viernes, 16 de octubre de 2009

Historia y Geografía Regional Lambayecana: Asignatura y Currículo de contenido Regional


¿Qué sentido tiene introducir la asignatura de Historia y Geografía Regional Lambayecana en el currículo escolar? A raíz de esta interrogante surgen otras: ¿Por qué se debe enseñar esta asignatura? ¿Qué contenidos hay que enseñar? ¿Cómo enseñarla? ¿Cuáles son los métodos y recursos adecuados para su enseñanza? ¿Qué respuesta debe dar a esta necesidad el Proyecto Educativo regional? Las respuestas nos proporcionarán el marco de referencia y los criterios para abordar pedagógicamente esta necesidad. Analicemos nuestra problemática:
A) La Historia y Geografía Regional Lambayecana, en el contexto inmediato, no es tratada a profundidad: El sistema educativo formal otorga un espacio irrelevante a la enseñanza de la Historia y Geografía Regional. Tal enseñanza se limita a los personajes, paisajes y fechas de fundación de las comunidades. La inclusión de esta asignatura en nuestros Planes de estudios contribuirá a la construcción de la identidad social y cultural permitiendo la interiorización de valores, costumbres y creencias consideradas como socialmente trascendentes.
B) La globalización de la comunicación aleja a las personas de las preocupaciones locales y cotidianas: La radio, televisión, diarios e Internet tienen una fuerte influencia en la divulgación de valores entre las personas de toda edad, especialmente entre los estudiantes. De ordinario, estos medios, proporcionan poca información sobre el desarrollo Regional, limitando su labor a la información general (Política, económica, policial, etc.) y dejando de lado la reflexión sobre el desarrollo de nuestra propia historia. La asignatura de Historia y Geografía Regional Lambayecana promueve la identidad cultural y el reconocimiento de lo propio, lo nuestro, lo que nos pertenece; ubicando a los estudiantes de manera diferente frente a la información proporcionada por los medios de comunicación masiva.
C) La enseñanza tradicional de la historia no promueve la curiosidad de los estudiantes por conocer e investigar sus raíces: Nuestro modelo educativo se ha centrado en la transmisión de información organizada para que los estudiantes la reproduzcan. Se ha preocupado por la memorización de datos, ideas, fechas, etc. Sin relacionar los datos entre ellos. Esta se ha convertido en la principal estrategia.
La asignatura de Historia y Geografía regional lambayecana promueve el empleo de una metodología de investigación histórica, participativa y de interacción didáctica; y, como consecuencia, estimula el análisis, la creatividad y la crítica como procesos de pensamiento necesarios para construir y reconstruir el conocimiento histórico.
En la obra “La enseñanza de las ciencias sociales” (1989 – Madrid, España) J. Domínguez nos dice: "enseñar los métodos de investigación histórica, equivale a enseñar el manejo de la información, a distinguir críticamente entre dato objetivo y juicio de valor, opinión y prejuicio, a extraer informaciones por inferencias, y a emitir juicios ponderados sobre asuntos o cuestiones discutibles".
D) la investigación de la historia y geografía local.
En general, los pueblos de nuestra región no cuentan con un sistema de conocimientos que den cuenta de su historia y geografía. Estos conocimientos son distintos a lo que la escuela transmite intencionalmente, consideran múltiples y profundas realidades, son dinámicos y forman parte del proceso constitutivo de nuestra identidad. Por su importancia, estos conocimientos, deben ser incluidos en el currículo escolar; pero exige un esfuerzo adicional de los maestros y estudiantes, quienes necesitan realizar una recuperación y sistematización para poder aprenderla.

viernes, 9 de octubre de 2009

La Prensa Escrita Lambayecana

En "Presencia Histórica de Lambayeque" (1985) Eric Mendoza Samillán incluye un artículo titulado "Periodismo Lambayecano" del recordado periodista José Arana Cuadra quien rememora a los protagonistas y los principales medios de información escrita que circularon a lo largo del pasado siglo XX. El vendedor de diarios Alejandro Lora es el primero al que recuerda. Sobre los diarios, semanarios y revistas, nos brinda una relación detallada de los mismos. Mi única labor fue ordenarlos cronológicamente. Espero sientan Uds. el mismo placer que yo al conocer la información alcanzada por Don José Arana.
En 1918 circuló "El país" y desde 1920 "El bién agrícola".


Entre los diarios de época que circularon en 1921 en Chiclayo, menciona: "El diablo cojuelo", "El diablo predicador", "La abeja" de Don Manuel Uchofen y Darío Garcés, "El martillo" de Don Rómulo Menchola, "El progreso" de Don Pedro José Soto, "El departamento" de Don fernando Luque, "El zeppelín" de Don Manuel Uchofen (hijo) y "La tarde" de Don Virgilio Pérez. También: "El juguetón", "Balnearios", "Palm beach", "Don Tiburcio" y "Doña Filo" de Don Elías Chunga.


En la década de los años 20, el Colegio Nacional de "San José" fue cuna de una entusiasta inquietud periodística, aportando publicaciones como: "El renacuajo", "Colónida y bronce", "La antorcha". Además, las publicaciones "El sol", "El moscón", "Ideal", "El veneno" y "Contraveneno" fueron redactados, entre otros, por José Eufemio Lora y Lora.



Luego surgen "Claridades" (1927) de Don Alejandro ortega, "Cultura" (1929) de Don Américo Manay, "Fiat lux" de Don Teodoro Cosmópolis y Don Fidel Arana, "Cronos" (1930) de Don Nicanor de la Fuente, "Caras y caritas" (1933) de Don Aurelio Salas, "Concordia" (1936) de Don José Arana, "Acción" (1936) de Don Ramón Larrea. "Oiga" (1939) de Don Tulio Campana y Don José Arana, "Momo" (1937) de Don José Felix Ríos, "Nor Perú" (1938) de Don Oscar Rivera, "Pienso, luego leo" (1939) de Don Alejandro Lora, "Fraternidad" (1939) de la Logia Mazónica, "Acción Católica" (1939) de Don Leonidas Febres.



En 1944 aparecen "El imparcial" de Don Humberto Chávez y "El Norte" de Don Manuel Tirado. A inicios de la década de 1950 aparecen "El país", "El tiempo" y "La Noche". En 1952 se publica por primera vez "La Industria" de Don Miguel Cerro. Luego surgen "El Ciclón", "Pungundún", "Región", "Huerequeque", "Huerequeque gráfico", "Avance" y "El Gráfico"



Luego: "Cosmos" (1953) de Don José Mejía Baca, "Nuestra tierra" (1958) redactado por Don Agustín Vallejos, "Al fin" (1960) de Don Alvaro Mesones, "Fotochic" (1960) de Don Manuel Herrera, "El Sanjosefino" (1965) redactado por Don Ciro Sagástegui, "Firruñap" (1965) de Don Héctor carmona circuló en Ferreñafe, "Acontecimientos" (1965) de Don Manuel Herrera y "Trapiche" de Don Hernán Acosta que circuló en Pucalá.



Solo me queda agregar a los actuales diarios "Correo", "El Norteño", "Expresión", "El Ciclón" y una diversidad de medios capitalinos que han hecho de Chiclayo su sede de distribución macrorregional: "La República", "El Comercio", "Perú21", "El Popular", entre otros.









jueves, 1 de octubre de 2009

La Prensa Escrita en la Historia del Perú


Los periódicos, revistas y, en general, los medios de información escrita son fuentes documentales cada vez más utilizadas por los investigadores y contribuyen al conocimiento de la historia más cercana, más próxima. La siguiente información nos permitirá tomar conciencia de este hecho.
En 1790 el “Mercurio Peruano de Historia, Literatura y Noticias Públicas” editado por la Sociedad Académica de Amantes del País se constituyó en pionero entre los medios de información escrita, le siguió el “Semanario Crítico” (1791) editado por el franciscano español Antonio Olavarrieta. A inicios del siglo XIX destacan “El satélite peruano” (1812), de Fernando López Aldana; “La Abeja Republicana” (1822-1823), de José Faustino Sánchez Carrión y el “Mercurio Peruano” (1827) de José María Pando y Felipe Pardo y Aliaga. La prensa peruana fue la tribuna elegida para el debate político y propició la opinión pública.

“Un año después de la independencia el debate ideológico y las disputas políticas produjeron periódicos con nombres tan singulares como: La Cotorra, El Azote a la Cotorra, El Brujo, El Loro, El Loquero, El Loco contra el Loquero, El Periquito, entre muchos otros. Ante la Guerra con Colombia en 1828, los patriotas piuranos publicaron el oportuno periódico El Bota-fuego. Demostrando que la lucha contra el poder siempre ha sido una tarea difícil, El azote de vitalicios, tiranos y malvados (1829) solo pudo publicar un número. En Arequipa, El zancudo preguntón (1829) y en Cuzco, El duende (1830) fueron espacios para criticar a las autoridades locales” (Marcel Velásquez Castro). Hacia fines del siglo XIX aparece el periodismo informativo que convive con el ideológico y político. Los cinco periódicos mas importantes del siglo XIX fueron El Comercio (1839), “La revista de Lima” (1859-1863 -1873), “El Nacional” (1865-1873), “El Correo del Perú” (1871-1878) y “El Perú ilustrado” (1887-1892).
El diario oficial “El Peruano” fue fundado en 1825 como “El peruano independiente” y, a la partida de Simón Bolívar, sufrió por diez años los siguientes cambios en su nombre: "La prensa peruana" (1828-1829), dirigido por José Joaquín Larriva; “El Conciliador” (1830-1834), dirigido por Felipe Pardo y Aliaga. También se llamó “El Redactor Peruano” (1834-1836 y luego en 1838), “La Gaceta de Gobierno” (1835); “El Eco del Protectorado” (1836-1839); “El Eco del Norte”(1837-1838) y “El registro oficial” (1851) después de lo cual asumiría el nombre que hoy conocemos.
A inicios del siglo XX destacan diarios como “La prensa” de Abraham Valdelomar y José Carlos Mariátegui, “El tiempo” de Pedro Ruiz Bravo, “Nuestra época” del mismo Mariátegui y “La Razón” de César Falcón.
Desde la segunda mitad del siglo XX hemos tenido publicaciones de ocasión, por haber surgido en tiempos de campañas electorales y otras que permanecieron y crecieron por su estructura y seriedad. Son muchas las del segundo grupo, los títulos pueden todavía leerse.
La prensa escrita es parte de nuestro patrimonio y, como tal, las instituciones vinculadas al desarrollo de tal actividad deben dar garantías para la conservación y accesibilidad del material escrito.

lunes, 7 de septiembre de 2009

De los tristes "La Chongoyapana"


El cholo norteño es jaranero y la jarana es alegre; aunque no calla el sufrimiento y lo describe desgarrado, lo canta y lo llora. El cholo del campo, aquel que deja su vida en un surco; el cholo del mar que asimila en su sangre las aguas verduscas y saladas; el cholo de a pie que a crecido cosmopolita como las ciudades que hoy dirige “Nace bailarín de marinera, arpista y bebedor de chicha. La picardía, la lisura, el ingenio criollo lo lleva en la sangre…expresan todo aquello que son capaces de sentir: placer o dolor, vida o muerte”.
“la Chongoyapana” es un “triste” norteño, “género musical que tiene su origen en los ritos funerarios prehispánicos y en la costumbre de cantar llorando de las mujeres “plañideras” que cantan evocando el lastimero recuerdo del difunto” (“Cumanana y triste: Tradición prehispánica Muchik” – José Maeda) cuya autoría corresponde al patapeño Don Arturo Shutt y Saco (letra) y al cura Ricardo Moreno Santín (música) el año 1895; siendo sus más famosas interpretaciones las del chongoyapano Don Ubaldo Fernández Mera (fallecido el 2006 a la edad de 90 años) y del monsefuano Don Nicolás Seclén voz principal del trío “Los Mochicas”.
Don José Mejía Baca, hermano de Juan, publica en 1937 “Aspectos criollos” y nos regala, entre otras tradiciones, el origen y significado de “La Chongoyapana” al cual deseo aproximarlos por ser un canto cholo, inspirado en las faldas del Racarumi.
Don Arturo Shutt y Saco, cuando joven, maestro de escuela en Chongoyape; se vio perdidamente enamorado de la bella Zoraida Leguía Velarde. Los encuentros diarios a las seis de la tarde, en la ventana la ventana del cuarto de Zoraida, rodeada de enredaderas que escondían el moho de los hierros no durarían para siempre. Ambos presienten que aquella dicha es precaria. Un día la ventana no se abrió. La tez de nácar , los ojos verdes y cabellos rubios de Zoraida no volverían a ser vistos por Don Arturo, quien desgarrado de dolor escribe “La Chongoyapana”, un canto que no más le pertenece, ahora es de muchos, pues describió por décadas y describe los más profundos dolores, los dolores cholos del hombre de esta tierra: “Desde hace tiempo que te enamoro, Chongoyapana; pero mi llanto, ni mis suspiros, tu pecho ablandan”.
Los tristes, son melodías conocidas en la costa norte. Entre otros, mi abuelo Don Leoncio Fernández Usquiano, tenía a "La Chongoyapana" como su canción favorita y la cantaba tras una o dos botellas de pisco. Ismael Bellina Fernández, mi primo, me reta y dice:"Hoy cuando sus hijos la escuchan ("La Chongoyapana") recuerdan al viejo. Cántale la canción a mi madre y verás que pasa". Otros tristes menos conocidos que “La Chongoyapana” son “La jardinera”, “La flor del café”, “Quien tiene a su madre viva”, “que milagro tan patente”, “Pájaro fatídico”, “Froilam Alama”, “Tomás zapata”, “Pablo Mío”, entro otros.
Acabo con la invitación: “¡Hagamos alto, canelita fina! Descansemos un rato sobre las piedras de racarumi y refugiémonos en el recuerdo, que en el peregrinar del sentimiento, a veces sirve de pascana. Cuando la noche aclare, asistiremos al idilio de noctívaga y romántica pareja. ¿Escuchas esa música tan triste y tan lejana? Es el rasgueo de nostálgica guitarra que canta los amores de “La Chongoyapana”

domingo, 6 de septiembre de 2009

Morir para vivir

Hoy, a los 41 años, estoy completamente seguro que la vida no lo es todo. Es tan solo “Un pequeño paréntesis en la eternidad”. El Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española define la muerte como la “Cesación o término de la vida”. Mientras tanto, todos sabemos que moriremos. Esta realidad parece a muchos injusta, temible o ilógica; a otros les resulta un término mórbido, aunque resulte imposible negarla y considerarla inevitable.
El poeta chileno Pablo Neruda nos dice en “Sólo la muerte”: “llega la muerte, como un zapato sin pie, como un traje sin hombre, llega a golpear con un anillo sin piedra y sin dedo, llega a gritar sin boca, sin lengua, sin garganta. Sin embargo sus pasos suenan y su vestido suena, callado como un árbol”. Y Lord Alfred Tennyson, poeta británico del siglo XIX: “Todas las cosas morirán. La primavera será tempestad; Oh vanidad! La muerte aguarda en el umbral. Mira, todos nuestros amigos abandonan el vino y la alegría… nos llaman, debemos ir”
Sé que algún día mi corazón dejará de latir, concluirán mis funciones físicas y así llegará el fin de mi cuerpo. Terminarán mis días en la tierra, de lo vivido quedará solo un epitafio, un recuerdo, a lo mejor algunas lágrimas. ¿Cuál es mi filosofía de vida? ¿Cuál es mi pensamiento, sobre la vida, de ordinario? Algunas veces digo: ¡Hoy viviré como el primer día de mi vida! Hoy quiero decir: ¡Viviré como si fuera el último día de mi vida! Hoy he decidido comenzar a prepararme para mi día final.
Santa Teresa de Ávila, en “Nada te turbe”, nos dijo como reverenciando a la eternidad: “Eleva tu pensamiento, al cielo sube, por nada te acongojes, nada te turbe... A Jesucristo sigue con pecho grande, y, venga lo que venga, nada te espante. ¿Ves la gloria del mundo? Es gloria vana; nada tiene de estable, todo se pasa. Aspira a lo celeste, que siempre dura; fiel y rico en promesas, Dios no se muda. Ámala cual merece bondad inmensa; pero no hay amor fino sin la paciencia. Confianza y fe viva mantenga el alma, que quien cree y espera todo lo alcanza. Del infierno acosado aunque se viere, burlará sus furores quien a Dios tiene. Vénganle desamparos, cruces, desgracias; siendo Dios tu tesoro nada te falta. Id, pues, bienes del mundo; id dichas vanas; aunque todo lo pierda, sólo Dios basta”.
¿Cómo he de vivir para bien morir? La respuesta está en Dios. A su luz todo cambia: mis valores, metas, relaciones, actividades… lo más importante, en apariencia, es ahora ridículo, insignificante o trivial. Mientras más cerca estés de Dios, más pequeñas te parecerán las cosas.
La vida en la tierra es la preparación o el ensayo de la vida verdadera; la antesala de la eternidad. Es como la parte visible de un iceberg, el resto es la eternidad, lo que no vemos, lo que esta escondido, pero existe. Acá viviremos cincuenta, ochenta o cien años. La eternidad es para siempre. ¡No quiero morir sin Dios! Por eso “Todo aquello que para mí era ganancia, ahora lo considero pérdida por causa de Cristo”.
“La vida humana nos brinda muchas opciones, pero la eterna solo dos: cielo o infierno. Mi relación con Dios en la tierra determinará mi relación con El en la eternidad”
El fin del célebre libro “Las crónicas de Narnia” dice en su parte final y bien podríamos aplicarlo para nosotros mismos: “Para nosotros, este es el fin de todas las historias, más para ellos fue el comienzo de la verdadera historia. La vida de ellos en este mundo ha sido solo el título, la portada; y ahora comenzarán el primer capítulo de su vida verdadera”

martes, 11 de agosto de 2009

La Pedagogía de Jesús


Todos los que hemos recibido la bendición de llamarnos maestros y, como tales, dedicarnos a la labor de formar y enseñar deberíamos considerar indispensable para el desarrollo de nuestra vocación la observación cuidadosa de los métodos y procedimientos que Jesús empleó en su labor de “Rabí” (maestro).
Visualizar a Jesús enseñando, es un “ejercicio” que no debe perder su atractivo. Cada vez que nos acercamos a la persona de Jesús descubrimos una multitud de nuevos tesoros que modifican nuestra perspectiva sobre el proceso de formar a otros mediante la enseñanza. Visualicémoslo enseñando en una sinagoga, o en el sermón de la montaña y, luego notemos las, a mi entender, características más importantes de la pedagogía de Jesús:
1.- La escuela de Jesús era su propia vida
La gran debilidad de la enseñanza es enfocarse solo en los contenidos. Es mucho el tiempo de estudio y preparación de material; pero es poco el tiempo dedicado al elemento principal de nuestra labor: la vida misma del maestro, su coherencia, su testimonio.
La razón por la que Jesús impactó tan profundamente en sus discípulos es la calidad de su vida. Enseñó lo que vivió, eso lo hizo distinto. No le bastó enseñar la teoría de los temas que abordaba, sino que su enseñanza estuvo impregnada de su apego y compromiso con la verdad. Luego, sus discípulos afirmaron que enseñaban los hechos que habían visto y oído, lo que habían contemplado y palpado con sus manos. Es decir, hablaron de la clase de persona que era el Maestro con el que habían convivido y después, como añadidura, de los conceptos que de El recibieron.
Cuando nuestra enseñanza se basa solamente en el conocimiento de la teoría de los temas, enseñamos sin compromiso y sin autoridad, nuestra vida se separa de la vida de nuestros estudiantes, se muestra fría y distante y esa despreocupación contradice la eficacia de las verdades que deseamos otros incorporen a su vida.
Nuestros estudiantes percibirán cuándo nuestra enseñanza está respaldada por la vida de su maestro. Ellos nos escuchan de una manera diferente cuando nuestros apuntes y nuestra vida comunican exactamente el mismo mensaje.
2.- Preguntar y Repetir
Son dos los estímulos que aporta la pedagogía de Jesús al aprendizaje: Preguntar y repetir.
Casi siempre, Jesús, inició sus tertulias con una pregunta, de esta manera, obligó a los discípulos a reflexionar sobre el asunto, en lugar de darles directamente la respuesta. Un maestro no debe comunicar a sus estudiantes una verdad que puede ser descubierta por ellos mismos. El buen uso de las preguntas les ayudará en esta tarea. La tendencia es a olvidar rápidamente las enseñanzas recibidas, pero a conservar permanentemente las verdades personalmente descubiertas.
Usó la técnica de repetir una y otra vez de muchas maneras una misma verdad para que quedara grabada en la mente de los suyos. Por ejemplo: para explicar el reino de los cielos utilizó trece parábolas distintas. Este método audiovisual permitió a la gente identificar el Reino al ver las redes y los peces, al ver las semillas y los frutos.
El buen maestro debe conocer el contexto particular de sus estudiantes, de modo que sus enseñanzas resulten relevantes a la realidad que cada uno.
3.- Enseñanzas claras y prácticas
Los principios enunciados de manera teórica deben invadir la vida cotidiana de los estudiantes, lo otro sería quedar atrapados en generalidades ya conocidas. Por ejemplo todos sabemos que es necesario cuidar el medio ambiente, lo que falta saber es cómo cuidarlo; para ello el maestro debe comenzar con su ejemplo frente a sus estudiantes.
Jesús buscaba que sus enseñanzas fueran claras y prácticas. Echó mano de elementos de la vida cotidiana de sus oyentes para explicar las verdades eternas: una moneda perdida, una perla preciosa, una semilla de mostaza, la levadura, las ovejas o el aceite para las lámparas.
El buen maestro debe conocer el contexto particular de sus estudiantes. Las luchas, los desafíos, las aspiraciones y los temores que enfrentan en su vida, serán las monedas, las perlas, las semillas, la levadura, las ovejas y el aceite de sus lámparas; de esa manera nuestras enseñanzas resultarán relevantes a su realidad. La enseñanza, para ser significativa, debe impactar el desarrollo de sus vidas.
4.- Respetó las etapas del desarrollo
Un maestro que limita su labor a la enseñanza no logrará impactar la vida de sus estudiantes. Así como Jesús, el maestro sabe que existen tiempos particulares y, por sus características, ascendentes. Pasamos de la empatía inicial y la sobriedad de nuestra pedagogía a incrementar el proceso con nuestro compromiso y vínculo afectivo. No fabricamos máquinas, mucho menos objetos en serie. Es inherente a nuestra condición humana crear y fortalecer dicho vínculo como el tiempo decisivo para lograr hacer de nuestra escuela una comunidad de vida y no solo una comunidad de trabajo.
Un punto débil en nuestra pedagogía es exponer a nuestros estudiantes a verdades para las que ellos aún no están listos. Los educadores nos abocamos a contestar preguntas que las personas no se están planteando, y por esto caemos en la irrelevancia. Hablarle a un grupo de jóvenes solteros sobre el matrimonio nunca provocará el mismo resultado que al hablarles sobre la amistad. Hablar a los novios sobre la amistad nunca provocará el mismo resultado que hablarles sobre el matrimonio. Por dar una enseñanza a destiempo derrochamos desperdiciamos el tiempo y derrochamos los esfuerzos propios y los de nuestros estudiantes
5.- El aprendizaje es un proceso
El maestro nunca da por sentado que su enseñanza fue claramente comprendida por todos. Las personas filtran lo que enseñamos a través de las particularidades de su propia cultura y experiencia personal, por lo que le dan una interpretación a la verdad que no siempre es acertada o completa. Solamente por medio de diálogos posteriores, casi siempre personalizados, lograremos que obtengan una comprensión clara de la enseñanza. Estas pláticas personalizadas son una ventaja, pues permiten adaptar la enseñanza a la situación particular de cada uno. No es lo mismo enseñar a una persona sana que a una enferma, a un niño bien alimentado que a uno desnutrido; en ese momento posterior lograremos realizar los ajustes necesarios a las enseñanzas generales para que sean aplicables en un contexto particular.
6.- Aprovechar las oportunidades
El currículo de las enseñanzas de Jesús lo iba determinando el maestro de maestros según las experiencias particulares de los suyos, muchas veces en el curso de un día.
El maestro no se debe sentir atado a sus apuntes ni se exige cumplir a como de lugar con la totalidad del programa. Permanece atento a las inquietudes de sus estudiantes y detiene sus actividades programadas para aprovechar situaciones idóneas que le permitan enseñar algún principio útil para su vida.

Debemos dejar espacio para que sea el Espíritu del Maestro el que dirija nuestra enseñanza, y no nosotros mismos.
Para terminar, Jesús es fuente inagotable de amor y sabiduría. Me animo y les animo a buscar más del magisterio de Jesús que pueda ser aplicable a nuestra propia pedagogía. Visualicémoslo enseñando a miles, a doce o a uno; siempre con la misma entrega. Lo que descubras en EL te servirá a ti mismo.

jueves, 6 de agosto de 2009

Para ser mejores maestros


Ser un buen maestro no solo es fundamental para alcanzar el desarrollo cognitivo y el de las múltiples inteligencias de los estudiantes, sino también para conseguir su bienestar espiritual. Si un estudiante mantiene una adecuada valoración del testimonio profesional y personal de su maestro, es más sencillo que desarrolle una estrecha relación con Dios.
Muchos no han tenido un buen ejemplo. En las aulas algunos maestros están como ausentes. Otros son fríos y severos. ¿Cómo romper con este círculo vicioso y ser maestros camino entre nuestros estudiantes y Dios?

1.- Busquemos al modelo perfecto del amor.
Dios es el modelo perfecto de amor para los maestros. Jesús nunca dudó del amor de su Padre. Aquel vínculo de confianza, entrega y comunicación debe buscarse siempre entre un maestro y sus estudiantes. Inspirados en Dios debemos ser sabios para aprobar, corregir, aconsejar y encaminar. Si el amor de Dios es la fuerza que nos permite vivir inspirará nuestra pedagogía, nuestra palabra, nuestros métodos, nuestra vida.
2.- Vivir como “Libros abiertos”
Esto es vivir en la verdad. El conocido músico Cliff Burton en “To live is To die” nos dice: “Cuando un hombre miente mata a una parte del mundo. Éstas son las muertes pálidas a las que los hombres mal llaman 'sus vidas'. No puedo soportar seguir siendo testigo de todo esto. ¿No puede elReino de los cielos llevarse a casa?”
Vivir en la verdad consiste en llevar el Reino de los cielos a la escuela. También implica tratar con respeto y dignidad a los estudiantes, así les enseñamos a tratar con el mismo respeto y dignidad a los demás. La manera de actuar del maestro influye siempre en sus estudiantes. Dos palabras son claves para crear un ambiente de apego a la verdad o de “Libros abiertos”: felicidad y perdón.
El maestro debe promover un ambiente de felicidad mediante la dedicación a todas pero a cada una de las vidas puestas, por voluntad de Dios, en sus manos de alfarero o formador. Cada estudiante es único y necesita no solo de los conocimientos de su maestro, sino de un norte y objetivos para su vida. El maestro le puede ayudar a encontrarlos, con respeto, con apego a la verdad y sin manipulaciones.
El ambiente de perdón se promueve también con el ejemplo. El maestro perdona y pide perdón. La felicidad y el perdón fortalecen la unidad de toda comunidad humana, una de ellas es la escuela.
3.- Preocupación por la espiritualidad
Un maestro responsable, con principios y valores cristianos, vela por las necesidades espirituales de sus estudiantes. Es responsabilidad de los maestros fortalecer su conducta de fe, animarles cada día a tener una relación intima con Dios. Orar juntos, meditar en el ejemplo de Jesús, promover la práctica de nuestros valores cristianos en la escuela y en su casa. Que los estudiantes vean que su maestro ama y honra a Dios con su vida. Los maestros tenemos que demostrar que valoramos las cuestiones espirituales; de lo contrario, los estudiantes lo notarán enseguida.
4.- Disciplina y correción
“En su acepción más común la disciplina es la capacidad de enfocar los propios esfuerzos en conseguir un fin, si bien etimológicamente, disciplina hace referencia a la instrucción dada a un discípulo, acepción que preserva el sentido de la palabra original en latín (instrucción) cuya raíz “discere” significa aprender. Su sentido es amoldar el carácter y el comportamiento de un individuo para conseguir una eficiencia máxima en alguna labor. Así se habla de disciplina militar a la seguida por las fuerzas armadas o disciplina escolar a la que se aplicaría en las escuelas para conseguir un mejor aprendizaje”.
Los estudiantes necesitan que se los corrija con amor. La disciplina es fundamental para que se conviertan en personas de bien. Algunos maestros parecen creer que la disciplina implica un trato severo, que incluye amenazas, insultos y humillaciones. Sin embargo, nunca se debe relacionar la disciplina con la crueldad. Por supuesto, en ocasiones tal vez haya que imponer alguna sanción, pero esta debe ser aplicada con paz y en un ambiente de diálogo veraz, perdón, tolerancia y comprensión.
Maestro, tu escuela será un evangelio viviente en cuyas aulas es sembrada la semilla del amor de Dios que permita cosechar salvación. Si alguna vez creímos que no es posible, que es demasiado tarde o que a pesar de los esfuerzos realizados nos resulta casi imposible lograrlo, no nos sintamos mal, Dios es especialista en las razones imposibles ante los ojos de los hombres. Ora por mí que yo lo haré por ti. En Dios si es posible.