miércoles, 12 de agosto de 2015

Los alemanes en el Perú y Lambayeque

Karl Weiss

En Lambayeque hemos tenido el honor de contar con la presencia de ciudadanos alemanes de la talla del ingeniero y etnólogo Enrique Bruning o Kart Weiss, eficiente Director del Colegio Nacional “San José”, que prestigiaron la educación, industria, ciencia, comercio y, también, el arte. ¿Cómo llegaron los alemanes al Perú y Lambayeque? ¿Cuál ha sido su contribución a nuestra cultura?
Según Fabian Novak, en “Las Relaciones entre Perú y Alemania 1828 – 2003”, el primer alemán, con ingreso oficialmente registrado,  en el Perú fue Barthel Blumen (1532) luego, algunos sacerdotes jesuitas (1612) y, más adelante, (a fines del siglo XVIII) un grupo numeroso de mineros, encabezados por el barón Fuerchtegott Von Nordenflycht,  que llegaron contratados para modernizar dicha actividad. La migración de europeos al Perú se facilitó desde 1835 cuando Felipe Santiago Salaverry firma el decreto que indica “todo individuo de cualquier punto del globo era ciudadano del Perú desde el momento en que, pisando su territorio, quisiera inscribirse en el Registro cívico”. Esta medida no implicó la migración masiva de europeos, pero significó el inicio de la oleada. Fue en ese siglo que llegaron al Perú Humboldt y Ernest Middendorff, este último, personaje de innegable importancia para Lambayeque gracias a sus observaciones y estudio de la “lengua de Eten” (lengua yunga o mal llamada muchik), así como sus descripciones de los pueblos, sus costumbres, vestimentas, alimentos, recursos, etc.; registradas en su Obra “Perú” volumen 2.
La migración alemana adquiere importancia en la segunda mitad del siglo XIX. Un motivo fue la crisis económica y social en Alemania (por la revolución de 1848) que provocó la salida de más de 3 millones de alemanes entre 1850 y 1890, según datos oficiales. La segunda razón fue la ley de migración de 1849, firmada por Ramón Castilla, que permitió lleguen al país 1096 ciudadanos alemanes “arrendados en condiciones infrahumanas a los grandes terratenientes de la época… y sufrieron, en algunos casos, maltratos y daños corporales” de manera que para 1853 la cantidad inicial se redujo a la mitad, también debido a “el clima sofocante en las fincas de la costa, las enfermedades y el duro trabajo…”. En 1852, otro decreto migratorio y la visión racista de la aristocracia peruana, permitiría la llegada de europeos (alemanes, entre ellos) para poblar algunas zonas de la amazonía y participar de las actividades económicas y productivas. En 1871, durante el gobierno de Pardo, se formó la Comisión Consultiva de Inmigración que en 1873 se convirtió en la Sociedad de Inmigración Europea, la cual justificó el arribo de alemanes debido a “… sus cualidades de orden y progreso”. Con esto, se reparó la mala imagen de los primeros inmigrantes alemanes que, según Basadre, fueron calificados como “hombres inmorales y corrompidos que atropellaban autoridades y maltratando los pueblos desde Trujillo hasta el litoral, solo sirvieron para hacer gastos inconsiderados al erario nacional”.
Entre los más destacados ciudadanos alemanes en Chiclayo del último cuarto del siglo XIX debo mencionar a Tomas Abrahamsen, Enrique Frahüen, Eduardo Gramatky, Teodoro Alberto Grass, Federico Hack, Adolfo Hormann, Gustavo Hulsen, Enrique Jahn, Valentín Loewen, Guillermo Niebuhr, Cristian Schretmiller, Bernardo Schroeder, Alfredo Solf. Todos ellos presentaron reclamaciones por los daños físicos a sus personas, el incumplimiento de contratos por parte de estado o las pérdidas ocasionadas en sus propiedades por los sucesos de 1868, durante la Revolución del Coronel José Balta o por otros de carácter político, fruto de la inestabilidad de aquel tiempo, como los de 1873.
En 1876, según Basadre, el gobierno contrató a un grupo de maestros alemanes, entre ellos Carlos Gunther para dictar clases en Chiclayo. Los chiclayanos recordamos aún el local de la famosa “Casa Gildemeister” ubicada en el centro de nuestra ciudad, dedicada al rubro automotriz.
Durante el siglo XX, el aporte de los ciudadanos alemanes fue de gran importancia. La agroindustria se vio fortalecida con sus aportes; Enrique Bruning, ingeniero, llegó a nuestras tierras con esa misión. La educación ha tenido a Kart Weiss como su principal exponente. Lamentablemente, entre 1939 y 1945, los ciudadanos italianos, alemanes y japoneses sufrieron persecución por causa de su nacionalidad en el tiempo que el mundo experimentaba los desastres de la Segunda Guerra Mundial. Perú se inclinó a favor de las naciones aliadas y rompió relaciones diplomáticas con las naciones del Eje Roma – Berlín – Tokio. En “Japoneses bajo el sol de Lambayeque” el investigador Luis Roca afirma que existió una “lista negra” con los nombres de todos aquellos ciudadanos a quienes se calificó de espias, los cuales fueron perseguidos, detenidos y deportados. Muy poco pudo hacer la población de Chiclayo para evitar el hecho; sin embargo, no deja de llamar la atención la escasa cobertura de los medios de prensa de aquella época que parecieron ser silenciados para evitar dar a conocer con amplitud tamaño atentado contra los Derechos Humanos.

El periodista illimano Juan César Cabrejos Becerra afirma que Karl Weiss hijo, homónimo del connotado educador alemán, fue quien introdujo la práctica de la apicultura en dicho distrito. Este personaje tenía una casa en el sector “La Zaranda” cerca de Batan Grande y llegaba diariamente a Illimo a bordo de una antigua camioneta Volkswagen cerrada; agrega: “… le gustaba leer mucho los libritos de historietas del oeste americano (algunos ejemplares de los muchos que me regaló aún los tengo) y fumaba tabaco en pipa de carey. Lo recuerdo por el cabello blanco, su gran estatura y su risa estrepitosa. Fue él junto con don Ulderico Pretel Núñez, natural de Cascas (Trujillo) y casado con la illimana Magdalena Cabrejos Sandoval, quienes pusieron la semilla de la apicultura en tierras illimanas. Illimo tiene una deuda histórica con ambos”.
Actualmente existe en la “Casa Comunal de la Juventud” un Consulado Alemán conducido por el excelentísimo ciudadano y Cónsul honorario Armin Dietrich Bulow; es, además, la única representación extranjera en Chiclayo.

martes, 11 de agosto de 2015

Los Vínculos de Grau con Lambayeque


La forma más sencilla de vincular a Miguel Grau seminario con Lambayeque y los lambayecanos es su directa relación con los héroes de la Guerra del Pacífico y miembros de la tripulación del “Huáscar”: su antiguo amigo Elías Aguirre Romero y Diego Ferré Sosa, ambos fallecidos en Angamos; y el sobreviviente Leopoldo Sánchez, oficial de la misma embarcación.
Doña María Luisa Grau y Cavero, hija de
Miguel Grau Seminario.
En “Lambayeque Sol, Flores y Leyendas” (1976) Teodoro Rivero, afirma: “Lambayeque está estrechamente vinculada a la vida del almirante Grau, pues su hija, Doña María Luisa Grau y cavero, habida en Doña maría Cavero Núñez de Lérguia, casó con el Dr. Francisco Muro Pacheco, lambayecano, médico prominente, primer premio de La Sorbona de París. Tuvieron un hijo, Ricardo Muro Grau, el célebre pintor peruano, conocido en el mundo del arte como Ricardo Grau”. Agrego a lo anterior, solo por reforzar el vínculo entre Grau y nuestra tierra, que dos hermanas de padre del héroe de Angamos, Mercedes y Felícita Grau Liza, vivieron en Chiclayo y fallecieron en 1952 y 1953 respectivamente, pudiendo ser ubicados sus restos en el Cuartel “San Cirilo” del Cementerio “El Carmen” de nuestra ciudad. Además, Don Oscar Grau Cavero, hijo del héroe de Angamos, fue Prefecto del Departamento y primer presidente del Club Departamental de Tiro al Blanco, conocido luego como Club de Tiro "Chiclayo 77". Oscar Grau, falleció en Lima el 31 de Julio de 1939. También, el historiador Miguel Díaz Torres me informó que el reconocido torero Chiclayano Francisco "Paco" Céspedes Chirinos fue hijo de una sobrina nieta de Miguel Grau, la señora Hortencia Chirinos Grau. 
Doña Hortencia Chirinos Grau junto a sus hijos
Francisco y José. Luego, Francisco será el matador
"Paco" Céspedes
Sin embargo, existe información sobre la hija del héroe, María Luisa, el esposo de esta, Francisco Muro Pacheco y el hijo de ambos, Ricardo Muro Grau, que debe ser revisada. El objetivo del presente artículo es corregir algunos datos incluidos en artículos diversos y confirmar el vínculo entre Grau y sus descendientes con la tierra lambayecana. Versiones erróneas refieren que María Luisa Grau fue soltera hasta el fin de sus días. Otros, contradicen la versión de Rivero y ubican a Francisco Muro Pacheco como médico egresado de la Universidad de “San Marcos” y no de “La Sorbona” y, otros, afirman que el año del nacimiento de Ricardo Muro Grau fue 1907. ¿Cuál es la verdad en todo este enredo?
María Luisa Grau y Cavero fue la quinta hija del héroe, la primera de las mujeres. Vivió entre 1873 y 1973. Una fuente privada, destacada en la información de RPP (08 de octubre de 2013) afirma: “…Permaneció soltera y falleció el 8 de diciembre de 1973”. Sin embargo, contrajo matrimonio, en 1916, con Francisco Muro Pacheco (1890 – 1941),  ferreñafano, médico, administrador general de la testamentaria de Francisco Muro Guevara, propietaria de los terrenos de Noya y Sosa en Chiclayo y otros en Ferreñafe. Antes, en 1910, Francisco Muro Pacheco y, su prima, Doña María Navarrete Muro, fueron padres de Manuel Espedito Muro Navarrete; considerado en Ferreñafe como el “Rey de la jocundia y criollismo”, personaje muy querido de manera que hay una propuesta para bautizar la carretera entre Pítipo y Ferreñafe con su nombre.
Luego de contraer matrimonio, Francisco Muro y María luisa Grau, se trasladan a Francia gracias a la invitación de un médico investigador de la Universidad de “La Sorbona” de apellido Lafayette y, en 1917, nació en Burdeos (Bordeaux) Ricardo Muro Grau, artista plástico, modernista, que retornó a Perú en 1937 y fue conocido como Ricardo Grau.

De izquierda a derecha los artistas: Ricardo Muro Grau, Wetsphalen,
Ricardo Tenaud y César Moro (Fotografía de la Revista "Caretas")
El artista, nieto de Miguel Grau Seminario, participó, en 1937, del “Primer salón de los independientes”, una muestra plástica que presentó las mejores obras de 73 artistas nacionales, conferencias, conciertos y fue calificado como el evento cultural del año. Según Alfonso Castrillón Vizcarra: “… en medio de la figuración nativista se exhibía una serie de cuadros que no tenían que ver con el tema y ofrecían al espectador curioso un modo diferente de pintar: era la pintura de Ricardo Grau...”. El artista presentó dos desnudos, dos retratos, una naturaleza muerta y tres paisajes.  Para comprender el estilo que, como primicia, muestra Grau a su llegada a Lima, sería conveniente averiguar acerca de su formación. Grau había recibido influencia de los pintores franceses André Favory, Othon Friez, Fernan Léger y André Lohte, Picard Le Deux y Amedée Dubois de la Petelliere y Brissiére, que enseñaban en la Academia Ranson. Presentó ese mismo año, 1937, su primera exposición individual y, en 1939, la segunda en el ICPNA de Lima. Un dato final: Ricardo Grau también ha hecho escuela. El buen pintor chiclayano José Ibáñez Castañeda, miembro del grupo “GAMA 73” es su discípulo.
Desnudo con Paisaje
Algunas obras de Grau:
Bodegón


jueves, 30 de julio de 2015

Síntesis Histórica de la Educación Lambayecana a fines del Siglo XIX e Inicios del XX

Monsefú a inicios del siglo XX

A fines del siglo XIX e inicios del XX, se consideró como inferiores a los indígenas, negros, chinos y mestizos. Al blanco se le consideró superior (según Clemente palma). El Diario “El Comercio” de Lima (12 de junio de 1904), refiere que el principal objetivo de la educación en el Perú de inicios del siglo XX, fue “…transformar las siete octavas partes de la población indígena de la mísera condición social en que viven por su ignorancia, en factor de trabajo, como lo es para todo país su población consciente y activa”. Los postulados positivistas y del “racismo científico” de aquel tiempo permitieron disponer de una educación elemental (de dos años de duración) para la clase indígena (población aborigen rural) destinada a convertirla en mano de obra calificada y otra de centro escolar para los niños de áreas urbanas. En las primeras se aprendía “a leer, escribir y contar; sirviendo al aprendizaje de la lectura, para adquirir, a la vez, nociones de moral, de Historia y Geografía patrias, y de Higiene” (Ccahuana, 2013); mientras en la segunda se incluía, además, educación cívica, física o química. Se nota una visión elitista de esta división educativa en las siguientes palabras del Ministro Polar ante el Congreso: “… la mayor parte de nuestra población está muy retardada, intelectualmente (...) para esa población retardada se debe hacer solo la escuela elemental, (mientras que) para nuestras poblaciones más adelantadas, para nuestras ciudades, es necesario algo más, hay que establecer centros escolares…” (Polar, 1906). Así, podrían “…distinguir los (estudiantes) que son mentalmente aptos y los que no lo son, y estimular solamente a los primeros para continuar en las escuelas intermedias”… ¡Tamaña desigualdad!
En nuestra Región: en 1888,  se apertura la Escuela Nocturna para asociados de "Amantes de las Artes". Su director fue Don Juan de Dios Lora y Cordero. en 1891, en la Provincia de Chiclayo se contaban: 6 escuelas fiscales en Chiclayo, 1 en Pimentel, 4 en Eten 4 en Monsefú, 1 en Santa Rosa, 2 en Chongoyape, 2 en Reque, 1 en Lagunas, 1 en Picsi y 2 en Zaña. Hubo 3481 alumnos matriculados y 39 preceptores fiscales; además, 15 escuelas particulares con 321 alumnos adicionales. Los preceptores de las escuelas particulares fueron, en Chiclayo: Petronila Grandal, Catalina de Maire, Liboria Menchola, Rosaura Córdova, Gregoria Ortiz, Josefa Villalonga, Petronila Bello, Cristina Bernal, Carmen Paz, Simona Miranda y Rosa Francisco Vallejos. En Monsefú: José Balleto, Elisa Pastor y P. Sabogal. El mismo año, la Provincia de Lambayeque contaba con 2 escuelas fiscales en Lambayeque, 4 en Ferreñafe (no existía la actual Provincia de Ferreñafe) 1 en Mochumí, 1 en Túcume, 1 en Illimo, 2 en Olmos y 1 en Mórrope. Hubo 1585 alumnos y 24 preceptores fiscales; además, 9 escuelas particulares con 216 alumnos. Los preceptores de dichas escuelas particulares fueron, en Lambayeque: Bárbara Sánchez, María San Ginés, A. Parodi y Vivanco, M. Campos y Pizarro, José valiente, Manuel Ledesma y Manuel Sono. En Ferreñafe, José Toribio Gazco y Amalia Cornejo.

En 1901, el concejo de Chiclayo protestó cuando el gobierno dispuso que los concejos distritales y provinciales destinen el 20% de sus ingresos en el mantenimiento de las escuelas primarias. En 1902, el censo escolar determinó que en Chiclayo había 5680 pobladores entre 6 y 14 años (530 blancos, 2781 indígenas, 3160 mestizos y 147 negros)  de los cuales solo 2500 recibían instrucción. En Lambayeque fueron 4623 (351 blancos, 2905 indígenas, 2146 mestizos y 99 negros) de los cuales 1681 recibían instrucción. Sobre el número de escuelas fiscales (elementales); en Chiclayo había 22 en 1902, 25 en 1906, 23 en 1912, 26 en 1915 y 21 en 1918. En Lambayeque: 16 en 1902, 24 en 1906, 21 en 1912, 27 en 1915 y 23 en 1918. En total, los centros escolares urbanos en toda la Región, fueron: 5 en 1902, 4 en 1906, 6 en 1912 y 13 en 1920. En 1907 se fundó una escuela nocturna para obreros que contó con 49 alumnos. Para ingresar se pedía saber leer, escribir, conocer las cuatro operaciones fundamentales de la aritmética. En 1917, se creó la “Escuela de Artes y Oficios”, su primer director fue el Ing. Pedro A. Labarthe Durand. En 1923, se fundó en Chiclayo la Escuela Nocturna para obreros "José Balta" de la "Sociedad de Obreros Primero de Mayo"; además, la nocturna de la “Escuela de Artes y Oficios”. En 1925, la escuela de la Cárcel pública de Chiclayo, dirigida por Don Gregorio Vásquez.

martes, 28 de julio de 2015

El Triunfo de la Inteligencia y la derrota de la Estupidez Política



Postulo que en este tiempo histórico las ciudades y el gobierno del estado deben estar a cargo de intelectuales honestos; personas probas y preparadas; ciudadanos identificados con los valores milenarios de nuestra cultura; profesionales y técnicos de diversas áreas dispuestos a testimoniar virtudes fundamentales para el quehacer político; líderes y no caudillos; hombres y mujeres de bien y no personajes mesiánicos; personas dispuestas a planificar, innovar, crear,  arriesgar … políticos inteligentes, radicalmente veraces y apartados de la estupidez propia de los políticos con inteligencias fracasadas que hicieron mal uso de la soberanía delegada por los ciudadanos. José Antonio Marina (2008) refiere: “la inteligencia fracasa cuando es incapaz de ajustarse a la realidad… de comprender lo que nos pasa, de solucionar problemas sociales o políticos; cuando se equivoca sistemáticamente, emprende metas disparatadas, o de empeña en usar medios ineficaces; cuando desaprovecha las ocasiones…” ¿Qué es la corrupción, la falta de planificación, el empirismo gubernamental, el clientelismo, la improvisación; sino muestras de fracaso intelectual y, por tanto, signos de estupidez política?
Los ciudadanos estamos hartos de delegar soberanía, es decir, entregar el poder político, a quienes, luego, con sus comportamientos públicos y privados, y con su ineficacia en el desempeño de la función pública muestran desprecio por aquella encargatura. A lo mejor, tal delegación de facultades, poco valorada, deba llamarse “soberasnía” y a quien mal la ejerce “soberasno”. Los ciudadanos quedamos atónitos al notar la violencia verbal de quienes encabezan la función pública por falta de argumentos, la degradación, soberbia, egocentrismo y mentira con la que actúan… ostentan el poder y no logran autoridad, pues aunque el poder se recibe, la autoridad se cosecha y es efecto de la integridad en el ejercicio diario de nuestras responsabilidades.
Debemos pasar de la queja a la acción. El cambio está en manos de los ciudadanos. Debemos elegir con probidad y evaluar, criticar con argumentos, respaldar los aciertos y exigir el cumplimiento de sus deberes a las actuales autoridades a nivel local, regional y nacional. Cualquiera no es merecedor de recibir la porción de soberanía y poder que me corresponde. No son suficientes la retórica brillante, el verbo fluido y la promesa atractiva; tampoco lo son el rostro y la buena presencia (a lo mejor efecto de un retoque computarizado) la campaña llamativa, ruidosa y de obsequios. Necesitamos dar un salto cualitativo y razonar nuestra elección. ¡Que triunfe la inteligencia! Es el tiempo de todos y no de algunos. Más que antes, hoy, tenemos la obligación de interesarnos por la cosa pública, por el bien común, por el éxito de la ciudad y el país. Para resolver los problemas morales y urbanos, económicos y educativos, es imprescindible actuar con inteligencia. A esto me refiero cuando digo “Intelectuales honestos”, a los mejores hijos de nuestra sociedad, dispuestos a devolver a su tierra y a su patria, con sus conocimientos y esfuerzo desinteresado, todo aquello que recibió de ella. Debemos constituirnos en una sociedad inteligente, pues está destinada al fracaso la sociedad que ponga su gobierno en manos de personas poco preparadas y probas, torpes, ignorantes, perezosas o sin capacidad de crítica.
“El triunfo de la inteligencia personal es la felicidad. El triunfo de la inteligencia social es la justicia… son inteligentes las sociedades justas. Y estúpidas las injustas. Puesto que la inteligencia tiene como meta la felicidad, todo fracaso de la inteligencia entraña desdicha… la desdicha pública es el mal, es decir, la injusticia” (Marina, 2008).
Estamos a poco de iniciar una nueva campaña electoral en la que elegiremos a un nuevo presidente y congresistas. Además, hay autoridades en funciones que deben ser fiscalizadas con respeto, inteligencia y argumentos. Es necesario no cometer los errores pasados. No tropezar por enésima vez con la misma piedra. Hago un llamado a los intelectuales probos y honestos de nuestra tierra a candidatear en la próxima justa electoral o a contrastar con argumentos técnicos cada una de las propuestas de los candidatos. Los próximos congresistas lambayecanos deben tener bien en claro el significado del cumplimento de los deberes adquiridos con dicha representación. ¡Que sea un honor representarnos!

Los “Espejos de Príncipes” y los “Niños de Azote”


Según David Nogales, maestro de la Universidad Complutense de Madrid, los espejos o tratados de educación de príncipes europeos de los siglos XIII al XVIII “son obras de carácter político-moral que recogen un conjunto de directrices morales y de gobierno básicas que han de inspirar la actuación del buen soberano cristiano… Por ello, estos tratados se convertirán, en un sentido figurado, en espejos, en los cuales todo príncipe cristiano debería mirarse para guiar su actuación…”. Era de gran importancia formar a quien debía convertirse en Rey, por lo cual, los tutores eran generalmente clérigos y desarrollaban una formación severa, de corte escolástico y destinada a la formación del carácter de quien, por motivos ideológicos, se convertiría en soberano absoluto, juez supremo y ser divino. La antigua pedagogía real incluyo, como la general, el castigo físico pero, en este caso de modo singular.
Los Niños de azote, fueron parte de un procedimiento pedagógico de algunas cortes europeas de los siglos XVI al XVIII por el cual los castigos físicos merecidos por los príncipes los soportaban otros niños nobles. Este procedimiento tuvo su origen en Inglaterra, se aplicó en Alemania y se intentó implantar en Francia, pero el Rey Enrique IV se negó, en 1607, a aceptarlo, indicando en una carta, referida por José A. Marina (2008): “Deseo y ordeno que el Delfín [príncipe francés] sea castigado siempre que se muestre obstinado o culpable de una mala conducta; por experiencia personal sé que nada aprovecha tanto a un niño como una buena paliza…”. Es seguro que este castigo infringido en cuerpo ajeno no daba los resultados esperados.

Las monarquías absolutistas europeas de los siglos XV y XVI se fundamentaban en el “Derecho Divino de los Reyes”; los ideólogos del absolutismo afirmaron que “Dios establece a los reyes como sus ministros y reina a través de ellos sobre los pueblos (...) Los príncipes actúan, pues, como ministros de Dios y son sus representantes en la Tierra. Por esto, el trono real no es el trono de un hombre sino el trono de Dios mismo. Así, la persona de los reyes es sagrada y atentar contra ellos es un sacrilegio. Se debe obedecer a los príncipes por principio de religión y de conciencia. El servicio de Dios y el respeto por los reyes son cosas unidas (...) Dios ha puesto en los príncipes algo divino.” (Bossuet, 1681) por lo anterior, los príncipes debían ser protegidos y no castigados, menos físicamente, siendo este un derecho solo del Rey quien se encontraba, casi siempre, demasiado ocupado en el gobierno monárquico delegando en un tutor la educación formal y formación moral de sus hijos.
Desde su nacimiento, cada príncipe tenía un Niño de Azote; anecdóticamente, los príncipes desarrollaban un fuerte lazo afectivo con aquellos niños “a quienes llegaban a querer como hermanos…” a pesar de esto, la función de estos niños era una sola: “recibir los castigos que no podían impartirse al Príncipe”.  Por ejemplo, en Inglaterra, Sir William Murray, fue nombrado Primer Conde de Dysart por el Rey Carlos I, la razón: William había sido su Niño de Azote. Fue tal su amistad que, cuando el tirano Carlos I fue despojado de su corona y condenado a muerte al ser derrotado en la Revolución Inglesa de 1648, liderada por Oliver Cromwell, huyó y se exilió en Francia junto al hijo de su amado amigo, el futuro Rey de Inglaterra Carlos II.
Desde el siglo XIII los “Espejos de Príncipes” contenían normas morales en las que los futuros gobernantes debían ser educados, como: “Ay de los que promulgan leyes injustas y al plasmarlas en papel escribieron injusticias… la clemencia, es la que salvaguarda siempre a un rey, el amor hacia los ciudadanos es el único bastión inexpugnable… el príncipe es un dios en las tierras y tiene que ser adorado por sus vasallos no con la adoración que se debe a un dios sino con la contención y el saludo a un rey debidos… conviene que el príncipe imite, en la clemencia y el amor hacia sus súbditos, a Dios omnipotente… El príncipe tiene que ver también que sus súbditos no se vean agraviados ni maltratados por sus jueces u oficiales… conviene que tenga una intención correcta… debe ser una persona estable y constante… Los príncipes y los reyes se conciben de forma justa y amantes de la justicia de tal forma que nunca se concibe que ellos encarguen a alguien que cometa una injusticia…” Como podemos apreciar, antiguamente y hoy, ¡Del dicho al hecho, hay mucho trecho”.






viernes, 17 de julio de 2015

La Causa Económica de la Independencia en Lambayeque

A fines del siglo XVIII, el antiguo Partido de Lambayeque había sufrido desastres naturales (Fenómeno de “El Niño” como los de 1720, 1728 y 1791 y un terremoto a fines de siglo; por mencionar los más fuertes) la aplicación de las Reformas Borbónicas (y la consecuente alza de impuestos) y la reorientación del mercado y precios deprimidos (a partir de las mencionadas catástrofes y la aplicación de las Reformas Borbónicas).
A lo anterior se suma el aumento de impuestos en 1746, el monopolio del tabaco decretado en 1752 (en Lambayeque existió una fábrica que procesaba 6000 fardos ó 125 manojos de tabaco sembrado, principalmente, en Motupe) y el aumento de alcabala de 1776. En 1780 se produjo el decreto de monopolio de cordovanes, producto de la zona cotizado por su gran calidad,
A mediados y fines del siglo XVIII, el monocultivo de caña de azúcar decayó por la competencia de los productos de Brasil, se optó, entonces por la ganadería. Por las intensas lluvias del Fenómeno de “El Niño” gran parte del ganado se ahogó y se sufrieron pérdidas en la comercialización de productos como carne, sebo y cueros.
Bajó la oferta de esclavos. Muchos propietarios perdieron sus haciendas a manos de prestamistas a quienes no pudieron devolver su dinero por los altos intereses que cobraban. Los indígenas que se dedicaron a la actividad agrícola sufrieron por la desigual repartición de aguas (correspondía mayor caudal de agua a los españoles) y, según Susan Ramírez (1998), a fines del siglo XVIII ya se habían presentado conflictos por motivos económicos debido a la abusiva posesión de tierras a favor de los españoles americanos. Refiere: “El conflicto que brotó a fines del siglo XVIII y comienzos del XIX en la costa norte del Perú fue el legado de casi cien años de penurias para aquellos ubicados en los diversos niveles de la pirámide social”. 
La tierra más fértil de los valles más altos era cedida en dominio a los españoles americanos, mientras los indígenas eran relegados a zonas menos fértiles, más cercanas al océano pacífico, donde la producción era limitada por la presencia de hongos, niebla, humedad, altas capas freáticas y formaciones salinas.
Este procedimiento fue posible debido a las llamadas “visitas de la tierra”. Por este sistema abusivo, “los indígenas tenían títulos sobre la tierra y los españoles sobre os pastos…” (Ramírez, 1998) así, los pastos, arbustos y árboles que crecían sobre los bordes o entre los surcos de chacras indígenas fueron forraje para los animales de los propietarios de los pastos. Una muestra de esta negativa repartición se produjo en la “visita de la tierra” que realizó al Partido de Lambayeque el Juez Antonio Sarmiento de Sotomayor, quien vendió pastos comunales al mejor postor; hecho ocurrido entre 1711 y 1712 (según Ramírez) aunque Enrique Bruning los registra como ocurrido en 1713 en la zona de Jayanca, y concluye: “a raíz de la entrada de los españoles en el Perú, los conquistadores empezaron a tomar para sí cuantas tierras podían y las de esta región fueron codiciadas…” (Bruning, 1922)

1.      Levantamientos en Lambayeque de causa económica siglos XVIII y XIX.
Figueroa y Montoya (1986) afirman: "No se conoce levantamientos independentistas tempranos en Chiclayo…". Sin embargo, reconocen que en nuestra región hubo siempre manifestaciones de resistencia contra la autoridad colonial. Aunque no hubo movimientos propiamente de inspiración ilustrada; es posible inferir una postura ideológica y política, contraria al yugo español, con certeza desde el siglo XVIII.
Hasta las gestas de 1820, puramente anticoloniales, que concluyen en las independencias de Chiclayo, Lambayeque y Ferreñafe y el subsiguiente respaldo material y humano a la lucha del General San Martín, es de reconocer que, los levantamientos contra los abusos por la repartición de tierras y aguas, sociales y anticoloniales, fueron una forma de enfrentarse al poder español y muestran la disposición a la lucha contra el poder político establecido.
En 1785, se produjo una revuelta de chiclayanos contra los hermanos Juan José y Juan Alejo Martínez y Pinillos, propietarios de la Hacienda Pomalca, por los abusos contra los indígenas de esta tierra a quienes confiscaban ganado y castigaban duramente por, supuestamente, “invadir sus propiedades”. Según Susan Ramírez, en esta revuelta “… se dejó oír el nombre de Túpac Amaru II” y, aunque fue rápidamente repelida, significa una señal de resistencia contra la autoridad colonial. También, contra los hermanos Pinillos y Martínez, en 1807, los indígenas de Monsefú se sublevaron por las mismas razones. En aquella ocasión, las autoridades ordenaron a los hermanos Pinillos la devolución de ganado y propiedades confiscadas a los monsefuanos. Otras revueltas se produjeron en 1817 en Lagunas y Motupe.
El 15 de enero de 1804, el procurador indígena Clemente Anto, se subleva después de una “larga y persistente actitud de defensa de sus paisanos…” (Figueroa e Idrogo, 2004). Fue apoyado por ex esclavos (zambos, mulatos, morenos) mestizos y plebe (indios forasteros). Los amotinados protestaron en defensa del medio ambiente y contra la construcción de una tina y curtiembre en la zona urbana de Lambayeque. Los levantados, tomaron la Iglesia y el Cabildo, destruyeron la casa del cacique procolonialista Dámaso Temoche e intentaron ocupar la cárcel pública y el local de la aduana. Sofocada la revuelta, Anto fue encarcelado y una vez libre, murió en la más absoluta pobreza y soledad. Fue necesaria la participación de la milicia realista para derrotar el movimiento.
Los negros, manifestaron también similares formas de resistencia a través litigios judiciales contra sus amos, fuga, cimarronaje y revueltas. Así, en 1784, el zambo José Patrocinio Faya (“Geraldo”) fue injustamente acusado de revoltoso y encarcelado. Junto  otros presos, logró escapar y al grito de “¡Viva el rey y muera el mal gobierno, que no hay justicia en Lambayeque!”. En 1779, se produjo una protesta de milicianos “pardos” y “morenos” del Partido de Lambayeque contra los cambios en el régimen de tributación que se inició en 1778. Se negaron a pagar la “contribución militar” de 2 pesos anuales. El virrey, recibe su pedido y lo acepta siendo exonerados de dicho pago, temiendo un “desbande general de las castas”. Según Cristine Hunefeldt, este movimiento tiene relación con las protestas que se producían en todo el país y concluyeron con la sublevación de Túpac Amaru II.
Sirvan los anteriores casos solo de muestra. Lambayeque no fue una región pasiva y ausente a la lucha y resistencia contra el orden colonial.


2.      Algunas reflexiones finales
Coincido con la siguiente afirmación “la independencia del Perú hay que entenderla como un problema social, humano, antes que una cuestión política y militar...” (De la Puente, 1971). Antes de la protesta política definitiva se comenzó a gestar seriamente una idea clara de Perú. Se discrepa, entonces, del orden político, económico y social. Se prefigura la idea de porvenir y se es más conciente de SER peruano y PERTENECER al Perú.
En esta lucha trasciende el mestizaje, biológico y cultural, que resulta en “un estilo mestizo, que es el estilo peruano de vivir”. El nuevo país, el Perú mestizo, el Perú definitivo, hay que reconocerlo en esta transformación que se sigue desarrollando en todos los campos de nuestra cultura.
Lambayeque fue partícipe de esta aspiración. En la lucha contra la opresión colonial, jamás estuvimos ausentes.
Referencias Bibliográficas
1.      Bruning, E. (1922) “Lambayeque: Estudios Monográficos”. Chiclayo: Perú. Ed. Mendoza.
2.      De la Puente, J (1971) “Notas sobre la causa de la Independencia”. Lima: Perú. Talleres Gráficos P. L Villanueva.
3.      Figueroa e Idrogo (1997) “No queremos amos: lambayecanos en lucha por libertad e igualdad (1750 – 1850)”. Chiclayo: Perú. CES “Solidaridad”
4.      O´Pelhan & Saint Geours (1998) “El Norte en la Historia Regional, Siglos XVIII – XIX”. Lima: Perú. Instituto Francés de Estudios Andinos.






martes, 14 de julio de 2015

¿Pena de muerte en el juzgamiento de los delitos de corrupción?


El pasado viernes, durante la presentación de la obra “Filosofía del Derecho” del Dr. Oscar Vílchez, llamó mi atención el anuncio del distinguido maestro, filósofo y hombre de bien Dr. Juan Manuel Gamarra Romero quien, afirmó, encabezará un movimiento a nivel local y nacional que solicitará vía referéndum la aplicación de la pena de muerte para los funcionarios públicos corruptos. A su juicio, no basta la “muerte civil”, sino que es necesario aplicar esta radical medida siguiendo el ejemplo de Singapur, nación que tomó dicho camino y donde casi no existe el delito de corrupción de funcionarios. Conociendo su trayectoria personal y académica estoy seguro que el Dr. Gamarra ha meditado su propuesta y, aunque no la comparto, estamos a la espera de sus argumentos. De inicio considero la propuesta exagerada.
La corrupción, qué duda cabe, es un delito que causa nuestra más grave indignación. Las personas a quienes confiamos nuestra soberanía actúan de manera tal que muestran, con sus actos, desprecio por la democracia como sistema y por los ciudadanos a quienes, adicionalmente, roban la esperanza, la confianza en la justicia, el anhelo de orden, progreso y desarrollo... Es, entonces, un delito que debemos combatir en todos los niveles: ideológicamente a partir de la educación y formación ética de los ciudadanos que tenga como base la normalización del buen desempeño de quienes reciben empoderamiento; y legalmente, a través de normas menos permisivas y de aplicación inmediata, sin distinción, ni favoritismo.
Los ciudadanos exigimos una lucha frontal contra la corrupción porque, entre otros motivos, la paz es efecto de la justicia. Estar, en general, a favor de la vida y en contra de la pena de muerte, específicamente, para el delito de corrupción no significa encogerse de hombros, poner la otra mejilla o actuar permisivamente contra quienes delinquen. Es razonable, en situaciones dramáticas, la muerte del otro en caso de legítima defensa, cuando el derecho de defender la propia vida y el deber de no dañar la del otro resultan difícilmente conciliables. O en aquellos casos que la ley ha establecido y donde el bien común se ve seriamente amenazado; en el Perú, el delito de traición a la patria se puede sentenciar con pena de muerte, aunque en las últimas 3 décadas la tendencia, en nuestro país y el resto del mundo, es a favor de la vida.
La pena de muerte para el delito de corrupción es debatible y, en mi caso, inaceptable. No es la solución del problema considerando el espíritu pro vida de la legislación peruana. Generaría complicaciones en el ámbito supranacional. No está garantizada la seguridad en los juzgamientos por la intromisión política en los órganos de justicia. Favorece la venganza, no está acorde con la finalidad de la pena. Existe el riesgo de generalizar, para otros casos, la pena de muerte. Distrae la atención de temas centrales basados en la dignidad humana.
Considero indispensable reconsiderar la legislación sobre delitos de corrupción. Deben elevarse las penas, ser más drásticas y disponer adecuadas reparaciones. Pero no considero pertinente la pena de muerte. Estimo que es, también, indispensable tener más cuidado al seleccionar a los operadores del sistema de justicia, mejorar dicho sistema, limpiarlo e insistir permanentemente en esa tarea. El estado debe gestar un sistema anticorrupción con profesionales bien preparados, tecnología de primer nivel y una constante retroalimentación sobre moral, patriotismo y bien obrar.
Sobre Singapur. Es cierto, se fusiló a varios miles de corruptos, se prevé la cadena perpetua para homosexuales, masticar chile, repartir volantes en las calles, no tirar la cadena del inodoro o pintar grafitis supone multas, plazos carcelarios y castigos con varas. Hoy, la delincuencia es casi nula. es uno de los países más seguros y estables del mundo (en cifras). El precio ha sido la muerte y la libertad de muchos.