jueves, 14 de mayo de 2015

El Poema Como Fuente Histórica: “Octavas Sobre las Ruinas de Lambayeque” Para la Comprensión del Fenómeno de El Niño de 1791

“Enero, poco,
Febrero, loco,
Marzo, poco a poco,
Abril, aguas mil o caben en un barril”

Antiguo Verso popular de la costa norte

Introducción
Según el historiador Raúl Porras Barrenechea, son fuentes históricas “todos los medios que tiene el hombre para adquirir la certidumbre de la realidad de un hecho histórico. Las fuentes históricas son pues las huellas o testimonios dejados por el hombre del pasado”[1] para el estudio de un hecho, el historiador conoce por versión de testigos. Se procura el testimonio directo, aquel de quien presenció, testimonió, oyó o vio un suceso.
Un poema, según DRAE es una “Composición literaria que se concibe como expresión artística de la belleza por medio de la palabra, en especial aquella que está sujeta a la medida y cadencia del verso”. La lectura de un poema nos invita a pensar en la realidad captada e interpretada por el autor. Podemos ser aproximados, a través de la lectura, a un espacio y tiempo históricos desconocidos, siempre, desde la percepción del poeta. Esta labor es racional e implica reflexión y será de utilidad en cuanto podamos rescatar, mediante la contrastación de fuentes históricas, lo real, separado de lo mítico o imaginario.
En el “Mercurio Peruano” T.II. 62. fols. 253-263 se informa sobre la ocurrencia y estragos del Fenómeno de “El Niño” de 1791 en Lambayeque, a través del poema histórico “Octavas Sobre las Ruinas de Lambayeque”, de autor anónimo.
El presente artículo hace un análisis del poema histórico referido comparando y contrastando la información que brinda con otros documentos históricos de la época. El objetivo es demostrar que “Octavas Sobre las Ruinas de Lambayeque” es una fuente histórica primaria que brinda información importante para el conocimiento de las consecuencias del Fenómeno de “El Niño” del año 1791 en Lambayeque.
1.      El Poema Como Fuente Histórica
Es notorio, de acuerdo a Juan Avilés Farré, que “En los últimos años se ha producido en la historiografía un giro hacia la literatura que tiene dos aspectos. Por un lado, se está prestando una creciente atención a las fuentes literarias. Por otro, a partir de los años setenta destacados historiadores han escrito libros que, tanto por su estilo como por su temática, están más próximos a la literatura que cualquiera de las grandes obras históricas de las décadas anteriores”(Avilés, 1989)[2].
La complementariedad entre historia y literatura es documental y hermenéutica y supone el vínculo entre ambas disciplinas en el registro y transmisión de los hechos históricos, objeto de su estudio, así como para la reconstrucción de un hecho a nivel global o particular.
La obra literaria, en general, y el poema histórico, en particular, es una fuente histórica documental de primer orden. Según Fernández (2008) el “uso de fuentes literarias dota al proceso de investigación histórico-científico, de un arsenal documental y una perspectiva metodológica de gran valor textual y hermenéutico. Nos permite acceder, siempre bajo criterios de selección y comprobación historiográfica, a dimensiones del hecho histórico negadas por la fuentes primarias, y a realidades emocionales, espirituales y simbólicas, tanto individuales y como colectivas, de notable significado testimonial: ideas no reconocidas, creencias ocultas, relaciones secretas, personajes no siempre secundarios, motivaciones reales, ideologías subyacentes”[3].
El deseo de reconstruir el pasado no es solo atributo de la historia, sino que intervienen también las denominadas artes del tiempo. En este sentido, “La preocupación por el tiempo entre todos los hombres y también entre los artistas, la pregunta por el de dónde y el adónde de la existencia humana y, por otro lado, la irrecuperabilidad del tiempo que convierte la vida humana en una vertiginosa carrera hacia un futuro incierto son dos poderosos estímulos del afán de dominar y ordenar el maremagnum del pasado, de abrir horizontes de futuro y de transgredir así de alguna forma la ineludible irreversibilidad del tiempo”. [4]
Además, tal como ocurre en el caso materia de nuestro estudio, “Un escrito puede comenzar a vivir como historia o filosofía y, posteriormente, ser clasificado como literatura; o bien puede empezar como literatura y acabar siendo apreciado por su valor histórico” (Spang, s.f) [5]
Además de ser preocupación de todos, la indagación científica en la historia incumbe a historiadores, pero también a filósofos; y el acercamiento artístico-cultural corre a cargo, ante todo, de los literatos, pero también de los cineastas, de coreógrafos y compositores cuyas artes pertenecen igualmente a las llamadas artes en el tiempo y de alguna manera buscan expresiones estéticas que contemplan el transcurso del tiempo y encuentran algún sentido en sus acontecimientos.
Ya no podemos hablar, entonces, de una exclusividad de la ciencia histórica en el estudio del pasado. Hoy, necesitamos la transversalidad, la interdisciplinariedad. Desde hace mucho, los hechos han sido interpretados de diversas formas. Dichas interpretaciones son válidas dependiendo de su origen y propósito. En este caso particular, el poema materia de estudio es una fuente de la historia pues narra de manera clara un suceso del cual se tiene conocimiento, a demás, a través de otras fuentes. Describe, explica, narra y nos lleva a lograr información importante que, complementada a la de otras fuentes, nos dan una cabal imagen de lo ocurrido en 1791 en Lambayeque durante el meganiño que experimentó nuestra región.
2.      El Fenómeno de El Niño de 1791
El Fenómeno de El Niño es una alteración climática esencialmente costeña. Consiste en el sobrecalentamiento de las aguas marinas que originan copiosas, intensas, largas y temibles lluvias.
Las intensas lluvias experimentadas en la costa norte del Perú el año 1791, especialmente en la zona de la actual Región de Lambayeque, recibió el calificativo de Meganiño, debido a gran magnitud y, en consecuencia, graves daños ocurridos.
Según Rocha (2006) el Fenómeno El Niño, con características de meganiño “… se  ha presentado en la costa norte, con características de meganiño, unas diez veces en los últimos cinco siglos, lo que implica un período de retorno del orden de cincuenta años”[6] El anterior Fenómeno el Niño con características similares había ocurrido en 1728.
Haciendo un poco de historia, es de resaltar el hecho de que, a pesar de la ocurrencia de este fenómeno, la costa peruana ha sido y sigue siendo considerada como zona desértica, seca y árida. Rocha, nos brinda valiosa información que a continuación muestro:
a) Agustín de Zárate, quien estuvo en el Perú entre 1543 y 1545, afirma en su Historia del Descubrimiento y Conquista del Perú, que “de Tumbes unas quinientas leguas hacia el sur a lo largo de la costa y en un ancho de diez leguas no llueve ni truena ni cae rayo alguno, y que, en cambio, subiendo hacia la sierra si se encuentra lluvias… estos llanos son muy secos, y de muy grandes arenales, porque no llueve jamás en ellos, ni se halla fuente ni pozo, ni ningún otro manantial...”.
b) Sobre los ríos de la costa, Zárate indica “… estos ríos están apartados unos de otros, algunas veces doce y quince y veinte leguas, pero lo más ordinario es a siete y ocho leguas, y así los caminantes hacen comúnmente jornada en ellos porque no tienen otra agua que beber
c) El cronista Cieza de León, quien estuvo en el Perú entre 1548 y 1550, en su obra “La Crónica del Perú” , refiere “…porque desde principio de octubre para adelante no llueve en todos los llanos, si no es un tan pequeño rocío, que apenas en algunas partes mata el polvo y por esta causa los naturales viven todos de riego, y no labran más tierra de la que los ríos pueden regar…En toda la más, no se cría hierba, sino todo es arenales y pedregales sequísimos,...”.
d) Don Juan de Arona al tratar, hacia fines del siglo XIX, de la palabra garúa en su Diccionario de Peruanismos, señala que ésta “constituye la única lluvia del litoral peruano, extensión como de 500 leguas de arenales desiertos, con risueños valles interpuestos”.
e) Doña María Rostworowski, importante historiadora peruana, señala que “El rasgo característico de la costa peruana es su aridez, seguido de otros elementos no menos peculiares, como son las persistentes brumas y neblinas y la temperatura existente...”
Sobre las consecuencias de este fenómeno, Rocha destaca que “en el pasado el mayor impacto no era en las infraestructuras, pues éstas no eran tan numerosas ni tan importantes como ahora, sino en las vidas humanas. Durante el Fenómeno de El Niño las condiciones sanitarias empeoraban notablemente y se propagaban enfermedades infecto contagiosas. Había también notable escasez de alimentos y en muchos casos hambrunas. Los medios de transporte y la comunicación con el resto del país tenían grandes deficiencias lo que impedía la ayuda…”
Es de suponer, entonces, el efecto caótico del meganiño de 1791 en la población; los daños causados en viviendas y pueblos, en tierras de cultivo y caminos. Asi lo da a conocer Rocha (2014) al afirmar: “En 1791, tal como ha sucedido en otras oportunidades, los habitantes de Lambayeque tuvieron que recurrir a balsas para comunicarse con las poblaciones vecinas y recibir ayuda, lo que da una idea de la magnitud de la inundación y de los fuertes daños producidos en la ciudad y en su área agrícola, muy mal ubicadas con respecto al río...”[7] Pero ¿Cómo era la región de Lambayeque antes del meganiño de 1791?
4. La zona de Lambayeque en 1791
Según Rocha (2006) “El impacto de un meganiño en la vida y la economía de la población depende mucho de cual era la situación social y económica preexistente a su aparición. Así mismo, siempre se da que los grupos humanos más castigados son los más pobres, porque están menos preparados para enfrentarse a la nueva situación climática creada y porque su capacidad de respuesta para la reconstrucción y recuperación es mucho menor”.
Partiendo de dicha afirmación, es pertinente explicar la situación de la región de Lambayeque a fines del siglo XVIII. Para ello me basaré en las conclusiones de la visita realizada a estas tierras por Don Baltasar Jaime Martínez Compañón y Bujanda, que según el historiador José Gómez Cumpa “… marcó un hito importante en el pensamiento moderno sobre nuestra configuración del espacio…”[8], tal visita fue realizada en el segundo tercio del siglo XVIII a todo el norte peruano, entonces jurisdicción del Obispado de Trujillo; que incluía los territorios de las actuales regiones de Lambayeque, Tumbes, Piura, Cajamarca, Amazonas, La libertad y San Martín.
La actual región de Lambayeque se denominó Saña o Lambayeque y abarcó desde San Pedro de Lloc hasta Jayanca, uniendo los valles de Jequetepeque y La leche. Gómez Cumpa resalta la existencia de puertos como “… la caleta de Lambayeque (luego llamada en el siglo XIX San José), el Puerto Nuevo (ahora denominado Pimentel), el denominado Puerto de Santa Rosa, y finalmente Pacasmayo, y más al sur, Malabrigo, ya en el valle de Chicama. No existía el puerto de Eten, recién creado a fines del siglo XIX en la época de la expansión portuaria y ferroviaria…”
Otra característica fue “la existencia de una villa española, Saña, articulando los otros dos elementos de la configuración espacial: varios pequeños pueblos o reducciones indígenas, y las haciendas y estancias que alternaban el paisaje de este desierto atravesado por los cuatro ríos que configuraban el gran complejo hidrológico de Lambayeque: La Leche, Lambayeque, Saña y Jequetepeque”.
La población fue, aproximadamente, de 20 mil habitantes entre eclesiásticos, religiosos, españoles, indios, mixtos, pardos y negros. La población aborigen era mayoría. La ciudad de Lambayeque era la principal debido a la decadencia de Saña, otrora ciudad opulenta de la región entre los siglos XVI, XVII e inicios del XVIII. Para fines del siglo XVIII, Saña contaba poco más de 500 pobladores.
En toda la región existían extensas tierras comunales regadas por diversas acequias. Las viviendas, en su mayoría, eran precarias; por lo general de una sola pieza, sin muebles, con petates y hechas de quincha y barro.
Refiriéndose a la población indígena, Don José Ignacio de Lequanda, miembro de la Real Audiencia de Lima, en “Descripción del Partido de Saña o Lambayeque” diría: "Aquí viven los indios más ricos del reino… (por ser) muy propensos al comercio y manufacturas, llegando incluso, en algunos casos, a aventajar a los españoles que residen en él”[9]
Sobre el pueblo de Lambayeque, el historiador Jorge Izquierdo Saavedra, indica “Su zona urbana contaba con 1,500 casas, algunas de ellas de muy buena fabrica, distribuidas en manzanas que asemejan un tablero de ajedrez; tal y como se encuentra graficada en el plano que de este pueblo mandara levantar el Obispo de de la Diócesis de Trujillo Don Jaime Martínez de Compañón, en 1784”.
Y sobre las actividades económicas, el mismo Izquierdo indica: “ (hubo) Casas tinas en las que curtidos negros esclavos, de las grasas de numerosas manadas de cabras, de 60 a 70 manadas de ganado cabrio, componiéndose cada una de 850 cavezas, que se beneficiaban de año en año, elaboraban jabón y velas, y curtían los cueros para la fabricación de suelas y cordobanes, que se vendía a muy buen precio en la ciudad de Lima y fuera de ella. Por su antiguo puerto de San José se embarcaba, en mazos, el abundante tabaco que producía Motupe, Saña y Chiclayo, para su comercialización en Lima y Chile, con muy buenos dividendos….Existe gran cantidad de parrales, de donde se elaboraban exquisitos vinos, y uvas de Italia, con las que se preparaban sabrosos dulces. Gran cantidad de sementeras de maíz, para la elaboración de la secular, tradicional y espumante chicha de "dos cocidas" y el mote, que acostumbraban comer los naturales en vez de pan. Entre las menestras los frijoles, "chilenos", garbanzos y pallares son los que más siembran, cosechan y consumen”.
Fue el Partido de Lambayeque un lugar, según Cosme y Bueno, de "mucha gente honrada y noble"  Y, según Lequanda, “un lugar donde no había un hombre ni mujer ociosos, pues ya hilando, tejiendo, pasteando ganado, arando la tierra y trajinando se admira a esta gente de continuo”.
3.      “Octavas Sobre las Ruinas de Lambayeque”
En 1791 comenzó la publicación del “Mercurio Peruano”, precisamente en el año de la ocurrencia del meganiño en la costa norte del Perú. En dicha publicación (T.II. 62. fols. 253-263) se informa sobre la ocurrencia y estragos del Fenómeno de “El Niño” en Lambayeque, a través del artículo “Espantosa Inundación Acaecida en los Contornos del Pueblo de Lambayeque” en el cual se incluye, además de la argumentación del autor (desconocido) un poema histórico denominado “Octavas Sobre las Ruinas de Lambayeque”.
Una Octava Real, Octava Heroica u Octava Rima es una “Estrofa de ocho versos endecasílabos que riman en consonante, los seis primeros de forma alterna y los dos últimos entre sí”. Se utilizó, principalmente, desde el Renacimiento y hasta fines del siglo XVIII, en composiciones religiosas; pero también para narrar situaciones épicas y hechos históricos. Recomiendo, en este sentido, el trabajo de Catalina y José Palomares Expósito “La Octava Real y la Épica Renacentista Española”[10].
En el Perú, específicamente en Lima, ya se había usado este género literario para dar a conocer sobre sucesos de importancia. Así, en “Apolo fúnebre sobre el terremoto que destruyó a Lima en 1687” Don Pedro de Peralta Barnuevo Rocha y Benavides, quien fuera Rector de la Universidad de “San Marcos”, relata las incidencias y catástrofe que significó el terremoto de 1687 que, literalmente, destruyó la ciudad capital del Virreinato del Perú.
Según Zeta (2002): “El Poema es citado por Mendiburu en su Diccionario Histórico Biográfico (T.VI. 29), pero sin analizarlo… se inspira en un acontecimiento real: la inundación de Lambayeque en marzo de 1791, en la que el poeta (el pastor Amanto) perdió a su esposa y a su hijo y lo comunica a su amigo (Lesbio Zagal, en las riberas del Rímac) para que lo compadezca en situación tan dolorosa. El poema refleja un pueblo industrioso y un pastor afortunado que pierde todo: familia y bienes”[11].
Resalta el “Mercurio Peruano” que el terrible fenómeno natural produjo “la desolación de Casas, Haciendas, Tinas, Obrajes y Puentes y de que se padeciesen indecibles necesidades y peligros.” Luego agrega “… este lamentable suceso no era enteramente nuevo… el virrey había expedido las más sabias y acertadas providencias… … para el reparo de los daños y destrozos causados por la misma inundación.”
Presento, a continuación, algunas octavas, a mi juicio las más significativas tanto por su contenido histórico como por las sensaciones que comparte el autor:
Se califica a Lambayeque como pueblo industrioso y acomodado de la Provincia de Trujillo:
“Lambayeque lugar acomodado
Que la Provincia de Truxillo tiene,
Es un Pueblo industrioso y aplicado
Que á sus vecinos con honor mantiene”.

Resalta la presencia del Río La leche que fertiliza en gran manera los campos de cultivo:

”Su hermoso suelo está bien cultivado,
Pues caudaloso Río le previene
Copia de agua que no se inutiliza
Con la que sus haciendas fertiliza...”




En la novena octava se narra parte del trágico suceso. Resalta la pérdida de abundantes vidas humanas, bienes, haciendas, ganados, además de la mujer e hijo del personaje principal.
“Más trocose mi gozo en amargura
quedando de la pena el alma herida Perdidas humanas
perdiendo a un tiempo mismo (aquí me aflijo) y de bienes.
Haciendas y ganado, Muger é Hijo”...

En la onceava octava, se hace mención al día primero de marzo como el que marca el inicio de las torrenciales lluvias. Describe el proceso: un cielo tenebroso, vientos fuertes y mucho agua. Refiere a las aguas del mar subidas de temperatura. Usa la figura de Neptuno, dios mitológico de las aguas y los mares, también conocido como Poseidón; quien con su tridente, a causa de su furia, origina sismos y catástrofes.

“A primero de marzo ¡fatal día!
Cuando Neptuno, que en el Mar impera
Su tridente empuñó con valentía,
Y removiendo el Golfo en furia brava
Las aguas hierven y el fragor se traba.

“Jamás la hirsuta temerosa frente
Mostró más cruel Neptuno; y proceloso
Concitando a los vientos igualmente,
Por que fuese el estrago más furioso
Se impregnaron las nubes de repente,
Y el cielo apareció muy tenebroso,
De manera, que el agua, Cielo, y vientos
Vaticinan fatídicos tormentos.”


Sobre el inicio de las lluvias, la octava diecisiete, indica que fueron copiosas, duraron tres días y tres noches, y aumentaron el caudal del Río principal.

“Como rotas las nubes descargaban
el copioso raudal que contenían:
la inmensidad de agua acrecentaban,
pues mas que nubes, mares parecían.
Tres días con sus noches se contaban,
y las lluvias aún no se contenían,
Sin que diesen resquicio de bonanza
Ni el Cielo ni la tierra á la esperanza”.

Una octava muestra la desesperanza por lo ocurrido. Describe el cielo tan ennegrecido que resultaba imposible notar la el brillo solar. Lo describe como con capuces, que eran vestimentas negras usadas en tiempo de luto. Refiere el temor de la población y la sensación que, al final, habría total destrucción.

“Cubriéndose la atmósfera de horrores,
Y de negros capuces la luz pura,
Ocultando del cielo resplandores,
La horrible densidad de nube obscura.
Comenzaron los sustos y temores,
Anunciándose cruel la desventura
Que había de sufrir mi Patria amada,
Pereciendo en las aguas anegada.”






Es de notar que, como consecuencia de las terribles y torrenciales lluvias, se menciona la crecida de los ríos, las tinieblas producidas por las nubes espesas que ocultaron el sol, el temor y confusión de la población, la inundación completa de los pueblos, incluyendo haciendas, casas y caminos.

“Rompió las cataratas impaciente
El Cielo por estar de aguas cargado,
Y empezó a desatarse crudamente,
Un aguacero espeso y continuado.
Crece en los Ríos rápida corriente;
El Globo permanece anubarrado,
Y la tierra se asusta y se confunde,
Temiendo otro diluvio que la inunde.”

“Es el cúmulo de aguas infinito
De condensadas nubes desprendidas,
Y aumentan los temores y el conflicto
Las creces de turbiones y avenidas.
No queda sin aniego algún distrito,
Por todas partes hay aguas llovidas
Mas la Tierra se vuelve, pues que fragua
El Cielo convertirla toda en agua.”

“No hay sitio, ni lugar que libre quede:
Todo lo cerca el agua, y todo aniega.
Ni camino, ni senda andar se puede,
Pues su torrente todo auxilio niega”.



Se detallan los daños materiales producidos a raíz de tres días continuos de intensas lluvias: destrucción de casas y templos, ríos desbordados y destrucción de puentes y caminos, inundación de todos los pueblos y terrenos de cultivo; además, una sensación de temor y desesperanza.

“No queda Posesión, Casa, ni Templo,
Que no se sienta endeble o arruinado,
…
Los Ríos, las Lagunas y las Fuentes
De sus cauces soberbios resalieron,
Y tomando incremento sus corrientes,
Las trincheras y puentes destruyeron.
…
Todo estaba deshecho y arruinado,
Y la comarca triste y anegada.
…
Se ven casas y Templos destrozados,
Los obrages y haciendas ya sin gentes,
Los caminos y tránsitos cerrados…”
4.      Constrastación del Poema con otras Fuentes Históricas
A continuación referiré dos cartas, fuentes primarias, antes trabajadas con gran probidad por la investigadora Rosa Zeta de Pozo, a quien doy crédito de la síntesis de los mismos.
El Diario de Lima del 24 de marzo de1791, en sus páginas 5 y 6 trascribe una carta de Don Teodoro Daza, administrador de la oficina de correos de Lambayeque, dirigida al señor José Antonio Pando, miembro de la “Real y distinguida Orden española de Carlos III” dándole a conocer los terribles hechos acontecidos en Lambayeque a raíz de las lluvias y el meganiño de 1791. En la epístola indica:

a) “Acometió á este lugar el día primero del corriente un fuerte aguacero a las seis de la tarde, que parando a pausas, siguió con la propia fuerza hasta el tres, de suerte, que estos acaudalaron el Río principal, en tanto extremo, que le obligó, la copiosa avenida, a salirse por cierta Voca que antiguamente corrió por la parte que llaman de S. Carlos, que siendo una población tan dilatada la dejó totalmente arruinada”.
b) “se previnieron unas sólidas trincheras, pero sobrepujando a estas la multitud de aguas, pasó hasta anegarla y entrar en la iglesia, siendo esta entrada la que causó mayores lastimas; pues estando la dicha Plaza cercada de las más hermosas y costosas posesiones, las dejó asoladas”
c) Refiere la inundación de diversos lugares de la ciudad, la población de San Carlos, plaza de armas, calle de Santo Domingo, la destrucción de la población de San Carlos y todo el pueblo quedó reducido a las calles Ladrillera, S. Roque, Calle Real, y tres Cruzes..
d) Hubo destrucción en la Iglesia principal “se sacó el Sacramento, estando con una vara de Agua”. La Real Aduana, la “casa grande” o el Cabildo y el hospital “quedaron destruidos.
e) se inundó el “Campo Santo” y el colegio creado por el Obispo de Trujillo después de su visita.
f) “chacras, casas, como las de José Clemente y de Matías Oreña; el Tambo, que era una fábrica nueva; al igual que la Tina de Pedro Estella”. Algunos vecinos, “pocos”, se quedaron, la mayoría se refugió en “un arenal inmediato”; y consiguieron alimentos usando balsas.

En la misma edición del Diario de Lima, se incluye una segunda epístola de Don Lorenzo Tufino y Estrada, administrador de correos en Chiclayo, al señor José Antonio Pando, sobre lo ocurrido en la ciudad de Chiclayo.
a)      Refiere seis días de lluvias y la inundación del río. No indica la fecha de inicio, se puede inferir que se iniciaron el día 4 de marzo y, desde el día 6, fueron más intensas.
b)      Refiere el temor de la población “que las muchas humedades rindan todas las casas”. Además indica “En lo que mira a los caminos respecto á nó haber quedado Puente ninguno, no son otra cosa que un Mar, de manera que de un pueblo a otro no nos podemos socorrer de víveres. El extrago que experimentó Lambayeque es el haber quedado quasi asolado, y por consiguiente todos los lugares hasta Piura”
c)      El autor del documento indica “Los 6 días de aguacero que experimentamos, nos tienen  en la mayor aflicción, aguardando, por horas, que las muchas humedades rindan todas las casas”
d)     c) Se da a conocer que el agua formo entidades que “no son otra cosa que un mar”. Zeta de Pozo afirma que se refiere a la laguna denominada “La Niña” en 1998.
5.      Conclusiones
1.                          El poema materia de estudio es una fuente histórica primaria pues narra de manera clara un suceso del cual se tiene conocimiento a través de otras fuentes. Describe, explica, narra y nos lleva a lograr información importante que, complementada a la de otras fuentes, nos dan una cabal imagen de lo ocurrido en 1791 en Lambayeque durante el meganiño que experimentó nuestra región. La información que aporta es validada por las dos epístolas publicadas en el Diario de Lima del 24 de marzo de 1791.
2.                          En el Perú, específicamente en Lima, ya se había usado este género literario para dar a conocer sobre sucesos de importancia. Así, en “Apolo fúnebre sobre el terremoto que destruyó a Lima en 1687” Don Pedro de Peralta Barnuevo Rocha y Benavides, quien fuera Rector de la Universidad de “San Marcos”, relata las incidencias y catástrofe que significó el terremoto de 1687 que, literalmente, destruyó la ciudad capital del Virreinato del Perú.
3.                          Según el historiador Raúl Porras Barrenechea, son fuentes históricas “todos los medios que tiene el hombre para adquirir la certidumbre de la realidad de un hecho histórico. Las fuentes históricas son pues las huellas o testimonios dejados por el hombre del pasado” en ese sentido se debe destacar, además, la riqueza de las manifestaciones pictóricas, epistolares, tradición oral y géneros como la décima o cumanana, frecuentemente utilizadas en el pasado en nuestra Región de Lambayeque.

Referencias Bibliográficas

1.      Gómez J. (2009) “La Provincia de Chiclayo en el Siglo XVIII” Umbral, Revista de Educación, Cultura y Sociedad, Año IX, Nº 17. UNPRG, Lambayeque, 2009.
2.      Porras R. (1973) “Fuentes Históricas Peruanas”
3.      Rocha A. “Las lluvias de 1925 en el departamento de Lambayeque y sus implicancias para el Proyecto Olmos”. Instituto para la Mitigación de los Efectos del Fenómeno El Niño (IMEFEN), UNI, 2013.
4.      Zeta R. “El Mercurio Peruano y el Diario de Lima: Dos Fuentes para el Estudio del Fenómeno de El Niño en 1791”. ARTIGOS/ARTÍCULOS PCLA-Volumen 3- número 3: abril/mayo/junio 2002.








[1] Ver en “Fuentes Históricas Peruanas” (1963) p.14 de Raúl Porras Barrenechea.
[2] Ver “Fuentes literarias e Historia Social” (1989)pp. 2 de Juan Avilés Farré maestro de la Universidad de Salamanca, España.
[3] Ver “Historia y Literatura, disciplinas complementarias e instrumentos del discurso político. El caso del nacionalismo Serbio” pp.2 de Sergio Fernández Riquelme, maestro de la Universidad de Málaga, España.
[4] Ver “Apuntes para una definición de la novela histórica” (s.f) pp.64. de Kart Spang.
[5] Ver “Una Introducción a la Literatura” (1998) pp. 9 de Ferry Eagleton.
[6] Ver en “La Costa Norte Peruana y su Vulnerabilidad frente al Fenómeno de El Niño” (2006) pp. 2. del Dr. En ingeniería Arturo Rocha Felices.
[7] Ver “La Inundación de Lambayeque de 1791 narrada en octavas reales” (2014) de Arturo Rocha Felices. Publicada en la Revista Puente, publicación del Colegio de Ingenieros del Perú, Año IX N°32 Marzo 2014,
[8] Ver “La Provincia de Chiclayo en el Siglo XVIII” () de José Gómez Cumpa. Maestro de la Universidad de Jaén. En Umbral, Revista de Educación, Cultura y Sociedad, Año IX, Nº 17. UNPRG, Lambayeque, 2009.
[9] Ver en “Mercurio Peruano” T. II, 1789
[10] Documento disponible en http://parnaseo.uv.es/Lemir/Revista/Revista8/Palomares/Epicarenacentista.pdf
[11] Ver en “El Mercurio Peruano y El Diario de Lima: Dos Fuentes para el Estudio del Fenómeno El Niño de 1791” de la Dra. Rosa Zeta de Pozo, maestra de la Universidad de Piura. Disponible en: http://www2.metodista.br/unesco/PCLA/revista11/artigos%2011-1.htm#4.2.1. Poema Histórico

viernes, 8 de mayo de 2015

La voz del pueblo no es la Voz de Dios


No siempre “la voz del pueblo es la voz de Dios” ni “la verdad del pueblo es la verdad de Dios”. Tampoco acepto el concepto de Séneca: "créeme, sagrada es la lengua del pueblo". Ya, en una epístola, Carlomagno advirtió que “… no debería escucharse a los que acostumbran decir que la voz del pueblo es la voz de Dios, pues el desenfreno del vulgo está siempre cercano a la locura” y según Tito Livio “Nada es más vano e inconstante que la multitud”.
Existen causas que han motivado discusiones desenfrenadas, enfgrentamientos y hasta guerras fratricidas, todas ellas inspiradas por mayorías aparentemente ilustradas. La Guerra Civil Americana, por ejemplo, enfrentó a toda una nación a partir del debate ideológico sobre la esclavitud; y, aunque una amplia mayoría blanca respaldara la inferioridad del negro y, en consecuencia, las políticas esclavistas, esto no significa de manera alguna que dicha causa tenga un fundamento ético válido en este tiempo de la historia. Creo, como Alfonso Aguiló, que “Pueblos enteros pueden permanecer por siglos sumidos en errores sorprendentes…”
Es cierto, “Unas verdades resultan más patentes en cierto momento, mientras que otras, igualmente verdaderas, contrarían actitudes y hábitos muy arraigados, y cuesta mucho reconocerlas”. Las mentalidades evolucionan en cada espacio cultural. Pero, Siendo Dios “fiel a su Palabra” es inmutable, no cambia, es perfecto. El ser humano cambia pues no es perfecto, busca la perfección y reflexiona sobre ella; aunque, a veces, en su necesidad de proyectar sociedades, a su juicio, “perfectas” o al menos ideales, atropella, impone, obliga, minimiza otras voces, excluye a quienes no piensan igual y homogeniza, o al menos pretender hacerlo, en la práctica de una suerte de culto a la ideología particular. Vale considerar, la verdad humana es siempre relativa, cambia de acuerdo a los factores sociales, políticos o económicos, a los avances tecnológicos… la verdad de Dios no cambia, es por ende absoluta, El mismo es la Verdad. Si la voz de Dios transmite una verdad absoluta, ella no es comparable a las verdades mutables e influenciables del hombre. Siendo estas últimas la base de la voz del pueblo, entonces se colige, que la voz del pueblo no es la voz de Dios.
No siempre hay una relación directa entre la verdad y el número de personas a las que esa verdad persuade… la mera mayoría no legitima cualquier decisión, porque ni el 99% de los votos justifica que se prive de sus derechos al restante 1%. Habrá que considerar los derechos humanos convencionales por encima de las decisiones particulares o de grupo, aunque a estas alturas suene a utopía, es la dignidad de las personas la que debe inspirar las posturas personales y de grupos que, luego, se convierten en ideologías de masa. Digo utopía pues existen grupos privados de la defensa de sus derechos fundamentales que no son respaldados por los conceptos de las mayorías: los no nacidos, los pobres, las comunidades aborígenes, entre otros… a ellos nos se les presta la atención de otras luchas. Defender los derechos de los indefensos siempre será una causa loable para quienes no ahogan su conciencia en el cómodo refugio de la masa.


viernes, 27 de marzo de 2015

“¿Las Escuelas Matan la Creatividad?”


Un documento de autoría de Sir Ken Robinson, investigador inglés, reconocido a nivel mundial como un experto en temas de creatividad y educación, nos invita a reflexionar sobre el sistema y prácticas educativas. Llegó a mis manos gracias a una de mis alumnas más brillantes, Carolina. Hoy comparto las más importantes ideas:
Debemos interesarnos en la educación para la creatividad. De hecho, la educación les interesa a todos, especialmente a quienes tienen hijos o a quienes piensan en el progreso, tanto como la religión o el dinero. Hemos invertido mucho en ella, en parte, porque suponemos nos llevará a ser exitosos en ese futuro que no podemos comprender. Los niños que ingresan este año a la escuela se estarán retirando del mercado laboral el año 2065 y nadie tiene idea de cómo será el mundo en cinco años; sin embargo, los educamos para eso. Por eso la incertidumbre es extraordinaria.
Existen evidencias extraordinarias de la creatividad humana por su variedad y por su alcance. Además, somos concientes de la calidad creativa de los niños y sus capacidades de innovación. Todos los niños tienen talentos y los malgastamos implacablemente. Actualmente, la creatividad es tan importante en la educación como la alfabetización, y debemos darles el mismo estatus.
Los niños se arriesgan, si no saben hacen el intento, no tienen miedo a estar equivocados, esto no significa que estar equivocados significa lo mismo que ser creativos, pero sabemos que si no estamos dispuestos a equivocarnos nunca haremos nada original… cuando los niños se vuelven adultos han pedido esta capacidad, adquieren miedo a equivocarse y se convierten en adultos que administran empresas estigmatizando los errores. Hoy, en nuestro sistema educativo equivocarte es lo peor que puedes hacer. El resultado es que estamos eliminando la creatividad de la educación. Picasso dijo: “todos los niños nacen artistas, el problema es seguir siendo artistas mientras crecemos”. Al crecer no adquirimos creatividad, sino que crecemos perdiéndola o más bien somos educados para perderla.
Todo el sistema educativo del planeta tiene la misma jerarquía de cursos o asignaturas, en la cima están matemática, ciencias e idiomas, luego humanidades y, en el fondo, arte. No hay un sistema educativo que, a diario, enseñe arte (danza) a los niños al igual que como se enseña matemática y ciencias. ¿Por qué? La matemática es importante, pero la danza también. Los niños bailan siempre, todos lo hacemos, todos tenemos cuerpo.
Al crecer lo niños comenzamos a educarlos de la cintura para arriba, luego nos enfocamos en sus cabezas y ligeramente hacia un lado. Da la impresión que el propósito de la educación en el mundo es producir profesionales súper capacitados más que educar para la vida. No debemos tomar esto como el estándar de lo máximo en los logros humanos; se producen personas que viven en y de sus cabezas y ligeramente a un lado; da la impresión que no tienen cuerpo, consideran a su cuerpo como una forma de transporte de sus cabezas, es una forma de llevar su cabeza a las reuniones.
Nuestro  sistema educativo se basa en la idea de habilidad académica pues fue inventado y surgieron en el tiempo en que avanzaba la industrialización. Su jerarquía está basada en dos ideas: que en la cima del sistema estén las asignaturas más útiles para el trabajo; y la habilidad académica domina nuestra visión de la inteligencia. Ocurre que los sistemas fueron diseñados en las universidades y lo hicieron a su imagen y semejanza.
Nuestro sistema educativo es un prolongado proceso de admisión universitaria, la consecuencia es que muchas personas brillantes, altamente creativas, creen que no lo son, porque en lo que eran buenos, la escuela, nos los valoró o los estigmatizó.
No debemos seguir así. Según UNESCO, en los próximos 30 años, más personas en el mundo se graduarán en el sistema educativo que todas desde el principio de la historia. Con la aparición de nuevas tecnologías, la transformación del trabajo y la enorme explosión demográfica; los títulos profesionales cada vez valen menos. Hoy, de acuerdo a nuestro sistema, no vasta ser licenciado, pues los estándares de calidad prefieren maestrías y doctorados. Es un proceso de inflación académica. Toda la estructura de la educación está caminando bajo nuestros pies.
Necesitamos repensar radicalmente nuestra visión de la inteligencia y considerarla dinámica, única. Nuestros alumnos piensan el mundo según como lo experimentan. Pensamos visualmente, auditivamente, cinestésicamente, de forma abstracta, en movimiento, la inteligencia es maravillosamente interactiva, el cerebro no se divide en compartimientos; de hecho, la creatividad humana es el proceso de tener ideas originales que tienen valor y que, a menudo, resulta de la interacción de las perspectivas de diferentes disciplinas.    
Nuestra única esperanza para el futuro es cambiar nuestra concepción sobre la ecología humana, una en que reconstruyamos nuestra concepción de la riqueza de la capacidad humana. Nuestro sistema educativo ha explotado nuestras mentes igual que nosotros hemos explotado la tierra buscando un recurso en particular, y en el futuro no nos servirá.
Debemos repensar los principios fundamentales sobre los que educamos a nuestros hijos. Debemos celebrar el don de la imaginación y la creatividad humana; debemos procurar usar este don sabiamente para evitar, en el futuro, los escenarios presentes. La mejor forma de hacerlo es viendo a nuestras capacidades creativas como una gran riqueza y a nuestros hijos como personas únicas que pueden enfrentar ese futuro que seguramente no veremos ayudándoles a sacar provecho de el.


miércoles, 25 de marzo de 2015

La Desterritorialización Cultural, Otro Efecto de la Actual Globalización


Es correcto afirmar que “la globalización afecta las categorías básicas de nuestra percepción de la realidad en cuanto trastoca la relación tiempo espacio y la reinventa…” (Hopenhayn, 1999). La aceleración del Tiempo  que ahora se mide por la velocidad de la luz y la contracción de las distancias y los espacios que ahora son más virtuales que físicos, son dos muestras de dicha reinvención. Otra es la novedosa circulación del dinero y las imágenes. Grandes cantidades de dinero e imágenes de diversos tipos, tamaños, formas y color; circulan “sin límites de espacio y en un tiempo infinitesimal”. Esta nueva realidad influye en  las personas y sus culturas. Hay quienes no pueden (por haber sido insertados o capacitados en el manejo de las herramientas tecnológicas de este tiempo), aunque deseen, moverse, producir, intercambiar o comunicar alguna manifestación de su cultura a la misma velocidad  y en los espacios (ahora virtuales) donde circula de ordinario el conocimiento, la información y las evidencias de las manifestaciones culturales. Esta, relega a la periferia del espacio cultural desterritorializado, a todos aquellos que por razones educativas, económicas, religiosas, políticas o  sociales desconocen los accesos a este nuevo espacio. Mientras se afianza con aquellos que, por las mismas razones, tienen acceso sin restricciones al espacio en el que se logra (de facto) desarrollo y progreso. La Desterritorialización que trae consigo la actual globalización es excluyente y marginadora en cuanto las instituciones que norman la vida social y cultural (la principal es el estado) no  tomen medidas que permitan acceder al espacio virtual a todos sin diferencia y en igualdad de condiciones. Los espacios material y virtual no son, en apariencia, complementarios; implican posiciones ideológicas irreconciliables, en cuanto a la pertinencia de su uso y la necesidad de su existencia. Las posiciones neutras al respecto tienen un aire romántico y soñador. Estimo que uno de los dos espacios terminará absorbiendo al otro y, al final, serán las cosas (lo material) menos bello, importante y necesario que aquello que circula en el espacio virtual aunque no esté al alcance de nuestras manos.


El nuevo panorama en nuestra región y país muestra a los integrados y excluidos del espacio virtual desterritorializado como personas reestratificadas, reubicadas en los niveles que impone el territorio virtual merced al grado de accesibilidad del sujeto. Estas son, también, nuevas categorías sociales, pues la interacción humana se realiza en un porcentaje cada vez mayor en las redes sociales que gestan nuevas formas comunicacionales y códigos lingüísticos usuales para unos e incomprensibles para otros. Son cada vez más las personas que no soportan vivir sin tecnología que los conecte con dicho espacio. Las tecnologías que nos conectan con el espacio virtual son todas y cada una extensiones de nuestros sentidos a grado tal que muchos se sienten incompetentes al prescindir de ellas. Una nueva distinción surge, la división joven – adulto, pues a mayor edad habrá menor posibilidad de acceso. La obsolescencia ha pasado de ser un término que califica a las máquinas en desuso al que califica, también, a las personas sin acceso y por lo tanto, improductivas e ineficaces. Esto implica, entonces, la minimización de la dignidad humana, en general, para la “elevación” del homo tecnológicus, en particular.
“La reorganización de los escenarios culturales y los cruces constantes de las identidades exigen preguntarse de otro modo por los órdenes que sistematizan las relaciones materiales y simbólicas de los grupos” (García, 1990) hoy somos testigos de la descentralización de las empresas, la simultaneidad planetaria de la información, la adecuación de ciertos saberes e imágenes internacionales a los conocimientos y hábitos de cada pueblo, el uso de satélites y computadoras en la difusión cultural…la persona de hoy está siendo inducida a ser de un lugar y de todos a la vez, a saber lo suyo y lo de otros independientemente de quien sea o de la pertinencia de dicho saber, a conocer y comportarme de acuerdo a mi cultura y de acuerdo a la de otros al mismo tiempo.
Este es el tiempo del hombre máquina, aquel de quien se piensa puede “funcionar” con tal velocidad  que sepa de todo y los transmita en el mínimo tiempo posible. Aquel que de no acceder al espacio virtual desterritorializado de la cultura será considerado inútil, viejo u obsoleto.







Apuntes Sobre la Memoria Histórica


Aunque no sea propiamente un espacio, la memoria histórica es el lugar interior, y también social, de los recuerdos y hechos significativos; sencillos y trascendentes. Es, ante todo, la capacidad personal de recordar; sin embargo, es innegable que los hechos históricos, aunque tengan interpretaciones personales, implican connotaciones  y, consecuentemente, recuerdos sociales.
La memoria es, según Platón, el lugar de unión o de dispersión a nivel personal y social; afirma que “hay en nuestras almas una tablilla de cera, la cual es mayor en unas personas y menor en otras, y cuya cera es más pura en unos casos y más impura en otros, de la misma manera que es mas dura unas veces y más blanda otras, pero en algunos individuos tiene la consistencia adecuada” (Platón en el Teeteto) Para él, la memoria es un don por el cual si queremos recordar algo que hayamos visto, oído, o pensado, lo podemos actualizar o recobrar de aquella “tablilla de cera” en la cual grabamos las más significativas experiencias y recuerdos.
Es, además, el conjunto de hechos históricos que están escritos o no. Cuando  se escriben se basan en los recuerdos y conocimientos de quien los registra. Los hechos significativos registrados se convierten en documentos considerados fuentes históricas. Para el registro de un hecho histórico son válidos los recuerdos en fuentes escritas y, también, las tradiciones orales en forma de anécdotas, poemas, frases. Estas versiones contienen una riqueza singular que confirma o niega, que resta o exagera, que apoya o ataca. Las versiones orales deben ser registradas aunque no  se constituyan, de inicio, en fuentes confiables pues también manifiestan en grado mayor o menor la creatividad de su autor, casi siempre desconocido y su manera particular de recordar.
Para Petar Ramadanovic, la memoria, es una proto escritura, una escritura primaria, y se pregunta “O es que la escritura ofrece un modelo o una manera de pensar la memoria, que de otro modo permanecería impensable, porque la mayoría, si no todas las teorías de la memoria (incluyendo la de la neurociencia) concibe los recuerdos como impresiones? …se escribe para refrescar la memoria” (Ramadanovic, 1999) La memoria es como un archivo donde se ordenan y clasifican los recuerdos recientes y distantes.
Existen experiencias, lugares o personas que activan y actualizan los recuerdos personales y sociales sobre los hechos históricos antiguos y más recientes. También es posible ingresar a dicho espacio gracias a las fuentes (documentos, monumentos, tradiciones) y podemos, además, incorporar elementos que ayudan en nuestra labor de recreación e interpretación histórica: inferir e imaginar (ya que la memoria no tiene límites internos) comparar y contrastar, relatar, empatizar, etc.
Hay un pasado, pero la memoria se proyecta desde un momento posterior. Es entonces la memoria, la que hace posible la distinción del antes y el después, por tanto del presente, pasado y futuro. En el pasado está lo que recuerdo, el presente es el momento en que recuerdo y el futuro es aquello que no puedo recordar. Antiguamente se creía que la memoria congela el tiempo.
La memoria histórica aporta el recuerdo y, con el, nos trasladamos a lugares desconocidos y nos permite configurar una realidad compuesta por lugares donde no estuvimos y personas a las que no conocimos. Nos  ata a lo que nunca volverá y nos aferramos a ella como  si fuera el futuro mismo que consideramos prometedor a partir de una comprensión visión optimista y esperanzada del nuestra historia patria.
En “la Genealogía de la Moral”, Nietzche afirma “el dolor es lo que mejor ayuda a recordar”. Creo que exageró. Nuestra memoria histórica nos une (en los niveles personal, local, regional y nacional) por recuerdos que resaltan la grandeza de nuestro ancestro y testimonian la creatividad y originalidad de nuestro pueblo.
Una tarea aún pendiente: sistematizar los recuerdos de nuestra memoria histórica local y regional.




viernes, 13 de marzo de 2015

Despilfarro Cero del Intelecto y de las Manifestaciones de la Cultura


Despilfarrar es gastar profusamente o consumir desordenadamente los recursos. Se habla, en este sentido de recursos materiales; aunque, es pertinente recordar, que un recurso es el conjunto de elementos disponibles para resolver una necesidad. Por lo cual, entendiendo que existen necesidades materiales e inmateriales, resulta obvio pensar en recursos de ambos tipos.  “No solo de pan vive el hombre”, aunque sean los bienes y alimentos necesarios para suplir un espacio de sus necesidades humanas. La persona vive también del cultivo de su sensibilidad artística, de su creatividad, de su necesidad de conocimiento, de sus manifestaciones extrabiológicas que resultan del desarrollo de su intelecto y de su razón. Si los recursos materiales se despilfarran, los recursos culturales también.
El hombre y la mujer, como seres culturales, entienden que ella les da “… la capacidad de reflexionar sobre sí mismo. Es ella la que hace de nosotros seres específicamente humanos, racionales, críticos y éticamente comprometidos. A través de ella discernimos los valores y efectuamos opciones. A través de ella el hombre se expresa, toma conciencia de sí mismo, se reconoce como un proyecto inacabado, pone en cuestión sus propias realizaciones, busca incansablemente nuevas significaciones, y crea obras que lo trascienden” (UNESCO, 1982). De lo anterior se colige que los recursos del intelecto y las manifestaciones de la cultura, en cuanto a la construcción de una entidad cultural local y regional que de respuesta a las creaciones particulares originadas en nuestra identidad; deben ser conocidos, puestos en valor y relacionados con una planificación de corto, mediano y largo plazo que permita divulgar apropiada y masivamente los aportes de la sensibilidad y el espíritu en este espacio nuestro.
La cultura no es atributo de unos cuantos, no es una cápsula a la que se accede solo con grados académicos y publicaciones, no es el espacio esnob (“snob”) que se apropia del arte, del teatro o la música y danza clásica para lograr una consideración y distinción social que margina y excluye al “resto”. La cultura es, en esencia, las manifestaciones del intelecto, la razón, la sensibilidad y el espíritu de todos. Y, aunque no a todos les interesen los mismos recursos y aunque cada uno tenga atracción distinta hacia la literatura, la música, la danza, la pintura, el cine…; debe divulgarse de manera planificada en base a una política de inclusión y promoción de los intereses culturales de todos.
La anterior, no es una labor solo del estado (aunque debe ser el principal actor). Es fundamentalmente el “oxígeno” de las entidades educativas de la región. Las universidades privadas y pública, cada institución educativa de nivel superior y escolar debería tener un Plan de Desarrollo de los Recursos Culturales con que cuenta. Es indispensable realizar el Plan Estratégico Cultural de la Región de Lambayeque, convocando a personalidades de todos los espacios culturales, instituciones civiles, políticas, educativas y religiosas. De no planificarse el reconocimiento, valoración, promoción y divulgación ordenada de las manifestaciones de los recursos culturales, tendemos al despilfarro del intelecto y de dichas manifestaciones espirituales.
Estamos generando, con buenas intenciones y empirismo, un caos que nace de la buena voluntad de apoyar lo que vemos, lo cercano, mientras mantenemos un estatus quo generador de aquel tipo de ser humano llamado por Ortega y Gasset “hombre - masa”: “… hombre-masa es el hombre previamente vaciado de su propia historia, sin entrañas de pasado y, por lo mismo, dócil a todas las disciplinas llamadas internacionales. Más que un hombre, es sólo un caparazón de hombre constituido por meros idola fori; carece de un ´dentro´, de una intimidad suya, inexorable e inalienable, de un yo que no se pueda revocar. De aquí que esté siempre en disponibilidad para fingir ser cualquier cosa. Tiene sólo apetitos, cree que sólo tiene derechos y no cree que tiene obligaciones: es el hombre sin la nobleza que obliga -sine nobilitate-, snob” (“La Rebelión de las Masas”. Ortega y Gasset, 1930)
UNESCO insta a los estados que suscribieron la “Convención sobre la Protección y Promoción de la Diversidad de las Expresiones Culturales” (2005), entre ellos Perú, a la aplicación de políticas y medidas “…centradas en la cultura como tal, cuya finalidad es ejercer un efecto directo en las expresiones culturales de las personas, grupos o sociedades, en particular la creación, producción, difusión y distribución de las actividades y los bienes y servicios culturales y el acceso a ellos”.

Este artículo reconoce los esfuerzos de personas e instituciones que, en cuanto a cultura, vienen realizando. Sin embargo, será eficaz el esfuerzo en unidad y la planificación a futuro.  

miércoles, 11 de marzo de 2015

El Fracaso del “Socialismo del Siglo XXI”


La experiencia del “Socialismo del Siglo XXI” significa para algunos venezolanos, aquellos favorecidos por los subsidios y pseudo políticas de inclusión, la “Revolución” que consideró dignificar a los pobres y marginados del capitalismo petrolero. Para los otros,  es el sistema que ha sumido a su país en la más grave crisis económica, política y social de su historia. Una cosa es notoria: Venezuela es un país con una profunda crisis estructural acrecentada por la polarización de sus ciudadanos y las cada vez más notorias formas dictatoriales de su gobierno. Formas sustentadas en un trasnochado patrioterismo y justificado en supuestos intentos de golpe de estado e intromisiones ficticias.
El gobierno venezolano controla todas las instituciones políticas y la economía mediante controles cambiarios y de precios, expropiaciones de empresas aparentemente opositoras o acusadas de acaparamiento, dirección del crédito y un mal manejo de la empresa petrolera estatal (su principal fuente de recursos). Desde 2013, el Presidente Maduro, por la Ley habilitante, puede emitir decretos con fuerza de ley con la consiguiente reducción de las libertades individuales y persecución política. Hoy la economía venezolana es netamente importadora de productos básicos. No se nota una salida fácil a esta situación y resulta sospechoso el silencio (creo cómplice) de la comunidad internacional. Mientras tanto, se afecta cada vez más la calidad de vida de los venezolanos.
Se ha pisoteado el derecho básico a la propiedad “se han expropiado o estatizado más de 50.000 propiedades entre fincas (pequeñas, medianas y grandes), industrias y comercios, entre otros, sin compensación por valor de mercado… se han expropiado empresas o sectores completos: electricidad, telecomunicaciones, banca y finanzas, petróleo y tecnología, entre otros. En noviembre de 2013 se estatizaron dos plataformas petroleras, alegando razones de utilidad pública y de interés  social” (Selman & Fornet, 2014).  Las publicaciones “Haciendo Negocios” del Banco Mundial y el Informe de Competitividad Global del Foro Económico Mundial, consideran a Venezuela como uno de los países con mayores trabas para hacer negocios. Su principal empresa Petróleos de Venezuela, subsidia anualmente 25 mil millones de dólares sobre el costo de combustibles esto afecta  los ingresos totales del estado que son 70% por venta de petróleo y 30% por tributos. A esto debe sumarse una altísima inflación, la crisis eléctrica que se manifiesta en apagones diarios y por sectores, el crecimiento del mercado paralelo o mercado negro, etc.
Lo más preocupante es los constantes atentados contra la libertad de pensamiento y la persecución a los opositores, la utilización de los poderes del estado en dicha persecución y la sensación de impotencia ante la inacción de la OEA, UNASUR, ONU y los estados latinoamericanos, al menos, que no desean enfrentar a petro – estado venezolano pensando más en el petróleo que el las libertades o simplemente porque comparten solapadamente las ideas de Maduro. Tal es el caso de Humala en Perú, Correa en Ecuador o Morales en Bolivia.
Francois de La Rochefoucauld, manifestó: “La libre comunicación de los pensamientos y las opiniones es uno de los derechos más preciados por el hombre” y Víctor Hugo “La libertad es, en la filosofía, la razón; en el arte, la inspiración; en la política, el derecho”. Pienso que los librepensadores de América y el mundo deben, de una vez por todas, influenciar en sus respectivos espacios los pronunciamientos de instituciones políticas y culturales que motiven a los gobiernos de los estados a pedir, con respeto a la soberanía, el respeto a las libertades políticas e individuales en Venezuela.
Los peruanos hemos experimentado tiempos de dictadorzuelos disfrazados de demócratas que terminaron asesinando a sus opositores, esterilizando mujeres, comprando silencios, modificando leyes a su favor y deseando perpetuarse en el poder.

Que hechos como los anteriores, en América unida, nunca más se repitan. Esa es, también, una obligación de los gobiernos democráticos del mundo.