lunes, 9 de julio de 2012


Conoce tu Tierra y Conocerás el Mundo: El Porqué de  la Historia Local de Lambayeque

“Ante todo, la Historia es, en cada instante,
La memoria del género humano;
Proporciona a éste conciencia de sí mismo,
De su identidad, de su situación en el tiempo,
De su continuidad”.
Rafael Marín López
 (Historiador español)
Introducción
En los últimos tiempos se nota en el ámbito de nuestra región la divulgación de artículos y trabajos que muestran un, cada vez mayor, interés por la investigación de temas vinculados a la historia de nuestras provincias y región. León Tolstoi dijo “Conoce tu aldea y conocerás el mundo”. He querido titular el presente trabajo con una actualización de su idea que me parece pertinente e inspiradora.
Mucho se ha discutido sobre la necesidad de realizar este tipo de estudios. Hay quienes creen que no son necesarios pues parten de una visión localista y parcializada de la historia. Otros, en cambio, consideramos que enriquecen nuestra cultura e identidad; pues se ocupan de los valores ancestrales y, aun, de la cotidianidad que humaniza y hace pertinente, por su consideración social, a la ciencia histórica. Una idea es clara, la historia local no debe desvincularse de la historia general que fortalece nuestra cultura y nos une como nación.
¿Qué es la historia local? ¿Cuál es su importancia? ¿Cómo debe realizar su trabajo de indagación? ¿Qué debilidades muestra en los tiempos actuales? Estas interrogantes, entre otras, serán respondidas a continuación.


La construcción de la Historia Local de Lambayeque
La “construcción” de la Historia Regional de Lambayeque implica el reconocimiento de la existencia de realidades locales que necesitan ser estudiadas desde la perspectiva del nivel microhistórico de la Historia local. Este último, como forma particular y específica de la indagación e interpretación de una realidad determinada, permite el conocimiento de una mentalidad y una visión que coadyuvarán al análisis de realidades sociales más amplias, sean regionales, nacionales y mundiales o globales.
No tengo la menor duda que el surgimiento de los estudios de historia local en nuestra región significa una reacción ante la pérdida de identidad particular debido a los cambios socioeconómicos y políticos a partir del surgimiento de nuevas tecnologías, mentalidades y políticas de industrialización globalizadoras. El proceso no es reciente, se ha percibido desde hace muchas décadas. La necesidad de preservar los valores tradicionales, la cultura local, la herencia ancestral de nuestros pueblos, entre otros motivos, ha sido la fuerza inspiradora de ellos. Sobre lo anterior el historiador de la Universidad de Granada (España) Rafael Marín López en su trabajo de investigación “Notas sobre el concepto de historia e historia local” refiere que “la Historia local será percibida por muchas instituciones regionalistas como una manera de afirmar su personalidad y su pasado, un pasado que encontrara en el escenario medieval, mítico por excelencia, el espacio para descubrir sus libertades ciudadanas, la autonomía urbana, los fundamentos jurídicos e institucionales, el derecho privativo, las ordenanzas municipales, los gremios, la sanidad, el urbanismo, el arte civil y religioso y por supuesto, las biografías locales”.

Es indudable, el origen mismo de la historia local en Lambayeque está íntimamente vinculado a nuestra necesidad de conocer el pasado y fortalecer la conciencia histórica y la memoria colectiva. El historiador español Juan Antonio Lacomba (Universidad de Málaga – España) refiere al respecto que “Todo grupo humano tiene la necesidad social de alcanzar "una conciencia de su pasado", como "componente inevitable de su presente". El pasado cuenta "por lo que significa para nosotros"; es el "tejido fundamental" que constituye la "memoria colectiva". Desde un enfoque antropológico "el pasado histórico concreto y las etapas evolutivas de la sociedad son los ingredientes que habría que conocer en primer lugar para entender el fenómeno actual", la realidad presente. En consecuencia, importa "descubrir de donde venimos para saber quiénes somos". En este sentido, la ciencia histórica busca la reconstrucción de la memoria colectiva de un pueblo. De aquí que se pueda afirmar: "La historia es una relación activa con el pasado". En tanto que tal, la recuperación de la memoria histórica implica, siempre, la construcción de un imaginario colectivo”.
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Según el mexicano Luis Gonzales en “Pueblo en vilo. Microhistoria de San José de Gracia” (1971) la historia local (por el llamada “historia matria”) comprende la historia de nuestra “patria chica” que cuenta con un limitado espacio geográfico pero con un tiempo largo de existencia. Gonzales no puede evitar relacionar a la historia local con la antropología y la etnología. Sobre el estudio de las realidades locales y el rol de la historia local, Luis Gonzales señala: “indaga los avatares de un terruño desde su fundación hasta el presente. Pregunta por los sucesivos actores y acciones de la mini comunidad. Toma muy en serio la geografía, los modos de producción y los frutos del municipio. Le da mucha importancia a los lazos de parentesco y demás aspectos de la organización social. Destaca los valores culturales de los distintos tiempos. Se asoma a la vida del pequeño mundo a través de multitud de reliquias y testimonios”.

En “La Inserción de la Historia Local en la Historia General”, el historiador Juan Antonio Lacomba (Universidad de Málaga – España) nos dice “La investigación histórica trata de aclarar de donde se viene, como forma de entender mejor en donde se está y, con ello, plantear más adecuadamente hacia donde se quiere ir. Es la clásica interrelación pasado-presente-futuro a la que se han referido muchos historiadores…” La función social de la historia adquiere plena vigencia en la Historia Local. Esta realiza el estudio de una realidad comunitaria específica. Es, a su vez, un elemento de la Historia Regional y el segundo nivel con dirección a la Historia General.

Me parece pertinente aclarar mi posición con respecto a los niveles de estudio de la historia. El primer nivel de estudio de la historia es el personal: la historia de mi vida, el conocimiento de mi cuerpo, de mis emociones y sentimientos, la aceptación de mis experiencias, la realización de un proyecto de vida personal… ¡Este es el primer nivel de la historia! Se trata de conocer las experiencias exteriores a partir del conocimiento y aceptación de la primera y más importante experiencia interior: mi propia existencia. Luego vienen los demás niveles: la Historia local, la Historia Regional, la Historia Nacional, la Historia General.

En mi experiencia he podido notar que la historia local de Lambayeque ha perseguido siempre el objetivo de insertarse a la historia nacional (general). El “localismo” no ha sido una preocupación (a pesar de haber significado una innecesaria presión durante mucho tiempo) pues los estudios históricos serios han sido realizados con la debida objetividad que incluye el serio estudio de fuentes. Puedo referir los estudios de Jorge Zevallos, Julio César Fernández Alvarado, Ricardo Miranda, Enrique Bruning, Walter Alva, Teodoro Rivero, Pedro Delgado, entre otros.

La validación de estudios de historia local

Sugiero que validemos estudios de historia local que incluyan las aproximaciones de territorialidad o espacialidad, temporalidad o cronología y sistematización del tema específico. La territorialidad fijará los límites espaciales, la temporalidad nos ubicará en su desarrollo cronológico y la sistematización del tema específico nos mostrará el abordaje metodológico del problema de indagación. Todo lo anterior carece de sentido si no se hace un ensamblaje entre la historia local y la historia nacional. En este sentido, se ha señalado “que no sólo no hay contraposición entre lo "local" y lo "general", sino que existe ligazón entre ambos, lo que permite entender lo "local" como una pieza, singular o representativa, que forma parte de lo "general".

A continuación una crítica a algunos trabajos de historia local que se han venido y se vienen realizando en el contexto de nuestra región, en adelante señalo determinadas características que considero debilidades de dichos trabajos:
a)    Los “historiadores locales” son, por lo general, empíricos.
b)    No siempre es científicamente abordada. Por lo general hace excesivo uso de la anécdota y no presenta un estudio riguroso de fuentes primarias.
c)    Se ha reducido a crónicas. Se le presta atención solo en ocasiones festivas.
d)    Algunos trabajos o artículos de divulgación resultan ser plagio de un autor a otro que le precedió. Muchas veces se arrastran errores de los documentos originales.
e)    No todos los trabajos se realizan con el debido estudio de fuentes primarias. Las visitas al Archivo Regional de Lambayeque o bibliotecas de prestigio son cada vez menos frecuentes.
f)     No se apunta a la sistematización de una “Historia de Lambayeque” que se realice sobre la base de un serio trabajo de equipo. Ninguna institución académica lidera, hasta el momento, este trabajo.
La Historia Local de Lambayeque y la cotidianidad
El historiador Javier Ocampo indica que “La vida cotidiana es la vida de todo hombre y del acaecer diario de los pueblos; es la vida diaria, privada o colectiva del común de las gentes; es la vida de las familias en el interior de sus hogares; es la vida diaria de los pueblos en su acontecer cotidiano; es la investigación que se hace con los métodos histórico social, folclórico, etnográfico, antropológico y sociológico; una de sus expresiones es lo microhistórico y lo acontecimental”.

Es la historia de las áreas urbana y rural, de cholos, negros, blancos y mestizos… de los hombres y mujeres que viven en nuestro territorio. Desarrolla ideas o conceptos sobre vida, costumbres y tradiciones local y provincial. Es aquella que parte de la intimidad misma del hombre adentrándose en su propia privacidad. No se puede estudiar y, mucho menos, comprender la historia si no partimos del estudio y la comprensión de la historia personal del ser humano.

El lambayecano nace en el ámbito de una cultura de la cual recibe, directa e indirectamente, influencias de las tradiciones, creencias, costumbres y formas de vida transmitidas en su tiempo y espacio histórico como una herencia ancestral. Ni siquiera el mestizaje y la existencia de culturas foráneas han podido romper este ciclo dinámico que se recrea; por el contrario lo han nutrido y aun han logrado cambiarlo incluyendo características que testimoniamos solo para las personas de estos y posteriores tiempos.

Estudiar historia local permite conocer las manifestaciones de la cultura viva de Lambayeque. Cada tradición oral recopilada, cada festividad religiosa, las danzas, el lenguaje y los distintos términos (lambayecanismos) nos permitirán  reconocer permanencias, supervivencias y cambios en la historia de nuestra región. La historia local se relaciona, también, con los procesos económicos, sociales, políticos, culturales, institucionales, religiosos de nuestra región.

La Historia local y la Globalización

Consolidar la identidad local es una necesidad de inicios del tercer milenio. Esta consolidación permitirá que nuestra cultura no sea agredida por las tendencias de la cultura globalizadora de los actuales tiempos. La visión de “aldea global” de Mc Luhan significa actualmente una verdad en expansión.

Ocampo afirma: “en general de todo el mundo, están anhelantes de conocer las naciones, regiones, provincias y pueblos de todo el planeta. Siempre están preguntando: ¿Quiénes son Ustedes? ¿Cuáles son los fundamentos de su cultura espiritual y material? ¿Cuál es su folclor, sus costumbres, sus tradiciones? ¿Cuál es su comida, su vestido, sus danzas típicas, su música y en general, todos los aspectos de su cultura local, provincial, departamental, nacional? ¿Quiénes son y cuáles son los aportes de sus escritores, poetas, historiadores, científicos, líderes representativos de su región? En síntesis, el mundo quiere conocer quienes somos, cuáles son nuestras costumbres y tradiciones; la cultura superior, folclórica y popular; nuestra ontología o razón de ser; lo que somos, y las relaciones con otros pueblos del mundo”.   

            El mundo desea conocernos, necesitamos descubrirnos a nosotros mismos. El mundo se acerca con modernidad y nuevas formas de pensar. No podemos cerrarles la puerta, pero debemos afirmar nuestros valores y creencias para no vernos agredidos y, luego, asimilados. En esto la historia local tiene una responsabilidad insoslayable.



viernes, 6 de abril de 2012

Ernest Wilhem Middendorf: Observaciones y Estudios en Lambayeque a Fines del Siglo XIX”

"Hay algo de inexacto en los recuerdos:

una línea difusa que es de sombra,

de error favorecido.

Y si la vida

en algo está cifrada,

es en esos recuerdos

precisamente desvaídos,

quizás remodelados por el tiempo…”

Francisco Benites Reyes en “Valor del Pasado” (Poema)

Introducción
El conocimiento de nuestro pasado es el mejor sustento de nuestra historia. El presente artículo se circunscribe en la necesidad indispensable de aportar información confiable a la Historia Regional de Lambayeque y tiene por finalidad analizar la visita realizada por Ernest Wilhem Middendorf a Eten, Chiclayo y Lambayeque a fines del siglo XIX; hecho que el investigador alemán registró en la obra “Perú: Observaciones y estudios del pais y sus habitantes durante una permanencia de 25 años”, publicada en Berlín el año 1894.

No deseo iniciar el estudio sin, antes, invitarles a reflexionar dos textos que me parecen tan interesantes como pertinentes:

Hugo Zemelman Merino en “Historia y Uso Crítico del Lenguaje” nos indica: “Cuando hablamos de historia necesariamente hablamos de quienes la construyen. De los espacios de su construcción que lleva a distinguir desde las acciones cotidianas a las acciones sociales, que se vincula con el hacer y el deseo de ese hacer… lo que algunos historiadores como Katz han llamado `historia de abajo`, conformando el espacio donde se constituye la relación entre historia y vida”. (Revista Lationoamericana de Metodologìa de las Ciencias Sociales Nº1 – 2011 - Buenos Aires, Argentina). Lo anterior nos motiva a considerar a la historia también como experiencia donde los sujetos logran su constitución.

Por su parte, José Ortega y Gasset, en “Historia Como Sistema” indica “La vida es quehacer… tiene cada hombre que decidir lo que va a hacer. Pero esta decisión es imposible si el hombre no posee algunas convicciones sobre lo que son sus cosas en su derredor, los otros hombres, él mismo… las creencias son lo que verdaderamente constituye el estado del hombre”. Podemos considerar la vida, según nuestro quehacer, basado en nuestro sistema de creencias, de manera esperanzada o como una simple ilusión o utopía.

Las reflexiones anteriores nos pueden ayudar a entender a Middendorf como un hacedor de la ´historia de abajo´, aquella que vincula a la historia coomo ciencia con la vida misma del hombre. Podemos comprender el impulso que sus creencias significaron en la tarea de registrar en detalle sus observaciones, las cuales son una fuente de referencia indispensable para la comprensión de nuestro pasado. Podemos asumir, como él, un compromiso con la historia local, las costumbres, tradiciones, creencias y, en general, con el quehacer de los hombres y mujeres de nuestra tierra.

El arribo a Lambayeque

Ernest Wilhelm Middendorf partió desde pacasmayo hacia las zonas de Eten, Chiclayo y lambayeque con el deseo de “… conocer sus pueblos, que no ofrecen mucho de interés… recoger los restos del idioma que en tiempo pasados se habló en todo el imperio Chimú y que ahora se ha conservado en un solo lugar, es decir en Eten”.

De inicio da a conocer los datos geográficos generales de nuestro antiguo territorio departamental: “a 90 millas marinas al norte de Salaverry y a setenta de Pacasmayo, separada del valle de Jequetepeque por un desierto montañoso, comienza una amplia llanura fértil regada por un gran río que nace en la cordillera de Hualgayoc, y que se llama río de Lambayeque, el mismo nombre de la población más grande de la región. Esta llanura es un delta semejante a los ensanchamientos de los balñler de Lima y de Cañete, en el que se divide el río en varios canales y en dos brazos que desembocan en el mar, uno cerca del puerto de San José y el otro, cerca de Eten. Además de estos dos fondeaderos , se encuentra en la costa que limita el delta hacia el mar, un tercero llamado Pimentel. El más importante de los tres, aunque su situación no es más favorable que la de los otros es Eten, pues aquí parte un ferrocarril que une los pueblos principales de la región y transporta sus productos a la costa. Los productos que exporta la región son, como en Pacasmayo, azúcar, arroz y algodón. Los pueblos más importantes de esta rica zona, además de los puertos, son las ciudades de Eten, Reque, Monsefú, Chiclayo, lambayeque y Ferreñafe. La capital del departamento era antes Lambayeque, pero la sede de la prefectura está ahora en Chiclayo”.

Las peripecias del viaje las comenta en detalle; indica que el recorrido de Pacasmayo a Eten duró cuatro horas en vapor y se quejó de las condiciones del Puerto de Eten: “el sitio en que ancla el barco no es una bahía, y Eten merece, menos que cualquier otro fondeadero de la costa, el nombre de puerto”. Middendorf encontraba inexplicable las condiciones de seguridad que ofrecía: un muelle largo de hierro con una línea de ferrocarril que no ofrece protección contra el oleaje y la imposibilidad de los pasajeros de bajar de los barcos a este. Refiere “…los pasajeros tienen que subir de los botes a un cajón izado por medio de una grua. El que se descuida, cuando las cadenas que sujetan el cajón se ponen repentinamente tensas, corre peligro de recibir un golpe en la cabeza”. En el muelle, Middendorf, noto una pequeña locomotora con vagones que trasladó a los pasajeros hasta el Puerto de Eten y la Estación en la que se encontraba la oficina de la aduana.

La ubicación del muelle fue consierada por Middendorf como inapropiada e indica que tales condiciones fueron elegidas de manera intencional para “evitar, en el desembarco de pasajeros y mercaderías, el empleo de botes y lanchas, obloigando así que pasajeros y carga utilicen el ferrocarril”.

Sobre su observación de Puerto Eten indica: “solo consiste del edificio de la estación, situado en una plaza rodeada por un muro, donde se encuentran, asimismo, los talleres, las viviendas de los empleados y la aduana”.

Su destino inicial era Chiclayo, lugar donde haría los contactos necesarios para sus posteriores traslados y observaciones. El detalle del recorrido hacia Chiclayo lo narra paso a paso. Indica que de Puerto de Eten a la Ciudad de Eten la distancia es de dos kilómetros y significaba el primer paradero del tren. Cinco kilómetros después divisó la ciudad de Monsefú en medio de “campos bien cultivados…todos ellos son pequeños fundos (chacras) ya que cada dueño de casa de los lugares vecinos de Eten y Monsefú es propietario de una pequeña extensión de tierra” logró reconocer los cultivos de la zona “ají, camotes y altas y graciosas plantas de yucas, hileras de árboles frutales y, entre estos, espesuras de algarrobos”. Sobre el paisaje entre Monsefú y Chiclayo refiere: “las tierras están cultivadas con menos cuidado, pues el suelo es allí a menudo salitroso y solo cubierto de matorrales”.

Middendorf en Chiclayo

Al llegar a la “Ciudad de la Amistad” notó que la antigua estación del ferrocarril, que hoy puede ser observada al inicio de la calle Colón, era el sitio “donde comienzan las casas de la ciudad y desde la salida de aquella una calle conduce directamente hasta la plaza principal”. Describe la antigua avenida José Balta diciendo que “es la mejor de la ciudad, sus casas están bastante bien construidas y casi todas son de dos pisos, en tanto que las de las calles laterales consisten solo de una planta”.

De camino al único hotel de la ciudad, que tenía solo tres cuartos y era propiedad de un ciudadano danés apodado “mataperro”, pudo observar la plaza y la Iglesia nueva (actual Iglesia Santa María – Catedral) “la plaza no es muy grande y la prolongación de la calle principal la divide en dos partes, en una de las cuales se halla una fuente y su pequeño jardín, y en la otra se hallan astrapeas y ficus… en el lado del jardín de la plaza se levanta la nueva iglesia, aún inconclusa, cuya entrada principal está debajo de un pórtico, con dos torres a cada uno de los lados…” más adelante indica que “esta iglesia podría ser considerada como una de las mejores del Perú; pero ocurrió que sus cimientos no fueron suficientemente profundos para el peso del edificio y cedieron, por ello se agrietaron la bóveda y toda la fachada”.

Después de tomar posesión de la única habitación disponible y asearse, se dirigió a la tienda del relojero Pastrana, lugar de reunión de peruanos y extranjeros en la ciudad. En el lugar dio a conocer la finalidad de su visita y tomó contaco con el párroco de la ciudad, el cura Sánchez, “hombre de tez morena y espesas cejas”, quien le proporcionó una carta de recomendación dirigida al cura de Eten don Pedro Alejandrino Vallejos. Sobre el hecho, Middendorf indica “el contacto con este cura era para mí de especial importancia”. Además de la recomendación del cura Sánchez logró la de otro amogo de Vallejos, su compatriota Alfred Solf. El mismo día conoció, gracias a la mediación de un español de apellido Soriano, al párroco de Monsefú Don Fulgencio Zeijas, a quien le interesó conocer pues “en este lugar vivían algunas personas ancianas que comprendían el antiguo idioma de la región, pero más tarde comprobé que no era cierto”. Con las recomendaciones en mano Middendorf decidió hacer, al día siguiente, un recorrido por Lambayeque y ferreñafe para luego dirigirse con mayor calma a Monsefú y su principal destino: la Ciudad de Eten.

Sobre la noche que pasó en Chiclayo, Middendorf, anota algunos comentarios que nos ayudan a conocer el carácter de los pobladores de aquel entonces: “dormí tan bien que no me molestó la bulla de dos casas vecinas en las que bailaron y tocaron música hasta el amanecer. Los chiclayanos parecen ser gente alegre a la que le gusta gozar la vida… son incansables en el baile y no necesitan grandes salas sino que les basta el más pequeño cuarto para bailar”. Mas adelante agrega “cuatro quintas partes de la población son indios que viven en casas desprovistas de muebles, andan descalzos y fuera de su sencilla comida no sienten mas necesidad que la de chicha y tabaco… solo consumen las bebidas de la región: chicla y aguardiente de caña… Dondequiera, ya sea en las casas o en las chozas se ve a viejos y jóvenes con el mate en la mano, quie utilizan en vez de vasos. Las muchachas así como también las mujeres de edad, suelen adornarse el cabello con flores frescas, igual que en moche… rara vez se sientan en sillas o bancas, y generalmente lo hacen en el suelo, sobre esteras… si se enferman no llaman nunca al médico, no compran medicamentos en la farmacia, sino que usan hierbas medicinales recogidas en la región, o se abandonan a su suerte, sin probar remedio alguno, salvo la quinina. El uso de esta se ha generalizado y se la toma sin consulta médica y sin dosificación”. Middendorf calificó el comercio en Chiclayo como insignificante.

El inicio de su trabajo de investigación: Ferreñafe, Lambayeque y Monsefú

El primer día de su recorrido lo realizó, en primer lugar, en Ferreñafe; permaneció hora y media en tal lugar, recogiendo la siguiente impresión “me dirigí a la plaza principal…la ciudad es bastante populosa (7 mil habitantes) tiene cierto movimiento comercial, exporta arroz y cuenta entre sus vecinos a mucha gente acomodada, pero el aspecto que ofrece la ciudad es muy pobre. Las calles no tienen pavimento ni aceras, se camina en arena profunda, y las casas, con pocas excepciones, son de una sola planta”. Su segunda parada fue Lambayeque. De dicha ciudad notó:

a) Chozas de caña y casas mal construidas que formaban calles irregulares.

b) Una ciudad ruinosa debido a las inundaciones de 1828, 1871 y 1875.

c) Una ancha calle principal que conduce a la plaza principal.

d) Una Iglesia bien conservada, “San Pedro” que según el investigador “es la mejor de todo el norte del Perú”. Observó tres náves con bóvedas de piedra, una bella cúpula sobre el crucero, un buen campanario de piedra, anchos muros con ventanas arqueadas y nichos que dan a la estructura un toque de ligeresa.

En Lambayeque encontró al ciudadano alemán Christian Schreitmuller quien le comunicó la existencia de “ruinas de antiguos monumentos indígenas” en la zona (seguramente la zona de Huaca Chotuna – Chornancap). Notó “cinco complejos construidos con adobes… situados muy cerca unos de otros y adyacentes a ellos hay dos pequeñas colinas bajas, sin muros, que parece han sido cementerios. Todas estas ruinas están tan desmoronadas que ya no es posible reconocer su disposición arquitectónica y, por consiguiente, tampoco su finalidad”. Conoció, además, una zona llamada Lambayeque viejo.

Don Christian Schreitmuller, invitó por la noche a cenar a Middendorf en la casa que el primero tenía en Lambayeque. Recordaría que dicha cena sería la mejor que había tenido desde que salió de Lima. Lo más importante de ella fue haber conocido una nueva bebida “me convidó una bebida que era nueva para mí: chicha de maní – una chicha de jora a la que se añade maní – mezclada con vino tinto, combinación de muy agradable sabor, aunque esta chicha es muy espumante, pese a estra mezclada con vino, me pareció demasiado espesa y sustanciosa para calmar la sed en tiempo de calor”. Concluida la cena retornó a Chiclayo donde pernoctó.

El segundo día de su investigación se trasladó a Monsefú y se dirigió a la casa del párroco. Indica “el cura Don Fulgencio Zeijas, no se encontraba en casa, pero fui recibido cordialmente por su hija a la que había conocido ya en Chiclayo. Asistida por dos tías de edad, estaba a carga de la economía de la casa de su padre”. Luego hizo un breve recorrido por la ciudad pudiendo observar:

a) Una mejor disposición urbana que en ferreñafe.

b) Casas de un piso y, en su mayoría, pequeñas, en las que viven muchas personas.

c) Una población que calculó en 7 mil habitantes.

d) La mayoría de personas eran propietarias de chacras y se dedicaban, además, al tejido de sombreros y esteras.

e) El baile y la chica eran los principales entretenimientos.

f) No habían hoteles o restaurantes, pero sí muchas tabernas en las que se sorprendió al encontrar cerveza alemana.

Al volver a la casa del cura Zeijas, Middendorf consultó al religioso sobre el habla de la antigua “lengua de los chimúes” (yunga o muchik) a lo que el sacerdote respondió “(que) en los largos años que dirigía la parroquia, no había conocido ni entre los más antiguos feligreses a alguien que hubiera entendido la antigua lengua del vecino pueblo de Eten, y menos aún que la hubiese hablado”. No habían terminado de conversar cuando apareció un inesperado visitante, se trataba del cura de Eten Don Pedro Alejandrino Vallejos, a quien entregó las cartas de recomendación logradas en Chiclayo. Pernoctó en Monsefú y, al día siguiente, tomó el tres de la mañana para dirigirse a Eten.

Las Observaciones en la Ciudad de Eten

El tercer día, ya en Eten, fue recibido por el cura Vallejos quien le presentó a las personas que vivían con él: un criado, una ama de casa y dos sobrinos. Ante la falta de hoteles y restaurantes, aceptó la invitación del cura a hospedarse en la casa parroquial. La impresión que le dejó el sacerdote es digna de resaltar “el párroco era un caballero y hombre de carácter, como hay pocos en el Perú. Había poseido en su juventud una fuerza física poco común, y a los 60 años se mantenía erguido y fuerte. Era un apasionado patriota, y cada vez que le conversación recaía sobre la guerra con Chile, se exitaba de tal modo, que no podía quedarse sentado. `yo no he nacido para sacerdote – solía exclamar – yo hubiera debido ser soldado, y si hubieramos tenido más oficiales del temple que yo hubiera sido, los chilenos no nos hubiesen vencido, o por lo menos no habríamos sufrido una derrota tan humillante´”. Middendorf permanecería un mes en aquel lugar.
Sobre el pueblo de Eten notó que:

a) Era extendido y poblado. Habían 5 mil habitantes. No tenía municipio, por no ser ciudad, y era considerado como una villa.

b) Las casas mas grandes eran de adobe y enlucidas con cal. Las más pequeñas eran chozas de caña.

c) Casi todos eran “indios puros”. Todos, niños y adultos, se dedicaban a tejer sombreros de paja o “sombreros de Panamá”.

d) Habían mestizos acomodados que eran comerciantes y contratistas.

e) Las casas mantenían durante el día la puerta abierta, lo cual permitía observar a tejedores de toda edad sentados en el suelo haciendo sombreros.

f) Los pobladores se casaban entre ellos, conservaban su indumentaria típica y sus antiguas costumbres.

g) El traje típico de las mujeres era: un vestido azul oscuro o negro, llamado capuz, recogido en los hombros y con una pretina en la cintura.

h) Hombres y mujeres andaban descalzos. Solo usaban zapatos para ir a la Iglesia.

i) Las mujeres llevaban flores en el cabello, arreglado en dos trenzas.

j) Lo que más diferenciaba a estos pobladores del resto de toda la región era su lengua: el muchik. Middendorf le llamó “lengua de Eten”.

En Eten tuvo oportundiad de investigar tres temas en particular: el tejido de sombreros de paja, el idioma muchik al que llamó “lengua de Eten” y algunos restos arqueológicos (una pirámide trunca y las famosas piedras sonoras de Eten). A continuación los detalles de sus observaciones:

1.- Sobre el Tejido de Sombreros:

a) La materia prima utilizada era hojas nuevas de una palmera llamada carludovica palmata que importaban de Guayaquil.

b) Se arrancaban finas tiras de las hojas del tallo para pasarlas, primero, por agua hirviendo, luego por una solución de ácido cítrico y, finalmente, lavarlas en agua fría antes de ponerlas a secar.

c) Ya secas, las enrollaban en espiral, formando especie de cilindros.

d) El tejido de un sombrero ordinario duraba un día y medio y el precio era de un peso. Pero el tejido de los sombreros finos duraba de 10 a 12 semanas y el precio era de 150 pesos.

e) Los niños aprendíann el arte de los padres desde muy temprana edad. Mientras trabajaban conversaban y apenas ponían atención en sus dedos.

2.- Sobre el Idioma Muchik o la “Lengua de Eten”

a) La investigación de la lengua contó con el apoyo del párroco y del gobernador del pueblo.

b) Se entrevistó a personas, preferentemente ancianas, por espacio de quince días.

c) Middendorf utilizó un cuestionario previamente preparado para concer el significado de términos o vocablos, formularios para la declinación y la conjugación, pronombres, números y otras partes de la oración.

d) Reconoció que le faltó especialización para realizar el estudio de la lengua al mencionar “tuve entonces la oportunidad de convencerme de las grandes dificultades que tienen que vencer los que por primera vez recogen de pueblos incultos, los elementos de un idioma desconocido”.

e) Con el apoyo de un comerciante de mayores conocimientos de gramática española, oriundo del pueblo, conocedor del idioma y casado con una mujer con quien hablaba casi siempre en su idioma nativo; llegó a notar que los vocablos que se hablaban en Eten concordaban con aquellos que dio a conocer Don Fernando de la Carrera Daza siglos atrás. Además pudo notar que solo en algunas palabras determinadas consonantes habían sido reemplazadas por otras.

f) Reconoció que el impacto de las innovaciones tecnológicas fue lo que más perjudicó al antiguo idioma de Eten: “los jóvenes comienzan a avergonzarse de él y en presencia de forasteros se sirven del español; hablan su lengua nativa solo entre ellos y cada vez más mezclada con palabras españolas. Este es el comienzo del fin. En pocos años desaparecerá este idioma también en Eten…” profético anuncio.
3.- Sobre Algunos Restos Arqueológicos

a) A 4 Km de Eten, Middendorf, observó una Pirámide escalonada de base cuadrada con plataforma rectangular; tres terrazas o gradas y una rampa que permitía llegar a la parte más alta. Middendorf comentó, equivocadamente, que “(en la rampa los) peldaños ya no existen”.

b) A 3 Km de Eten, observó una segunda huaca, más alta que la anterior, con muros verticales muy desmoronados.

c) En las faldas del cerro “La Punta” encontró piedras redondes a las cuales notó una estructura parecida a la dorita y con una dureza parecida a la porcelana. Una de ellas destaca: “yace sobre un bloque que le sirve de base… es rectangular e irregular, tiene cerca de 9 pies de largo y sus cantos son lisos. Al golpearla con un martillo o una piedra, la roca emite un sonido como el bronce y al apoyar la mano en ella se sienten las vibraciones”.

El Fin de la Expedición

Después de permanecer un mes en Eten, Middendorf se vio oblogado a retornar a Lima por razones profesionales. No pudo evitar dedicar unas palabras finales sobre su anfitrión, el cura Vallejos: “yo había llegado a sentir un verdadero afecto por mi anfitrión, el bueno, digno y valiente párroco, y le manisfesté al despedirme mi agradecimiento y consideración, en cálidas palabras, respondiéndome él con un abrazo y en silencio”.

Fue acompañado por el cura y sus familiares hasta el puerto de Eten, donde abordó el vapor “Serena” que finalmente lo conduciría hasta Lima. El vapor era, para su suerte, el más moderno y hermoso de toda la costa en ese tiempo. Sin lugar a dudas, el tiempo que permaneció en Eten le significó algunas penurias que inspiraron un comentario final en sus anotaciones: “No recuerdo haber bajado jamás con tanta satisfacción las escaleras de mi camarote, y de haber gozado con tan reconocido placer la elegante comodidad y la buena alimentación, como esta vez, después de las frugales comidas de Eten”.

Middendorf partió pero dejó para la posteridad notas indispensables para la sistematización de la información sobre la historia, geografía y tradiciones de Lambayeque. Sin lugar a dudas sus estudios nos permiten en la actualidad aclarar muchos temas y reinterpretar la historia de nuestro pueblo.

Conclusiones

Los estudios me Ernest Middendorf forman parte de los trabajos pioneros que permiten conocer parte del paisaje, urbanismo, comportamientos humanos, tradiciones orales, actividades, personajes y restos arqueológicos de los pueblos de Eten, Monsefú, Chiclayo, Ferreñafe y Lambayeque durante su visita de un mes a fines del siglo XIX.

Middendorf confirma el carácter jovial, amistoso, dicharachero, alegre y jaranero del poblador cholo de nuestra tierra. Describe su cultura y estilo de vida. Impresiona el detalle de sus anotaciones y la claridad de sus observaciones.

Ubica el habla yunga o muchik de fines del siglo XIX en Eten y tácitamente nos permite inferir que el estudio de las lenguas desconocidas no puede ser realizada sin el conocimiento necesario para dicha tarea. Middendorf no dejó de reconocer las debilidades personales que tuvo al investigar la lengua de Eten.

Fue capaz de notar el efecto negativo de los nuevos recursos tecnológicos en contra de la lengua de Eten y sus tradiciones culturales que, especialmente a los jóvenes, les comenzaron a resultar vergonzosas.

Bibliografía

1. Ortega y Gasset, J. (1958) Historia como Sistema. Ed. Revista de Occidente. Madrid (España).

2. Middendorf, E. (1894) Perú: Observaciones y estudios del pais y sus habitantes durante una permanencia de 25 año (Vol. II). Ed. Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Lima (Perú).



















































































































miércoles, 4 de enero de 2012

Señor, te miré
pero tu me viste primero.
Pude oir tu voz, clara y audible
la voz de tu respuesta
pues, primero, tu me oiste.
Yo te sigo, voy tras tus pasos
pues tu vas delante de mí.
¿Cómo así te fijas te fijas en el hombre?
me excede comprender tu amor
que a la tierra se derrama.
Me vestiste como a príncipe
después de abrazarme,
sanarme y vendar mis heridas.



Señor, el mensaje de tu voz audible
fue una dulce llamada por mi nombre
en adelante, hablaste a mi corazón
¡así te pareció bien!
susurrar tu amor en mi oido
y fortalecer con tu Palabra mi espíritu.
Eres alfa en mi vida
inicio, origen ... renacimiento
y he comprendido de rodillas
que eres también omega, final
inicio y término de mi historia.



Señor, me estremecí en tus caricias
posé mi rostro en tu seno
recorríste mis recuerdos
apretando las manos de mi tiempo
mientras rodeabas con tus brazos
la totalidad de mi existencia
sembrando virtud en un campo
nunca más esteril
pues el verdor de tu presencia
es verdor de mi esperanza.
¡Manda tu lluvia a mi tierra!
¡Abre tu cielo y haz llover!

 


 Señor, me interpelas al comer en tu mesa
mientras lo hago siento que me hablas
mis sentidos se orientan a tí
mientras tu mensaje de salvación
me recorre desde adentro hacia afuera.
Soy el camino que transitas
la ruta de Jerusalén
la subida del Monte de los olivos
Cafarnaum, Betsaida
Galilea, Nazareth...
tu mirada circula mi paisaje
y con tus manos señalas los linderos.



Señor, un aroma agradable
invade mi casa
huele a perfume derramado
¿así holía el de la Magdalena?
¿el que no fue usado en el sepulcro?
tu perfume hermosea mi casa
y comprendemos que vives en ella
Dios mío ¡No te vayas nunca!
haz de mi casa tu morada
abro las puertas y ventanas de mi vida
y permito, acepto, deseo
que tu perfumese expanda
mientras camino
tomado de tu mano.

 
En lo que tocas mis sentidos
hazme nuevo, siempre
con la dinámica creadora
de tu Espíritu que se mueve
impregnando con tu aroma
las paredes del universo que clama,
los fundamentos de mi casa
que tienen de mí pero son de tí
cúbreme, invádeme, lléname
conmuéveme, limpia mi corazón
hazlo Siempre.
Soy tuyo, me cedo.

miércoles, 28 de diciembre de 2011

Apuntes Sobre Evolución Histórica de la Iglesia Católica Lambayecana

En una anterior investigación (“Apuntes sobre el inicio de la Evangelización en Lambayeque”, marzo del 2011) mencioné a Jefrey Klaiber, Sacerdote y Doctor en Historia, que en su obra “La Iglesia en el Perú” (PUCP – 1996) afirma: “… en buena medida, la Iglesia en el Perú, como en cualquier otra parte del mundo católico, ha sido influida, moldeada y condicionada por el medio social en el que existe. La Iglesia no vive aislada de la sociedad donde actúa. Aunque parece elemental afirmarlo, es necesario enfatizar el hecho de que hay una relación de influencia mutua entre la sociedad y la Iglesia”. Hoy con información obtenida de la “Monografía General del Departamento de Lambayeque” (1959) de Ricardo Miranda, es mi deseo presentar algunos datos históricos sobre la evolución histórica de la Iglesia Católica lambayecana, desde su establecimiento hasta la actualidad. Se trata de datos generales que pueden ayudar a la sistematización de la Historia de la Iglesia en nuestra Región. Existen vacíos que, de seguro, serán llenados en posteriores investigaciones dentro del proceso indispensable de escribir la Historia general de la Región de Lambayeque.
Sobre el inicio de la Evangelización en las tierras lambayecanas, Don Teodoro Rivero Ayllón, indica “En 1559 estaba ya autorizada y asegurada la fundación de la Iglesia y del primer convento bajo amorosa advocación de Santa maría del Valle de Chiclayo… la adoctrinación o evangelización de estas tierras la inician los discípulos de il poverello de Asís”. Pero la evangelización de los pueblos de nuestra región se había iniciado algún tiempo antes. En 1533 viene desde Cajamarca, a pie, un sacerdote franciscano “ganoso de decir la Palabra de Cristo entre los indios de Cinto y Collique”; el primer evangelizador de nuestra tierra fue el Padre Alonso de Escarcena, llamado por Diego Córdova y Salinas, en su Crónica de 1651, uno de los  “Doce Apóstoles de San Francisco”. La ruta del Padre Escarcena incluyó, posteriormente, los pueblos de Huanchaco y Mansiche (Trujillo); a dichos lugares llegó desde Chiclayo “a pie y descalzo, siguiendo el camino de la orilla del mar”. Chiclayo fue, según Córdova y Salinas, el segundo lugar del Perú donde se escucha el mensaje del Evangelio; el primer lugar había sido Cajamarca.
En 1563, destacó el fruto de la evangelización, cuando en Zaña se edificaron notables Iglesias y conventos como “San Francisco”, “La Merced”, “San Agustín”, “Santa Ana”, “San Juan de Dios”, “Santa Lucía”, etc. Además, desde aquella villa, la presencia preclara de Santo Toribio Alfonso de Mogrovejo, tan venerada por todos los lambayecanos, fortalece nuestro cristianismo.
El primero en dar razón escrita de la Jurisdicción Eclesiástica en el Departamento es el Iltmo. Arzobispo de Lima, Santo Toribio Alfonso de Mogrovejo en 1593. En el informe de su visita pastoral por nuestra tierra, llama a nuestro lugar Chiclayo e indica: “En el pueblo de San Francisco de Chiclayo consta por testimonios del Escribano y Corregidor, encontré 770 indios tributarios, en los cuales entran los indios que están reducidos en el pueblo de San Miguel y en el pueblo de Eten”. La primera Orden Religiosa en Lambayeque fue la de los Padres Franciscanos cuya influencia sería notoria.
Siendo parte de la jurisdicción del Obispado de Trujillo, es necesario anotar que la catedral de Trujillo fue erigida, según Ricardo Miranda, el 14 de octubre de 1616 “con las provincias de Trujillo y Zaña, Cajamarca con sus dos partidos, Huambos y Huamachuco, Chachapoyas, Cajamarquilla, Pataz y Luya, Chillaos, Jaén y Piura”. En aquel tiempo fue Obispo de Trujillo Fr. Francisco Díaz Carrera y, años más tarde, Fr. Pedro Luque, quien vino trasladado de la Diócesis de Puerto Rico.
El 14 de febrero de 1619, a raíz del terremoto que devastó la ciudad de Trujillo y que fue llamado “terremoto de San Valentín”, el Obispo y su cabildo se trasladaron a la ciudad de Lambayeque, oficializando la nueva sede con Auto del 10 de marzo del mismo año. Según el cura Antonio de la Calancha, como consecuencia del terremoto murieron 350 personas y se produjo una plaga de grillos y ratas. La tierra tembló durante quince días. Días después, el Virrey del Perú Francisco de Borja y Aragón, conocido como Príncipe Esquilache, ordenó al Obispo Díaz Carrera restituir a Trujillo como sede de la Diócesis; la orden no pudo ser cumplida por el fallecimiento del Obispo el 25 de abril de 1619.
Según Ricardo Miranda, en 1760, la Provincia Eclesiástica de Zaña, comprendía los siguientes dieciséis Curatos:
1.    Villa de Zaña (con el anexo de Chérrepe).
2.    San Juan de la Punta o de Los Ingenios (con anexos de dieciséis haciendas).
3.    Jayanca
4.    Pacora (con el anexo Mórrope).
5.    Illimo
6.    Mochumí (con el anexo Túcume).
7.    Ferreñafe
8.    Lambayeque (con cuatro curatos en la misma población).
9.    Chiclayo.
10. Monsefú.
11. Reque.
12. Mocupe.
13. San Ildefonso o Pueblo Nuevo.
14. Chepén.
15. Jequetepeque.
16. San Pedro de Lloc.
Cuatro años después, en 1764, la lista sube al número de veinte; destacando los nuevos curatos de San Miguel de Picci y Eten.
Llama la atención la siguiente referencia de Ricardo Miranda “Por Cédula del 1 de febrero de 1753, estaba prohibido que para el desempeño de los curatos se eligiesen frailes; y solo por excepción, dejose el curato de Chiclayo servido por uno de los frailes franciscanos, cuyo convento existía ubicado en dicha población, desde fecha remota”. Es necesario aclarar que por aquel tiempo existía una controversia entre el clero secular y la Orden franciscana por el control de los curatos de indios en toda América y no solo en el Perú. La investigación de Adriana Rocher Salas de la Universidad Autónoma de Campeche en México, acerca de la política eclesiástica regia, indica “Son innegables la gran influencia de los frailes sobre la población indígena como el interés de la corona, manifestada en una política eclesiástica regia, por limitar la autonomía y el poder del clero regular fortaleciendo las posiciones del clero diocesano a través de la secularización de los curatos administrados por los religiosos”.
El 25 de febrero de 1778, es nombrado Obispo de Trujillo Don Baltasar Jaime Martínez Compañón y Bujanda. Fue ungido por el Arzobispo de Lima en su casa de Miraflores y tomó posesión del cargo el 13 de mayo de 1779. Consciente de la necesidad de visitar su jurisdicción, inició esta labor el 9 de abril de 1780 iniciándola por la Iglesia Catedral de Trujillo. Según José Gómez Cumpa, en su trabajo “La Provincia de Chiclayo en el Siglo XVIII”, “(Martínez Compañón) Hasta febrero de 1781 termina de visitar las parroquias y el Seminario de la Ciudad de Trujillo, iniciándose la visita eclesiástica de los curatos de su jurisdicción. A mediados de 1782 se hallaba en Cajamarca de donde pasó a Moyobamba, por la ruta de Chachapoyas, a la que también visitó; recorre así las lejanas provincias de los Motilones, Lamas, Chillaos y Jaén de Bracamoros, hacia el Norte, llegando a Huancabamba en febrero de 1783. Continúa por Piura llegando por último a la ciudad de Lambayeque, a los pueblos de Chiclayo, Ferreñafe y parroquias vecinas. Llega así el ilustre prelado el 7 de Junio de 1784, tal como se registra en el auto de la Visita que se conserva en el Archivo Episcopal de Chiclayo”.
De la visita del Obispo Martínez a nuestra tierra lambayecana podemos tomar la siguiente significativa información:
1.    Fray Antonio de Muchotrigo, responsable de la Iglesia de Chiclayo, fue calificado como “celoso, vigilante y fiel en el cumplimiento de sus obligaciones pastorales”.
2.  Se propuso la erección de escuelas y el ordenamiento urbano de las comunidades existentes.
3.  Indica Gómez Cumpa: “Entre las disposiciones de interés urbano en esta visita, el Obispo Martínez de Compañón, encarga en el primer capítulo que el cura de Chiclayo procure que los padres de familia ejecuten la propuesta que les hiciera el mismo Obispo de construir dos alcobas, ".la una para dormitorio de sus hijos varones, y la otra de sus hijas de 4 años en adelante afín de que desde dicha edad duerman separados de sus padres y los unos de los otros entre sí como pide la honestidad y el decoro". Lo cual evidencia cierta precariedad en las viviendas indígenas en la época, de la cual no tenemos mayores detalles.
4.    Se escribió información sobre el clima, producción, valores, industrias, comercio, riquezas y abundantes y curiosos datos estadísticos.
En 1783, de los casi veinticuatro mil habitantes de la provincia de Zaña, habían:
cargo
Chiclayo
Lambayeque
Ferreñafe
Zaña
Eclesiásticos
2
32
7
2
Religiosos
9
3
0
8
Total
11
35
7
10
            En cuanto los pueblos del Perú manifestaron sus deseos de independencia del poder español y el de Lambayeque se pronunció en diciembre de 1820 por la causa de la libertad; los frailes del convento de San Francisco de Chiclayo huyeron a España, a pesar de la garantía de respeto por parte de los líderes y residentes. “Establecida la República y al publicarse el Decreto de 28 de setiembre de 1826 (art. 7 y 8) por el que se disponía la supresión o clausura de todo convento que no tuviere ocho sacerdotes, se consideró entre los supresos al de San Francisco de Chiclayo”. Los frailes que quedaron en Chiclayo, unos se secularizaron, otros fueron a Lima y otros a españa.
Los curatos de Chiclayo, en 1862 fueron:
1.    Chiclayo.
2.    Reque.
3.    Eten.
4.    Monsefú.
5.    Zaña.
6.    Pueblo Nuevo.
7.    Jequetepeque.
8.    Guadalupe.
9.    San Pedro de Lloc.
10. Lagunas.
11. Chongoyape.
Los curatos de Lambayeque fueron:
1.    Jayanca.
2.    Ferreñafe.
3.    Incahuasi y Cañaris.
4.    Mochumí.
5.    Salas y Penachí.
6.    Motupe.
Sobre algunos de los templos más importantes edificados en la provincia de Chiclayo, podemos mencionar los siguientes:
1.    La Iglesia Matriz de Chiclayo o Convento de San Francisco.
2.    La “Iglesia Nueva” o Iglesia Santa María Catedral.
3.    La Capilla La Verónica: Construida por José Leonardo Ortiz, siendo gobernador de Chiclayo Don Enrique Vela. Intervinieron en los trabajos Don Vicente Gamarra “piquesito” y Don Dámaso Cosio. Se gastó la suma de cinco mil pesos. Fueron padrinos de la edificación el Vicario de la Provincia, el Padre Farfán, y la señora Jacinta Beltrán. El cura de Chiclayo era Don Manuel Vargas Machuca. Como dato anecdótico debo indicar que José Leonardo Ortiz pidió ser sepultado en la capilla (1871), hecho que no fue permitido por el alcalde municipal Don Francisco Quiñones y Lastres.
4.    La Capilla de Nuestra Señora de la Misericordia. Construida en 1908 por el fraile franciscano secularizado Antonio Rodríguez, con permiso del Obispo de Trujillo Monseñor Ismael Puirredón. Fue anexada a la capilla La Verónica desde 1914 por el Obispo García Irigoyen.
5.    La antigua Capilla de Patazca. Construida en 1863 por los hermanos Manuel y Fermín Bullón y entregada a Fray Masía y varios misioneros descalzos que habían venido acompañando al Obispo Francisco Orueta y Castrillón. Se colocó una cruz y fue destruida en 1934, año en que la Beneficencia Pública de Chiclayo procedió a urbanizar los terrenos.
6.    La Capilla de Las Mercedes. Construida al interior del hospital del mismo nombre por el arquitecto Víctor Mora.
7.    La Capilla de Chiclayo chiquito o Villa del sol. Construida por los negros liberados, durante el gobierno de Ramón Castilla, que decidieron radicar en Chiclayo. Actualmente se encuentra en la esquina de las calles Leticia y Arica. En ella se puede observar la famosa cruz de Chiclayo chiquito que fue objeto de veneración en el siglo XIX.
La Diócesis de Chiclayo, independiente de la Trujillo, fue creada por Bula de S.S Pío XII el 17 de diciembre de 1956 “en la misma fecha era trasladado de Huancayo a Chiclayo, el Obispo Monseñor Daniel Figueroa Villón, quien entró en posesión de la Diócesis por medio de su Vicario General Monseñor Jerónimo Mondoñedo, en febrero de 1957, haciendo su entrada solemne en la sede el 28 de abril del mismo año”.
Al momento de su fundación, la Diócesis de Chiclayo según Ricardo Miranda, abarcó el departamento de Lambayeque y las provincias de Cutervo, Chota y Santa Cruz. Tenía treinta y tres parroquias reunidas en la rectoría de Chiclayo y tres vicarías foráneas (arciprestazgos): Lambayeque, Cutervo y Chota. La Diócesis de Chiclayo fue constituida como sufragánea de la Arquidiócesis de Trujillo.
En su artículo “Día de la Diócesis de Chiclayo” el Dr. José Antonio Jacinto Fiestas indica: “Ha tenido dos obispos diocesanos: Mons. Daniel Figueroa Villón (+30-01-1967) y Mons. Ignacio María de Orbegozo y Goicoechea (+04-05-1998). Sus restos mortales reposan en la Cripta del Santuario de Nuestra Señora de la Paz. También trabajó, primero como obispo auxiliar y luego como Administrador Apostólico, Mons. Luis Sánchez Moreno Lira (+28-09-2009). Actualmente, el territorio de la Iglesia Particular de Chiclayo comprende cuatro provincias: Chiclayo, Lambayeque, Ferreñafe y Santa Cruz (provincia del departamento de Cajamarca). En total, suman 18 226 km² y tiene 1218 habitantes, de los cuales el 91,5% son bautizados (Cfr. Anuario Pontificio 2007). Está dividida en 47 parroquias, agrupadas en 5 decanatos o arciprestazgos: Zona Centro, Zona Norte, Zona Litoral, Zona Cooperativas y Zona Sierra. El 7 de abril de 1963 fueron desmembradas las provincias de Chota y Cutervo para erigir la Prelatura de Chota. El cuidado pastoral de la diócesis se encomienda al obispo “con la cooperación del presbiterio”. En la diócesis hay 82 sacerdotes (= presbíteros) seculares y 27 sacerdotes religiosos. Además, también trabajan en la evangelización miembros de otras instituciones eclesiásticas: 3 Comunidades de Monjas contemplativas, 40 Comunidades de Congregaciones Religiosas y Asociaciones, un Instituto Secular (de Las Cruzadas de Santa María), 8 Movimientos Apostólicos y la Prelatura Personal de la Santa Cruz y Opus Dei”.