decisiones, algunas de ellas inicuas, han sido gestoras del híbrido caótico que se expone ante nuestros ojos. Además, ocurre lo mismo con otras estructuras urbanas de la región... ¿Cómo entender las transformaciones constructivas y los cambios funcionales de las estructuras urbanas producidas en Chiclayo a lo largo de la historia?” (Cabrejos, 2015)
En el documento “Registro de Licencias de Construcción correspondiente al año 1947”, al cual accedí en el archivo de la Gerencia Municipal de Urbanismo,  se puede observar, en cuanto a los responsables de las obras ejecutadas en dicho año que los albañiles registrados (N° de registro entre paréntesis) fueron: Francisco Larrea (68), Enrique Peña Soto (133), Félix Castro Jordán quien construyó el Cine “Norte” o Cine Popular (118), Juan Guevara Q. (17), Carlos Llontop Manay (93), Gregorio Monteza (11), Cosme Rojas vera (1), Cosme Quiñones (69), José Aguinaga R. (27), Ramón Távara (67), Casimiro Chiclayo (6), Pablo Valdivia (64), Mario Serquén (104), Alejandro Campos (19). Con respecto a los constructores: Manuel Rojas Melgar que construyó 32 casas de 2 pisos, Carlos A. Chirinos, Germán Santa María y Víctor Mora. Sobre los Ingenieros,  se encuentran registrados Arturo Rocha, Roberto Behz, César Bazán, T. E. Weusjos, Luis Picasso, Luis A. Noya, Emilio Sayer y Fred T. Ley. Mientras que el único arquitecto registrado es Carlos Williams.
Interior del Antiguo Cine y Teatro "Tropical" - Fines de
los 40 e inicios de los 50
Foto: "Antiguas Fotos de Chiclayo"
El Consejo de Chiclayo emitió 31 licencias de construcción en 1947: 4 en enero, 3 en febrero, 3 en marzo, 1 en mayo, 1 en junio, 7 en julio, 4 en agosto, 4 en setiembre y 4 en octubre; destacan entre ellas las otorgadas para la construcción de: 32 casas en la Residencial “La Tina” (ubicada en sector antiguamente conocido como sector noroeste Urb. “El Porvenir”), propiedad del Sr. Mariano Olazabal, obra dirigida por Manuel Rojas Melgar; el Cine “Norte” o Popular, propiedad del Sr. Luis E. Cortez R., ubicada en la calle “Vicente de la Vega” s/n. obra ejecutada por el Sr. Félix Castro Jordán; una bodega almacén dentro del Molino “Nacional”, ubicado, antiguamente en la Av. Luis Gonzales N° 102, de propiedad del Sr. Germán Zoeger Dall´Orso, obra ejecutada por el Ing. Roberto Behz; una estación de servicios que funciona hasta hoy, ubicada en la esquina de las Av. José Balta y Francisco Bolognesi, que fue propiedad de la “International Petroleum Company”, representada en nuestra ciudad por el Sr. R. Salas, obra ejecutada por T.E. Weusjos (ó Wensjos).
Molino "Nacional" propiedad del Sr. Virgilio Dall´Orso
Foto: "Antiguas Fotos de Chiclayo"
En el documento se puede apreciar que el costo de una licencia de construcción dependía del lugar en que se realizaría la obra. El precio aumentaba dependiendo de su envergadura y/o ubicación; si se ejecutaban en zonas cercanas o en el mismo centro de la antigua ciudad de Chiclayo el costo era mayor e iban entre 112 y 999.90 soles. Las licencias más baratas costaban 15.00 soles y, en 1947, correspondieron a obras ejecutadas en el sector noroeste de la ciudad (actualmente detrás de la Urb. Patazca o Chiclayo); a la antigua zona de “Miraloverde” hoy Av. Pedro Ruiz; a la actual zona de la Urb. “El Porvenir” (antes llamada Prolongación Pedro Ruiz); y a la Prolongación “7 de enero” (antes llamada Urb. Martínez). La construcción más costosa fue una bodega ubicada en la calle “Manco Cápac” N° 504, propiedad del Sr. Juan Adolfo Herrera Torres, por la cual se pagó 999.90 soles por licencia de construcción. Le sigue la construcción de una fábrica yutera propiedad del Sr. Sebastián Oneto en la prolongación  de la calle “Junín” (lado oeste de la ciudad), por cuya licencia se pagó 501.74 soles. Además, el Sr. Mariano Olazabal, propietario de la Empresa “La Tina”, pagó un total de 705.60 soles por la construcción de 32 viviendas: 18 en el mes de enero y 14 en el mes de marzo del mismo año.

Antigua calle "Elías Aguirre"
Foto: "Antiguas Fotos de Chiclayo"
Reitero “La Historia sistematizada de la arquitectura lambayecana nos permitirá relacionar lo que está y lo que fue. La historia de las edificaciones despertará nuestras capacidades de conceptualización y recreación de las realidades… por lo tanto, los procesos que propicien el conocimiento y la captación de los edificios, debe ser implementado de manera científica, sistemática” (Cabrejos, 2015)