La historia
de los pueblos no se edifica únicamente sobre la urdimbre de su origen, sus
mitos, el trazado de sus avenidas o la solidez de sus monumentos; se esculpe, sobre
todo, en la trama espiritual e intelectual de su gente. Chiclayo, desde sus
orígenes como reducción de indígenas bajo el amparo franciscano, ha germinado
una identidad caracterizada por una profunda religiosidad, un dinamismo
integrador y una hospitalidad que le valió con justicia el título de la Ciudad
de la Amistad. En esta tierra bendita, la fe ha sido el faro articulador del
desarrollo social.
En el
discurrir de nuestra historia eclesiástica, la providencia divina ha otorgado a
nuestra diócesis pastores capaces de interpretar las necesidades de los tiempos.
Los Obispos Daniel Figueroa, Ignacio María de Orbegozo y Jesús Moliné Labarta,
se constituyeron en pilares y organizadores de nuestra Diócesis. Antes de la
llegada de nuestro actual Obispo (Mons. Edinson Edgardo Farfán Córdova) el
trabajo de Monseñor Robert Prevost Martínez, O.S.A., como Obispo de Chiclayo y
hoy depositario del Obispado de Roma como Papa León XIV, constituyó un hito de
honda renovación espiritual e institucional para todo Lambayeque.
Desde su
llegada al frente de la sede episcopal, el trabajo de Monseñor Prevost se
caracterizó por una cercanía paternal y una mirada profundamente estratégica
respecto al papel de la Iglesia en la sociedad moderna. Siguiendo el carisma
agustiniano de la búsqueda incesante de la verdad y la comunión fraterna,
comprendió que el dinamismo de Chiclayo requería una evangelización encarnada
en los ámbitos donde se moldea la conciencia ciudadana: la familia, el trabajo
y la educación como el vehículo más eficaz para garantizar el desarrollo humano
integral y la preservación del patrimonio moral de nuestra comunidad. Monseñor
Prevost promovió el fortalecimiento de las instituciones educativas católicas,
alentando a los docentes y estudiantes a no separar el rigor académico del
testimonio de fe. Para él, una aula escolar o universitaria debía ser un
espacio de encuentro, diálogo y búsqueda de la sabiduría al servicio del bien
común. Su presencia constante en las parroquias urbanas y en las comunidades
rurales de la diócesis reflejó a un obispo con "olor a oveja",
siempre dispuesto a escuchar, orientar e inspirar.
De izquierda a derecha: Martín Cabrejos, Mons. Robert Prevost, Mons. Jesús Moliné y Mtro. Luis Rivas
En el ámbito personal, tuve el privilegio de constatar de manera directa la claridad moral y la paternal firmeza de Monseñor Prevost. Transcurría el año 2018 y, en el marco de mi postulación a la alcaldía provincial de Chiclayo, solicité un encuentro con Monseñor Robert Prevost para presentarle mis reflexiones, mi plan de trabajo y las intenciones que motivaban mi vocación de servicio a la ciudad. Recuerdo con especial emoción la calidez de su recepción y el peso de su mirada serena. Tras escuchar atentamente mis propuestas para la provincia, con la afabilidad de su espíritu bondadoso, pero sumamente firme en sus principios, me otorgó su bendición pastoral. Luego, me ofreció una máxima que ha quedado grabada a fuego en mi corazón y en mi labor pedagógica: "Vaya con mi bendición, Martín; pero nunca olvide que la gran misión en la política es siempre decir la verdad". Aquellas palabras resonaron como una recomendación prudencial para una campaña electoral y como un imperativo ético para mi vida en lo personal y profesional. Pienso que decir la verdad en la política implica asumir la transparencia como norma, respetar la dignidad de los ciudadanos y concebir la autoridad no como un privilegio, sino como una forma superior de caridad y servicio. Esa enseñanza condensa la esencia del magisterio de León XIV: la fe no puede estar divorciada de la ética pública; el cristiano en medio de la sociedad está llamado a ser luz de verdad, aun en circunstancias parezcan adversas.
Junto a Mons. Robert Prevost, hoy, León XIVHoy, al rememorar su paso por Chiclayo en este homenaje especial, nos embarga un profundo sentimiento de gratitud y esperanza. La designación de Monseñor Prevost como León XIV es motivo de gozo no solo para la Iglesia universal, sino de orgullo sanador para todo Lambayeque. Su presencia en la cátedra de Pedro vincula a Chiclayo con el corazón de la catolicidad de una manera inédita y providencial.
Chiclayo
sigue siendo esa tierra fraterna y resiliente, desafiada a construir un futuro
de justicia sobre las bases de su herencia histórica y su fe inquebrantable. El
legado de León XIV en nuestra diócesis nos convoca a renovar nuestro compromiso
con la educación de las futuras generaciones, con el trabajo honesto y con la
búsqueda infatigable de la verdad. Que la Santísima Virgen de la Inmaculada
Concepción, patrona de nuestra ciudad, continúe guiando el caminar de nuestro
pueblo y que el recuerdo de nuestro antiguo obispo sea un faro que nos impulse
a ser artífices de reconciliación, progreso y fraternidad.

