viernes, 17 de julio de 2015

La Causa Económica de la Independencia en Lambayeque

A fines del siglo XVIII, el antiguo Partido de Lambayeque había sufrido desastres naturales (Fenómeno de “El Niño” como los de 1720, 1728 y 1791 y un terremoto a fines de siglo; por mencionar los más fuertes) la aplicación de las Reformas Borbónicas (y la consecuente alza de impuestos) y la reorientación del mercado y precios deprimidos (a partir de las mencionadas catástrofes y la aplicación de las Reformas Borbónicas).
A lo anterior se suma el aumento de impuestos en 1746, el monopolio del tabaco decretado en 1752 (en Lambayeque existió una fábrica que procesaba 6000 fardos ó 125 manojos de tabaco sembrado, principalmente, en Motupe) y el aumento de alcabala de 1776. En 1780 se produjo el decreto de monopolio de cordovanes, producto de la zona cotizado por su gran calidad,
A mediados y fines del siglo XVIII, el monocultivo de caña de azúcar decayó por la competencia de los productos de Brasil, se optó, entonces por la ganadería. Por las intensas lluvias del Fenómeno de “El Niño” gran parte del ganado se ahogó y se sufrieron pérdidas en la comercialización de productos como carne, sebo y cueros.
Bajó la oferta de esclavos. Muchos propietarios perdieron sus haciendas a manos de prestamistas a quienes no pudieron devolver su dinero por los altos intereses que cobraban. Los indígenas que se dedicaron a la actividad agrícola sufrieron por la desigual repartición de aguas (correspondía mayor caudal de agua a los españoles) y, según Susan Ramírez (1998), a fines del siglo XVIII ya se habían presentado conflictos por motivos económicos debido a la abusiva posesión de tierras a favor de los españoles americanos. Refiere: “El conflicto que brotó a fines del siglo XVIII y comienzos del XIX en la costa norte del Perú fue el legado de casi cien años de penurias para aquellos ubicados en los diversos niveles de la pirámide social”. 
La tierra más fértil de los valles más altos era cedida en dominio a los españoles americanos, mientras los indígenas eran relegados a zonas menos fértiles, más cercanas al océano pacífico, donde la producción era limitada por la presencia de hongos, niebla, humedad, altas capas freáticas y formaciones salinas.
Este procedimiento fue posible debido a las llamadas “visitas de la tierra”. Por este sistema abusivo, “los indígenas tenían títulos sobre la tierra y los españoles sobre os pastos…” (Ramírez, 1998) así, los pastos, arbustos y árboles que crecían sobre los bordes o entre los surcos de chacras indígenas fueron forraje para los animales de los propietarios de los pastos. Una muestra de esta negativa repartición se produjo en la “visita de la tierra” que realizó al Partido de Lambayeque el Juez Antonio Sarmiento de Sotomayor, quien vendió pastos comunales al mejor postor; hecho ocurrido entre 1711 y 1712 (según Ramírez) aunque Enrique Bruning los registra como ocurrido en 1713 en la zona de Jayanca, y concluye: “a raíz de la entrada de los españoles en el Perú, los conquistadores empezaron a tomar para sí cuantas tierras podían y las de esta región fueron codiciadas…” (Bruning, 1922)

1.      Levantamientos en Lambayeque de causa económica siglos XVIII y XIX.
Figueroa y Montoya (1986) afirman: "No se conoce levantamientos independentistas tempranos en Chiclayo…". Sin embargo, reconocen que en nuestra región hubo siempre manifestaciones de resistencia contra la autoridad colonial. Aunque no hubo movimientos propiamente de inspiración ilustrada; es posible inferir una postura ideológica y política, contraria al yugo español, con certeza desde el siglo XVIII.
Hasta las gestas de 1820, puramente anticoloniales, que concluyen en las independencias de Chiclayo, Lambayeque y Ferreñafe y el subsiguiente respaldo material y humano a la lucha del General San Martín, es de reconocer que, los levantamientos contra los abusos por la repartición de tierras y aguas, sociales y anticoloniales, fueron una forma de enfrentarse al poder español y muestran la disposición a la lucha contra el poder político establecido.
En 1785, se produjo una revuelta de chiclayanos contra los hermanos Juan José y Juan Alejo Martínez y Pinillos, propietarios de la Hacienda Pomalca, por los abusos contra los indígenas de esta tierra a quienes confiscaban ganado y castigaban duramente por, supuestamente, “invadir sus propiedades”. Según Susan Ramírez, en esta revuelta “… se dejó oír el nombre de Túpac Amaru II” y, aunque fue rápidamente repelida, significa una señal de resistencia contra la autoridad colonial. También, contra los hermanos Pinillos y Martínez, en 1807, los indígenas de Monsefú se sublevaron por las mismas razones. En aquella ocasión, las autoridades ordenaron a los hermanos Pinillos la devolución de ganado y propiedades confiscadas a los monsefuanos. Otras revueltas se produjeron en 1817 en Lagunas y Motupe.
El 15 de enero de 1804, el procurador indígena Clemente Anto, se subleva después de una “larga y persistente actitud de defensa de sus paisanos…” (Figueroa e Idrogo, 2004). Fue apoyado por ex esclavos (zambos, mulatos, morenos) mestizos y plebe (indios forasteros). Los amotinados protestaron en defensa del medio ambiente y contra la construcción de una tina y curtiembre en la zona urbana de Lambayeque. Los levantados, tomaron la Iglesia y el Cabildo, destruyeron la casa del cacique procolonialista Dámaso Temoche e intentaron ocupar la cárcel pública y el local de la aduana. Sofocada la revuelta, Anto fue encarcelado y una vez libre, murió en la más absoluta pobreza y soledad. Fue necesaria la participación de la milicia realista para derrotar el movimiento.
Los negros, manifestaron también similares formas de resistencia a través litigios judiciales contra sus amos, fuga, cimarronaje y revueltas. Así, en 1784, el zambo José Patrocinio Faya (“Geraldo”) fue injustamente acusado de revoltoso y encarcelado. Junto  otros presos, logró escapar y al grito de “¡Viva el rey y muera el mal gobierno, que no hay justicia en Lambayeque!”. En 1779, se produjo una protesta de milicianos “pardos” y “morenos” del Partido de Lambayeque contra los cambios en el régimen de tributación que se inició en 1778. Se negaron a pagar la “contribución militar” de 2 pesos anuales. El virrey, recibe su pedido y lo acepta siendo exonerados de dicho pago, temiendo un “desbande general de las castas”. Según Cristine Hunefeldt, este movimiento tiene relación con las protestas que se producían en todo el país y concluyeron con la sublevación de Túpac Amaru II.
Sirvan los anteriores casos solo de muestra. Lambayeque no fue una región pasiva y ausente a la lucha y resistencia contra el orden colonial.


2.      Algunas reflexiones finales
Coincido con la siguiente afirmación “la independencia del Perú hay que entenderla como un problema social, humano, antes que una cuestión política y militar...” (De la Puente, 1971). Antes de la protesta política definitiva se comenzó a gestar seriamente una idea clara de Perú. Se discrepa, entonces, del orden político, económico y social. Se prefigura la idea de porvenir y se es más conciente de SER peruano y PERTENECER al Perú.
En esta lucha trasciende el mestizaje, biológico y cultural, que resulta en “un estilo mestizo, que es el estilo peruano de vivir”. El nuevo país, el Perú mestizo, el Perú definitivo, hay que reconocerlo en esta transformación que se sigue desarrollando en todos los campos de nuestra cultura.
Lambayeque fue partícipe de esta aspiración. En la lucha contra la opresión colonial, jamás estuvimos ausentes.
Referencias Bibliográficas
1.      Bruning, E. (1922) “Lambayeque: Estudios Monográficos”. Chiclayo: Perú. Ed. Mendoza.
2.      De la Puente, J (1971) “Notas sobre la causa de la Independencia”. Lima: Perú. Talleres Gráficos P. L Villanueva.
3.      Figueroa e Idrogo (1997) “No queremos amos: lambayecanos en lucha por libertad e igualdad (1750 – 1850)”. Chiclayo: Perú. CES “Solidaridad”
4.      O´Pelhan & Saint Geours (1998) “El Norte en la Historia Regional, Siglos XVIII – XIX”. Lima: Perú. Instituto Francés de Estudios Andinos.






martes, 14 de julio de 2015

¿Pena de muerte en el juzgamiento de los delitos de corrupción?


El pasado viernes, durante la presentación de la obra “Filosofía del Derecho” del Dr. Oscar Vílchez, llamó mi atención el anuncio del distinguido maestro, filósofo y hombre de bien Dr. Juan Manuel Gamarra Romero quien, afirmó, encabezará un movimiento a nivel local y nacional que solicitará vía referéndum la aplicación de la pena de muerte para los funcionarios públicos corruptos. A su juicio, no basta la “muerte civil”, sino que es necesario aplicar esta radical medida siguiendo el ejemplo de Singapur, nación que tomó dicho camino y donde casi no existe el delito de corrupción de funcionarios. Conociendo su trayectoria personal y académica estoy seguro que el Dr. Gamarra ha meditado su propuesta y, aunque no la comparto, estamos a la espera de sus argumentos. De inicio considero la propuesta exagerada.
La corrupción, qué duda cabe, es un delito que causa nuestra más grave indignación. Las personas a quienes confiamos nuestra soberanía actúan de manera tal que muestran, con sus actos, desprecio por la democracia como sistema y por los ciudadanos a quienes, adicionalmente, roban la esperanza, la confianza en la justicia, el anhelo de orden, progreso y desarrollo... Es, entonces, un delito que debemos combatir en todos los niveles: ideológicamente a partir de la educación y formación ética de los ciudadanos que tenga como base la normalización del buen desempeño de quienes reciben empoderamiento; y legalmente, a través de normas menos permisivas y de aplicación inmediata, sin distinción, ni favoritismo.
Los ciudadanos exigimos una lucha frontal contra la corrupción porque, entre otros motivos, la paz es efecto de la justicia. Estar, en general, a favor de la vida y en contra de la pena de muerte, específicamente, para el delito de corrupción no significa encogerse de hombros, poner la otra mejilla o actuar permisivamente contra quienes delinquen. Es razonable, en situaciones dramáticas, la muerte del otro en caso de legítima defensa, cuando el derecho de defender la propia vida y el deber de no dañar la del otro resultan difícilmente conciliables. O en aquellos casos que la ley ha establecido y donde el bien común se ve seriamente amenazado; en el Perú, el delito de traición a la patria se puede sentenciar con pena de muerte, aunque en las últimas 3 décadas la tendencia, en nuestro país y el resto del mundo, es a favor de la vida.
La pena de muerte para el delito de corrupción es debatible y, en mi caso, inaceptable. No es la solución del problema considerando el espíritu pro vida de la legislación peruana. Generaría complicaciones en el ámbito supranacional. No está garantizada la seguridad en los juzgamientos por la intromisión política en los órganos de justicia. Favorece la venganza, no está acorde con la finalidad de la pena. Existe el riesgo de generalizar, para otros casos, la pena de muerte. Distrae la atención de temas centrales basados en la dignidad humana.
Considero indispensable reconsiderar la legislación sobre delitos de corrupción. Deben elevarse las penas, ser más drásticas y disponer adecuadas reparaciones. Pero no considero pertinente la pena de muerte. Estimo que es, también, indispensable tener más cuidado al seleccionar a los operadores del sistema de justicia, mejorar dicho sistema, limpiarlo e insistir permanentemente en esa tarea. El estado debe gestar un sistema anticorrupción con profesionales bien preparados, tecnología de primer nivel y una constante retroalimentación sobre moral, patriotismo y bien obrar.
Sobre Singapur. Es cierto, se fusiló a varios miles de corruptos, se prevé la cadena perpetua para homosexuales, masticar chile, repartir volantes en las calles, no tirar la cadena del inodoro o pintar grafitis supone multas, plazos carcelarios y castigos con varas. Hoy, la delincuencia es casi nula. es uno de los países más seguros y estables del mundo (en cifras). El precio ha sido la muerte y la libertad de muchos.




miércoles, 8 de julio de 2015

El Compañerismo Roto


R. Warren ha trabajado este importante tema. Restaurar las relaciones interpersonales es importante. En cuanto dependa de nosotros, debemos vivir en paz con todos. Leo habitualmente un texto que comparto, en síntesis: “… si tienen algún estímulo en su unión, si en ella alguna vez encontraron consuelo, si fueron capaces de experimentar compañerismo, si percibieron el afecto entrañable… ¡alégrense! Fueron capaces de tener un mismo pensamiento, un mismo parecer, una sola alma y un solo corazón…sin embargo, nunca olviden su humanidad imperfecta: tenemos pies de barro y somos inconstantes…los tiempos de alegría son el mejor motivo para el perdón y la restauración…”. En las bienaventuranzas no se dice: “Dichosos los que aman la paz” o “Dichosos los que son pacíficos”, sino “Dichosos los que TRABAJAN por la paz”; es decir, quienes saben resolver conflictos. Ya que la pacificación es una tarea difícil, es muy complicado hallar pacificadores, lo común es dar solución a los conflictos sin el esfuerzo que implica la restauración.
San Agustín, dijo: “Ciertamente todos nosotros queremos vivir felices…”. La búsqueda de la felicidad es una tarea relacionada con el prójimo, por tanto, el compañerismo (que implica ser pacificadores) es una habilidad que debemos desarrollar. Sobre esto, R. Warren, dijo: “… por desgracia, a la mayoría de nosotros, nunca se nos enseñó como resolver conflictos”. El mismo Warren refiere que “Trabajar por la paz no es evitar los conflictos. Huir de los problemas, aparentar que no existen o tener miedo de hablar de ellos es cobardía…Trabajar por la paz no es apaciguar; siempre cediendo, dejándonos pisar y permitiendo que los demás nos pasen por encima…”
Pienso que no debemos temer al conflicto. A veces es necesitamos provocarlos, otras evitarlos, pero siempre resolverlos. Ceder es una muestra de madurez. Nuestra posición debe ser firme en contra de la inmoralidad, la ilegalidad, el desprecio contra los demás, la premeditación del mal… pero la caridad que comprende la imperfección y se alista para corregir y, luego, seguir caminando, engrandece, ennoblece y es muestra de sabiduría.
En orden, sugiero los siguientes pasos para restaurar el compañerismo: Habla, primero, con la persona: sin intermediarios. Oír  muchas voces, antes de ir con la persona que debes, o comentar con otros nuestro dolor, enojo o inseguridad, nos expone a la decepción y la amargura. Toma la iniciativa siempre: No importa quien ofendió o quien fue el ofendido. El primer paso lo da quien es más valiente y tiene más amor. No esperes por la otra persona. Restaurar el compañerismo es más importante que la propia oración: “Si entras en tu lugar de adoración y, al presentar tu ofrenda, recuerdas de pronto que tu hermano tiene algo contra ti, deja tu ofrenda, ve directamente a donde se encuentra tu amigo y hagan las paces. Entonces, y sólo entonces, vuelve y relaciónate con Dios”. Sé comprensivo: usa tus oídos más que tu boca. San Pablo, dijo: “Cada uno debe velar no sólo por sus propios intereses sino también por los intereses de los demás”. Pienso que antes de la solución está la misericordia. Ataca el problema, no a la persona: buscar un culpable nunca es buen punto de inicio. Recuerda “La respuesta amable calma el enojo, pero la agresiva echa leña al fuego… Eviten las palabras dañinas, usen sólo palabras constructivas, que sirvan para edificación y sostén, para que lo que digan haga bien a quienes escuchan”. Creo que también debemos evitar el sarcasmo y no ser ásperos. Coopera tanto como puedas: la paz siempre tiene un precio: nuestro orgullo. Por amor al compañerismo es posible hacer compromisos, dialogar y cambiar actitudes. El bien siempre vence al mal, esto ocurre cuando se obra con amor. El orden correcto es Reconciliación y Solución: no a la inversa. No es realista esperar que estemos de acuerdo en todo. Creo que si es posible discutir y debatir en un espíritu de armonía. La reconciliación consiste en enterrar el arma, no el tema de discusión.

Esforcémonos para vivir en paz unos con otros. Después, volvamos con nuestras ofrendas.

miércoles, 1 de julio de 2015

Lambayeque y Juan Parra del Riego

Juan Parra del Riego, poeta futurista y vanguardista, nació en 1894 y, a los 18 años, con su “Canto a Barranco” ganó en los Juegos Florales convocados por la Municipalidad de Surco, y se dio a conocer. En adelante, este huancaíno, hijo de un coronel pierolista, bohemio,  trashumante y seguidor de Marinetti; inicia un periplo que lo llevará a entrar en contacto con poetas de diversas ciudades de la costa del Perú y otras de Sudamérica. Radicó en Montevideo, donde, escribió sus mejores poemas, falleció, tiene un monumento y el reconocimiento póstumo de poeta uruguayo.
Teodoro Rivero Ayllón, refiere que Parra del Riego “residió en Chiclayo por los años 1916 – 17, luego de participar en la bohemia del Grupo Norte de Trujillo. Hizo acá periodismo en El Progreso, fundado por Pedro José y en La tarde, de Virgilio R. Pérez y Víctor M. Vélez. Recién llegado se presentó en el Teatro Dos de Mayo y cantó: “Tierra de Chiclayo, campos sonreídos/del sol más poeta que alumbra el Perú/sinfónicos toros, mameyes dormidos/pinceladas suaves de sueños floridos/tierra de Chiclayo, gran tierra ¡Salud!...//”
En Trujillo, compartió tertulias con los poetas José Eulogio Garrido, Juvenal Chavarri, Domingo Parra del Riego, César Vallejo, Antenor Orrego, entre otros. En Chiclayo, ya era conocida la poesía de Emiliano Niño, Juana Rosa Sime, Germán Leguía y Martínez, Rómulo Paredes, Sara Bullón… no puedo afirmar que alguno de ellos socializó con Parra del Riego, creo que es posible. En el mismo teatro “Dos de Mayo”, un año después (julio de 1918), también se presentaría Abraham Valdelomar aunque por distintas razones. El “Conde de Lemos” dictó una Conferencia a los Obreros de Chiclayo, discurso que fue recogido por la prensa de aquel tiempo y analizaré en posterior artículo.
A Lambayeque, por su monotonía, según Rivero Ayllón, Parra del Riego, lo calificó de “pueblo muerto” y le escribió: “En este pueblecito rodeado de una yerma/monotonía que nos hace sufrir/parece que del alma más triste y más enferma/sobre él se hubiese echado un suspiro a dormir//El tiene un aire dulce de empolvadas consejas/mustias casonas graves que, unas de otras contiguas/recuerdan esos grupos lamentables de viejas/que se ponen a hablar de las cosas antiguas//Este es un pueblo triste, señor, un pueblo muerto/en las calles ni un alma, ya lo ve U. desierto…/me dice un hombre ingenuo del lugar… y yo paso//pensando indiferente, por la calle dormida/que este pueblo es el más feliz del mundo acaso/porque no sabe nada del dolor de la vida//
Tiempo después, en París, a inicios de los 20, Parra del Riego tendrá un segundo encuentro con Chiclayo homenajeando a uno de sus mejores hijos. Llegó un día domingo, portando un ramo de rosas blancas, a la estación “4 de setiembre”, el mismo lugar en el que un día 14 de diciembre de 1907, falleció trágicamente el joven poeta chiclayano Jesé Eufemio Lora y Lora (JELIL). Aquel momento, de seguro, fue ideal para rememorar los más sentidos versos: “…y para el pensamiento que en la Noche/sin bordes de la Nada, quedo preso/antes de hablar su verbo cristalino//como la flor helada antes del broche/como el amor extinto antes de beso/como el canario muerto antes del trino…// Parra reconoció el valor excepcional del JELIL y su poesía. Aunque Rázuri lo llamará, más tarde, “el poeta olvidado”, Parra recordó al sarcástico “Kuroki” (seudónimo usado por JELIL en algunas sátiras publicadas en “El Diario” de Chiclayo)  lleno de dolor por su trágica partida.
Seguramente este hecho le permitió volver al pasado y recorrer, nuevamente, nuestra ciudad; esta vez, de forma imaginaria… seguramente retornaron las imágenes de la plaza en construcción, del teatro y su emocionado canto, de sus breves días de articulista en “El Progreso” y “La tarde”, del tranvía y la estación del ferrocarril, de la Iglesia Matriz, del hombre y la mujer de a pié… conversé con Don Oscar Vílchez, Maestro de la Universidad Nacional "Pedro Ruíz Gallo" y exdirector del antiguo Instituto Nacional de Cultura; me confirmó que fue Parra del Riego el autor del calificativo "Ciudad de las flores" para referirse a Monsefú.
Bohemio, cosmopolita, dejó este tierra pasajera, y cumplió su sino. Víctima de tuberculosis, enfermedad contraída en París, y sin conocer a su hijo, nacido seis días antes de su deceso; culminó sus días, viviendo en plenitud. Antes de partir, dijo a Blanca Luz, su esposa, “¡muero en mi ley!


sábado, 27 de junio de 2015

¿Qué es el Perú?



Hay formas diversas de interpretar el Perú y su situación. A lo largo de la historia, diversos pensadores juzgaron las diversas coyunturas y emitieron conceptos melancólicos, románticos, negativos, pesimistas, realistas, espiritualistas, entre otros. Particularmente, mi comprensión visión es propositiva: realista pero esperanzada. Estimo que la crítica negativa sin labor reconstructiva es dañina; lamentablemente, el negativismo es común y contagioso. A continuación presento algunos conceptos extraídos de la obra “prolegómenos para una nueva peruanidad” (2015) del filósofo Francisco Reluz Barturen.
De manera melancólica, José de la Riva Agüero, diría en la segunda década del siglo XX “a cada paso que damos en estas tierras lucientes y calladas, surge en la paz del campo un lejano recuerdo histórico, feroz y fúnebre como un cráter extinto…” luego, añade “…el Perú ha sido siempre el país de las vicisitudes trágicas”. Según Reluz, Riva Agüero “asume con sentido trágico los acontecimientos históricos del país… (Pero expresa) confianza en el progreso del país a través de una íntegra vivencia moral de la clase política sustentada en ideas sólidas”.
En el epílogo de “Peruanidad”, en la década de 1940, Víctor Andrés Belaunde, afirma “la peruanidad es una síntesis comenzada pero no concluida. El destino del Perú es continuar realizando esa síntesis. Ello da un sentido primaveral a nuestra historia. Todo lo que conspira contra esa síntesis es condenable por ser contrario a nuestra clara vocación”. Para Belaunde, el Perú es una síntesis viviente, un país no acabado.
En los años 20, para José Carlos Mariátegui, “el Perú es todavía una nacionalidad en formación, lo están construyendo sobre los inertes estratos indígenas, los aluviones de la civilización occidental”. Mariátegui resalta la idiosincrasia pasadista y sin visión de futuro, junto a la pereza mental, incapaz de analizar y solucionar sus propios problemas.
Según Víctor Raúl haya de la Torre, en carta dirigida a Rabindranath Tagore, en agosto de 1924 “el Perú es una república trágico – cómica con manchas de sangre y de ridículo…ridículo de los políticos vestidos de frac…”. Considera la negativa actuación de los líderes políticos que históricamente causaron “…las peores desgracias del Perú republicano, o las están suscitando…” (Reluz, 2015).
Luís Alberto Sánchez, afirma “…para mí es un país paradójico, donde coexisten anacrónicamente todos los estados, o estadios, sociales; todos los paisajes, todas las estructuras, todas las pasiones y casi todas las ideas…” califica al Perú como un país en adolescencia complicada, indica el mal del desconocimiento de los peruanos sobre el Perú, de sus valores, de sus riquezas, de sus personas.
En las décadas de los 70 y 80, Alberto Flores Galindo, afirma que el Perú no es una nación, carece de identidad pues esta no se ha construido, solo se ha pensado. Sostiene “el Perú pareciera ser un país disgregado. La imagen de un país al bode del abismo, donde todo amenaza con arruinarse… país a la deriva… país aluviónico. Hasta se lo ha calificado de abortivo…”. Percibe al Perú como un país en crisis permanente, donde existe sensación de desgobierno y desorden.
Javier Pulgar Vidal, también en la cuarta parte final del siglo XX, indica “Mi patria, el Perú, tiene un nombre que significa abundancia. Su edad se pierde en los milenios de la prehistoria, más allá de los 20 mil años; su riqueza se basa en la biodiversidad vegetal, animal y humana”. Manifiesta una valoración positiva de nuestra patria, del mestizaje y sus recursos diversos.
Francisco Reluz Barturen, invoca a un cambio de mentalidad “para que cambie nuestro entorno social contextual, pues la manera de pensar deviene en una manera de actuar…” pienso, como Reluz, que “los peruanos somos creativos, imaginativos e innovadores pero estas cualidades sin educación integral y conciencia nacional de recto amor a la patria, conduce a la viveza criolla y a la mediocridad nacional”. Para definir al Perú se necesita mentes lúcidas y educadas.

Ética y Política




“A la ética le ocurre lo que la estatura, al peso o al color, que no se puede vivir sin ellos”. Todos tenemos una estatura moral, somos constitutivamente, morales y no existen los seres amorales, situados más allá del bien y del mal. Así como se cultivan la inteligencia y habilidades connaturales, se cultiva la capacidad moral y podemos hacerla fecunda o estéril de acuerdo a nuestras decisiones.
La política implica el buen gobierno de las ciudades. En cuanto se trata de proteger, en general, el bien común, la confianza debe ser la base de las relaciones entre gobernantes y gobernados. Una relación política basada en la confianza no es utópica, es normal (o debe serlo). Esta relación de base ética evita amargura, dolor, despilfarro, conflictos, rencores, venganza y también ineficiencia. La ética abarata y la inmoralidad encarece. La ética reúne, vincula, relaciona, comparte; la inmoralidad divide, impone, daña, perjudica.
Resulta, entonces, importante sustituir en los procesos políticos la retórica barata y el clientelismo, por la verdad, la rectitud y la confianza que solo se genera “desde adentro” y no “hacia fuera”. Se necesita liderazgos coherentes, capaces de generar confianza; Profesionales dispuestos a hacer política poniendo al alcance de todos los beneficios de sus talentos, para evitar el empirismo; intelectuales dispuestos a generar reflexiones que nutran de riqueza ideológica y filosófica la conducción de los líderes. 
Es desalentador interpretar las medias palabras de los personajes públicos; percibir, en la actual coyuntura, gobernantes sin talla de líder mostrando desprecio por el bien común y preocupados en su imagen pública, de vez en cuando ligada a escándalos propios de su ignorancia. Es por ellos que George Bernard Shaw, mencionó “La política es el paraíso de los charlatanes”.
Un político de escasa talla moral es “una bestia salvaje soltada a este mundo” (Albert Comús) “es como una retórica sofista, como una retórica sin escrúpulos, la cual maneja un discurso que busca persuadir para engañar, no para conocer la verdad… en realidad, la política es una actividad al servicio del poder, por eso es que no hay bien común, pero sí hay desigualdades e injusticias” (Fernando Cubas). Al político de hoy le preocupa llegar al poder, conservarlo y perpetuarse; actúa con astucia y no con prudencia.
La política, afirma Cubas, debería tener una visión más clásica, donde las personas sean un ejemplo de virtudes, que tengan el conocimiento y la capacitación necesaria. El bien político deber ser el fruto de una deliberación conjunta, del diálogo, es decir, de la acción. Consideremos que Democracia es “el predominio del pueblo en el gobierno político de un Estado”.
Un alto grado de responsabilidad de la actual situación de las entidades de gobierno está en los mismos electores, preocupados por la elocuencia, la promesa, la dádiva, la simpatía y encandilados por la retórica mal usada. Habrá que cuidar de analizar propuestas, evitar el clientelismo y dejar de lado las pasiones y los fanatismos a cambio del orden, la paz social y el progreso. La ciudadanía debe ser seriamente educada en temas cívicos y electorales.
Estimo que el actual momento histórico demanda una decidida participación de los intelectuales, profesionales, artistas, universitarios y, en general, de todos aquellos que tradicionalmente nos desvinculamos por comodidad y somos culpables, por nuestra permisividad y desinterés, del actual deterioro de la función pública, especialmente a nivel local. Bien haríamos en constituir espacios de reflexión histórica, filosófica, sociológica, artística… que luego pasen a la acción, en este caso, política. No es tiempo de forjar “nuevas religiones” sino de proponer ideas concretas e interesarse por ejecutarlas. Procuremos que, de estas reflexiones, resulten líderes de tal talla moral que permitan una relación de confianza entre gobernantes y ciudadanos. El momento del cambio es hoy.  

sábado, 16 de mayo de 2015

Fiscalizar Hoy


La acción ciudadana de fiscalizar a quienes ostentan el poder delegado en democracia es una actividad permanente. Las formas son distintas,  todas ellas válidas: la conversación sobre temas de gestión local entre los ciudadanos de a pie, la polémica entre oficialistas y opositores, la discrepancia, la participación en medios periodísticos y redes sociales, la conformación de colectivos ciudadanos… todo es permitido, respaldado y protegido por la ley, el sentido común y la propia razón.
Sin embargo, debe considerarse en este sano ejercicio, la evaluación adecuada de las coyunturas. Una cosa es fiscalizar a un gobierno corrupto, denunciar con pruebas el hurto, el despilfarro y las malas prácticas gubernamentales surgidas del deseo de enriquecerse de manera ilícita; y otra es hacerlo con un gobierno deficiente, mediocre, carente de planes y cuyo líder da muestras, cada vez más frecuentes, de propiciar el culto a su personalidad, rodeándose solo de personas que asienten, aceptan y reverencian su presencia y disposiciones. Gente con capacidad limitada, incapaces de proponer sin un oráculo (imperfecto) técnicos serviles, a lo mejor desempleados del pasado cuyo único objetivo es no perder el puesto de trabajo logrado, de seguro con poco conocimiento y muchas loas. El tiempo ha cambiado y, por lo tanto, la forma de fiscalizar debe renovarse.
Como todos he tenido que reflexionar sobre lo que es mejor para nuestra ciudad y región. He notado, y salta a la vista, que hoy ostentan el poder líderes que lograron un triunfo electoral que les brindó, a lo sumo, no más del 25% del respaldo popular. No cuentan con un plan de gobierno y el que tienen es inservible por ser, aparentemente, copia, calco o plagio de otros ajenos a nuestra realidad. No cuentan con un equipo de gobierno técnico y éticamente probo para el desempeño de la función pública. Se habla mucho y se hace poco. Se pide plazos y no se muestra eficacia. Se gobierna con pocos y las otras voces se tildan de enemigas y faltas de representatividad. No nos consta, en este momento, la existencia de casos de corrupción; sin embargo, pienso que el sistema sigue siendo corrupto y habrá que estar atentos para evitar que hechos similares al del anterior gobierno municipal se repitan.
Hoy la fiscalización no puede constituirse en un permanente ataque. La razón se debe elevar como una lumbrera para dar paso al conocimiento particular e interdisciplinario. Hoy fiscalizar no significa (por el momento) salir a la calle o hacer plantones y vigilias. Hoy, para una nueva coyuntura, fiscalizar implica reunir a las mejores inteligencias de la ciudad y la región. Profesionales y técnicos capaces, los hay, dispuestos a dar su tiempo y esfuerzo para crear un plan de desarrollo de la ciudad y la región del cual surjan las propuestas técnicas para interpelar a los planes mediocres, preñados de insuficiencia, que así considero han presentado los gobiernos local y regional. Se necesita mentes lúcidas capaces de convocar a los mejores hijos de nuestra tierra. Se necesitan respuestas a la problemática diversa, especialmente en el campo cultural y educativo, espacio considerado, en otras realidades como el más importante y relegado, en la nuestra, solo a documentos de tipo enunciativo.
Hoy la fiscalización debe surgir de una propuesta. Es el tiempo de la reflexión y el pensamiento. Hoy el aporte debe ser ideológico y, luego de proponer, fiscalizar significa velar por una política ciudadana de control que, alimentada por una propuesta seria pueda contrastar acciones y políticas de gobierno, gastos, pertinencia y resultados.
Sin dejar de lado la opinión permanente sobre los actos diarios de los gobiernos mencionados, invoco a los líderes ciudadanos a proponer espacios para la gestación de un plan con acciones de corto, mediano y largo plazo que sea socializado con la sociedad civil, presentado a las autoridades (para que no piensen que es un buen negocio debilitarlas) y defendido de la improvisación, la irresponsabilidad y el insano deseo de figuración.