miércoles, 11 de febrero de 2015

¿Quiénes gobiernan y quiénes gobernarán?

 “La condición actual de toda persona resulta de la suma de sus experiencias”. No se puede explicar el presente sin las huellas del pasado. Es cierto, no somos productos terminados y, gracias a ello, la acción de redimirse corrigiendo, enmendando y cambiando de actitud, es posible y nos permite recrearnos, reinventarnos… en una tarea que nos aproxima a Dios, viéndola desde un punto de vista espiritual, y a los hombres, desde un punto de vista pragmático.

Nuestros actuales gobernantes tienen, en promedio, entre 40 y 60 años de edad. Es decir, pertenecen, así las he denominado, a la “generación del golpe” o a la “generación de la incógnita”. La “generación del golpe” vive desde fines de la década de 1960 y experimentó el golpe y dictadura militar de Juan Velasco y Francisco Morales. Pasó su infancia entre confiscación de tierras y persecución política; “veneró” la imagen de Túpac Amaru II, usó medios de comunicación confiscados y, por ello, parametrados. No conoció la libertad de expresión. Usó uniforme único escolar, recibió instrucción pre militar, participó en innumerables desfiles, pues el patriotismo fue militarizado…
La “generación de la incógnita” vivió desde inicios de la década de los 80. Presenció el retorno a la democracia, la crisis económica hiperinflacionaria del primer gobierno aprista, la dictadura civil militar de Alberto Fujimori y su posterior caída, subversión generalizada, asesinatos, secuestros, actos corrupción de muchos funcionarios públicos, fenómeno del niño, epidemia de cólera…
Es posible, entonces, encontrar respuesta a la necesaria pregunta ¿Cuál es la causa de los deficientes estilos de nuestros gobernantes?
La intolerancia, la violencia, la corrupción, la carencia de planes, la escasa visión de futuro, el deseo de servirse del poder, el plagio, la colusión, la poca afición por el control y la tan reiterada como habitual desobediencia a las leyes; son tan comunes como la fingida pose conservadora, el cabello corto y el aparente repudio a las malas prácticas, la superficialidad que no resiste los cambios de largo plazo, el rostro y la simpatía por encima del conocimiento y la calidad humana; el dinero y las dádivas por encima de la honestidad y la laboriosidad; el deseo de agradar a todos relegando la verdad por incómoda; el indispensable culto a la personalidad de “líderes” que necesitan coros que repitan su nombre, mentes en blanco que repliquen sus ideas sin opinar, gente sin argumentos… ¡terrible realidad la de nuestro cuerpo político!
Como siempre, por encima del promedio, hay personas de valor, interesadas en hacer política y excluidas por un sistema electoral a la medida del siglo XIX, personas hoy agrupadas en colectivos ciudadanos y culturales que hablan cada vez más y con más fuerza y razón. Personas de las anteriores y de la nueva generación: la “generación de la esperanza”.

Esta nueva generación experimenta la comunicación en tiempo real, está más dispuesta al cambio, demanda acción más que discursos, ha recuperado la sensibilidad y se preocupa de política como de música, poesía, danza o fotografía… es la generación de la creatividad y nos lleva de la mano a la construcción de una sociedad original por sus nuevos usos y costumbres que excluirán definitivamente los anticuados y corruptos movimientos políticos.
¿Quiénes gobiernan? Hoy, diría Gonzáles Prada: ¡Los viejos! Y su lugar, según el pensador, es la tumba. Haya de la Torre, diría “Hay viejos jóvenes y jóvenes viejos”. El primero postula una vejez producida por malos hábitos y comportamientos corruptos. El segundo refiere que la edad no es importante mientras se tenga la disposición al trabajo bien hecho, a la labor honrada, honesta, esforzada… a la planificación y a la lucha contra todo tipo de personalismo.
La nueva generación gobernará nuestros destinos. No basta con afirmarlo. No es suficiente conocerlo. Tal generación debe ser capacitada, formada para gestión pública y el liderazgo social. Me esperanza reconocer en la nueva generación un renovado deseo de participación con tal fuerza y dinámica que ninguno de los viejos políticos podrá resistir su ímpetu.
Estimo que el futuro político será mejor.



viernes, 23 de enero de 2015

Museo y Educación


Los museos surgen a finales del siglo XVIII como espacios de saber disciplinario que permitan adquisición de conocimientos específicos. “En este sentido, el museo se ha presentado tradicionalmente como un poderoso aparato discursivo capaz de establecer un conjunto de valores y creencias que ha afectado a la manera de concebirse la creación cultural, su exhibición y recepción” (Olivar & Coca, 2014).
Es innegable la vocación pedagógica, educativa, del Museo; sin embargo, la educación ocupó siempre un rol accesorio, irrelevante, subsidiario. No se gestó, desde antiguo, políticas pertinentes de puesta en valor que incluyan la selección, exhibición y difusión del patrimonio guardando relación con las necesidades educativas de nuestra población (niños y jóvenes en especial) en torno a los temas museísticos eje. En nuestra realidad, el divorcio entre Museo y Educación viene siendo superado gracias al diálogo científico propiciado en estos últimos tiempos. Se esta logrando que no sean solo instituciones atractivas visualmente; ahora también reproducen experiencias culturales haciendo uso, por ejemplo, de la empatía histórica para lograrlo. Aunque sigue vigente la interrogante ¿La Educación se ha convertido en una prioridad para los Museos o es utilizada como una estrategia para mejorar el discurso o aumentar el número de visitantes? El Museo “ha cobrado una mayor importancia, concebido como la principal vía de intermediación entre el público y la creación cultural exhibida…” (Meszaros, 2007; Agirre & Arriaga, 2013)
La Educación debía proporcionarnos herramientas para descifrar los contenidos políticos, sociales e ideológicos subyacentes del contexto y de las manifestaciones culturales expuestas, más allá del discurso propuesto por la propia institución.
En este sentido, deseo referirme a las experiencias museográficas suscitadas en Lambayeque con el “Museo Escolar de la Independencia y la república”, proyecto liderado por el Mestro Julio Fonseca Rivera; y el “Museo Etnográfico Hans Heinrich Bruning”, realizado en la IE “Pedro Ruiz Gallo” y liderado, entre otros, por el Maestro David Ayasta Vallejos. Ambos museos surgen de una necesidad educativa y se realizan, más que en la satisfacción visual por la calidad de las muestras o la escucha pasiva de un discurso o significancia institucional, en dotar a los visitantes de los medios que les permitan imaginar, recrear, empalizar, experimentar… de acuerdo a un contexto pertinentemente presentado y que concluye en la adquisición de conocimientos significativos.
Además, aunque he presentado a los actuales líderes de ambos proyectos; las experiencias educativas, que son siempre comunitarias, se han gestado, la primera, con la participación de docentes, padres de familia y estudiantes de la IE. “27 de Diciembre”, mientras que la segunda tuvo un equipo de inicio integrado por los maestros Blanca Chancafe, Susana Arraiza, Gladys Delgado, Adela Nuñez, Glenny Lucumi, Mabel Bravo, Zarelia Villalobos, Martha Altamirano, Elvis Ramirez, Angel Cordova ,Freddy Zuñe, Raul Vásquez , Eduardo Cumpa y David Ayasta.

Ambas experiencias, museístico – educativas, forjan identidad a partir de una comprensión cabal de nuestra cultura, de manera integral, sin sesgos, y permitiendo a los visitantes la construcción de su interpretación sobre la temática propuesta, sin alejarse del conocimiento científico existente, pero no siempre repetitivo del discurso explicativo propuesto por la institución.
Propongo, a partir de las buenas prácticas mencionadas en párrafos anteriores, la instalación en cada Museo de la Región de equipos educativos, integrados por pedagogos de diversas especialidades indispensables para la presentación y puesta en valor de los recursos museísticos.

Estoy de acuerdo con Layuno (1997) quien propone, a partir de la educación, la creación dinámica de nuevas formas producción y percepción del hecho cultural. “la finalidad de la práctica educativa no está destinada a la transmisión de los contenidos del museo, sino que debe reorientar su labor hacia una concepción crítica de la propia actividad educativa, vinculada con la naturaleza de las prácticas culturales con las que debe trabajar”

jueves, 22 de enero de 2015

Otra Tarea Pendiente: Sistematizar la Historia de la Arquitectura Regional de Lambayeque


La relación entre los procesos históricos y la estructura urbana actual de la ciudad de Chiclayo es innegable; como lo es el hecho que una serie de decisiones, algunas de ellas inicuas, han sido gestoras del híbrido caótico que se expone ante nuestros ojos. Además, ocurre lo mismo con otras estructuras urbanas de la región.
La historia del hombre, por definición, se gesta en el espacio y el tiempo; se entiende que los lugares (ciudades, edificaciones, monumentos, etc.) se gestan en dicho espacio a lo largo de muchas generaciones con formas de pensar, costumbres, tradiciones y condiciones distintas en cada período; pero superpuestas y convertidas en realidades evidentes, concretas. La actual estructura urbana se origina en el dominio histórico del espacio y la topografía, condiciones atmosféricas, recursos…hemos pasado de diseños primitivos a otros más sofisticados. Pero ¿Cómo entender las transformaciones constructivas y los cambios funcionales de las estructuras urbanas producidas en Chiclayo a lo largo de la historia? Es imposible, actualmente, para el común de las personas (también para algunos especialistas) determinar una correcta secuenciación histórica de las edificaciones urbanas de nuestra ciudad.

Hay algunas casonas republicanas de inicio del siglo XX, pero fueron demolidas algunas huacas en el mismo tiempo; existen pocos espacios de estilo mudéjar, callejones, rústicas casas de adobe, altos edificios fríos y duros, otros, cálidos y de formas variadas… edificios intervenidos y modificados en su diseño, otros que cambiaron su función inicial alterando su significado. Todo convive y no ha sido explicado, definido; construcciones de tiempos y estilos distintos nos hablan de una historia del pensamiento lambayecano a la que resulta indispensable acceder. Es necesario plantear en espacios académicos una historia de las edificaciones, como parte de la Historia de la arquitectura de Lambayeque.
La Historia sistematizada de la arquitectura lambayecana nos permitirá relacionar lo que está y lo que fue; lo que vemos con lo que no vemos. Esta es la historia de las edificaciones que despertará nuestras capacidades de conceptualización y recreación de las realidades. Necesitamos comprender la historia de nuestro espacio chiclayano y lambayecano en su totalidad y, por lo tanto, los procesos que propicien el conocimiento y la captación de los edificios, debe ser implementado de manera científica, sistemática.

En este sentido es digno de elogio el trabajo histórico realizado por la Arq. Velia Beltrán centurión con su “Vademécum arquitectónico” (2011) y los permanentes aportes en la interpretación de los Monumentos Históricos de Chiclayo. Su artículo más reciente sobre la historia de la Catedral de Chiclayo es absolutamente ilustrativo y conmovedor.
Según Ham (2006) “Cuando exploramos ciudades, la percepción que tenemos de las mismas depende de muchas variables subjetivas y otras objetivas que actúan sobre las sensaciones”; considero que muchos nos vemos impedidos de aprehender el significado del patrimonio cultural (edificios incluidos) pues no tenemos los lineamientos para su decodificación. Nos quedamos solo con la percepción visual sin llegar al nivel de la comprensión histórica. Perviven nuestro interés y curiosidad, lo cual sirve de base para el aprendizaje tan necesario de esta realidad.



lunes, 12 de enero de 2015

Reflexiones Para la Construcción de una Filosofía de la Historia Regional de Lambayeque


Tener glorias comunes, en el pasado.
Una voluntad común, en el presente.
Haber hecho juntos grandes cosas
Querer hacerlas aún:
¡He ahí las condiciones esenciales para ser un pueblo!

Joseph Ernest Renan, en “¿Qué es una nación?” (1882)

Introducción
Jorge Basadre, célebre historiador peruano, en la conferencia “La enseñanza de la Historia”, dictada en la Escuela Normal de Lima en 1952, hace una pregunta y esgrime excelentes ideas con las cuales deseo comenzar el presente trabajo: ¿Comprender qué?... una respuesta fácil a tal pregunta es decir, el pasado. La historia es la ciencia del pasado. Pero ¿Es verdad que el pasado nos interesa como hecho desnudo, absoluto, compuesto por todas las cosas que solo tienen como carácter común haber existido antes y ya no ser contemporáneos nuestras? El médico no estudia el cadáver porque sea cadáver. Lo estudia por aquello que hay en él y que sirve para conocer la vida”.
La historia no es un como un cementerio. Los hechos históricos no son como una colección de cadáveres. Es gracias a la labor seria del historiador, como intérprete de los intereses culturales y trascendentes de la sociedad, que cada hecho cobra sentido. La historia es una ciencia viva y es la ciencia de la vida. La historia es mucho más que registrar datos. La historia descubre, interpreta y reconstruye, lo más cercanamente posible, las distintas realidades del hombre en el tiempo.
La Historia Regional de Lambayeque, basada en la Filosofía de la Historia Lambayecana, interesa a todos aquellos que hemos nacido o vivimos en esta tierra. Es connatural preguntarnos reiteradamente sobre nuestro origen y nuestro destino personal y social; sobre la evolución de nuestro pueblo y los personajes trascendentes a lo lago de milenios; sobre nuestra raza, mestizaje e idiomas; sobre nuestras costumbres, tradiciones, restos, documentos… la curiosidad histórica es una característica tan humana que, sin exagerar, podría considerarse como una necesidad básica de su intelecto y su integración social. Ha llegado el momento de conceptualizar sobre la necesidad, importancia, características, factores, métodos, exposición, divulgación… de la Historia Regional de Lambayeque, alejándola de lo anecdótico, ordinario y vistoso (la mayoría de los ciudadanos no pasa de este primer contacto); acercándola a lo científico, académico y sistemático.
Sin el conocimiento de los aportes de la Historia Regional de Lambayeque, sería imposible la comprensión actual de nuestra realidad regional y la planificación futura de las acciones a partir de nuestros intereses y necesidades. El pasado es la motivación de nuestra conciencia presenta y mantiene el dinamismo necesario para solucionar las diversas problemáticas y caminar hacia el futuro.  Según Josefina Ramos de Cox, “Solo quien conoce los esfuerzos de lo hecho, tiende a acrecentarlos…” Afirmo que esta es la hora, y ha llegado, de dar a conocer las maravillas de nuestra historia para generar identidad y  definir nuestros objetivos comunes.

1.       Filosofía de la Historia
¿Qué es la filosofía de la Historia? Y ¿Por qué es importante dar a luz una filosofía de la Historia Regional de Lambayeque? Debemos empezar por definirla para la caracterización de dicha filosofía. La reflexión en conjunto, en diversos espacios académicos, es una tarea pendiente pero indispensable.
Luis Ignacio Vivanco Saavedra, maestro de la Universidad de Zulia (Venezuela) indica: “Lo que se conoce como filosofía de la historia se ha establecido tradicionalmente, entre otras cosas, como una reflexión sobre las posibles causas finales de los acontecimientos históricos. Se trataría de una investigación que correspondería al ámbito de una teleología de lo histórico, la cual puede quedarse en lo inmanente o centrar su telos en lo trascendente, o abarcar ambas cosas”[1].
La filosofía de la historia regional surge de la reflexión de nuestro pasado, sus personajes, su espacio, características; pero, además, propuestas para el enfoque de su estudio (o enfoques) el respeto a las interpretaciones.
Es necesario saber ¿Quién o quiénes escriben e investigan la historia regional? Luego resulta indispensable la conformación del academus histórico que permita sistematizar la información y compartir una misma orientación que permita sumar y multiplicar, antes que restar y no dividir.

2.       La “secuencia Natural de la Historia”

Según el filósofo español Xavier Zubirí Apalategi, el pasado vive en el presente, no como un recuerdo, sino como una parte de la misma realidad; es entonces, el pasado, una entidad vigente, en cuanto permanece en el hombre motivando sus ideologías, costumbres y estilos de vida. Por eso, José Agustín de la Puente Candamo afirma: “(al estudiar la historia) estudiamos parte de nuestra vida, tanto en el sentido personal, como en el sentido comunitario y nacional”. Luego añade “los problemas de un pueblo, así como los problemas de un hombre, tienen que esclarecerse a la luz de la vocación, el destilo, de la tradición de ese pueblo o de ese hombre. El presente tanto en el hombre como en la nación se entiende dentro de la tradición histórica”. Cuando afirma los sentidos personal, comunitario y nacional; se refiere a tres categorías o niveles que, como propuesta de estudio,  denomino el “Sentido Natural de la Historia”.
Sostengo, que la historia como ciencia ligada al pasado (como tiempo) y a al hombre en el pasado (como objeto) tiene una secuencia natural lógica:
a)      se origina en el nivel de la Historia Personal que significa la búsqueda de respuestas respecto del origen y entorno más íntimo del hombre (familia nuclear y extensa, familia por adopción, sitios y lugares vinculados al círculo familiar, valores y tradiciones, etc.).
b)      Luego, la Historia Local y Regional, por la necesidad de pertenencia a un barrio, vecinos, amigos… a una historia común, a los vestigios y restos materiales e inmateriales que generan autoestima e identidad.
c)       Otro nivel es el de la Historia Nacional que nos integra considerando valores, hechos, personajes, costumbres y realidades culturales diversas, con todas las comunidades existentes dentro de un mismo territorio.
d)      Finalmente, la Historia Americana y la Historia Global, que nos acercan a realidades cada vez más cercanas en tiempos de fronteras imperceptibles y comunicación en tiempo real.


3.       El Hombre en el Tiempo
No es, entonces, la historia, la ciencia del pasado. El pasado es, filosóficamente, una etapa, un eslabón en la cadena histórica del hombre. Un espacio que no somos capaces de reconstruir con nitidez, a lo sumo aproximarnos en base a fuentes primarias, monumentos y relatos que nos permitan configurar una realidad indispensable para la comprensión de nuestro presente. “Es la historia la ciencia del hombre en el tiempo”. No tiene sentido el estudio del hombre en el tiempo sino como centro y eje de ese estudio. Dicho ser, intemporal, el hombre, siendo el centro, en cuanto a ser transformador se relaciona con el tiempo complementándose en la unidad que es el objeto de estudio de la historia. Entonces, la historia es, la ciencia del hombre intemporal, eje y centro del pasado, presente y futuro
Comparto la idea del historiador Pedro Rodríguez Crespo quien afirma que la historia no se conforma con el logro de hombres cultos y enterados, sino que promueve hombres capaces de apreciar la justicia y de vivir solidariamente en una comunidad. Creo que la historia nos presenta un pasado que tiene vida, en cuanto tiene sentido y significancia para nosotros; “el pasado vive en nuestro presente y actúa sobre nosotros”.
Sobre la relación del hombre con su pasado y la influencia del pasado en la vida del hombre, presente y futura, Rodríguez Crespo tiene una afirmación que me parece insoslayable: “Conviene recordar que el pasado, cercano o remoto vive en nuestro presente y actúa sobre nosotros. Aunque el pasado no obliga, nosotros somos porque otros fueron antes que nosotros; lo que ellos decidieron como proyecto de vida nos afecta. El pasado es vida”.

Es por eso que la historia no debe mostrarse como la colección de una serie de hechos ocurridos. Hay que permitir a todos encontrar sentido y dar valor a los hechos del pasado que nos configuran como pueblo. Hay que motivar a valorar, esto es el valor humano de la historia. Hay que despertar el espíritu crítico para no aceptarlo todo con resignación y asumir posturas de cambio. Esto es el valor transformador de la historia. Debemos mostrar el camino que permita comprender el pasado e intentar llegar a la verdad de los hechos mediante un proceso y con el uso de fuentes. Este es el valor científico de la historia.


4.       Reflexiones Para La Historia Regional de Lambayeque
Parafraseando a Jorge Basadre, no se puede hacer una historia de Lambayeque sin una filosofía de la historia de Lambayeque. El historiador Edward Hallet Carr, en su obra “¿Qué es la Historia’” (1965) afirma: “Solía decirse que los hechos hablan por sí solos. Es falso, por supuesto. Los hechos solo hablan cuando el historiador apela a ellos; él decide a que hechos se da paso, y en qué orden y contexto hacerlo”. En Lambayeque necesitamos historiadores intelectualmente impregnados e aquella filosofía.
Debemos penetrar, estimo, en los factores propios de nuestra historia local. En ese sentido, y proponiendo categorías antagónicas al sentido marxista de la historia, debemos tener claros los factores endógenos y exógenos de nuestra historia. Entendamos por factores endógenos a las diversas formas de pensamiento, motivaciones,  intereses, existentes en las distintas etapas de nuestra historia y de origen local. Lo endógeno parte del interior del hombre mismo.
Como factores exógenos entendamos a las antiguas y nuevas tecnologías, condiciones ambientales, valores alienantes y formas de pensamiento que, en algunos casos, minimizan y agraden nuestras manifestaciones culturales. Lo exógeno, exterior al hombre, no es necesariamente dañino y necesita, sin embargo, una reflexión profunda, fruto del sentido crítico y no una actitud de obligatoria adaptación o mimetización.
Respecto a lo anterior, las palabras de uno de los más grandes historiadores del siglo XX, según Basadre, el inglés George Macaulay Trevelyan, son aleccionadoras: “No conozco triunfo más grande del intelecto humano que la reconstrucción cierta de etapas pasadas de la vida en sociedad por largo tiempo olvidadas, o no bien comprendidas y que son recuperadas después por el esfuerzo paciente de arqueólogos, anticuarios e historiadores. Descubrir en detalle lo que fue la vida del hombre hace diez mil o cien años, es un milagro tan grande como hacer que los barcos naveguen bajo el agua y surquen el espacio”.
Para comprender nuestro ser social necesitamos acoger el conocimiento histórico. Necesitamos redescubrir nuestras características, objetivos y tradiciones comunes; esto podrá generar un auténtico sentimiento de identidad y solidaridad lambayecana.








[1] Ver en “Sobre la posibilidad de una filosofía de la historia regional” (2006) disponible en: http://www.scielo.org.ve/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0798-11712006000300004&lang=es

jueves, 25 de diciembre de 2014

Breve Historia de la Navidad en Lambayeque

En Lambayeque colonial, el mes de diciembre, ha sido festivo. Según Sandra Negro (2013) “por influencia española, coloquialmente (…) es frecuente señalar esta fiesta con el apelativo de Pascua, que hace referencia al tiempo desde la Natividad de Nuestro Señor Jesucristo hasta la Epifanía. En el Perú virreinal, el 25 de diciembre era el primer día de la Pascua de Navidad… [En todas las ciudades del Perú virreinal] la fiesta comenzaba el 08 de diciembre con las celebraciones de la Inmaculada Concepción; es notorio el énfasis con que se reseña la fiesta de la Pura y Limpia Concepción de María Nuestra Señora, que se celebraba, ayer como hoy, el 8 de diciembre…”.
Es posible inferir, por extensión histórica y ya que así se realiza en todas las ciudades principales que ingresaban por las calles de Zaña y Lambayeque en dirección a la Iglesia “ocho carros decorados con flores. El número ocho hacía referencia al octavario dedicado a la Virgen María… Detrás de éstos seguía un carruaje (…) que contenía la efigie de un león, que representada al rey de España, Felipe IV. En este carro se exhibía una gran imagen de la Limpia Concepción y una espada desnuda defendiendo su pureza…”
Entre el 09 y el 23  se  instalaban los “Belenes” o nacimientos y después de la “Misa de Gallo” se preparaban para recibir las visitas o alternativamente salían para “dar las buenas Pascuas” a familiares y amistades. Para los nacimientos, desde el 13 (Día de Santa Lucía), se hacían germinar “los triguitos” elementos indispensables para la decoración.
El tiempo de las visitas era usualmente desde las 6 de la tarde hasta las 11 de la noche. Los visitantes pasaban al principal (sala) o a la cuadra (comedor), no sin antes contemplar el belén que los dueños de casa exhibían. El día 25 no se desayunaba pues debían guardar ayuno estricto para participar de la Misa de Navidad que se celebraba al medio día. A los licores usados como asentativos se les llamaba “los orines del niño”. Las fiestas se extendían hasta recibir el año nuevo. Ya durante el gobierno del Virrey Luís Jerónimo Fernández de Cabrera y Bobadilla, Conde de Chinchón, se usaban antorchas y fuegos artificiales dispuestos en “castillos”.
Sobre los alimentos tradicionales, en el trabajo “La Navidad en el Perú” (2010) de Rodolfo Tafur Zevallos, indica “En el norte del Perú se consumía el Yupichín que era una mazamorra de bayas de algarrobo… [Además] Se consumía el camote en mazamorra, que de acuerdo a las clases sociales tenía su nombre: para los pobres era ´Camote dulce´, para la clase media, ´Camotillo´ y los ricos lo llamaban ´Cabello de ángel´”. Sabemos que hubo otros platos como “puchero” (sopa), tamales, humitas, chicharrones, escabeches… para asentar: “mate de Paraguay” y licores diversos.
Según el historiador Miguel Díaz Torres en el trabajo monográfico “Del Chiclayo que se fue” y recogiendo la versión del recordado periodista lambayecano José Arana Cuadra, en la celebración navideña en Chiclayo de la década de 1920: "la gran novedad era la pascua, la noche buena en el Hospital de las Mercedes se celebraba con banda de músicos, fuegos artificiales, tómbolas; los muchachos iban a gastar su propina. Había un cuetero famoso: el cuetero Chávez, existían dos bandas de músicos en competencia: La Banda de Brenis y la del Sordo Gamarra".
Los ancianos recuerdan, desde la década de 1930, que se formaban, por barrios, grupos de niños que, a cambio de una propina y disfrazados de personajes navideños cantaban villancicos en las casas ante los nacimientos. Desde mediados del siglo XX se hicieron muy famosos los concursos de belenes, en especial aquel que propiciaba el Diario “La Industria”. Eran famosos los nacimientos en la Catedral, el Asilo de ancianos, el parque principal…
En la década de 1970 e inicios de los 80, se realizaban los concursos escolares de villancicos en los que participaban las corales de los colegios “Manuel Pardo”, “Santa María Reyna” o “Nuestra Señora del Rosario”; eventos muy competitivos y de altísima calidad interpretativa. Recuerdo la presencia inolvidable del R.P José María Jubera. Un villancico chiclayano fue ganador en la edición de 1976 “Martín invierno” interpretada por la coral del colegio “Santa María Reyna” y de autoría de Osterli Campos.
Hoy todo ha cambiado. El consumismo materialista va acabando con nuestras mejores tradiciones. Desde ahora compartamos, en familia, los mejores recuerdos de un Chiclayo que se jamás se irá pues vive en nuestra memoria y se actualiza con nuestros recuerdos y tradiciones.





miércoles, 3 de diciembre de 2014

El Cine y su Historia en Chiclayo


Local del antiguo Cine "Tropical" ubicado en la calle
Elías Aguirre.
La historia del cine comenzó en París, en diciembre de 1895, han pasado casi 120 años. En el Perú, la primera función “se realizó en febrero del año 1897, en la Confitería Jardín Estrasburgo (hoy "Club de la Unión"), en Lima” se usó el cinematógrafo de los hermanos Lumiere. Así, Mientras en las principales ciudades del “mundo industrializado” y en Lima, nuestra ciudad capital, la “Belle Epoque” mostraba nuevos estilos de vida a partir de la aparición de impensadas tecnologías; en Chiclayo, el sétimo arte causó primero sorpresa y asombro para, luego, convertirse en una forma habitual de distracción que puso a los chiclayanos en contacto con el mundo. Tomando como base la información del trabajo “Historia del Cine en Chiclayo” (s.a) puedo afirmar que, al inicio, antes de 1918, se proyectaron películas en el atrio de la catedral en funciones vespertinas los días sábados y domingos y usando un gran telón blanco.
Los cines de Chiclayo fueron: cine Olimpo (1918) ubicado en la cuadra 9 de la calle San José. El cine y teatro “Dos de Mayo” administrado por el empresario Alejandro Lora. El cine “Pathé”, que luego cambió a cine “Royal”, para luego ser el  cine “Colonial”. En “Del Chiclayo que se fue”, del historiador Miguel Díaz Torres, se afirma: “ (a inicios del siglo XX, en Chiclayo) Había dos cines, el Pathe (Colonial) de Don Francisco Cuneo Salazar y, al poco tiempo abre el Gaumonth... el cine era mudo, eran tres funciones: Vermouth, primera y segunda tanda y noche, cada cine tenía un timbre con el que llamaban 15 minutos antes de empezar. Cada cinema tenía un piano y su pianista, me acuerdo de la pianista del Gaumonth, era una chilena llamada Rebeca Silva Renar de Cassanova…”. En 1945, fue inaugurado el cine “Tropical” de la familia Pardo.
Local del antiguo cine "Colonial" en
la Calle "San José"
Son muy recordados, además, el cine “Iris” ubicado en la calle 7 de Enero el cual era administrado por el Sr. Alfredo Ballesteros; el cine “Norte” inaugurado el 2 de Febrero de 1949, ubicado en la cuadra 13 de la calle “Vicente de la Vega”, el cine “Elba” (fundado en 1954) ubicado en el distrito de José Leonardo Ortiz, y el cine “Sur” (fundado en 1959), administrado por el Sr. Luis Cortes. El cine “Tumi” (fundado en 1960) ubicado en la cuadro 12 de la avenida Luis Gonzales; el cine “San Antonio” que luego se convirtió en cine “Oro” y que, actualmente es el auditorio episcopal “San Antonio de Padua”, de los padres Franciscanos. El año 2002 abre sus puertas el multicine “Primavera” en el local del antiguo cine “Tumi” y el año 2006 significó la apertura de la sala de cine “Planet”, en vigencia a la actualidad.
Hubo cines en Ferreñafe (cine “Motupe” administrado por José María Cabrejos) Cayaltí, Tumán, Chongoyape, Pátapo, Pomalca y Eten. En otros distritos y centros poblados se proyectaban filmes al aire libre con asistencia masiva de pobladores.
Los días domingo, en la década de 1970, era de matiné. Los niños y jóvenes, vestidos con el mejor traje (“el dominguero”) formábamos grandes colas frente a las boleterías para apreciar los mejores filmes mexicanos (recuerdo “la niña de la mochila azul”), las mejores películas de Cantinflas, Capulina y Chespirito.

Local del antiguo cine y teatro
"Dos de mayo" en la Calle Alfredo Lapoint.
Hoy, el cine, sigue formando parte de nuestras vidas. La tecnología ha permitido mejorar el color y la calidad de la imagen; sin embargo, las sesiones en los antiguos cines de Chiclayo serán inolvidables. Tal vez, esas salas, fueron testigos mudos de un primer beso de amor, de una declaración romántica o de travesuras juveniles. Ir al cine en patota, silbar cuando fallaba la imagen o reclamar cuando encendían la tímida luz de una pequeña bombilla eléctrica, son algunos de los imborrables recuerdos de un Chiclayo que vive en nuestra memoria y que no debemos olvidar.

lunes, 20 de octubre de 2014

Algunos Datos Históricos de Pimentel entre los siglos XVI y XIX


Deseo afirmar el origen prehispánico y brindar algunos datos históricos de importancia sobre Pimentel.

En el Siglo XVI, durante su visita a Lambayeque (1566 a 1567), Don Gregorio Gonzales de Cuenca visitó, entre otros, el repartimiento de indios de Chuspo (actualmente Monsefú). Indicó que dichas personas realizaban faenas de pesca artesanal. Por la descripción de la zona de sus faenas, es posible inferir que se refería a la zona del litoral ubicada entre las actuales playas de Monsefú y Pimentel.

En el siglo XVI, según indica Pablo Rodríguez, en 1620 habitó en esta zona la familia Filcullán. Indica que los herederos de la familia (de apellidos Seclén Filcullán) fueron quienes vendieron 869 hectareas a Don Virgilio DalOrsso. Esta afirmación se basa en el testamento de Alfonso Filcullán ante el escribano de cabildo Francisco Minche.

En el siglo XVIII, se realizó la visita del Obispo de Trujillo Baltazar Martínez Compañon y Bujanda a toda la Diócesis. En el registro de su visita a Saña, llamada así la actual zona territorial de Lambayeque, hay un mapa en el que se puede apreciar como lugares costeros las zonas de San José, Puerto Nuevo (Pimentel) y Santa Rosa. No aparece Eten. El documento data de 1785 y ha sido estudiado por el historiador José Gómez Cumpa.

En el siglo XIX, la relación entre partidarios de la independencia de Guayaquil y Lambayeque era estrecha. En una visita realizada a Guayaquil, pude comprobar el vínculo desarrollado  a través de las logias masónicas. La madera usada para la construcción de algunas casas de personas notables fue traída desde Guayaquil. De seguro, San José y la Caleta de la Concepción de los valles de Chiclayo (Pimentel) eran los lugares de estiba y desestiba de productos e intercambio de comunicación verbal y escrita.

En la obra póstuma de Mariano Paz Soldán titulada "Geografía del Perú" (1862), Chiclayo aparece como provincia del Departamento de La libertad e indica que "... contiene catorce distritos, una ciudad que es Chiclayo, una Villa, quince pueblos, una estancia y once curatos". Se menciona a Eten y San José como Distritos del litoral. Sin embargo, Pimentel no aparece en la lista de distritos o curatos. ¿Por qué? infiero que es debido a su escasa importancia económica. 

El lugar evolucionó de Puerto Nuevo a caleta de la Concepción de los Valles de Chiclayo a Caleta de Salaverry y, finalmente, Pimentel. No pudo haber tenido mucha importancia debido a las inundaciones de los años 1821, 1871 y 1875. Sin embargo, durante la guerra del Pacífico esta ya era una zona más poblada y medianamente próspera. Los informes escritos por el general chileno patricio Lynch indican que, tratando de erradicar la fiebre amarilla, dictó algunas medidas y ordenó que los gastos sean asumidos por los de Pimentel.

Para fines del siglo XIX, Pimentel era una zona sin importancia económica.  En la visita realizada a Lambayeque, Ernest Middendorf, médico e investigador alemán, describe la travesía que vivió indicando que la llegada de pasajeros se hacía por la zona de Eten. Describe a dicho lugar como poco adecuado para la realización de la estiba, desestiba y traslado de pasajeros debido al fuerte oleaje. Esta condición mejoró con la construcción del Muelle y Ferrocarril de Pimentel, pero esa, es otra historia que, posteriormente, comentaremos.