martes, 4 de abril de 2017

El Proceso a Charles Sutton

Ing. Charles Sutton

En 1925 se produjo en la costa norte del Perú el Meganiño o “mojadera del 25”. El ingeniero geógrafo estadounidense Charles Wood Sutton era jefe de la Comisión de Irrigación de Piura y Lambayeque (Conocida como Irrigación de Olmos) y participó, a pedido del Presidente Augusto Bernardino Leguía, en el control de las inundaciones y en la rehabilitación de las zonas afectadas.
Calle real, hoy "Elías Aguirre" de Chiclayo
Fenómeno "El Niño" 1925

Según Arturo Rocha, la magnitud del fenómeno fue tal que los diarios limeños “La Prensa” y “El Comercio informaron que Chiclayo se había convertido en una inmensa laguna no habiéndose presentado lluvias similares desde 1891 “cuando las lluvias torrenciales duraron más de dos meses y hubo tempestades, truenos y relámpagos”. En uno de los hechos más notorios de dicho fenómeno, el Río Reque, corriente de aguas no natural por haber sido antes la acequia Lemap o Lémape, se desborda de manera inusitada al producirse la “quiebra” del Lambayeque a su cauce. Entonces, la escasa capacidad de los cauces de ríos y canales (como el Taymi) no evitó que las aguas desbordaran a centros poblados y tierras de cultivo.
Caída del Puente Eten - Fenómeno "El Niño" de 1925

Cuando los daños se hicieron mayores, el gobierno pidió a Sutton dedicar sus esfuerzos y recursos a labores de control, rehabilitación y reconstrucción. La Comisión de irrigación disponía de 47 millones de soles que utilizó en su mayor parte para ejecutar el pedido de emergencia dado por el gobierno ocasionando, de manera natural, la lentitud y postergación de algunas acciones en favor del Proyecto de Olmos. En 1930, cuando Leguía no era Presidente, Sutton fue acusado de corrupción por los “exorbitantes gastos efectuados en obras completamente distintas de las que le habían sido encomendadas…” fue sin duda un juicio político, permitido por Sánchez Cerro, absurdo, abusivo y sin razón. La historia evidencia que aquellas obras fueron caminos, conexiones de agua potable, reconstrucción de puentes, reforzamiento de cauces, entre otras.  
Parque principal de Ciudad Eten inundado
Fenómeno "El Niño" de 1925

Durante el juicio el abogado defensor de Sutton Sr. Luis Pérez Santisteban, mencionó: “cuando Lambayeque iba a perecer en el torbellino de las aguas enfurecidas y el señor Leguía le pide telegráficamente a Sutton que salve a su tierra nativa, ese hombre que hoy vais a juzgar permanece más de ocho días dentro del agua, hasta la cintura, dirigiendo en medio del peligro a los millares de hombres que se dispusieron para salvar a esa ciudad legendaria ¡Y la salvó! Costándole a Sutton una violenta fiebre tifoidea que lo empujó hasta el borde de la tumba”.
"Esperando la Caridad" afectados por el Fenómeno "El Niño" de 1925
en la Iglesia Santa María hoy Catedral de Chiclayo.

Jorge Basadre, refirió sobre el hecho: “A Sánchez Cerro que Olmos no era sino una farsa y Sutton un vulgar ladrón. Inclusive una noche en Pimentel se le quiso asesinar y de ello se libró por la lealtad y el valor de sus amigos. Luego fue sometido a prisión y a vejámenes. Hubo jueces que le abrieron un juicio por el robo, malversación o dilapidación de ochenta millones de soles…”
Molino Mocce - Fenómeno "El Niño" de 1925

A pesar de todo, Sutton se nacionalizó peruano y falleció en 1949. Recordando tan amarga experiencia mencionó a su amigo Rosendo Chávez que en aquella ocasión “me arrebataron hasta las cartas de mi madre”.
A Sutton se le reconoce hoy como “Padre de la Irrigación Peruana”.




martes, 28 de marzo de 2017

El Eclipse Total de Sol del 25 de Enero de 1944

Fotografía del eclipse de sol captada por la Comisión Mexicana
que visitó Chiclayo el año 1944

La publicación mexicana “Ciencia: Revista Hispanoamericana de ciencias puras y aplicadas” en su edición del 15 de julio de 1944, contiene entre las páginas 3 y 7 el artículo “El eclipse de sol del 25 de enero de 1944” de autoría del astrónomo mexicano Joaquín Gallo Monterrubio. Se trata de la narración del eclipse total de sol ocurrido en esa fecha en la ciudad de Chiclayo y que fue observado por una Comisión enviada a nuestro país por el entonces presidente mexicano Gral. Manuel Ávila Camacho por iniciativa del Prof. Luis E. Erro, Director del Observatorio Astrofísico de Tonantzintla (Puebla) y el Gobernador del Estado de Puebla Sr. Gonzalo Bautista.
Aprobado el traslado de dicha comisión, en Mexico, se preparó el instrumental a utilizar contando con el apoyo del Dr. Rodulfo Brito Foucher, Rector de la Universidad Nacional de Puebla, y el Dr. Harlow Shapley, Director del Observatorio de Harvard. Se empacaron el 23 octubre de 1943: un celostato Gautier de dos espejos, un refractor Grubb de 15 cm de diámetro y una cámara fotográfica con lente fecker de 3”. El traslado del instrumental y miembros de la comisión integrada por los Sres. Félix Recillas, José Alva, Luis Zubieta, Pedro Montejo, Hugo Cuesta Jara, Eduardo Gallo y Joaquín Gallo Monterrubio, se hizo a bordo de la embarcación cañonera “Querétaro”. La delegación “tocó los puertos de Salina Cruz, Panamá, Guayaquil y Callao… permaneciendo dos escasos días en Lima y partiendo el 5 de diciembre rumbo a Chiclayo” (Gallo, 1944)
Ya en Chiclayo, narra Joaquín Gallo, “después de presentar nuestros respetos al Sr. Prefecto de Lambayeque, y con la amable compañía de su secretario recorrimos la población en busca de un local apropiado para instalarnos. Elegimos los terrenos anexos al centro escolar 221, a poco menos de un kilómetro al oeste de la plaza principal de Chiclayo” (Ibídem) Dos días después se iniciaron la instalación de los equipos y los trabajos de observación. Gallo reconoce la buena voluntad manifestada en todo tiempo por la población y las autoridades de Chiclayo. La delegación mexicana estuvo en Chiclayo 26 días.
Según el historiador Miguel Díaz Torres, los mexicanos se hospedaron en el Hotel “Europa”. Era alcalde de Chiclayo el Sr. Nicolás Cuglievan y Prefecto de Lambayeque Adriano Baca. Fue tan importante el evento que ganó la atención de la revista “Sky and telescope” (Octubre de 1943). En nuestra ciudad los eventos fueron cubiertos por los periódicos “El Tiempo" y “El País”. Arribaron delegaciones peruanas como la Comisión científica de la Facultad de Ciencias de la Universidad Mayor de San Marcos representada por el Ing. Juan Portocarrero y el doctor Alfredo Rosenblat… La Comisión de la Marina estaba presidida por el Contralmirante Carlos Rotalde, la del Ministerio de Aeronáutica por el coronel B. White y la Comisión del Ejercito estuvo a cargo del Coronel Dianderas al que secundaba el Comandante B. Vallenas. Los visitantes fueron hospedados por el Coronel M. Escalante, jefe de la Base Aérea, en sus instalaciones
Antes de iniciarse el eclipse se observó un arco circunhorizontal debido a la presencia de “nubes cirrus muy tenues…”. Gallo, refiere: “Recuerdo que me llamó la atención la luminosidad del cielo… la coloración con tintes amarillentos y algo verdosos...” (Ibídem)
El eclipse, de acuerdo a las conclusiones del Gallo Monterrubio, fue similar a otro ocurrido el año 1900, con la novedad de la presencia del arco circunhorizontal y la percepción clara de las denominadas plumas polares.
Gallo finaliza su informe asegurando que “Mis compañeros, los miembros de la comisión mexicana,… demostraron por doquier su caballerosidad y por esto fueron acreedores a las continuas demostraciones de simpatía que el pueblo de Chiclayo les tributó, así como el que recibió nuestra querida patria en una manifestación popular dos días antes de que abandonáramos esa simpática población” (Ibídem)
Refiere Díaz Torres: “Durante la mañana del 30 de enero, la Comisión Mexicana salió del hotel Europa con su equipaje rumbo a la agencia Roggero de la calle Elías Aguirre frente al parque principal” (Díaz, 1989)





lunes, 27 de marzo de 2017

Historia de los Cementerios de Chiclayo

Cementerio del Barrio Patazca a inicios del siglo XX

El primer cementerio de Chiclayo en el siglo XVI, según Augusto león Barandiarán, se ubicó en el terreno que luego ocupó la Iglesia Matriz, en la actual calle San José. El segundo Calvario o cementerio desde el siglo XVII estuvo frente a la antigua Iglesia Matriz en el espacio que se conoció como el “Parquecito Bolognesi” o “Parquecito Cabrera” y se extendió hasta la Calle Real (actual Calle “Elías Aguirre”) y los Portales Gonzalez (actual Club de la Unión). Según Walter Saenz Lizarzaburu “Este cementerio era para gente pobre, ya que los fallecidos de cierta categoría económica eran sepultados en el propio convento de San Francisco o en su Capilla” (Saenz, 1988). El tercer calvario ocupó el terreno del actual Parque principal de la ciudad; según León Barandiarán “consta que resolvieron los franciscanos José Flores y Francisco de los Reyes a fin de que estuviera cerca del convento y no lejos del anterior cementerio”.
Cementerio El carmen en 1926

A medida que fue desarrollando la población, bajo el impulso de esa fuerza incontenible de crecimiento que distinguió siempre a Chiclayo desde sus comienzos, hubo necesidad de un nuevo cementerio, el cuarto, que fue construido en el antiguo “Barrio Patazca” actual Urbanización Chiclayo o Patazca, muy cerca de la zona que hoy ocupan el Círculo Departamental de Empleados y el Edificio Residencial FAP. Cuando en la década de 1940 se inician las obras de la “Urbanización Chiclayo” a cargo de Don Francisco Cúneo, quedan expuestos una serie de restos entre ellos los que actualmente se encuentran en la casa de las “Trece animas benditas”, de la cuadra uno de la Calle Juan Manuel Iturregi, se debe cambiar de ubicación al cementerio. El quinto cementerio o “Cementerio General” o Cementerio “El Carmen” se edificó a la altura del entonces llamado Cerrito de Pimentel, terreno destinado desde 1917 para el nuevo calvario o cementerio de la ciudad. Vale agregar en esta lista al Cementerio Chino de Chiclayo ubicado a pocos metros del Cementerio el Carmen y que es propiedad de la colonia china de nuestra ciudad.
Cementerio de la Caleta San José en 1971


Los nuevos cementerios de Chiclayo de fines del siglo XX e inicios del siglo XXI son de propiedad privada: Jardines de la Paz y El Angel. Otros cementerios de la Provincia, según el documento “Relación de Cementerios” (s.f) son: Juan Pablo Cortez (Cayaltí) Nazareno cautivo (Monsefú) San José Obrero (La Victoria) El Carmen (Pomalca) Tumán (Tumán) Reque (Reque) San Pedro (San José) Zaña (Zaña) Divino maestro (Callanca) General de Chongoyape (Chongoyape) San Pedro (Puerto Eten) San Pedro (Santa Rosa) Comunitario (Chongoyape) Santa María (Chiclayo) El Carmen (Pimentel) Parque del Norte (Pimentel) San Gabriel Arcángel (Chongoyape)

miércoles, 22 de marzo de 2017

José D. Effio, Pintor Costumbrista Lambayecano

"El Velorio" (1900) - José D. Effio

Revisando el tercer tomo de la Colección Museo de Arte de Lima (MALI), que contiene información y hermosas ilustraciones de la colección de pinturas peruanas producidas entre las dos primeras décadas del siglo XIX e inicios del XX, aparecen en el capítulo “Costumbrismo” junto a las creaciones del famoso Pancho Fierro, las del excelente artista plástico lambayecano José D. Effio, pintor costumbrista nacido en Monsefú en 1845 (aunque hay hasta tres versiones distintas del año de su nacimiento) y reconocido como pionero de la pintura histórica que desarrolló toda su carrera en Lima, ciudad donde falleció en 1920.
Effio, fue discípulo del famoso pintor español Ramón Muñiz su maestro particular en Lima. Entre sus principales obras se cuentan los oleos “Jarana” (1893) “Fundación de Lima” (1897) “El velorio” (1900) y “La venganza de Cornaro” (1907). Es considerado el continuador de la obra de Pancho Fierro, y con él “surge también un corto auge de escenas costumbristas en la pintura al óleo. Para entonces el costumbrismo, se había asociado casi exclusivamente a Lima, la única ciudad que logró desarrollar una tradición sostenida de imágenes de este tipo” Su obra ha sido ubicada en la corriente pictórica peruana denominada neo academicismo junto a la de Carlos Baca Flor, Francisco Canaval, David Hernández, Alberto Lynch, Francisco Masías, Teófilo Castillo y Enrique Domingo Barreda.
Fue el único artista plástico de su generación que prefirió hacer carrera y nutrirse de información estética en Perú decidiendo no viajar a Europa. Rocío Dueñas, historiadora del arte peruano, afirma sobre el aporte de Effio: “concentró su interés en temas locales y supo captar algunas costumbres de la Lima de fines de siglo e imprimió a sus composiciones un sentido de humor, sobresaliendo la alegría y el colorido de sus cuadros...” (Dueñas, 2010). A fines del siglo XIX Doña Adelina Concha crea, con sus propios recursos, los Concursos de Pintura y escultura Concha. Así, en el de 1897, el primer premio lo obtuvo el pintor Juan Oswaldo Lepiani con La oración en el huerto; Luis Astete ganó la medalla de oro y 200 soles por Reminiscencias; a Evaristo San Cristóbal le premiaron con 150 soles; José Otero recibió 200 soles por Los desocupados, y la pintura histórica La fundación de Lima de José Effio mereció el premio de 100 soles.
Fue miembro de la Logia Masónica “Parthenon N° 04” con sede en Lima, institución a la que también pertenecieron personalidades de la talla de Ricardo palma Soriano, Ramón Muñiz (su maestro) Henry Meiggs, el arquitecto Emilio Harth, entre otros; su nombre aparece en el cuadro de “Grandes Dignidades” de la Gran Logia del Perú del año 1882 y, en 1884. El documento denominado “Gran Logia del Perú 1884” contiene su nombre y aparece en la Comisión de Gran Tesorería en calidad de Recaudador. Dicha institución lo calificó como “hombre de bien, por su fraternidad y su servicio”.
La Revista Caretas de Lima, en su edición de junio de 1993, resalta la obra de Effio e informa sobre el descubrimiento del lienzo “Fundación de Lima” que había permanecido desde inicios del siglo XX ignoto y enrollado en una gaveta del Museo de la Cultura Peruana. Mientras en Lambayeque, José D. Effio es desconocido para la inmensa mayoría, en Trujillo se expuso su obra pictórica junto a la de otros costumbristas y neo clasicistas el mes de octubre de 2016 en la exposición "Historia Visual de la Pintura Peruana 100 años/25 pintores" en la Galería de Arte de ADUPAO.

He tenido el placer de apreciar sus obras y he podido notar su chispa histórica costumbrista y satírica; su visión realista, ingenua e ilustrativa (como anotara Julián Oñate). Ojalá y algún día como efecto del fortalecimiento de nuestra identidad y el aprecio por el aporte de ilustres lambayecanos podamos apreciar en nuestra tierra la brillante y hermosa obra de nuestro insigne personaje.

Los Restos de José Eufemio Lora y Lora

José Eufemio Lora y Lora (JELYL)

Según el poeta Alberto Aznarán “El 14 de diciembre de 1907, a las 11 de la mañana muere en el Hospital de la Charité, el joven poeta José Eufemio Lora y Lora, a raíz de la herida mortal (el doctor legista precisa por fracturas múltiples, principalmente en la base del cráneo) causada por el Metro luego de haber caído accidentalmente a la línea férrea en la estación 4 de septiembre de la línea 3 del metro parisino. Además de sus papeles de identidad, llevaba con él un Carnet que lo acreditaba como redactor del periódico La América Latina y 250 francos. La partida de defunción establecida por la Alcaldía del Distrito VI de París el 15 de diciembre, indica que José Lora (así se le llamaba en Francia), de 23 años, era nacido en Chiclayo-Perú, Hombre de Letras, domiciliado (en el Hotel), N° 44 rue de Jacob, París VI, soltero y de padres difuntos, de los cuales se desconocen sus nombres. El 18 de diciembre, el joven poeta es sepultado en el Cementerio de Bagneux en la División N° 96, Fila N° 4, Tumba N° 2. En 1912, cinco años después de su muerte, termina la concesión de su tumba, y como no fue renovada, los restos mortales de José Lora fueron lanzados a la Fosa Común” (Aznarán, 2007). Tan dramático hecho no pasó desapercibido. Nicanor de la Fuente, refiere: “(a su entierro) acudieron no solo escritores y poetas del Perú y de Latinoamérica, ya que también hicieron acto de presencia elementos representativos de las letras y organismos culturales de París”.

El primer intento de repatriación de sus restos ocurre en 1923. El embajador peruano en Francia, Don Mariano H. Cornejo, en respuesta al oficio N° 112 que le cursara el Ministro Peruano de Relaciones Exteriores pidiendo informe sobre los costos que implicarían la repatriación de los restos, responde escuetamente: “Nos es grato incluir a Ud. el presupuesto que me ha presentado la casa LAMY TROUVAIN que incluye los gastos que ocasionaría el envío de los restos del poeta LORA al Perú. Como verá el Sr. Ministro, la suma es crecida, casi igual al precio de una estatua, 8.500 FF…” no he logrado identificar quien o quienes realizaron la petición al Ministerio.
42 años después, en 1965, el gobierno destina la cantidad de 60 mil soles a la repatriación de los restos del José Eufemio Lora. Así, “se organizó un comité cuya labor estaba dirigida a la construcción de un Mausoleo en el Cementerio General y a cumplir un programa de recepción de grandes proyecciones. En Lima mismo, el Club Lambayeque y otro comité, funcionaba activamente con el mismo propósito” (Nixa, 1967). Sin embargo, llegó de París la noticia abrumadora y desconcertante que daba cuenta de la desaparición de los restos del egregio poeta chiclayano. El gobierno central, a través de la legación en París, explicó que tal desaparición se produjo “porque los nichos temporales solo tienen valor de hospedaje por cinco años… (y) durante la invasión alemán se produjo el desalojo por cuanto el Perú no tuvo representación en esa fecha” (ibídem).
La versión del gobierno causó estupor y resultó en falsa si consideramos que Don Ricardo Miranda Romero, destacado escritor lambayecano (autor de la “Monografía de Lambayeque”) en carta dirigida a al escritor José Vicente Rázuri le comunicó su satisfacción  por haber visitado la tumba del poeta en París el 17 de diciembre de 1953. La versión de Miranda es considerada veraz debido a la calidad de su persona y su solvencia moral e intelectual.

El 20 de octubre de 1966, el entonces Presidente Arq. Fernando Belaunde Terry firmó la Ley 19296 que destina la cantidad consignada a la repatriación de los restos de Lora y Lora y entregada al Comité Pro repatriación, a la edición del libro “José Eufemio Lora y Lora y su Tiempo” del escritor José Vicente Rázuri y encarga al Concejo Provincial de Chiclayo la edición de la misma.

viernes, 17 de febrero de 2017

Apuntes históricos sobre los carnavales en Chiclayo


Según el historiador Miguel Díaz Torres, los carnavales de antaño, los viejos carnavales constituían una de las más bellas y atrayentes fiestas de la euforia y el jolgorio popular. Era tiempo de chisguetazos, alegría y  retretas en las plazas y el parque principal, de las máscaras y antifaces, de las comparsas y el desfile del corso con reinas y carros alegóricos, del Rey Momo y los jueves de compadres, de las aventuras amorosas, de los baldazos de agua, de los polvos perfumados. Era la fiesta de la alegría, del alborozo, del buen humor, del jolgorio y la diversión.
Comparsa "El Rey Momo" Carnavales de Chiclayo 1920

¿Qué es el origen de los Carnavales?
Las fiestas de carnaval son “una continuidad de los antiguos Saturnales, las festividades romanas que se celebraban en honor al Dios Saturno” (López, 2012). Con el avance del cristianismo esta festividad tomó auge y se expande con el nombre de Carnavales, término que deriva de las voces latinas “Carnem levare” o “Abandonar la carne”. Esta “despedida” a la carne se refiere al inicio del tiempo litúrgico denominado Cuaresma, tiempo de conversión y arrepentimiento, que se inicia el “Miércoles de ceniza” y concluye el “Jueves santo” con una duración de 40 días.
Carnavales de Chiclayo 1914

Esta “despedida a la carne” implicó de tres a cuatro días de gran celebración. Todo estaba permitido, por eso, los participantes se disfrazaban tapándose el rostro para salvaguardar su anonimato. Hay evidencias que las máscaras y disfraces ya existían desde hace más de 5000 años en sumeria.
 ¿Cómo se celebraran en Chiclayo?
Carnavales de Chiclayo 1958

El insigne chiclayano Miguel García Puémape aporta con sus recuerdos una respuesta a la interrogante: “Era tradicional la elección de "reinas de las carnestolendas" como soberanas por los días del calendario sábado, domingo, lunes y martes, que cumplían actividades sociales programadas por el Concejo Provincial, con acento festivo. Su mandato se expresaba en el Corso Carnavalesco estructurado para disfrute visual de la población, con la participación de pintorescos y simpáticos carros alegóricos participantes de un desfile muy animado cumplido en el circuito Calle Real - Calle San José - Palacio Municipal - Calle San José -Calle Real. Las reinas, sus cortes y lacayos derrochaban simpatía y jugaban carnaval con el público, uno de ellos el lanzamiento de serpentinas de colores. Creo recordar que el Desfile Carnavalesco se efectuaba los martes, porque el día siguiente era el Miércoles de Ceniza”.
Carnavales de Chiclayo 1920

La alegría del carnaval se veía, también, en las celebraciones organizadas por instituciones de diversas épocas: Casino de Pimentel, Aero club de Chiclayo, Casino de Lambayeque, Club de tiro Chiclayo 77, Club Árabe, Club de la Unión, Jockey Club de Chiclayo, entre otras.  En los bailes los asistentes mostraban bellos disfraces y utilizaban chisguetes de éter perfumado y las serpentinas de conversación con sus elegantes mensajes sugerentes. Muy poco alcohol y en abundancia, alegría desbordante.
Carnavales de Chiclayo 1921

Se elegían cinco  reinas: Reina del Trabajo, Reina del Estudio, Reina de Simpatía, Reina Infantil, y Reina del Deporte. El primer día de Carnaval se coronaba a las reinas y se organizaba, el mismo día, una fiesta en honor de cada una. Al segundo día se elegía entre ellas a la Reina de la Ciudad, que vestía de blanco y era coronada por el alcalde de la ciudad. Era acompañada por un precioso séquito de damitas de honor y por las otras reinas quienes vestían de color similar. Las demás noches de carnavales se hacían fiestas en distintas instituciones algunos asistentes vestían elegantes vestidos y smoking, otros (los más jóvenes) asistían en comparsas temáticas disfrazados. Las fiestas las organizaba la Municipalidad, el Colegio San José, los clubes y otras instituciones. Las elecciones más recordadas fueron las de Bertha Moreno Aurich y Elizabeth Sime, ambas en la primera mitad del siglo XX.
Carnavales de Chiclayo 1929

En su artículo “Volverán los viejos carnavales” (La Industria: 30/01/87) el recordado periodista José Arana Cuadra, dice: “Con (el presidente) Leguía se trató de darle mayor calidad social al juego. Eran dos partidos: el verde y el encarnado… En el Parque se formaba como un colchón de casi un metro de alto de serpentinas, no se podía ni caminar, era un mes de locura 
Una fiesta del Pueblo: Carnavales de “El Porvenir”
Los carnavales de Chiclayo fueron siempre la fiesta del pueblo. En el Barrio “El Porvenir”, por la década de los 50, el Entierro de Ño Carnavalón provocaba el entusiasmo y participación todos. Era la clásica diversión el lanzamiento a peatones de "globos de agua" desde techos y balcones de casa, así como las alegres y húmedas batallas a baldazos de agua entre vecinos. Se instalaba  el “Palo encebado” embadurnado con grasa, y se esperaba el momento del concurso de ascenso para alcanzar el billete que estaba al final en lo más alto.
Carnavales del Barrio "El Porvenir" de Chiclayo - 1985

En las calles había bandas de músicos y actuaciones convocadas en honor a la Reina. Durante el día se jugaba con agua, globos o bombas de agua. Generalmente se hacía por equipos, una familia contra otra, y había guerras de agua.  Al atardecer ya terminaba el juego y todos se iban a casa para cambiar la ropa e ir a las fiestas. El último día había el corso donde desfilaban todas las candidatas, y la Reina de la ciudad.  También salía el Ño Carnavalón acompañado por algunos personajes que danzaban con los Bailes mamarrachos.
Un comentario final
Desde antiguo han sido muchos los historiadores, tradicionalistas y viajeros extranjeros (Middendorff, Mellet, entre otros) que han destacado el carácter alegre de nuestra ciudad. Alguien se animó a calificarla diciendo “vive de noche y duerme de día”. Lo cierto es que si el sello distintivo del chiclayano es la amistad, sus valores relacionados: alegría, afecto y camaradería estuvieron y están presentes en nuestras actitudes sociales.
Bien haríamos en rescatar la belleza, vistosidad e integración de estas celebraciones. Pues cuando se celebra el pueblo se hermana y se une. ¡Cuánta unidad nos falta en procura de los objetivos comunes!


miércoles, 8 de febrero de 2017

Juan Bautista Lastres y Quiñones: Médico e Historiador Chiclayano


El médico e historiador chiclayano Juan Bautista Lastres Quiñones, nació el 02 de enero de 1902 y falleció en Lima el año 1960. Sus padres fueron los señores Andrés Vicente Lastres (hijo del prócer de la independencia lambayecana Andrés de Lastres y Martínez Tejeda) miembro de la Beneficencia de Lambayeque en 1876, y Dominga Quiñones. Realizó estudios escolares en el Colegio Nacional de San José y “el año de 1918, se trasladó a Lima e ingresa a la Universidad de San Marcos, realizando sus estudios preparatorios en la Facultad de Ciencias Naturales; después de dos años, en 1920, ingresa a la Facultad de Medicina. Luego en 1928, opta el grado de Bachiller en Medicina con la tesis titulada: Consideraciones sobre los fundamentos de las principales clasificaciones de nefropatías, en especial de la alemana de Volhard Fah; en marzo del mismo año se recibió como Médico-Cirujano. Como Doctor en Medicina se graduó en 1935 con la tesis Investigación histórica del pasado nervioso peruano” (Gonzales, 2010). El Dr. Orlando Aurazo agrega que realizó estudios premédicos en la Universidad de Trujillo y de Postgrado en Europa.Fue un reconocido y prolífico investigador de la primera parte del siglo XX. Habiendo publicado 64 títulos entre libros y folletos, 163 artículos y ensayos, 33 discursos y 5 memorias.

En 1946, se creó una Comisión para la redacción de la Historia de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, en su cuarto centenario de fundación, presidida por el Dr. Luis Antonio Eguiguren quien convocó a un selecto grupo de intelectuales de la época, entre ellos el Dr. Lastres a quien se le encomendó la redacción del Tomo V: Historia de la Medicina Peruana. El trabajo fue presentado en tres volúmenes: Historia de la Medicina Incaica, Historia de la Medicina en el Virreinato e Historia de la Medicina Republicana; donde ofrece diferentes temas, propios del desarrollo histórico de la medicina peruana. Esta es la obra sintetiza sus indagaciones realizadas desde 1930 cuando, como cirujano asimilado al Ejército Peruano, pudo recorrer todo el país adquiriendo gran conocimiento del Perú profundo y la Realidad Nacional.

Jefe de la clínica de sintomatología en 1928. Médico en la Clínica para hombres, en 1929; Jefe de la clínica de neuropatología entre 1931 y 1934; Jefe del departamento de neuropsiquiatría del Ejército Peruano en 1939. Profesor asistente de neuropatología entre 1934-1935, y profesor de Sintomatología entre 1934 y 1938 en la Facultad de Medicina. Profesor adjunto de antropología en la Facultad de Ciencias en 1938. Representante peruano ante el Décimo Congreso Internacional de Histología el año 1943 con la ponencia “Medicina Aborigen Peruana”. Fue miembro de la Academia Nacional de Medicina, la Sociedad Peruana de Historia de la Medicina (que fundó) y miembro de la Asociación Médica Argentina.
El Amauta Jorge Lazo Arrasco lo califica como uno de los más importantes representantes de la “Vieja pluma chiclayana” y el historiador Teodoro Rivero Ayllón destaca tres de sus obras: “Las enfermedades nerviosas en el coloniajes” (1938) “Una neurosis célebre: La Mariscala” (1945) y “Lope de Aguirre, el Rebelde” (1942),
En el Distrito de Miraflores (Lima) una calle se llama Juan B. Lastres. En Chiclayo, en el Pueblo Joven Diego Ferré, una calle recibe el nombre del padre de nuestro personaje: Antonio Lastres.



martes, 7 de febrero de 2017

Los “matriculados de marina” de Santa Rosa y San José


Obreros del Muelle y Ferrocarril de Eten, 1905.

A partir de 1870 y con el propósito de dar mayor desarrollo a la industria de agro exportación, se inicia en el Departamento de Lambayeque la ejecución de ferrocarriles (en Eten y Pimentel) a cargo de la inversión privada. El primer problema por resolver, una vez concluida la construcción de muelle y línea férrea, fue el de la mano de obra especializada para tareas de mar: estiba, desestiba, manejo de maquinarias, entre otras. Así  “…el funcionamiento de los puertos de Lambayeque significó la instalación de una población laboral donde antes no había ni pescadores ni trabajadores de otras actividades...” (Gómez & Bazán, 1989).
Se recurrió a los matriculados de marina inscritos en las caletas de pescadores de Lambayeque. La “matrícula de marina” fue un sistema establecido en 1840 para la captación de mano de obra para el servicio de los buques de la armada peruana. Según Gómez Cumpa, Los pescadores se inscribían en las capitanías de los puertos solos o por cuadrillas para prestar servicios de aprovisionamiento de los buques de la armada. Sin embargo, con la implementación de los puertos y por influencia de los propietarios de dichas empresas los “matriculados de marina” sirvieron también en los muelles de Eten y Pimentel realizando labores portuarias siendo considerados, por su experiencia marina, trabajadores calificados. A cambio de sus servicios se les otorgaba la licencia de pesca, esto era lo que buscaban. Es menester recordar que Manuel Pardo, Presidente de la República entre 1872 y 1876, fue uno de los accionistas de la Empresa del Ferrocarril y Muelle de Eten.

“Inicialmente la demanda de trabajadores marítimos de la Empresa del Ferrocarril y Muelle de Eten fue cubierta por asalariados provenientes de Sechura, Pacasmayo y Huamachuco. A partir de la ocupación chilena fueron los pescadores de Santa Rosa los que se turnaban en los trabajos marítimos del Puerto Eten” (Ibídem). En el caso de la Empresa del Ferrocarril y Muelle de Pimentel, entre 1870 y 1879 los trabajadores marítimos fueron de Santa Rosa; mientras que de 1880 a 1940 fueron de San José.
En un Memorial de matriculados de la Caleta de San José de 1890, referido por Gómez & Bazán, los matriculados describen las penurias de sus servicios: “son rudos y penosos como todos los del mar especialmente en puertos desabrigados como el de Pimentel en que la vida de cada uno de nosotros se rifa a cada instante no son ni remotamente compensados con el salario que se nos paga…” los “matriculados de marina” trabajaban tres meses en los puertos quedándoles nueve meses para la práctica de la pesca artesanal.


Queda claro, entonces que siendo indispensable para el desarrollo de los muelles y ferrocarriles de Lambayeque la provisión de mano de obra calificada por su experiencia marítima, tal provisión se logró con los pobladores de las caletas pesqueras de Santa Rosa y San José.

lunes, 23 de enero de 2017

Carlos Alberto Doig y Lora

Dr. Carlos Doig y Lora. Jurista destacado, político y literato lambayecano
Decano del Ilustre Colegio de Abogados de Lambayeque entre 1938 y 1950

El jurista, político y literato lambayecano Carlos Doig y Lora, nació en la ciudad evocadora el 30 de agosto de 1896. Fueron sus padres el Sr. Juan Patricio Doig Baraona y la Sra. María Natividad Lora Cherres. Sus estudios escolares los realizó en el Colegio San José y los superiores, de leyes,  en la Universidad Mayor de San Marcos. Casado con María Margarita Padovani, tuvo 8 hijos.
Su desarrollo profesional y artístico lo realizó entre los departamentos de Lima y Lambayeque. Como literato, participó activamente en el primer debate sobre literatura peruana que se realizó entre 1905 y 1928 “inaugurando un discurso sobre los imaginarios sociales de lo nacional en la literatura…viendo en el medio y en la raza modalidades de representación” (Rodríguez, 2002) donde también hicieron escuchar su opinión entre otros José de la Riva-Agüero, José Gálvez, Luis Alberto Sánchez, José Carlos Mariátegui, Clemente Palma y Enrique Demetrio Tovar y Ramírez. Junto a José Antonio Encinas, organizó un centro de estudiantes universitarios leguiistas y el semanario Germinal (1918).
Reunión social en el Molino D'allorso. En la foto Agustín Arbulú Neira, Carlos Doig y Lora, Genaro Barragán, Eduardo de la Piedra, Nixa y Miguel Arbulú Medina - 1956
Según Armando Arteaga, Doig y Lora fue, también, “(Un) Poeta de nivel sorprendente… Se da en él un tratamiento especial al despertar de la nueva sensibilidad modernista... Se busca la protesta y la denuncia social, la reivindicación de lo nativo, se abre a los problemas contemporáneos del mundo. Se celebra las aparentes bondades del progreso” Publicó en la Revista Variedades (1919) y en La Prensa de Lima (1922) Como literato destacan sus poemas “Mientras la tarde muere” y “Pagana”.
Como jurista, fue autor del trabajo “Los hijos ilegítimos, la razón y la justicia” (1924). Participó como miembro de la Comisión ad honorem convocada por la Junta Nacional de Gobierno de David Samanez Ocampo mediante Resolución Suprema del 07 de agosto de 1931, que emitió un anteproyecto de Constitución el 05 de diciembre del mismo año; luego, como político electo, integró la Comisión de Constitución del Congreso que redactó la de 1933 y uno de los 58 representantes del Congreso Constituyente que en 1936 votó por la nulidad de las elecciones del mismo año que favoreció claramente al Dr. Luis Antonio Eguiguren quien contó con el respaldo del Partido Aprista, por aquel entonces proscrito. Fue Senador de la República, representando a Lambayeque, entre 1956 y 1962.
De la colección de Don Miguel García Poémape: Alumnos de tercero de
secundaria del Colegio San José (1912). 2a. Fila Parados: Francisco Villacorta, Carlos Rojas Gallo, Carlos Doig Lora, Fernando Samillán Baca, Aurelio Montenegro de la P., José E. Pasco Medina. 
El Lambayeque, fue desde 1943 Vocal suplente de la Corte Superior de Justicia de Lambayeque. Apoyó, a inicios de la década de 1950, decididamente la idea de Doña Rebeca sarmiento de Baca Rossi quien propuso la Creación de una Escuela Normal para señoritas en la ciudad de Chiclayo. Participó el 23 de diciembre de 1951 en la reunión de pioneros fundadores del Jockey Club de Chiclayo, realizada en el Club de la Unión. Además, fue Decano del Ilustre Colegio de Abogados de Lambayeque los años 1938, 1939, 1940, 1943, 1944, 1945, 1948, 1949, 1950.
Este buen lambayecano falleció a la edad de 68 años, en 1964; sus restos reposan en el Mausoleo de la familia Doig Buendía ubicado en el cementerio “El Angel” de Lambayeque.



martes, 17 de enero de 2017

Túpac Amaru de los Zambos


De la rica investigación histórica de Guillermo Figueroa Luna y Ninfa Idrogo Cubas, tomo una que resalta la presencia en Chiclayo del siglo XVIII del zambo Juan Chana, “Juan manael”, “Juan de alba” o “Túpac Amaru de los zambos”, “de 38 años, natural de Chiclayo, soltero y oficial de herrero, de condición libre”. Según Figueroa e Idrogo en ese tiempo “es evidente que la plebe chiclayana llegó repetidas veces a impedir el ejercicio de la autoridad colonial…  (Por eso) uno de los dirigentes rebeldes de la plebe (recibió) el título de Túpac Amaru de los Zambos”.
El 21 de enero de 1781 durante una corrida de toros en la plaza de Chiclayo,  las autoridades del Cabildo de Naturales conducían preso al indio Pedro Ayala, acusado de ladrón. Ante los gritos de auxilio, los zambos Juan Chana y Antonio Gamarra atacaron al alcalde, regidores y alguaciles del cabildo logrando la libertad de Ayala. Al día siguiente se dictó la orden de prisión y embargo de bienes contra Chana y Gamarra, quienes fugaron. Chana, además, fue acusado de otros cargos: de motivar a rebelarse contra el Corregidor, de haber liberado rompiendo la puerta de la cárcel de Chiclayo, al zambo Manuel Laudate, a Manuel Quiroga y otros. De resistirse al arresto afirmando “que mientras viviese sería el redentor de cuantos quisiesen aprisionar por orden y mandato de la justicia”. De gritar “que si no sabían era el segundo Túpac Amaru de los zambos de Chiclayo”.
Chana fue apresado en Luya en junio de 1781, negó los cargos pero aceptó haber liberado a Pedro Ayala, pues creyó “que los indios le habían robado y lo llevaban a la cárcel”. Sobre el mote de “Túpac Amaru de los Zambos”, dijo que “le daban este nombre por burla (Debido a) las embriagueces que ha tenido con otros de su clase”. En junio del mismo año un tumulto intentó sin éxito sacar a Chana de la cárcel de Lambayeque. Poco tiempo después corrió en Chiclayo la voz que Chana fue muerto en prisión provocando que la plebe liderada por Mauricio y Gervasio Briones intente atacar a los vecinos españoles al grito de “¡mata mestizos!”, quienes se escondieron salvando sus vidas. Luego se supo que la versión sobre la muerte de Chana fue falsa y los ánimos se pacificaron.

El fiscal de la causa solicitó para el reo la pena de muerte, pero el 11 de setiembre desistió por “las inquietudes e incomodidades que sufría”. El 23 de setiembre “Túpac Amaru de los Sambos”, Balentín Munar, Juan de la Torre, Bartolo “El Trujillano” y Tiburcio “El Paiteño”, huyeron de la cárcel de Lambayeque rompiendo una puerta y haciendo dos forados. Una vez libre, Chana seguía en Chiclayo agitando a la población y enfrentándose a la autoridad. En 1872, Chana seguía azuzando a la gente. El 3 de abril, junto a Celestino “el clarinetero”, ingresó al cabildo golpeando a los regidores y el alguacil mayor y liberando a once presos que, confiados de la protección de Chana, volvieron a sus casas sin ningún temor. Como el caso se reabrió y se pidió el encarcelamiento de Juan Chana, éste huyó a la sierra. “no se sabe si se cumplió esa orden o si el Túpac Amaru de los Zambos siguió resistiendo a la autoridad junto a la plebe”. 
seguiré divulgando, en artículos breves, interesantes aportes de Fugueroa e Idrogo, a mi juicio, los historiadores que mejor interpretan la historia de los pobladores afroperuanos en Lambayeque.

jueves, 12 de enero de 2017

El Pleito de las Lejías


Según fuentes históricas estudiadas por Scarlett O´Phelan, Víctor Peralta y Susana Aldana, el hecho que a continuación narro ocurrió por la aplicación de las Reformas Borbónicas el siglo XVIII que trajo consigo el aumento de alcabalas (impuesto a la venta de mercancías) y la libre comercialización de algunos productos, con lo cual acabó el monopolio de determinadas comunidades. El pleito por el control del comercio de lejía entre las comunidades de Mórrope y Sechura se inició el año 1773.
En Lambayeque las casas – tinas existieron primero en las haciendas y, luego, en los alrededores de las ciudades. Eran fábricas de jabón con sebo animal, donde se beneficiaban los animales, procesando sus pieles separando de ellas el sebo. En este proceso, la lejía era el principal insumo por su propiedad cáustica.

En 1773 Juan Chapilliquén, procurador de los indígenas sechuranos, exigió a las autoridades la libre comercialización de las lejía en los corregimientos piurano y lambayecano. Hasta esa fecha los indígenas de Mórrope ejercían el monopolio comercial de dicho producto. Chapilliquén presentó a Mórrope como una comunidad próspera con ingentes productos minerales (yeso, también cal y sal), ganado y agua; agregó contar con el apoyo de los tineros de Piura y Lambayeque, pues la lejía de Mórrope les llegaba siempre adulterada. Pedro Estela, diputado de comercio, calificaría a los morropanos de “…muy agudos y pícaros (vendedores de) lejía de pampa, mezclada con la yerba que llaman cheque o de gallinazo, que cuaja famosamente por lejía de Caboverde y afloja el material del jabón muchísimo porque no vale nada”.
Don Francisco Santisteban, procurador de los morropanos, argumentó que su comunidad tuvo derecho de comercialización por casi dos siglos, sin razón alguna para terminar con dicho beneficio; además, la comunidad de Sechura, tenía el monopolio de la comercialización del pescado otorgado por el gobierno virreinal y Mórrope jamás contravino dicha disposición. Agregó que sin este monopolio su comunidad perecería al no contar con actividad agrícola. Además, como consecuencia de esta actividad, han pagado puntualmente todos los impuestos al gobierno virreinal y las demás obligaciones locales.

El pleito duró hasta el siglo XIX cuando las autoridades dispusieron el libre comercio de lejía, fallando a favor de los sechuranos. Sin embargo, esto motivó la participaron en el comercio de las comunidades de Lambayeque, Monsefú y Eten con lo cual el precio bajó desfavoreciendo a los sechuranos como al resto de comunidades lambayecanas.

El golpe de gracia al comercio de la lejía ocurrió a inicios del siglo XIX con el cierre progresivo de tinas en la costa norte del Perú por el desarrollo del comercio agrario que disminuyó el comercio de lejía hasta convertirlo en insignificante.

Los Preparativos y el Arribo de la Expedición Lynch a Lambayeque

Capitán de navío chileno Patricio Lynch de
muy ingrata recordación para los lambayecanos

Introducción
La invasión del Departamento de Lambayeque durante la Guerra del Pacífico se realizó en dos etapas, la primera en setiembre de 1880 y la segunda en abril de 1881. En ambos casos, el caos, la amenaza y la destrucción fueron su forma habitual de imponer su poder en una guerra tan injusta como desigual.
Según el historiador Robert Markham “Ordenose a Lynch (comandante de la expedición invasora chilena) que arrasase todo el litoral peruano, desde el Callao a Paita, y aquél cumplió sus instrucciones al pie de la letra, arruinando dondequiera tanto la propiedad pública como la privada. Los daños que causó no sólo en los puertos marítimos de Huacho, Supe, Salaverry, Trujillo, Pacasmayo, Chiclayo, Eten, Lambayeque y Paita, sino en todas las villas, haciendas y plantaciones, fueron incalculables.…..las casas que se incendiaron fueron regadas previamente con petróleo y otras sustancias igualmente inflamables…los jefes chilenos habían declarado que sus tropas no harían la guerra a la propiedad privada; que solo iban a pelear con el enemigo en campaña; que los intereses y la honra de la población civil estarían cobijados por el glorioso pabellón chileno…”” (Markham, 1982)
El presente artículo tiene como objetivo explicar los antecedentes de la “Expedición Lynch” a las ciudades y haciendas de la costa; además, sobre su llegada a nuestro departamento, narrar los pormenores de la imposición de cupos a la Compañía del Ferrocarril y Muelle de Eten, como una muestra de lo que sería la aplicación abusiva de esta medida a otros negocios de la región.
1.     Los antecedentes de la Invasión chilena a Lambayeque
Tras el éxito del ejército chileno en la campaña de Tacna, el retiro a Lima de las fuerzas peruanas y el retiro del ejército boliviano del conflicto, el (en ese entonces) capitán de navío Patricio Lynch “vio con claridad un nuevo aspecto de la guerra… apreciando que Chile debía tomar la ofensiva, ya que en caso contrario caería en un peligroso statu quo…” (Rodríguez, 1967). Así, Lynch decide proponer al gobierno chileno el envío de una fuerza expedicionaria al norte del Perú con doble finalidad: imponer contribuciones de guerra a puertos y haciendas de la cosa y distraer la atención del debilitado ejército peruano concentrado en la defensa de Lima.
La comunicación de su idea al entonces presidente chileno Anibal Pinto no fue complicada. Según Diego Barros, Lynch y Pinto fueron amigos y compañeros de escuela en el colegio de los hermanos Zapata de Santiago (Barros, 2000). Así con fecha 26 de junio de 1880, Lynch envía una carta a su amigo Anibal Pinto comunicándole
“En la actual situación de las partes beligerantes, sólo dos soluciones se divisan sin la paz: o marchamos sobre Lima con el grueso del ejército, o nos quedamos en statu quo Mi proyecto en globo se reduce a marchar con una división ligera, compuesta de cuatro batallones de infantería, una batería de artillería de montaña y un escuadrón de caballería, a operar en diversos desembarques en la costa, al sur y norte del Callao… Estos desembarques tendrían por objeto: 1.º: Distraer las fuerzas concentradas en Lima, llamando la atención a distintos puntos; 2.º: Imponer contribuciones de guerra en los pueblos próximos a la costa y algunos del interior, para atender con ellos en parte el mantenimiento de nuestro ejército; 3.º: Producir el pánico de la guerra en las poblaciones más comerciales del Perú; 4.º: Mantener el espíritu público en Chile, y provocar en Lima, tal vez una revolución con los cargos que la impunidad de nuestras operaciones harían nacer contra la imprevisión del gobierno de Piérola; y, 5.º: Hacer sentir las consecuencias de la guerra a los acaudalados del norte del Perú, que hasta ahora muy poco o nada han sufrido. La parte ofensiva de la expedición se reduciría a imponer contribuciones de guerra ya a batir las fuerzas que se opusieran a mi proyecto. De ninguna manera comprendería su objeto causar daños que no nos reportarán provechos directos; nada de incendios ni de destrucciones vandálicas; con operaciones de esta naturaleza, lejos de alcanzar el fin racional de la guerra, se obligaría al enemigo a negarse a toda transacción, porque con ello se hace nacer la desesperación de una lucha sin término, ni cuartel…”
(Carta de Patricio Lynch a Presidente chileno Anibal Pinto)
La ruta propuesta por Lynch para su expedición invasora se iniciaría por el sur, en el Departamento de Ica, y avanzaría hacia el norte del Callao hasta Piura. El Plan de Lynch, aprobado por sus ministros y asesores, se formalizó cuando “con fecha 12 de agosto (Anibal Pinto) nombró a Lynch jefe de una expedición independiente para expedicionar al norte del Perú…” (Rodríguez, 1967)
Con fecha 24 de agosto, el ministro chileno José Francisco Vergara entrega a Lynch las instrucciones y material logístico para su expedición. Llama la atención el cambio a la ruta original propuesta por Lynch, además del cuidado que demanda el ministro respecto a los daños que pudieran producirse entre los ciudadanos “neutrales” o extranjeros:
“… 5. º: Terminadas las operaciones en Paita, hará rumbo a Chimbote donde ejecutará las mismas operaciones. Pasará algún tiempo más al norte para ocupar a Trujillo e invadirá el país hasta Lambayeque. Seguirá después al sur del Callao a tomar los valles de Cañete, Ica, etc., hasta Víctor, estacionándose en Quilca; de ahí dará aviso al general en jefe y esperará órdenes. El pago de las contribuciones de guerra lo exigirá en metálico o especies como azúcar, arroz, algodón, alcoholes, etc. Fijará prudencialmente la cuota y la hará efectiva con todo rigor apelando si es necesario a la destrucción de la propiedad para compeler a los particulares y autoridades a cubrir las cantidades exigidas; 6. º: Evitará en cuanto fuere posible todo daño a los bienes de los neutrales, pero si se hicieren amparadores de los del enemigo, se les hará sentir los rigores de la guerra”.
(Instrucciones de ministro don José Francisco Vergara a Patricio Lynch)
Según Eric Mendoza los chilenos “durante el conflicto bélico pusieron en práctica una táctica contraria a la que pregonaron, que fue criminal y despiadada. Impusieron exorbitantes cupos de guerra: a las ciudades con destacado movimiento comercial y si se negaban hacerlo, quemaban sus más importantes edificios públicos También se impuso este mismo pago a ciudadanos acaudalados y a compañías importantes” (Mendoza, 2012). Las afirmaciones de Mendoza son sustentadas en documentos oficiales peruanos y chilenos y, además, en publicaciones periodísticas como las emitidas por el diario “La Patria” de Lima que da cuenta de las listas de cupos y objetos saqueados por los chilenos durante su ocupación de Lambayeque.
Lynch inicia su expedición en Arica, el 04 de setiembre de 1880, tocó Mollendo y realiza su primer desembarco en Chimbote la mañana del 10 de setiembre. Además de la imposición de cupos de guerra a los hacendados, en dicha ciudad Lynch libera a los trabajadores chinos “… que desde ese momento le dan a Lynch, que hablaba el cantonés, el tratamiento de El Príncipe Rojo” (Rodríguez, 1967). Una situación similar ocurriría en Lambayeque, donde los ciudadanos de origen chino apoyaron la invasión chilena.
Lynch se dirige a Chancay ciudad que torpedea; luego desde Supe a Chimbote y a Paita, el 17 de setiembre del mismo año. Desde Paita, después de haber impuesto cupos y causado destrucción en cada puerto y ciudad a la que arribaron, la expedición parte al departamento de Lambayeque.
2.     La Invasión Chilena a Lambayeque
Rodriguez afirma que “Desde Paita, punto más septentrional de la expedición, Lynch zarpó con sus buques al puerto de Eten, del departamento de Lambayeque, que tenía gran producción de azúcar y algodón. Desde a bordo se hizo notificar al prefecto de la ciudad que debía cancelar una contribución de 150.000 soles en el plazo de 48 horas, y como esta autoridad se negara, ordenó desembarcar tropas. Ante la presión militar el prefecto y demás autoridades se retiraron de la ciudad” (Ibídem)
Según Eric Mendoza, “El 24 de setiembre de 1,880 las fuerzas chilenas llegaron por mar a las costas de Lambayeque a bordo de los cruceros “Itata” y “Copiapó” y de las corbetas “Chacabuco “y “O’Higgins”, desembarcaron durante dos días en Puerto Eten sin encontrar resistencia alguna, bajaron a tierra 2,700 hombres de infantería, artillería y caballería, cañones, armamento y 300 caballos. Capturaron el telégrafo, se apropiaron de la mercadería que se encontraba en los almacenes de la aduana, quemaron las oficinas de la compañía del ferrocarril y el de la Aduana Mayor, destruyeron toda clase de embarcación que pudiera significar un peligro para ellos, luego de obligar a reparar la avería producida a propósito al tren, se embarcaron hacia la ciudad de Chiclayo seguidos por la caballería, causando pánico en los pueblos de Eten y Monsefú” (Mendoza, 2012).
2.1.              El Ferrocarril de Eten
Estación del Ferrocarril de Eten (1910)

En Lambayeque, para protegerse de las confiscaciones y saqueos, muchos peruanos traspasaron sus propiedades a “ciudadanos neutrales” (extranjeros ingleses e italianos especialmente) hecho que provocó la orden de Lynch a Carlos Albano, secretario de la expedición, de estudiar cada caso de acuerdo a lo establecido por el Derecho Internacional; así descubren, según Rodríguez, que “En el caso del ferrocarril y muelle de Eten, los peruanos habían vendido títulos y acciones a una firma británica (Graham Rowe y Cía.) y a un comerciante italiano (Conde de Canevaro). El ministro inglés, al igual que el italiano por esas circunstancias, enviaron notas de protesta al comandante en jefe de la expedición chilena. Así, el Ministro inglés lo hizo por intermedio del capitán Paget de la corbeta de guerra Penguin, que fondeó para este objeto en Eten. En la comunicación, el diplomático observaba que existían intereses británicos en el ferrocarril y por consiguiente solicitaba respetar esas propiedades de extranjeros” (Ibídem).
Oficinas del Ferrocarril y Muelle de Eten (1921)

Mendoza, sobre la actitud de los “neutrales” (a quienes llamó “La Guardia de los neutrales”), refiere “Hay que resaltar el apoyo prestado a los chiclayanos sobre todo a las jovencitas, de parte de los señores Alfredo Lapoint dueño del molino La unión y Virgilio Dall’ Orso dueño del molino Nacional, quienes asilaron a esta gente durante la ocupación chilena, dándoles alimentación y seguridad, guardando las joyas y tesoros de las iglesias Matriz y Verónica. Asimismo la actitud valiente y desinteresada del Cónsul americano Carlos Montjoy, intervención que motivó que el invasor no fuera tan severo, sobre todo en la oportunidad en que se iba a quemar el Teatro 2 de mayo, el mercado, un colegio y el local del conocido City Hall”. (Mendoza, 1986)
Estación del ferrocarril de Eten (1916)

Debido a la reclamación inglesa e italiana, Lynch responde a través de sendas cartas a los ministros embajadores de Inglaterra e Italia en Perú dándoles a conocer las consideraciones de la decisión tomada con respecto al tema. Les informa que el ferrocarril de Eten y sus ramificaciones “pertenecen, no a ciudadanos extranjeros, sino a una sociedad anónima nacional peruana” aunque reconoce la existencia de intereses de ciudadanos extranjeros en dicha empresa. Luego, informa cronológica y detalladamente el proceso de la creación y administración del muelle y ferrocarril de Eten hasta la llegada de los chilenos:
“Por supremo decreto de julio 3 de 1867, el Gobierno del Perú concedió privilegio a don José Antonio García y García por 25 años para establecer y explotar un ferrocarril entre Eten y Chiclayo, que pasara por el muelle de Monsefú, pudiendo prolongar la línea desde Chiclayo hasta Lambayaque sin privilegio alguno, y establecer ramificaciones bajo la misma condición. La anterior concesión fue ampliada hasta llevar la línea a Ferreñafe, por supremo decreto de agosto 19 del mismo año. Estando autorizado don José Antonio García y García por el Artículo 18 de su petición de privilegio, aprobada por superior decreto de julio 30 de 1867 para organizar una sociedad anónima, que se encargara de realizar la constitución de la obra mencionada y para transferir su privilegio a esa sociedad, previo conocimiento y consentimiento del Gobierno del Perú, a solicitud de interesado, por supremo decreto de octubre 19 del año, se resolvió: 1.º: Que se da por organizada la sociedad anónima; 2.º: Que se concedía permiso a don José Antonio García y García para transferir su contrato a la expresada sociedad, la cual, agregaba el expresado decreto ya citado, como asimismo la empresa que representa, no podrá cambiar jamás su carácter de permanente sociedad nacional ni recurrir en ningún caso a reclamaciones diplomáticas. Bajo tales bases, sólo el 7 de octubre de 1869 se organizó la referida sociedad denominándose la Compañía del Ferrocarril de Eten, la cual fue reorganizada siempre con iguales bases en junio de 1871”.
(Carta de Lynch al Ministro inglés en Perú – Eten, 24 de setiembre de 1880)
Es un hecho inobjetable que la transferencia de la propiedad del Ferrocarril de Eten a ciudadanos neutrales se produjo, como es también muy claro que los chilenos necesitaron imponer sanciones y confiscar el patrimonio del ferrocarril y muelle de Eten por su importancia vital para el traslado de personas, objetos, productos y pertrechos, así como para la comunicación con otros puntos del país.
Muelle de Eten (1910)

La respuesta de Lynch al Ministro italiano en Perú aporta importante información respecto a los movimientos realizados por los propietarios peruanos para evitar la destrucción, confiscación o cupos a la empresa del ferrocarril de Eten.
“… el ferrocarril de Eten ha sido transferido en varias ocasiones, perteneciendo últimamente a los señores Derteano, Candamo y Canevaro, como únicos accionistas. El señor Luis López, gerente de la empresa y representante de dichos señores, refiriéndose a la invasión de mis fuerzas, les decía en carta oficial: 'Invasión.- Como Uds. sabrán ya, el viernes de la semana pasada han desembarcado por Chimbote 2.800 hombres del ejército enemigo, que no dudo vendrán hasta aquí. Mi intención es retirarme oportunamente con todo el material rodante hasta Pátapo, y una vez en ese punto, quitarle a cada locomotora unas piezas para que no puedan hacer uso de ellas. Desgraciadamente no es posible tomar ninguna otra medida. Como es probable que quieran imponerle a la empresa alguna contribución de guerra, so pena de incendiar la estación, carros, etc., sírvanse decirme qué debo hacer llegado este caso'. En el copiador de cartas de la empresa que tengo en mi poder, aparecen las explicaciones de las transferencias de última hora, hechas por el señor Conde de Canevaro y a la mencionada casa inglesa… el gerente continúa dando cuenta del movimiento diario de la empresa a los antiguos dueños señores Derteano, Candamo y Canevaro…. Después de tener noticias sugerentes de la transferencia enunciada, voluntariamente destruyó en el muelle los elementos de desembarque para evitar ganáramos tierra: empleó el material del ferrocarril en transportar fuerzas enemigas y por último llevó todo el material a la hacienda de Pátapo, término de la línea y allí desarmó las locomotoras…”
(Carta de Lynch al Ministro inglés en Perú – Eten, 24 de setiembre de 1880)
Es correcto afirmar que “Los usurpadores se hicieron cargo del muelle de Puerto Eten y cobraron los derechos por el uso, así como el impuesto por la importación y exportación de productos” (Mendoza, 2012).En Chiclayo, los chilenos quemaron, entro otras propiedades, las residencias de las familias Arbulú, Quiñones, Villasis. Incendiaron Eten y Monsefú, y las haciendas El Combo y Vista Florida.
Transporte de pasajeros del Ferrocarril de Eten (1913)

Conclusiones  
1.     El capitán de navío chileno Patricio Lynch propuso al gobierno chileno, a través de una carta dirigida a su amigo personal el Presidente Anibal Pinto, el envío de una fuerza expedicionaria al norte del Perú con la doble finalidad de imponer contribuciones de guerra a los puertos y haciendas de la cosa y distraer la atención del debilitado ejército peruano concentrado en la defensa de Lima.
2.     El Plan de Lynch, fue aprobado por el presidente y ministros chilenos y se formalizó cuando el 12 de agosto de 1880 con el nombramiento de Lynch como jefe (comandante) de “una expedición independiente para expedicionar al norte del Perú…”. Luego el 24 de agosto del mismo año el ministro chileno José Francisco Vergara entrega a Lynch las instrucciones y material logístico para su expedición, dispone la ruta de la expedición y  demanda el cuidado dispuesto por la legislación internacional a los bienes y propiedades de los ciudadanos “neutrales” o extranjeros.
3.     A su llegada a Lambayeque, Lynch impone cupos y confiscaciones a la Empresa del Ferrocarril y Muelle de Eten argumentando que la propiedad de dicha empresa era de ciudadanos peruanos. Los embajadores de Inglaterra e Italia en Perú envían notas de protesta al jefe de la expedición indicando que dicha empresa era de propiedad inglesa (Graham Rowe y Cía.) e italiana (Conde de Canevaro).
4.     Es un hecho inobjetable que la transferencia de la propiedad del Ferrocarril de Eten a ciudadanos neutrales se produjo, como es también muy claro que los chilenos necesitaron imponer sanciones y confiscar el patrimonio del ferrocarril y muelle de Eten por su importancia vital para el traslado de personas, objetos, productos y pertrechos, así como para la comunicación con otros puntos del país.

Desembarco de pasajeros en el Muelle de Eten (1920)



Referencias Bibliográficas

1.     Barros Arana D. (2000) “Historia General de Chile” (Vol. 9). Santiago: Chile. Ed. Universitaria.
2.     Markham R. (1982) “La Guerra entre Perú y Chile”. Lima: Perú. Ed. Universo
3.     Mendoza Samillán E. (2012) "Lambayeque durante la Guerra con Chile" (Artículo). Diario “La Industria”. Chiclayo: Perú.
4.     Mendoza Samillán E. (2012) "Lambayeque en el siglo XIX". Chiclayo: Perú.

5.     Rodríguez Sepúlveda J. (1967) “Patricio Lynch, vicealmirante y general en jefe: síntesis de la Guerra del Pacífico”. Santiago: Chile. Ed. Universitaria.