martes, 18 de agosto de 2015

La Sociedad Amantes de las Artes

Local institucional de la
Sociedad Amantes de las Artes
Esta importante institución chiclayana se encuentra ubicada en los altos de la casa ubicada en la Calle “Elías Aguirre” N° 740 de nuestra ciudad, local adquirido el año 1919. La letra de su himno institucional, creación del poeta y, en vida, socio honorario Alfredo José delgado Bravo (con música de Manuel Nepo y arreglos de Modesto Rodríguez), expresa el fundamento de su existencia: “Que el amor a las artes nos guíe/En la diaria conquista del pan, y/El sudor sea nuestra belleza, Y verdad nuestro esfuerzo y afán/Como amantes del arte juremos/Defender la justicia social,/Combate el abuso del fuerte,/Abolir el imperio del mal…”. A continuación los pormenores de su fundación según el contenido de su acta fundacional, ocurrida en dos fases: el 25 de julio de 1887, en que se establece la junta preparatoria y, catorce días después, el 8 de agosto, fecha de su fundación definitiva. Sabemos que “… tuvo como primeros presidentes a don Eugenio Risco (con carácter provisional) y a don Ramón Navarrete (como electo). Ha sido premiada por el Concejo Provincial en diversas oportunidades: 1913, 1916, 1920 y distinguida con la Medalla de Plata, en el centenario nacional y con Diploma de honor, con motivo del centenario de la batalla de Ayacucho y del cincuentenario de su fundación, en 1937” (Rivero, 1975). La finalidad por la cual nace tan importante institución fue “el establecimiento de una Asociación dedicada al fomento de las artes y a la prestación de Auxilios Mutuos entre sus miembros”. El 25 de julio, junto con Eugenio Risco, como secretario provisional don Belisario Galarcep y una comisión “… para formular el proyecto de Constitución de la Sociedad en conformidad con los puntualizados fines y las condiciones de la localidad...” así, el señor Risco, designó a los señores Juan Isidoro Aguilar, Manuel A. Chirinos y José D. Balcázar, cuyo nombramiento fue aprobado por unanimidad”. 
Firmas en Acta de fundación de la Sociedad
Amantes de las Artes
Concluida la primera reunión, se convocó a otra para el 8 de agosto con la finalidad de realizar “la instalación formal de la Sociedad discusión de los Estatutos y consiguiente elección de su Junta Directiva”. A la primera reunión asistieron 23 personas. El 08 de agosto de 1887, los asistentes manifestaron “… unánimemente su voluntad de formar dicha Sociedad” luego, el señor Risco inició el proceso de elección de la directiva definitiva “…declaró que la mayoría absoluta era la 30 y nombró para completar la mesa como adjuntos a los Señores Socios Grimaldo Gargurevich y Domingo Chirinos”. Realizada la votación, fueron elegidos: como Presidente al Señor Doctor Ramón Navarrete y como Vicepresidente Don Belisario Galarcep. Es propicia esta ocasión para recordar a cada uno de los socios fundadores, señores: Eugenio Risco, Belisario Galarcep, Pedro Araujo, Manuel Vélez, José Palacios, Belisario Cabrejos, Juan B. Torres, Saúl Morante, José D. Vega, Genaro Orellano, Francisco Dall’Orto, Manuel Castañeda, Julián Gamarra. -Julián Moya, - Clodomiro Arancibia, Miguel Orbegoso, José Maria Lacerna, Toribio Arbaiza, Pedro Samillán, Juan P. Estela, José Luís Hernández, Juan M. Figueroa, Wenceslao Dávila, Agustín Salazar, Bernabé Correa, Higinio Ramírez, Francisco Delgado Soto, José Vásconez, Carlos Alberti, Ramón Navarrete, José D. Balcázar, Domingo Chirinos, José M. Balcázar, Pedro Bulnes, José Stein, Ricardo Lara, Manuel Fallaque, Juan F. Carrasco, Alberto Chirinos, Abraham Cevallos, José Luís Camalto, Ricardo Peredo, Fernando Maradiegue, José Solís, Mateo Cueva, José S. Valdivieso, José Félix Carreño, Miguel Sáenz, José Toribio Ruiz, Sebastián Salazar, Toribio N. Ruiz, Lázaro Veyán, José Gálvez, Carlos Salazar, Augusto Toledo, Eusebio Luperti, José María Limo y José A. Cabrera. 
Emblema institucional
Entre las joyas históricas que salvaguarda esta institución están: el libro de actas y firmas del año 1887, una biblioteca con libros antiguos ( de 1912, 1916, 1925, 1959) como las Monografías de Lambayeque y otros sobre temas diversos, sillas de estilo vienés del siglo XIX, lienzos del siglo XIX (como el de Simón Bolívar, restaurado en 2012 por César Maguiña) inicios del siglo XX, una colección en alto relieve y seda de los símbolos patrios, un antiguo reloj de pared del año 1886… esta antigua institución es parte de la historia de Chiclayo y tiene bien merecido el título de Patrimonio Histórico y Cultural.

lunes, 17 de agosto de 2015

Guerra con Chile en Chiclayo: "La Guardia de los Neutrales"

Sobrevivientes de la Guerra del Pacífico. Fotografía tomada en Chiclayo
de propiedad del Sr. Marco Maguiña, descendiente del héroe Eliseo Maguiña.
Chiclayo fue dos veces invadido por los chilenos durante la Guerra del Pacífico: en setiembre de 1880 y en abril de 1881. la primera vez, según narra Don Eric Mendoza en “Lambayeque en el Siglo XX” los chilenos desembarcan en Eten, sin encontrar resistencia, con una fuerza integrada por 2700 hombres a bordo de las embarcaciones “Itata”, “Copiapó”, “Chacabuco” y “O´Higgins”; de inmediato, causaron pánico (robaron, incendiaron y destruyeron embarcaciones) en Eten y Monsefú (más adelante, estos pueblos serían literalmente arrasados). Fue la invasión chilena la más grande desgracia de nuestra historia y nuestra dignidad se vio, inolvidablemente, pisoteada. Los chiclayanos jamás pensaron que tal desgracia pudiera ocurrir, pues “(se dio) poca importancia a las noticias de la guerra” (Gómez, 1992)
Veteranos chiclayanos de la Guerra del Pacífico, homenajeados
en la Municipalidad de Chiclayo en 1934.
En Chiclayo, incendiaron los locales de la Prefectura, la Caja Fiscal, la Subprefectura, el Palacio Municipal y la Torre del reloj público. Saquearon y robaron comercios, esto a pesar que “…los jefes chilenos habían declarado que sus tropas no harían la guerra a la propiedad privada; que solo iban a pelear con el enemigo en campaña; que los intereses y la honra de la población civil estarían cobijados por el glorioso pabellón chileno…” (Markham, 1882) ¡Tamaña mentira! Cada vez que aparecía un soldado chileno muerto se aplicaba el quinto en aquel barrio: los hombres eran contados y a quien por ventura tocaba el número cinco, era fusilado. Si no encontraban hombres, hacían la cuenta con mujeres a quienes cortaban el seno.
El comportamiento de las autoridades fue vergonzoso. El Prefecto Manuel Aguirre huyó con los suyos, en tren, a Pátapo y, luego a Chongoyape; los mismo el alcalde y otras personalidades locales. Así, los chilenos, con mucha facilidad hicieron de las suyas: impusieron un cupo de 150 mil soles a todo el Departamento, incendiaron 8 viviendas de familias notables,  dañaron haciendas (galpones, casas y terrenos de cultivo).
Ante esta lamentable realidad y “como las principales autoridades habían fugado con rumbo desconocido, tanto Montjoy como el vicecónsul inglés señor Fry formaron con ciudadanos extranjeros radicados en Chiclayo la Guardia de los neutrales para el cuidado de las propiedades abandonadas, que estaban siendo atacadas por delincuentes”. Evitaron la destrucción del Teatro “Dos de mayo”, el mercado, un colegio y el local “City may”; gracias a la participación de los ciudadanos extranjeros Carlos Montjoy y Alfredo Lapoint.
Resulta sorprendente comprobar que “… esta actitud de proteger la propiedad fue tomada en vista que los mismos chiclayanos eran lo que terminaban los saqueos que iniciaban los chilenos”. Don Antero Aspíllaga en carta a su hermano Ramón, el 18 de octubre de 1880, referida por Eric Mendoza,  indica “Todo (en) Chiclayo ha sido vergonzoso… por los robos de los mismos hijos de Chiclayo…no solo formaban cola tras los chilenos cuando incendiaban y sacaban muebles y artículos del país… luego los del pueblo de Chiclayo barrían y recogían con todo”.
Mendoza, también refiere la publicación aparecida en el Diario “La Patria” de Lima del 6 de diciembre de 1880 en la que indican el arribo a Chile de un cargamento procedente de Perú con el producto de los hurtos efectuados por las tropas invasoras en Chiclayo, Eten, Ferreñafe, Lambayeque, Monsefú, San Pedro y zonas aledañas; contenía arroz, azúcar, algodón, tabaco y ocho cajones de piedras preciosas (oro, plata, brillantes, diamantes, perlas) y una gran cantidad de dinero en plata fuerte (casi 12 mil pesos) y libras esterlinas (poco más de 29 mil)
Cripta de los Heroes Lambayecanos, fotografía
tomada por Don Ricardo Silva Peralta
Otros extranjeros, específicamente, los chinos, trabajadores de las haciendas agrícolas, “…colaboraban en cuanta barbaridad cometían las hordas invasoras en las haciendas y fundos de la localidad”. Algunos, vistieron el uniforme chileno. Este comportamiento se justifica por el trato inhumano que recibieron por parte de los hacendados que los hicieron víctimas de un sistema de semiesclavitud, siendo varios de ellos encadenados.



jueves, 13 de agosto de 2015

Los Judíos en Lambayeque

La crisis económica y social en Europa a consecuencia de la Revolución de 1848 fue crucial para el inicio de la inmigración de ciudadanos europeos a diversos países de América, entre ellos el Perú. Inicialmente, los destinos elegidos fueron Estados Unidos y Argentina, pues en Perú el principal trabajo que encontrarían era como mano de obra barata en las plantaciones de la costa, principalmente. “De esta manera llegaron al Perú industriales, banqueros, diamanteros, joyeros, ingenieros, comerciantes y empleados judíos que se adaptaron rápidamente al quehacer económico del país, abriéndose las primeras casas comerciales judías a partir de 1852” (Tratemberg, 1987).
Entre 1920 y 1960 residieron, oficialmente, en nuestra Región 65 ciudadanos judíos, de los cuales 60 se encontraban en Chiclayo y 5 en Motupe. Fueron dos familias en Motupe y 21 familias en Chiclayo. Al comienzo, las disposiciones migratorias facilitaron su llegada. La inspiración racista que prefería migrantes blancos para poblar el territorio peruano, la necesidad de mano de obra barata y de especialistas en tecnología industrial; permitió la llegada de judíos – alemanes (principalmente) a fines del siglo XIX e inicios del XX a nuestra región. En la década del 30 del siglo anterior, venir al Perú fue un verdadero calvario por el cambio del régimen migratorio. Se comenzó a exigir contratos de trabajo que, en el caso de los judíos, eran proporcionados por sus  conocidos o familiares establecidos en el Perú.
Portada de la obra de León Tratemberg
La Obra “La Inmigración Judía al Perú” (1987) de León Tratemberg Siederer, indica sobre la ubicación de los judíos en Lambayeque: “En este departamento, al rededor de 1930, había varias familias judías concentradas en Chiclayo, mientras que unas pocas se encontraban dispersas en Reque, Motupe, Pimentel y temporalmente en Ferreñafe, ciudad de Lambayeque, Eten y Monsefú”.
Con respecto a las familias que se afincaron en nuestras tierras “Residieron en Motupe: Jacobo Rajman; Elias Eidelman; Jaime Rosenfeld; en Pimentel: Moisés, Isaac y Enrique Burstein (también en Chiclayo); en Reque: Alberto Shnaiderman y en Chiclayo: Jacobo Herschcovich; Samuel Gludnievich; Moñe y Samuel Zusman; Miguel Kisner; Juan Rotstein; Rubén Milbauer; José Gleiser; José Schmerler; Moisés Burstein; Enrique Burstein; Isaac Burstein; Julio Lechtig; José Rotman; Boris Sheinfeld; Pedro Blomberg; Hermán Hananel; Hans Hilfraht; Nissim Levy; S. Zighelboim; Israel Theiler; Ezra Zaharia; conformado una colectividad de unas 60 personas en total”. Doña Nelly Criollo de Iturrizaga me brindó información sobre judíos en Chongoyape, indica que antes de 1960 ya radicaban en dicha localidad algunas familias, entre ellas la familia Waisman, recuerda a Don David Waisman.
La ocupación y actividades económicas fue diversa “Los judíos en Lambayeque se dedicaron al comercio de telas y bazar, así como al negocio de transporte público y camiones. Algunos se dedicaron al comercio de productos agrícolas y minerales especialmente oro y plata, generalmente como contraparte a la venta de telas y productos diversos”.
Los judíos recién llegados notaban el dinamismo de la ciudad de Chiclayo “Como había mucho movimiento de judíos hacia Chiclayo, cuando llegaban visitantes se hospedaban normalmente en el hotel Tacna, en la calle Poeta Niño”.
Insertaron a sus hijos en el proceso educativo normal, permitiéndoles relacionarse con gente de su edad “Para la educación escolar, los varones eran enviados al colegio San José y al colegio estatal 221, mientras que las mujeres eran enviadas al colegio Srta. Bulnes”. Además, sobre la conservación de sus tradiciones se sabe que “La educación judía se limitaba a lo que los padres enseñaban a sus hijos en los hogares. La vida societaria judía era muy escasa; los servicios religiosos de las festividades se realizaban en la casa de José Schmerler, quien los dirigía, mientras que para ocasiones especiales como Brit Milá o Bar Mitzvah se viajaba a Lima”.

Tratember indica que “Los fallecidos eran enviados a Lima para ser enterrados en el Cementerio Israelita de Baquíjano. Para la década de 1950 casi no quedaban judíos en Lambayeque”. Hoy en día la comunidad judía en Lambayeque tiene muy pocos integrantes.

miércoles, 12 de agosto de 2015

Los alemanes en el Perú y Lambayeque

Karl Weiss

En Lambayeque hemos tenido el honor de contar con la presencia de ciudadanos alemanes de la talla del ingeniero y etnólogo Enrique Bruning o Kart Weiss, eficiente Director del Colegio Nacional “San José”, que prestigiaron la educación, industria, ciencia, comercio y, también, el arte. ¿Cómo llegaron los alemanes al Perú y Lambayeque? ¿Cuál ha sido su contribución a nuestra cultura?
Según Fabian Novak, en “Las Relaciones entre Perú y Alemania 1828 – 2003”, el primer alemán, con ingreso oficialmente registrado,  en el Perú fue Barthel Blumen (1532) luego, algunos sacerdotes jesuitas (1612) y, más adelante, (a fines del siglo XVIII) un grupo numeroso de mineros, encabezados por el barón Fuerchtegott Von Nordenflycht,  que llegaron contratados para modernizar dicha actividad. La migración de europeos al Perú se facilitó desde 1835 cuando Felipe Santiago Salaverry firma el decreto que indica “todo individuo de cualquier punto del globo era ciudadano del Perú desde el momento en que, pisando su territorio, quisiera inscribirse en el Registro cívico”. Esta medida no implicó la migración masiva de europeos, pero significó el inicio de la oleada. Fue en ese siglo que llegaron al Perú Humboldt y Ernest Middendorff, este último, personaje de innegable importancia para Lambayeque gracias a sus observaciones y estudio de la “lengua de Eten” (lengua yunga o mal llamada muchik), así como sus descripciones de los pueblos, sus costumbres, vestimentas, alimentos, recursos, etc.; registradas en su Obra “Perú” volumen 2.
La migración alemana adquiere importancia en la segunda mitad del siglo XIX. Un motivo fue la crisis económica y social en Alemania (por la revolución de 1848) que provocó la salida de más de 3 millones de alemanes entre 1850 y 1890, según datos oficiales. La segunda razón fue la ley de migración de 1849, firmada por Ramón Castilla, que permitió lleguen al país 1096 ciudadanos alemanes “arrendados en condiciones infrahumanas a los grandes terratenientes de la época… y sufrieron, en algunos casos, maltratos y daños corporales” de manera que para 1853 la cantidad inicial se redujo a la mitad, también debido a “el clima sofocante en las fincas de la costa, las enfermedades y el duro trabajo…”. En 1852, otro decreto migratorio y la visión racista de la aristocracia peruana, permitiría la llegada de europeos (alemanes, entre ellos) para poblar algunas zonas de la amazonía y participar de las actividades económicas y productivas. En 1871, durante el gobierno de Pardo, se formó la Comisión Consultiva de Inmigración que en 1873 se convirtió en la Sociedad de Inmigración Europea, la cual justificó el arribo de alemanes debido a “… sus cualidades de orden y progreso”. Con esto, se reparó la mala imagen de los primeros inmigrantes alemanes que, según Basadre, fueron calificados como “hombres inmorales y corrompidos que atropellaban autoridades y maltratando los pueblos desde Trujillo hasta el litoral, solo sirvieron para hacer gastos inconsiderados al erario nacional”.
Entre los más destacados ciudadanos alemanes en Chiclayo del último cuarto del siglo XIX debo mencionar a Tomas Abrahamsen, Enrique Frahüen, Eduardo Gramatky, Teodoro Alberto Grass, Federico Hack, Adolfo Hormann, Gustavo Hulsen, Enrique Jahn, Valentín Loewen, Guillermo Niebuhr, Cristian Schretmiller, Bernardo Schroeder, Alfredo Solf. Todos ellos presentaron reclamaciones por los daños físicos a sus personas, el incumplimiento de contratos por parte de estado o las pérdidas ocasionadas en sus propiedades por los sucesos de 1868, durante la Revolución del Coronel José Balta o por otros de carácter político, fruto de la inestabilidad de aquel tiempo, como los de 1873.
En 1876, según Basadre, el gobierno contrató a un grupo de maestros alemanes, entre ellos Carlos Gunther para dictar clases en Chiclayo. Los chiclayanos recordamos aún el local de la famosa “Casa Gildemeister” ubicada en el centro de nuestra ciudad, dedicada al rubro automotriz.
Durante el siglo XX, el aporte de los ciudadanos alemanes fue de gran importancia. La agroindustria se vio fortalecida con sus aportes; Enrique Bruning, ingeniero, llegó a nuestras tierras con esa misión. La educación ha tenido a Kart Weiss como su principal exponente. Lamentablemente, entre 1939 y 1945, los ciudadanos italianos, alemanes y japoneses sufrieron persecución por causa de su nacionalidad en el tiempo que el mundo experimentaba los desastres de la Segunda Guerra Mundial. Perú se inclinó a favor de las naciones aliadas y rompió relaciones diplomáticas con las naciones del Eje Roma – Berlín – Tokio. En “Japoneses bajo el sol de Lambayeque” el investigador Luis Roca afirma que existió una “lista negra” con los nombres de todos aquellos ciudadanos a quienes se calificó de espias, los cuales fueron perseguidos, detenidos y deportados. Muy poco pudo hacer la población de Chiclayo para evitar el hecho; sin embargo, no deja de llamar la atención la escasa cobertura de los medios de prensa de aquella época que parecieron ser silenciados para evitar dar a conocer con amplitud tamaño atentado contra los Derechos Humanos.

El periodista illimano Juan César Cabrejos Becerra afirma que Karl Weiss hijo, homónimo del connotado educador alemán, fue quien introdujo la práctica de la apicultura en dicho distrito. Este personaje tenía una casa en el sector “La Zaranda” cerca de Batan Grande y llegaba diariamente a Illimo a bordo de una antigua camioneta Volkswagen cerrada; agrega: “… le gustaba leer mucho los libritos de historietas del oeste americano (algunos ejemplares de los muchos que me regaló aún los tengo) y fumaba tabaco en pipa de carey. Lo recuerdo por el cabello blanco, su gran estatura y su risa estrepitosa. Fue él junto con don Ulderico Pretel Núñez, natural de Cascas (Trujillo) y casado con la illimana Magdalena Cabrejos Sandoval, quienes pusieron la semilla de la apicultura en tierras illimanas. Illimo tiene una deuda histórica con ambos”.
Actualmente existe en la “Casa Comunal de la Juventud” un Consulado Alemán conducido por el excelentísimo ciudadano y Cónsul honorario Armin Dietrich Bulow; es, además, la única representación extranjera en Chiclayo.

martes, 11 de agosto de 2015

Los Vínculos de Grau con Lambayeque


La forma más sencilla de vincular a Miguel Grau seminario con Lambayeque y los lambayecanos es su directa relación con los héroes de la Guerra del Pacífico y miembros de la tripulación del “Huáscar”: su antiguo amigo Elías Aguirre Romero y Diego Ferré Sosa, ambos fallecidos en Angamos; y el sobreviviente Leopoldo Sánchez, oficial de la misma embarcación.
Doña María Luisa Grau y Cavero, hija de
Miguel Grau Seminario.
En “Lambayeque Sol, Flores y Leyendas” (1976) Teodoro Rivero, afirma: “Lambayeque está estrechamente vinculada a la vida del almirante Grau, pues su hija, Doña María Luisa Grau y cavero, habida en Doña maría Cavero Núñez de Lérguia, casó con el Dr. Francisco Muro Pacheco, lambayecano, médico prominente, primer premio de La Sorbona de París. Tuvieron un hijo, Ricardo Muro Grau, el célebre pintor peruano, conocido en el mundo del arte como Ricardo Grau”. Agrego a lo anterior, solo por reforzar el vínculo entre Grau y nuestra tierra, que dos hermanas de padre del héroe de Angamos, Mercedes y Felícita Grau Liza, vivieron en Chiclayo y fallecieron en 1952 y 1953 respectivamente, pudiendo ser ubicados sus restos en el Cuartel “San Cirilo” del Cementerio “El Carmen” de nuestra ciudad. Además, Don Oscar Grau Cavero, hijo del héroe de Angamos, fue Prefecto del Departamento y primer presidente del Club Departamental de Tiro al Blanco, conocido luego como Club de Tiro "Chiclayo 77". Oscar Grau, falleció en Lima el 31 de Julio de 1939. También, el historiador Miguel Díaz Torres me informó que el reconocido torero Chiclayano Francisco "Paco" Céspedes Chirinos fue hijo de una sobrina nieta de Miguel Grau, la señora Hortencia Chirinos Grau. 
Doña Hortencia Chirinos Grau junto a sus hijos
Francisco y José. Luego, Francisco será el matador
"Paco" Céspedes
Sin embargo, existe información sobre la hija del héroe, María Luisa, el esposo de esta, Francisco Muro Pacheco y el hijo de ambos, Ricardo Muro Grau, que debe ser revisada. El objetivo del presente artículo es corregir algunos datos incluidos en artículos diversos y confirmar el vínculo entre Grau y sus descendientes con la tierra lambayecana. Versiones erróneas refieren que María Luisa Grau fue soltera hasta el fin de sus días. Otros, contradicen la versión de Rivero y ubican a Francisco Muro Pacheco como médico egresado de la Universidad de “San Marcos” y no de “La Sorbona” y, otros, afirman que el año del nacimiento de Ricardo Muro Grau fue 1907. ¿Cuál es la verdad en todo este enredo?
María Luisa Grau y Cavero fue la quinta hija del héroe, la primera de las mujeres. Vivió entre 1873 y 1973. Una fuente privada, destacada en la información de RPP (08 de octubre de 2013) afirma: “…Permaneció soltera y falleció el 8 de diciembre de 1973”. Sin embargo, contrajo matrimonio, en 1916, con Francisco Muro Pacheco (1890 – 1941),  ferreñafano, médico, administrador general de la testamentaria de Francisco Muro Guevara, propietaria de los terrenos de Noya y Sosa en Chiclayo y otros en Ferreñafe. Antes, en 1910, Francisco Muro Pacheco y, su prima, Doña María Navarrete Muro, fueron padres de Manuel Espedito Muro Navarrete; considerado en Ferreñafe como el “Rey de la jocundia y criollismo”, personaje muy querido de manera que hay una propuesta para bautizar la carretera entre Pítipo y Ferreñafe con su nombre.
Luego de contraer matrimonio, Francisco Muro y María luisa Grau, se trasladan a Francia gracias a la invitación de un médico investigador de la Universidad de “La Sorbona” de apellido Lafayette y, en 1917, nació en Burdeos (Bordeaux) Ricardo Muro Grau, artista plástico, modernista, que retornó a Perú en 1937 y fue conocido como Ricardo Grau.

De izquierda a derecha los artistas: Ricardo Muro Grau, Wetsphalen,
Ricardo Tenaud y César Moro (Fotografía de la Revista "Caretas")
El artista, nieto de Miguel Grau Seminario, participó, en 1937, del “Primer salón de los independientes”, una muestra plástica que presentó las mejores obras de 73 artistas nacionales, conferencias, conciertos y fue calificado como el evento cultural del año. Según Alfonso Castrillón Vizcarra: “… en medio de la figuración nativista se exhibía una serie de cuadros que no tenían que ver con el tema y ofrecían al espectador curioso un modo diferente de pintar: era la pintura de Ricardo Grau...”. El artista presentó dos desnudos, dos retratos, una naturaleza muerta y tres paisajes.  Para comprender el estilo que, como primicia, muestra Grau a su llegada a Lima, sería conveniente averiguar acerca de su formación. Grau había recibido influencia de los pintores franceses André Favory, Othon Friez, Fernan Léger y André Lohte, Picard Le Deux y Amedée Dubois de la Petelliere y Brissiére, que enseñaban en la Academia Ranson. Presentó ese mismo año, 1937, su primera exposición individual y, en 1939, la segunda en el ICPNA de Lima. Un dato final: Ricardo Grau también ha hecho escuela. El buen pintor chiclayano José Ibáñez Castañeda, miembro del grupo “GAMA 73” es su discípulo.
Desnudo con Paisaje
Algunas obras de Grau:
Bodegón


jueves, 30 de julio de 2015

Síntesis Histórica de la Educación Lambayecana a fines del Siglo XIX e Inicios del XX

Monsefú a inicios del siglo XX

A fines del siglo XIX e inicios del XX, se consideró como inferiores a los indígenas, negros, chinos y mestizos. Al blanco se le consideró superior (según Clemente palma). El Diario “El Comercio” de Lima (12 de junio de 1904), refiere que el principal objetivo de la educación en el Perú de inicios del siglo XX, fue “…transformar las siete octavas partes de la población indígena de la mísera condición social en que viven por su ignorancia, en factor de trabajo, como lo es para todo país su población consciente y activa”. Los postulados positivistas y del “racismo científico” de aquel tiempo permitieron disponer de una educación elemental (de dos años de duración) para la clase indígena (población aborigen rural) destinada a convertirla en mano de obra calificada y otra de centro escolar para los niños de áreas urbanas. En las primeras se aprendía “a leer, escribir y contar; sirviendo al aprendizaje de la lectura, para adquirir, a la vez, nociones de moral, de Historia y Geografía patrias, y de Higiene” (Ccahuana, 2013); mientras en la segunda se incluía, además, educación cívica, física o química. Se nota una visión elitista de esta división educativa en las siguientes palabras del Ministro Polar ante el Congreso: “… la mayor parte de nuestra población está muy retardada, intelectualmente (...) para esa población retardada se debe hacer solo la escuela elemental, (mientras que) para nuestras poblaciones más adelantadas, para nuestras ciudades, es necesario algo más, hay que establecer centros escolares…” (Polar, 1906). Así, podrían “…distinguir los (estudiantes) que son mentalmente aptos y los que no lo son, y estimular solamente a los primeros para continuar en las escuelas intermedias”… ¡Tamaña desigualdad!
En nuestra Región: en 1888,  se apertura la Escuela Nocturna para asociados de "Amantes de las Artes". Su director fue Don Juan de Dios Lora y Cordero. en 1891, en la Provincia de Chiclayo se contaban: 6 escuelas fiscales en Chiclayo, 1 en Pimentel, 4 en Eten 4 en Monsefú, 1 en Santa Rosa, 2 en Chongoyape, 2 en Reque, 1 en Lagunas, 1 en Picsi y 2 en Zaña. Hubo 3481 alumnos matriculados y 39 preceptores fiscales; además, 15 escuelas particulares con 321 alumnos adicionales. Los preceptores de las escuelas particulares fueron, en Chiclayo: Petronila Grandal, Catalina de Maire, Liboria Menchola, Rosaura Córdova, Gregoria Ortiz, Josefa Villalonga, Petronila Bello, Cristina Bernal, Carmen Paz, Simona Miranda y Rosa Francisco Vallejos. En Monsefú: José Balleto, Elisa Pastor y P. Sabogal. El mismo año, la Provincia de Lambayeque contaba con 2 escuelas fiscales en Lambayeque, 4 en Ferreñafe (no existía la actual Provincia de Ferreñafe) 1 en Mochumí, 1 en Túcume, 1 en Illimo, 2 en Olmos y 1 en Mórrope. Hubo 1585 alumnos y 24 preceptores fiscales; además, 9 escuelas particulares con 216 alumnos. Los preceptores de dichas escuelas particulares fueron, en Lambayeque: Bárbara Sánchez, María San Ginés, A. Parodi y Vivanco, M. Campos y Pizarro, José valiente, Manuel Ledesma y Manuel Sono. En Ferreñafe, José Toribio Gazco y Amalia Cornejo.

En 1901, el concejo de Chiclayo protestó cuando el gobierno dispuso que los concejos distritales y provinciales destinen el 20% de sus ingresos en el mantenimiento de las escuelas primarias. En 1902, el censo escolar determinó que en Chiclayo había 5680 pobladores entre 6 y 14 años (530 blancos, 2781 indígenas, 3160 mestizos y 147 negros)  de los cuales solo 2500 recibían instrucción. En Lambayeque fueron 4623 (351 blancos, 2905 indígenas, 2146 mestizos y 99 negros) de los cuales 1681 recibían instrucción. Sobre el número de escuelas fiscales (elementales); en Chiclayo había 22 en 1902, 25 en 1906, 23 en 1912, 26 en 1915 y 21 en 1918. En Lambayeque: 16 en 1902, 24 en 1906, 21 en 1912, 27 en 1915 y 23 en 1918. En total, los centros escolares urbanos en toda la Región, fueron: 5 en 1902, 4 en 1906, 6 en 1912 y 13 en 1920. En 1907 se fundó una escuela nocturna para obreros que contó con 49 alumnos. Para ingresar se pedía saber leer, escribir, conocer las cuatro operaciones fundamentales de la aritmética. En 1917, se creó la “Escuela de Artes y Oficios”, su primer director fue el Ing. Pedro A. Labarthe Durand. En 1923, se fundó en Chiclayo la Escuela Nocturna para obreros "José Balta" de la "Sociedad de Obreros Primero de Mayo"; además, la nocturna de la “Escuela de Artes y Oficios”. En 1925, la escuela de la Cárcel pública de Chiclayo, dirigida por Don Gregorio Vásquez.

martes, 28 de julio de 2015

El Triunfo de la Inteligencia y la derrota de la Estupidez Política



Postulo que en este tiempo histórico las ciudades y el gobierno del estado deben estar a cargo de intelectuales honestos; personas probas y preparadas; ciudadanos identificados con los valores milenarios de nuestra cultura; profesionales y técnicos de diversas áreas dispuestos a testimoniar virtudes fundamentales para el quehacer político; líderes y no caudillos; hombres y mujeres de bien y no personajes mesiánicos; personas dispuestas a planificar, innovar, crear,  arriesgar … políticos inteligentes, radicalmente veraces y apartados de la estupidez propia de los políticos con inteligencias fracasadas que hicieron mal uso de la soberanía delegada por los ciudadanos. José Antonio Marina (2008) refiere: “la inteligencia fracasa cuando es incapaz de ajustarse a la realidad… de comprender lo que nos pasa, de solucionar problemas sociales o políticos; cuando se equivoca sistemáticamente, emprende metas disparatadas, o de empeña en usar medios ineficaces; cuando desaprovecha las ocasiones…” ¿Qué es la corrupción, la falta de planificación, el empirismo gubernamental, el clientelismo, la improvisación; sino muestras de fracaso intelectual y, por tanto, signos de estupidez política?
Los ciudadanos estamos hartos de delegar soberanía, es decir, entregar el poder político, a quienes, luego, con sus comportamientos públicos y privados, y con su ineficacia en el desempeño de la función pública muestran desprecio por aquella encargatura. A lo mejor, tal delegación de facultades, poco valorada, deba llamarse “soberasnía” y a quien mal la ejerce “soberasno”. Los ciudadanos quedamos atónitos al notar la violencia verbal de quienes encabezan la función pública por falta de argumentos, la degradación, soberbia, egocentrismo y mentira con la que actúan… ostentan el poder y no logran autoridad, pues aunque el poder se recibe, la autoridad se cosecha y es efecto de la integridad en el ejercicio diario de nuestras responsabilidades.
Debemos pasar de la queja a la acción. El cambio está en manos de los ciudadanos. Debemos elegir con probidad y evaluar, criticar con argumentos, respaldar los aciertos y exigir el cumplimiento de sus deberes a las actuales autoridades a nivel local, regional y nacional. Cualquiera no es merecedor de recibir la porción de soberanía y poder que me corresponde. No son suficientes la retórica brillante, el verbo fluido y la promesa atractiva; tampoco lo son el rostro y la buena presencia (a lo mejor efecto de un retoque computarizado) la campaña llamativa, ruidosa y de obsequios. Necesitamos dar un salto cualitativo y razonar nuestra elección. ¡Que triunfe la inteligencia! Es el tiempo de todos y no de algunos. Más que antes, hoy, tenemos la obligación de interesarnos por la cosa pública, por el bien común, por el éxito de la ciudad y el país. Para resolver los problemas morales y urbanos, económicos y educativos, es imprescindible actuar con inteligencia. A esto me refiero cuando digo “Intelectuales honestos”, a los mejores hijos de nuestra sociedad, dispuestos a devolver a su tierra y a su patria, con sus conocimientos y esfuerzo desinteresado, todo aquello que recibió de ella. Debemos constituirnos en una sociedad inteligente, pues está destinada al fracaso la sociedad que ponga su gobierno en manos de personas poco preparadas y probas, torpes, ignorantes, perezosas o sin capacidad de crítica.
“El triunfo de la inteligencia personal es la felicidad. El triunfo de la inteligencia social es la justicia… son inteligentes las sociedades justas. Y estúpidas las injustas. Puesto que la inteligencia tiene como meta la felicidad, todo fracaso de la inteligencia entraña desdicha… la desdicha pública es el mal, es decir, la injusticia” (Marina, 2008).
Estamos a poco de iniciar una nueva campaña electoral en la que elegiremos a un nuevo presidente y congresistas. Además, hay autoridades en funciones que deben ser fiscalizadas con respeto, inteligencia y argumentos. Es necesario no cometer los errores pasados. No tropezar por enésima vez con la misma piedra. Hago un llamado a los intelectuales probos y honestos de nuestra tierra a candidatear en la próxima justa electoral o a contrastar con argumentos técnicos cada una de las propuestas de los candidatos. Los próximos congresistas lambayecanos deben tener bien en claro el significado del cumplimento de los deberes adquiridos con dicha representación. ¡Que sea un honor representarnos!