domingo, 5 de septiembre de 2010

La Prensa y su posición durante la lucha antiesclavista y abolicionista siglos XVI al XIX

A mediados del siglo XIX, el diario “El Comercio” de Lima en su edición del 27 de marzo de 1854 anunciaba “En la noche del 23 se ha fugado de casa de sus amos una zamba llamada Lorenza con dos hijos, hombre y mujer. La persona que diera razón de su paradero en la calle de Mariquitas casa Nº 95 tendrá una gratificación y quien la oculte sufrirá las penas por la policía.” Para ese tiempo (siglo XIX) quedaban pocos esclavos y eran más los de negros manumisos. Solo nueve meses después, el 03 de diciembre de 1854, el Mariscal Ramón Castilla mediante el “Decreto de Huancayo” proclama la abolición de la esclavitud en el Perú.
Existen interesantes estudios sobre la posición de la prensa peruana durante el debate abolicionista en los tiempos anterior y posterior a la firma del decreto. Algunos de ellos son “El Decreto de Huancayo. La Abolición de la Esclavitud en el Perú” (2004) del historiador francés Jean Pierre Tardieu; “El Discurso Abolicionista en la prensa peruana 1800 – 1850” de John Rodríguez Asti; “Afroindios entre los siglos XVI al XX” (UNESCO – 2004); entre otros.
Considero oportuno aportar la información divulgada en “El Mercurio Peruano”, “El Comercio” de Lima, diario “El Peruano” y diario “El Correo Peruano”; poco tiempo antes a la firma del Decreto de Huancayo. Esto con la finalidad de ir configurando el escenario de la sociedad peruana y su consideración con respecto de los negros y los esclavos, especialmente a inicios de la república. Un dato interesante: en Lima, la capital del Perú, ciudad donde se publicaban y circulaban los periódicos antes mencionados, según el censo del Virrey Gil de Taboada (1790) los negros representaban el 17% de la población, los indios y mestizos el 15%, los mulatos el 16%, los zambos y chinos el 9%.
Olinda Celestino, en “Afroindios entre los siglos XVI al XX”, brinda una selección de artículos publicados en el “Mercurio Peruano” e infiere que Los mercuristas, como portavoces de la élite local, preferían la división natural en castas. A continuación algunos textos literales aparecidos en diversos números de tan importantes medios de información, es necesario leerlos notando que he dispuesto su orden cronológicamente de manera que los últimos corresponden al momento previo a la abolición de la esclavitud y los primeros al inicio del fenómeno esclavista:
“El indio como conquistado odia por lo general cordialmente al español. En cuanto a los mestizos aman más a los españoles que a los indios, de quienes, segregándose, se declaran enemigos mortales”
“Mientras los indios detestan a los negros, éstos son mirados en menos por los mulatos, a quienes ven como inferiores a los mestizos, y a todas estas razas trata como superior el español”.
En el artículo titulado “Ideas de las congregaciones públicas de los negros bozales”, el autor los trajes de los esclavos en las fiestas del Corpus:
“Esta decoración, que sería agradable en una máscara de carnaval, parece indecente en una función eclesiástica, y más en una procesión, en que el menor objeto impertinente profana la dignidad del acto sagrado y disipa la devoción de los concurrentes”
Sobre la música “sumamente desapacible: sacan un ruido musical golpeando una quijada de caballo o borrico, descarnada, seca y con dentadura movible; lo mismo hacen frotando un palo liso con otro entrecortado en la superficie. El instrumento que tiene algún asomo de melodía es el que llaman marimba”.
“Las diversiones de los negros bozales son las más bárbaras que se pueden imaginar. Su canto es un aúllo. De ver sólo los instrumentos de su música se inferirá lo desagradable de su sonido. La quijada de un asno, bien descarnada, con su dentadura floja, son las cuerdas de su principal instrumento, que rascan con un hueso de camero, asta u otro palo duro con que hacen unos altos y tiples tan fastidiosos y desagradables que provocan a tapar los oídos o a correr a los burros”.
“Por lo demás debemos confesar que en la música, en el baile y otras muchísimas relaciones dependientes del talento y del gusto, muchísimo más atrasados están los negros en comparación con los indios, y los indios respectivamente con los españoles”.
“Los negros civilizados en sus reinos son infinitamente más groseros que los indios”.
En el artículo metafórico del Mercurio titulado “Apólogo Histórico Sobre la Corrupción de las Colonias Romanas en África” (Roma era España y las colonias africanas el Perú) se denuncia el lugar que ocupaban los negros en algunas familias europeas y se critica a las esclavas por “confidentes y alcahuetas” de las europeas que “atendían y amamantaban a sus hijos” con lo cual adquirían cada día más poder.
Sobre los negros que obtenían su libertad por voluntad testamentaria a la muerte de su amo, el Mercurio decía: “aquéllos componen un gremio de díscolos, porque son pocos los que, logrando la libertad, se dedican a útiles ejercicios. Ellos son por lo común autores de los asesinatos, de los robos y de los excesos más criminales”.
De lo anterior un comentario. Algunas prohibiciones para los negros liberados eran: el no poder vivir entre los indios, ni salir de noche, ni andar a caballo; no podían ser maestros ni taberneros; no podían estudiar en las universidades. Considero que en estas prohibiciones podemos encontrar la explicación para que esta casta conociera una delincuencia superior a las demás.
Para fines del siglo XVIII, durante el debate sobre la esclavitud, los mercuristas la juzgaron negativamente; incluso elogiaron la obra de suizo Schwartz (a pesar de ser protestante) por antiesclavista, admirando las razones espirituales. Schwartz defendía que los negros fueron desde la Creación iguales a los blancos y por lo tanto no admisible tratarlos como objetos o animales.
Los redactores optaron por repetir el argumento, ya presentado en Francia a mediados de siglo (1758), por el cual “no se puede conciliar la esclavitud con el cristianismo” o “Trabajadores libres, mejor alimentados y mejor tratados que esclavos serían más dispuestos, más vigorosos. Unirían a la fuerza mecánica la inteligencia y la buena voluntad de que carecen la mayoría de los esclavos”.
El Mercurio decía: “lo cierto es que un esclavo de hacienda en Abancay es más costoso que un indio que gana dos reales diarios” se vivían, para entonces, momentos de asimilación de nuevos ideales que merecían la adecuación entre lo religioso, lo político, lo humano y lo económico.
John Rodríguez Asti en “El Discurso Abolicionista en la Prensa Peruana 1800 – 1850” ha logrado recopilar artículos diversos de los diarios “El Peruano” y “El Correo Peruano” párrafos de algunos brindo a continuación:
En su edición del 10 de marzo de 1812, “El Peruano”, publicó la carta de un personaje con el seudónimo “Un originario de África” quien expresa: “Una grande expectación me acompaña. Según ellos se estaba discutiendo el artículo 22 del proyecto de Constitución política de la monarquía española presentado a las cortes generales: es artículo que integralmente comprende y pertenece a los españoles que por cualquiera línea traemos origen de África. Negros, mulatos, zambos, chinos, cuantos vais a ser considerados en la nación española de una manera que nunca lo habéis sido... Vamos a mudar la situación en que han vivido nuestras castas...”
Sobre el referido artículo 22 del proyecto de la Constitución de la monarquía española, a la letra decía: “A los españoles que por cualquiera línea traen origen del África, para aspirar a ser ciudadanos les queda abierta la puerta de la virtud y el merecimiento; y en su consecuencia, las cortes podrán conceder carta de ciudadano a los que hayan hecho servicios eminentes a la patria, o a los que se distingan por sus talentos, su aplicación y su conducta, bajo condición respecto a estos últimos, de que sean hijos de legítimo matrimonio, de padres ingenuos, de que estén ellos mismos casados con mujer ingenua, y avecindados en los dominios de España, y de que ejerzan alguna profesión, oficio o industria útil con un capital propio, suficiente a mantener su casa y educar sus hijos con honradez”. Se quería que fueran considerados ciudadanos todos los que estaban registrados en los libros parroquiales sean españoles o castas sin distinción.
Negándose a tal posibilidad el periódico limeño “El Investigador”, entre agosto y diciembre de 1814, publicó una serie noticias en las que se presentaba a la población de color como “ladrones, criminales y herejes”, para crear una corriente en contra de que se les otorgase la ciudadanía.
En Agosto de 1821, los periódicos limeños publican el Decreto de San Martín: “Todos los hijos de esclavos que hayan nacido y nacieren en el territorio del Perú desde el 28 de julio del presente año en que se declaró su independencia, comprendiéndose los departamentos que se hallen ocupados por las fuerzas enemigas y que pertenecen a este Estado, serán libres y gozarán de los mismos derechos que el resto de ciudadanos peruanos...”. Añaden que la norma mandaba además que “anualmente el Gobierno manumitiese por sorteo a cierto número de esclavos mayores pagando el precio a sus amos. Posteriormente este beneficio sería concedido a aquellos que se enrolaran en el ejército patriota”. Esta segunda parte de la norma sería más adelante suprimida durante el gobierno de Riva Agüero.
En adelante, las constituciones del siglo XIX (salvo la de 1839) harían definiciones sobre la esclavitud, pues “Nadie nacía esclavo en la república y todos los peruanos son iguales ante la ley”.
En 1824, es publicada en Lima la norma dictada por Bolívar: “Los esclavos pueden solicitar cambio de amo”, el decreto se abolió en 1831.
En 1830 se publica que, por orden del gobierno, “Los libertos serán considerados esclavos hasta la edad de 21 años”.
En 1839 se publica el acuerdo del Congreso Constituyente de Huancayo: “la tutela sobre los esclavos fue ampliada hasta los cincuenta años, omitiéndose además la prohibición del ingreso de esclavos al Perú”.
Según John Rodríguez, los artículos diversos de ese tiempo señalaban que “La mortandad de los negros era alta en las haciendas, especialmente la mortalidad infantil; según un terrateniente de la época, las tres cuartas partes de los niños esclavos morían antes de llegar a los doce años. Por otra parte, el aborto era frecuente entre las esclavas”.
Cuando el ciudadano Francisco Calvo, hace en 1845 una petición al gobierno para reiniciar el tráfico de esclavos, el diario “El Comercio” en su edición del 26 de Junio del mismo año indica: “Esta pretensión tan contraria a las luces del siglo, encontró una justa y unánime oposición en todas las personas y clases notables de la República, por cuyo motivo se vio precisado su autor a abandonarla” y agrega “al Congreso le corresponde remediar los males que sufre la agricultura por falta de brazos y leyes protectoras; y por consiguiente puede también tomarlos en consideración para las leyes que demandan el fomento de aquella industria y sus productos en las costas de la república”
Cuando el Senador Luís Fonseca propuso traer al Perú esclavos de países vecinos para solucionar el problema de la falta de mano de obra en las haciendas, en su edición del 2 de agosto de 1845, “El Comercio” editorializaba : “Habíamos pasado en silencio la moción hecha en el Senado por uno de sus miembros, el Sr. D. Lucas Fonseca, para que se permita la introducción de esclavos de las naciones circunvecinas, porque estábamos en la persuasión que este proyecto no se sancionaría en esa cámara, ahora que ha pasado en revisión a la de Diputados, creeríamos faltar a un deber que nos impone una de las más íntimas de nuestras convicciones, si no tomásemos parte en el asiento, a nuestro juicio de suma importancia…Probar a mediados del siglo XIX lo injusto y bárbaro que es el tráfico de carne y sangre humana sería una tarea inútil en cualquier parte del mundo, mucho más en el Perú… El mismo señor senador proponente no desconoce estos principios y por eso el único fundamento en que descansa su proyecto es la falta de brazos que en el día siente la agricultura…En todas partes, en los tiempos modernos y en los antiguos, el temor que la tierra quedase sin cultivo ha sido el pretexto para mantener ese informe tráfico... Sospechoso, pues, como se ha hecho ese medio de que se han valido siempre los que desean tener esclavos; y grave, difícil e imposible como es la introducción de ellos en el Perú para remediar esa gran falta que tanto se pondera, los datos que probasen el grande atraso de nuestra agricultura... Continuaremos ocupándonos de la abolición de la trata hasta que la deseche la Cámara de Diputados, de quien esperamos algo a favor de los esclavos”.
Al mismo hecho hace referencia el artículo “El Perú en retroceso” publicado en el diario “El Correo Peruano” el 09 de agosto de 1845 (nótense las palabras dedicadas a las haciendas en Chiclayo y Lambayeque): “Tenemos motivos para creer, con algunos inteligentes hacendados de caña, para que en la actualidad las haciendas de las costas del Perú, producen más del doble de lo que producían antes del año de 1821, lo que se debe a los mejores métodos de labranza, a las buenas herramientas que se usan, a la maquinaria introducida para moler caña, y a la debida colocación de las pailas en que se cocinan los caldos. Agréguese a esto el valor que ha tomado el azúcar que antes no tenía, y sumados estos datos dígase si no es próspero el estado de nuestra agricultura. Nos fijamos en el azúcar porque algunos creen que sin el sudor del esclavo no puede obtenerse con ventaja este producto. Hay en las Cámaras de Diputados y Senadores a quienes les consta todo lo contrario y aunque no pudiera darse otro testimonio entre nosotros que lo que producen las prósperas provincias de Chiclayo y Lambayeque, nos bastaría para demostrar que no está limitado este producto a la mano de obra esclava, porque allí, sin un solo negro, los indios libres y acomodados obtienen azúcar más barata que en ningún otro punto del Perú. Es verdad que nuestra agricultura puede, debe y precisamente ha de adelantarse más de lo que está: pero no será jamás por medio de la esclava fuga que pueda conseguirse, y mucho menos con esclavos que puedan traerse de las naciones circunvecinas que apenas los tienen. En Chile y Bolivia no hay esclavos, apenas se conoce la raza negra; en Nueva Granada son libres desde el año”.
La lucha antiesclavista de diarios como “El Peruano” y “El Comercio” tuvo su triunfo en 1854 cuando Castilla emitió el decreto sobre la abolición de la esclavitud. En 1855 el diario “El Comercio”, en lenguaje triunfal, señala “ni los razonamientos egoístas, ni las hipócritas aclamaciones que eleven entre los suyos los facciosos, podrán, pues desvirtuar la importancia del llamamiento que se ha hecho a la raza africana esclavizada…”.

 












miércoles, 1 de septiembre de 2010

El Peso Real de la Población Negra en Hispanoamérica, Perú y Llambayeque en tiempos Coloniales

Teniendo como base el trabajo titulado “La esclavitud en la América española” (2005) de José Andrés Gallego (también autor de “Recreación del humanismo desde la historia”) en “Religión, etnia y nación” de la Fundación Ignacio Larramendi (Madrid - España) y la investigación “Esclavos de Lambayeque” que realicé el año 2009; compartiré lo referente al peso real de la población negra en Hispanoamérica, el Perú y Lambayeque.
Conocer algunas cantidades nos permitirá aclarar muchas de nuestras ideas con respecto al número de negros en el ámbito materia de estudio. Sabemos que a nuestro país ingresaban por Paita y el Callao, que se dedicaron al trabajo de las plantaciones en las haciendas de la costa, al servicio doméstico y de oficios y a muchas otras labores que sus amos les encomendaban. Sabemos que muchos recibieron malos tratos y otros fueron bien tratados (especialmente en las haciendas jesuitas). Además, la letra de las Leyes de indias indican un espíritu paternalista de la corona española con respecto de la población negra (aunque en ocasiones los negros acudieron a litigios judiciales para hacer valer sus derechos) Pero ¿Cuántos fueron? ¿Qué porcentaje de la población representaron?
De los 9 391 100 negros que ingresaron al continente americano entre 1492 y 1870; llegaron a América portuguesa (Brasil) 3 646 800 negros, a América británica (Estados Unidos) 2 064 000, a América francesa 1 600 200, a América holandesa 500 000 y a América danesa 28 000 negros. Una idea a tomar en cuenta es que aunque los negros importados a Hispanoamérica llegaron como esclavos, no todos los negros fueron siempre esclavos y no todos los esclavos eran negros.
Se ha registrado, en este sentido, la existencia de una gama multicolor de esclavos como mulatos, zambos, “chinos”, mulatos cholos o “acholados”, zambos “aindiados”, e incluso mulatos “blancones” o simplemente blancos”. Entonces, no todos fueron negros.
Las formas diversas en que lograban su libertad serán materia de posteriores estudios, sin embargo es bueno señalar que entre los siglos XVI y XVII se tomó de la teología moral las razones teóricas del buen trato a los negros.
Hispanoamérica recibió 1 552 100 negros, de ellos 606 000 llegaron durante el siglo XIX. La mayor parte de la población negra estuvo siempre en Cuba a raíz del fortalecimiento del sistema de plantaciones. Otro destino de importancia fue Puerto Rico. En América central y del sur el número de negros nunca fue superior a 600 000.
Una aclaración, saber a ciencia cierta la cantidad exacta de la población negra es imposible. Los negros que ingresaron a nuestro continente tuvieron hijos, además la cantidad de mulatos fue incontable.
En documentos coloniales se nota como un grupo, en el registro de la población, a los “negros, mestizos y mulatos” que evolucionó a lo largo del tiempo, en América española, según las siguientes cantidades: en 1570 eran 260 000; en 1650 eran 1 505 000; en 1825 eran 10 378 000. Nunca hubo mayoría de población negra ni esclava en Hispanoamérica.
Una buena forma de comparar el peso de la población negra con respecto al total demográfico en Hispanoamérica sería comparándola con los demás grupos o castas. En 1570 habían 9 827 150 indios y 138 000 blancos; en 1650 habían 9 175 000 indios y 729 000 blancos; en 1825 habían 8 211 301 indios y 4 349 000 blancos.
Fueron diez los destinos hispanoamericanos para los esclavos negros. En nuestro caso, el Perú recibió en casi 400 años 95 000 esclavos importados, ocupando el sexto lugar. Cuba recibió 702 000; México 200 000; Ecuador, panamá y Colombia 200 000; Venezuela 121 000; Bolivia y el Río de la Plata 100 000; Puerto Rico 77 000; Santo Domingo 30 000; Centroamérica 21 000 y Chile 6 000.
Tomando en cuenta trabajos como “Asientos, Compañías, Rutas, Mercados y Clientes: Estructura del tráfico de esclavos a fines de la época colonial” (Ramiro Flores Guzmán – Lima – 2007) se puede afirmar que en Lambayeque (siglos XVII y XVIII) el promedio de la población era 35 mil. Los esclavos representaron el 14%. En 1793, el funcionario colonial Joseph Lequanda decía: “Se ven muy pocos libres. Casi todos son esclavos de haciendas de fabricar jabón, azúcar y panllevar…los mulatos y los zambos también están en cautiverio…los libres se mantienen de diversos oficios”
Por su procedencia eran: Congos, Minas, Carabalís, Ararás, Chalas, Angolas, Bantú, Cazimba, Auzaze, Tembo, Camerún, Sudán, Mandés, Mandinga, Malinka, Susú y Salima. Fueron ubicados en: Calupe, Pomalca, Cayaltí, Zaña, capote, Luya, Ferreñafe, Samán, Collud.Nampán, Focodán, Lanope, Callanca, entre otros lugares.


domingo, 29 de agosto de 2010

La Participación de las castas en la Rebelión de Túpac Amaru II


La rebelión de Túpac Amaru II (1780) en la zona sur del Perú, fue una anticipación del movimiento independentista. Este inicio, predominantemente indígena, proponía la restauración del estado inca con una necesaria integración de las culturas propias del mestizaje iniciado con la conquista española. Los criollos, mestizos, negros, zambos, mulatos e incluso algunos españoles tendrían participación en esta propuesta de gobierno de liderazgo amerindio. Una prueba al respecto. El 23 de Diciembre de 1780, Túpac Amaru II anunciaba en el edicto emitido en la Provincia de Chichas que: “El amparo, protección y conservación de los criollos, de los mestizos, zambos e indios en su tranquilidad, por ser todos paisanos y compatriotas, como nacidos en nuestras tierras y de un mismo origen de los naturales, y de haber padecido todos igualmente dichas opresiones y tiranías de los europeos”.



Según el Padrón de 1784, que indica la situación demográfica en el sur del Perú, un año después de la derrota de la Rebelión de Túpac Amaru II, la población estaba distribuida de la siguiente manera: “Españoles 21 074 (30%) Mestizos 9 676 (14%) Indios 32 009 (46%) Negros libres 546 (0,8%) Negros esclavos 1 865 (2,7%) Mulatos y zambos libres 3 046 (4,3%) Mulatos y zambos esclavos 1 031 (1,5%) Españolas 17 980 (31%) Mestizas 9 182 (16%) Indias 23 938 (42%) Negras libres 528 (0,9%) Negras esclavas 1 423 (2,5%) Mulatas y zambas libres 3 100 (5,4%) Mulatas y zambas esclavas 936 (1,6%)” Una pregunta es necesaria ¿Con cuántos adeptos contó el rebelde durante su movimiento?



Desde 1776 circulaban algunas “profecías” atribuidas a Santa Rosa de Lima y San Francisco Solano. En ellas se anunciaba que “el (año) de los tres sietes (1777) el reino volvería a su antiguo ser, se reconocería un Rey Inca”.



El trabajo titulado “Sanra Rosa de Lima y la Política de la Santidad Americana” de Ramón Mujica Pinilla, resalta “En plena época borbónica, la nobleza indígena también le atribuyó a santa Rosa una profecía política apócrifa, con contenidos políticos reivindicatorios, que terminó por movilizar muchas de las conspiraciones y rebeliones indígenas del Perú preindependentista, desde 1750 hasta 1783. Según la profecía después de dominar los reyes de España tanto tiempo como los incas, el cetro caería de manos de los monarcas hispanos y el antiguo Tawantinsuyo sería restaurado por un inca” (Stevenson 1825, pp. 290-291; Mujica Pinilla, 2001, pp. 340-347). Al respecto, se puede encontrar valiosa información en “Poemas y canciones en honor de Santa Rosa: Profecias del pasado, voces del presente” (1993) del investigador Luís Millones.



Existía, entonces, la creencia en Paucartambo, Arequipa, Huarochirí, el centro y el norte del Perú; que habría movimientos políticos, enfermedades hambre, escasez y muerte.



¿Cómo se conoció de las profecías entre el común de la gente? La investigadora Olinda Celestino narra en “Relaciones Incas – negros y sus resultados en el Capac negro y los negritos” (2004) el caso de un mestizo de nombre Juan de Dios Tupa Orcaguaranca Espinoza, de 37 años de edad, viudo y de oficio plumario; quien libando licor en una chichería del Cuzco con un indio noble del lugar (el cacique de Paucartambo de apellido Espinoza), hizo referencia a la profecía y por, no haber creído en ella, el cacique insultado como “zambo, hijo de negra e indio” en una discusión que casi termina a golpes. Celestino infiere: “En las chicherías, en medio de la música y el consumo de licor, se perdía la discreción”.



Sabiendo que los indios “eran muy adictos a los simulacros de Cristo y su Santísima Madre y acérrimos seguidores de las tradiciones” preocupado y deseando acabar con la agresividad de estos y los negros (“furor caribe”) el Obispo del Cuzco, Juan Manuel Moscoso y Peralta, programó procesiones como la del “Señor de los Temblores” siguiendo una ruta que permita a los pobladores apreciar las cabezas en picas de los revoltosos, mostrado así la eficacia de la represión realista. Algunos estudiosos del tema notan que existe relación en el tiempo y el espacio entre la milagrosa aparición del “Señor de Ccoyllor Ritti” (fines del siglo XVIII) y la lamentable culminación de la rebelión del cacique.



Haciendo una revisión de los documentos de los juicios a los 73 reos involucrados como dirigentes en la rebelión, se puede notar la diversidad en la composición racial de la dirigencia. Micaela Bastidas es llamada “zamba”. Se indica que uno de los hijos de Túpac Amaru II se casó con una negra, y que los personajes más cercanos al líder fueron negros.



Además señalan que el servicio doméstico del líder rebelde (cocineros, vigilantes, guardianes, etc) estuvo constituido por negros. Además se acusa que los esclavos negros con la ayuda de sus hechiceros protegían con sus magias a los rebeldes para volverlos invulnerables.



Nótese que la discriminación a que estuvo sometida la población negra durante la colonia también se nota al interior del movimiento. Muy a pesar de la promesa de libertad dada por Túpac Amaru II, el movimiento no superó del todo esta característica discriminatoria. Al concluir la revuelta, la mayoría de esclavos fueron absueltos y devueltos a sus amos.



A continuación algunos participantes de castas diversas:



• Cristóbal Rafael, zambo cuzqueños de 40 años de edad. Casado y sastre. Residente de Pampamarca. Cómplice de Túpac Amaru II a quien sirvió como portero y vigilando prisioneros. Fue sentenciado a 2 años de cárcel en el Callao.



• Antonio Oblitas, Cuzqueño criado en Arequipa. Mulato libre. Casado con Pancha Valverde del Cusco. Pintor. Dibujó un lienzo de Túpac Amaru II montando un caballo con insignias reales. Micaela Bastidas lo calificó como zambo. Fue quien ahorcó al Corregidor Arriaga, de quien fue criado; aceptó haber peleado en Sangarará. Torturado delató a otros participantes. Fue ahorcado. Su cabeza fue colocada en Tinta, un brazo en Tungasuca y el otro en el camino a San Sebastián.



• Josef Manuel Yepes, negro africano de Guinea. Residente en Pomacanchi, de 26 años de edad. Soltero. Esclavo de don Vicente Yepes; Participó en la rebelión al ser forzado a salir de la hacienda de su amo para ir a Tinta y encargarse de la cocina de los revolucionarios. Fue absuelto.



• Pedro Pablo Tagle. Nacido en Rioja (Tucumán). Negro esclavo de don Miguel Tagle, arriero de 30 años. Acompañó a Túpac Amaru II portando arma blanca. Fue absuelto.



• Miguel Landa, africano de Guinea. 26 años de edad. Soltero. Esclavo de don Tiburcio Landa. Acompañó a Tupac Amaru. Fue absuelto y devuelto a su amo.



jueves, 24 de junio de 2010

El Origen de los Libros

El célebre poeta nicaragüense Rubén Darío dijo: “El libro es fuerza, es valor, es poder, es alimento; antorcha del pensamiento y manantial del amor”. Nada más cercano a la verdad. Dista mucho, el libro, de ser un simple “conjunto de varias hojas unidas que sirven de soporte para un texto manuscrito o impreso” (Emile Littré).
El libro es la ventana del mundo, la compañía ideal, el depositario del silencio sabio y creador, del drama, la alegría, la pasión y el conocimiento humano. En un tiempo en que la revolución digital está a punto de cambiar la definición del libro y la impresión y el empastado tienden a convertirse en tareas innecesarias, surge una pregunta necesaria ¿Cuál será el destino del libro y la lectura? El presente artículo apunta a esa reflexión; aventurémonos en un recorrido imaginario por el tiempo y los espacios en los cuales se gestó el inicio del proceso de la evolución del libro. Conozcamos a nuestra “antorcha del pensamiento” en su momento original.
De una cosa estoy convencido: Fue por necesidad. El artículo “Crónica de la muerte anunciada del libro” de la escritora María Gabriela Muñoz (Revista “Muy interesante” N° 291 – año 2009) y estudios de otros investigadores, nos dan valiosa información sobre el origen histórico del libro.
Desde el inicio fueron tres las grandes necesidades del ser humano: comunicarnos (con otros y con lo divino) conocer e interpretar el mundo y hacer perdurar aquellas ideas o la información que se considera importante. Cuando hace 9000 años se desarrolla adecuadamente el sistema fonador (pulmones, lengua, garganta y paladar) la palabra hablada surge y suple la necesidad de comunicar ideas, sensaciones, anhelos, etc. El deseo de conocer e interpretar el mundo se logra mediante la interacción del ser humano con su medio circundante y con sus pares. La necesidad de hacer perdurar la información genera sistemas de registro como consecuencia de la revolución agrícola y el subsiguiente intercambio comercial que aceleró el proceso.
Emmanuel Anati, paleontólogo italiano, reconoce en las inquietudes artísticas del ser humano, que permitieron el arte rupestre, el origen de una primitiva forma de lenguaje escrito. Además, defiende la existencia de una sintaxis primitiva y universal. El profesor Anati, catedrático de la Universidad de Leche, categoriza los gráficos en “pictogramas” representaciones de objetos, personas y animales; en “ideogramas” representaciones de conceptos colectivos plasmados en signos repetitivos; y los “psicodramas” que incluyen las inquietudes humanas, emociones, sentimientos y anhelos. Anati ha logrado registrar pinturas rupestres medio millar de cuevas y grutas de todo el mundo.
Los primeros signos escritos surgen en Mesopotamia con los sumerios; Sobre tablillas de arcilla se realizaron trazos pictográficos. Más adelante, los fenicios crean el primer alfabeto de 22 signos como consecuencia de sus actividades de intercambio comercial y luego los griegos le añaden las vocales y ordenan la escritura de derecha a izquierda. Con la evolución de la escritura surge el libro. El material usado con posterioridad a la arcilla fue el papiro egipcio.
En “Historia del libro” Albert Labarre dice: “El libro de papiro se presentaba bajo la forma de un rollo constituido por hojas pegadas unas a continuación de otras frecuentemente hasta sumar veinte. La longitud promedio era de seis por diez metros”.
El siglo III, el papiro pierde popularidad debido a la disposición del Rey Eumenes II de Pérgamo, quien cansado de pagar en exceso por aquel material decidió reemplazarlo por piel de animales como cabra, chivo, asno, etc. Este nuevo material sería conocido como pergamino.
Los romanos usaron ambos materiales: el papiro enrollado en tubos y el pergamino doblado en varias partes. Este último es el antecedente directo del libro actual. Un dato importante, el libro manuscrito más antiguo de la historia de la humanidad es el “Sutra del diamante”, texto budista que data del año 868 y descubierto a inicios del siglo XX por el británico de origen austrohúngaro Marc Aurel Stein en la expedición a las “cuevas de Mogao” o “cueva de los diez mil budas” en China.
Es bueno acotar que el papel fue inventado en China el siglo II por Tsai Lun. El invento pasó a Corea, Japón, Asia central, Persia e India. Europa sabrá del papel recién en el siglo X pero en el siglo XII el Emperador del sacro Imperio Romano Germánico Federico II prohibió su uso declarando que no tendrían validez los documentos escritos en dicho material.
Durante la Edad Media, el pensamiento teocéntrico de la época permitió que la Iglesia Católica se constituya en la institución responsable del cuidado y producción de los textos escritos. La labor fue encomendada a tres personajes: Escribas (escritores del texto) iluminadores (dibujantes) y armarius (supervisor experimentado del trabajo). Los libros se hacían en el scriptorium (taller) donde, además, eran encuadernados y empastados con madera. Aquellos libros, por su tamaño (en promedio 35 por 35 cm) y peso, debían ser colocados en un lugar de manera permanentemente; su lectura era solo de pie. El siglo XII el papel llega a Europa de mano de los árabes. El material se pone de moda. Mucho antes de la imprenta ya existían planchas de madera que luego de ser entintadas servían para prensar el papel o pergamino (xilografía). Con el auge de las universidades la demanda de libros fue mayor y la imprenta de Gutenber (1440) cobra importancia. Los libros ser hicieron más pequeños y fáciles de transportar y guardar. En 1499 había más de 2500 imprentas en distintas ciudades de Europa.

 









sábado, 19 de junio de 2010

Piratas en Lambayeque: El saqueo de Edward Davis en 1686

En el trabajo del historiador Teodoro Hampe Martínez “Un capítulo de historia regional peruana: la ciudad de Zaña y su entorno ante la inundación (1720)” se narra, en la evolución histórica del pueblo de Zaña, el saqueo de la ciudad el año 1686 por el pirata inglés Edward Davis e indica los motivos que hacían de Zaña una plaza preciada para delincuentes y corsarios de la época. A continuación brindo una breve narración del hecho.
Zaña, en el siglo XVII, se había convertido en un lugar de notable desarrollo socio-económico y era admirada por quienes venían de afuera, y escuchaban con frecuencia el nombre de este lugar, conocido también como la “Sevilla del Perú” o “Potosí pequeño” su fama permitió que fuera un punto codiciado por los piratas y corsarios que atacaron con frecuencia las costas del Mar del Sur (Océano Pacífico) durante el siglo XVII.
Se sabe que expediciones holandesas e inglesas, recorrieron el litoral del Pacífico durante ese siglo, obligando a la realización de notables obras defensivas; las más destacadas de ellas las fortificaciones del Callao, Lima y Trujillo y el mejoramiento del resguardo militar en la armada del Mar del Sur. A pesar de esto no siempre se logró evitar los ataques. Lo que es peor muchas veces los piratas y corsarios conseguían el apoyo de la población negra; aunque esto no ocurrió en Zaña donde uno de los dos ingleses fallecidos fue ajusticiado por un negro.
Edward Davis, acompañado de un grupo de 200 expedicionarios, anclaron en el Puerto de Chérrepe (Punto extremo sur de nuestra Región, en la desembocadura del Río Zaña y punto de comunicación marítima con el exterior) el 3 de Marzo de 1686. Todos ellos descendieron en la costa a bordo de siete canoas.
La defensa de la ciudad fue liderada por Don Luís Venegas Osorio quien tuvo innumerables problemas para captar hombres de pelea pues la mayoría de ellos se encontraban realizando trabajos de defensa ribereña por el aumento del caudal de los ríos debido al Fenómeno “El Niño“. Reunió 300 caballos y mulas para evacuar a los religiosos, armas y municiones; además distribuyó centinelas en diversas partes de la ciudad.
Según un documento de la British Library (Ms. Additional, 13964) en Zaña había "gran confusión y llanto de mujeres y niños, que ocasionaba mayor confusión, y fueron cogiendo la vereda de los montes, sin más atención que salvar a sus personas". La resistencia fue débil. En el ataque a Zaña murieron dos ingleses. “Los piratas se apoderaron de la ciudad, saquearon las iglesias y casas y acumularon un botín de 300,000 pesos en plata, joyas y ropa”. El Virrey Melchor Navarra y Rocafull, Duque de la Palata, quien gobernó el virreinato peruano entre 1681 y 1689; fue quien fortificó las ciudades de Lima y Trujillo por el temor a los ataques de piratas y en una carte fechada el 7 de abril de 1686 indica que “los ingleses no profanaron iglesias, templos e imágenes, pero hicieron irreverencias...” esto último en alusión al ataque contra algunas doncellas de la ciudad. Refiere que el ingreso de los ingleses a la ciudad resultó muy sencillo pues no se les cortó el paso a través del puente de Zaña y tampoco se les atacó al volver a la costa. Esta información es refrendada por el profesor Peter T. Bradley, de la Universidad de Newcastle.
Con los aportes de “Fundación de la Villa de Santiago de Miraflores de Zaña. Un modelo hispano de planificación urbana” del historiador Lorenzo Huertas Vallejos y de “Acta original de la ruina de Zaña” de Alfonso Samamé Rodríguez podemos confirmar que Los piratas castigaron cruelmente a muchas familias, incautaron sus riquezas y mancillaron el honor de algunas doncellas. Las desgracias ocurridas en Zaña: El saqueo de Edgar Davis, los terremotos e inundaciones que la afectaron han sido consideradas por la sabiduría popular, expresada en sus tradiciones, como una especie de castigo divino a consecuencia de su forma de vida libertina y mundana que le valió, también, el apelativo de "capital disipada del norte del Perú".

jueves, 10 de junio de 2010

“Los Polvos de la Condesa”: Historia del descubrimiento de las propiedades curativas de la quina.

El español Javier Rodríguez Coria, en una pintoresca nota de divulgación publicada en Barcelona (Revista de Historia CLIO – enero del 2010) nos dice “En la época del virreinato del Perú, los indígenas guardaban un secreto que ya conocían desde los principios del Imperio Inca. Los colonizadores españoles les podían arrebatar oro y piedras preciosas, pero el secreto de la “corteza mágica”, no estaban dispuestos a que fuera conocido por los invasores...”. Además En “Lambayeque y sus hombres” (Salazar Plaza – 1935) se registra “La raza blanca tuvo que luchar contra el paludismo y la malaria en la costa, principalmente en la costa norte, hasta que en 1635 se descubrió la quina cuya corteza es un poderoso febrífugo, que era conocida ya tiempos atrás por los indios”. En aquellos tiempos estas enfermedades y las consecuentes “fiebres tercianas” eran temidas y hasta comunes.
En la Real farmacopea española de 1640 se define a la quina como la “corteza desecada de cinchona pubescens vhal (cinchona succirubra pavon), o de sus variedades o de sus híbridos” y en la farmacopea londinense, en 1677, como la “cortex peruanus”. Los indígenas la llamaban chuccu cara (corteza para el escalofrío) yurac chuccu (árbol para el escalofrío) o quinquina (corteza de cortezas) haciendo referencia a sus propiedades curativas. Además hay información sobre dichas propiedades en la “Crónica Moralizada de la Orden de San Agustín” del agustino Antonio de la Calancha (Segundo tomo – 1653) así como de la historia que se narra a continuación
El Rey Felipe IV de España (“Rey Planeta”) envía en 1629 a Luís Jerónimo Fernández de Cabrera y Bobadilla, “Conde de Chichón”, como virrey del Perú. El Virrey viajó su segunda esposa, Francisca Enríquez de Rivera, la “Condesa de Chichón”, quien lo acompañó hasta el final de su gestión en 1639. Estando de viaje en Loja (actual provincia ecuatoriana) Doña Francisca enfermó de paludismo en 1635 y una sirvienta suya fue descubierta mezclando en sus bebidas unos polvos que supusieron eran veneno. El padre de la criada, temeroso del castigo, intervino al desvelar las propiedades curativas de la quina. Enterado el corregidor de Loja, Juan López de Cañizares, informó a los jesuitas y éstos llevaron la quina a Roma y, desde allí, se difundió por todo el mundo.
Sobre la narración anterior, la obra “Historia de los Medicamentos” (Colombia – 1998) del Dr. Alfredo Jácome Roca, miembro de la Academia Nacional de Medicina de Colombia, incluye un artículo titulado “La Quina vino de América” donde se contradice la versión de Antonio de la Calancha, nos dice “Definitivamente hay un error histórico en cuanto a la esposa de este Conde, ya que la primera esposa, Ana de Osorio, murió en España antes de su viaje al Perú, y la segunda esposa, Francisca Enríquez de Rivera, que sí lo acompaño a América, gozó de muy buena salud; no tuvo pues que acudir al uso de la corteza de quina, y además, jamás regresó a España pues cuando viajaba de regreso a la península, falleció en Cartagena en 1641. Pero de allí resultó que por un tiempo esta medicina fue denominada “los polvos de la condesa”.
El nuevo medicamento fue conocido como “Polvos de la condesa” (en honor a Dona Francisca) “Polvos de los jesuitas” (pues fueron ellos quienes los llevaron a Roma) o “Polvos del Cardenal” (ya que en Roma los introdujo el Cardenal Juan de Lugo)
En 1735 el francés Charles de la Condamine, identificó en el Perú el primer árbol de quina. En 1742, Carl Von Linné o Carlos Linneo la llama “cinchona” en honor a la Condesa.
La investigación de Jácome Roca agrega “Los jesuitas y el Vaticano mismo resultaron muy importantes para la promoción de la quina; los jesuitas a menudo la regalaron, los comerciantes la vendieron y los reyes de España lo obsequiaron a los poderosos de la tierra, pues el paludismo no respetaba la posición social. Un jesuita, el Cardenal y filósofo Juan de Lugo la dio a conocer al médico del Papa Inocencio X, gustó mucho allá y más tarde consiguió no sólo el respaldo de la Iglesia, sino que apareció una Cédula Romana con instrucciones para su uso. Por esto la droga se llamó “Corteza de los jesuitas” o “del Cardenal”. En regiones no partidarias de Roma como en Inglaterra, pensaban que se trataba de un complot papal. Cromwell, por ejemplo, prefirió morir de malaria, antes de ingerir el “polvo del demonio”. Sin embargo fue en la Farmacopea londinense donde se hizo reconocimiento por primera vez a la quina, poniéndola en la lista como “Cortex peruana”.
Algunos datos adicionales. El boticario Robert Talbor, la usó como remedio secreto (finales del XVII) y con ella curó al rey Carlos II. En público Talbor condenaba el uso de estos polvos de quina, pero luego vendió los derechos de su remedio secreto a Luis XIV de Francia para el tratamiento de su hijo enfermo; cuando después de la muerte de Talbor se analizaron los polvos, resultaron ser de Cinchona.
En 1735 el francés Charles de la Condamine, identificó en el Perú el primer árbol de quina. En 1742, Carl Von Linné o Carlos Linneo la llama “cinchona” en honor a la Condesa.
Algo es muy cierto, en tierras americanas se descubrieron tal cantidad de drogas que los clásicos textos europeos debieron ser actualizados. Por ejemplo “De Materia Médica” o “Los Materiales de la Medicina” del griego Pedanio Dioscórides Anazarbeo (40 – 90 dc) fue actualizado con los textos “Discursos” y “Compendio de plantas” de Pietro Andrea Gregorio Mattioli (1540 y 1571 respectivamente). Otras obra importante sobre las drogas americanas son “Coloquio de simples y drogas de India” (1563) del portugués García da Orta, “Tratado de las drogas y medicinas de las Indias Orientales” de Cristóbal Acosta (1578) e “Historia Medicinal de las Cosas que se traen de las Indias Occidentales” del sevillano Nicolás Bautista Monardes (1580)



viernes, 28 de mayo de 2010

Instituciones Antiguas de Lambayeque: La Compañía del ferrocarril y Muelle de Pimentel

Basado en los aportes proporcionados por Don Ricardo Miranda Romero en la “Monografía General de Lambayeque” (segunda edición - 1959) y en documentos de archivo, brindaré información diversa sobre importantes instituciones lambayecanas del pasado y del presente; nos aproximaremos a los inicios del siglo XX y podremos reconocer sus aportes para nuestra Región.
La Compañía del ferrocarril y Muelle de Pimentel
Para 1911 el Puerto de Pimentel lucía prácticamente abandonado. La estiba y desestiba de mercancías se hacía por el Muelle de Eten que tenía las facilidades de la Vía férrea y, sin embargo, resultaba insuficiente para las necesidades del comercio y la industria en la región.
Don Salvador Gutiérrez Pestana reunió el 22 de setiembre de 1911 a un grupo de comerciantes e industriales lambayecanos con quienes proyectó la rehabilitación del Puerto de Pimentel. No descansaron hasta lograr que mediante Resolución Suprema del 22 de marzo de 1912 el gobierno autorice a la “Sociedad Agrícola Pomalca” “tender una línea férrea de trocha angosta, entre la hacienda Pomalca y el Puerto de Pimentel, y para la construcción de un muelle con la facultad de establecer ramales ferroviarios que se estimen convenientes”.
El 19 de febrero de 1913 se constituyó la “Compañía del ferrocarril y Muelle de Pimentel” a la que fueron transferidos los derechos que correspondían a la “Sociedad Agrícola Pomalca”. La construcción del Muelle y el Ferrocarril se inician en 1914 y recién en 1920 la línea férrea llega hasta la hacienda Pomalca y estuvieron a cargo del ingeniero alemán Bernardo pellny.
Los capitales fueron netamente lambayecanos. Los accionistas mayoritarios de la compañía fueron: Hacienda Pomalca (36%) Viuda de Piedra e Hijos (31%) Sociedad Agrícola Pucalá (26%). Entre los accionistas minoritarios destacan: Juan Cuglievan, Rodolfo Montenegro, Eduardo de la Piedra, Eleodoro Romero, Juan de la Piedra y la Cia. Testamentaria Waldispuhl.
Los primeros gerentes de la Compañía del Muelle y Ferrocarril de Pimentel fueron Bernardo Pellny, Germán Klinge, Raúl Hinojosa y Julio Gervasi (hasta 1960). Para 1958 los miembros del Directorio de la compañía fueron Nicolás Cuglievan, Eduardo de la Piedra, Ricardo de la Piedra, Víctor Maúrtua y Julio Gervasi.
El muelle tiene 529 m de longitud y la línea férrea 58 Km., en un recorrido que incluye Pimentel – Chiclayo – Pomalca – Rinconazo – Saltur – Pucalá y Pampa Grande. La compañía contó con 13 locomotoras, 06 coches para pasajeros y 247 carros de carga y equipaje. En 1958 se movían casi 500 mil toneladas métricas de mercancías, lo cual demuestra el progreso logrado en los campos del comercio, industria y agricultura.
En la actualidad y tomando las palabras del RP Esteban Puig Tarrats, Vice Gran Canciller de la Universidad Católica Santo Toribio de Mogrovejo, en el prólogo que dedicó a la obra “Apuntes de Vida: Reflexiones a orillas del Mar” (Martín Cabrejos y Humberto Tejada – 2003) el muelle se muestra “derrengado, como un gigante ciempiés metálico, aún firme, testigo de tantas confidencias, inhiesto desafiando el oleaje enfurecido que se estrella impotente a sus pies”