sábado, 8 de enero de 2011

Patronímicos de la Región Lambayeque

A


Adañaqué, Añi, Atoche, Ayasta, Azabache, Azahuanche, Aznarán


B


Ballena, Biminchumo, Baldera, Bances, Bancallán, Bances


C


Cachay, Cay Cay, Cajusol, Callacná, Capuñay, Cuipan, Cumpa, Curo, Custodio, Chafloque, Chaiguaque, Chambergo, Chamochumbi, Chanamé, Chancafe, Chapilliquén, Chapoñán, Chavesta, Chepe, Chero, Cherres, Cheves, Chiclayo, Chicoma, Chimoy, Chimpén, Chinchay, Chingo, Chiroque, Chiscul, Chozo, Chulién, Chumacero, Chumán, Chumbe, Chumioque, Chunga, Chuñe, Chuquimia, Chumbe, Chamochumbi


N


Effio, Eneque, Escajadillo, Esqueche, Esquerre, Estupiñán


F


Falen, Farro, Farromeque, Farroñay


G


Garnique, Guambachano


H


Huamanchumo


I


Incio, Inoñán, Inope, Ipanaqué, Isique


J


Julca


L


Leytón, Liza, Llaque, Llauce, Lloctún, Llontop, Llonto, Lluén, Llumpén, Llumpo, Lluncor


M


Maco, Macalopú, Mechán, Meoño, Millón, Millones, Mingoya, Míñope, Mogollón, Musayón,


N


Nañaque, Neciosup, Niquén, Nunura


Ñ


Ñañez, Ñañaque, Ñique, Ñopo


O


Orderique


P


Pacherres, Paico, Paiconcial, Pairasamán, Pallesta, Panta, Patazca, Pechón, Pejerrey, Perleche, Piminchumo, Piscoya, Pisfil, Poémape, Polancné, Poluche, Pucce, Puican, Puicón, Puyén, Pupuche, Purisaca


Q


Quepuy, Quesquén, Quesnay, Quiñe


R


Recuenco, Reluz, Reque, Rumiche


S


Sachú, Sacpán, Sampén, Samanamud, Seclén, Senmache, Sernaqué, Serrepe, Siancas, Siesquén, Sipión, Sirlopú, Soplapuco, Suclupe, Supo, Suy Suy, Suyón


T


Tantachuco, Temoche, Tequén, Teques, Tepe, Tineo, Tinoco, Tucto, Túllume


U


Ucañán, Ucancial, Uchofen, Ulloque, Urpán, Urpeque, Uyema


Y


Yafac, Yaipén, Yamunaqué, Yancul, Yarlaqué, Yerrén, Yesquén, Yovera, Yuptón


Z


Zarpán, Zuñe










martes, 4 de enero de 2011

Chiclayo a Inicios y Mediados Del Siglo XX


¿Cómo era Chiclayo a inicios y mediados del siglo XX? Muchos recuerdos quedaron en mi memoria y me inspiran a brindar información histórica que se debe preservar y podría motivar algún suspiro y hacernos transitar las veredas de la nostalgia.
Las antiguas calles de Chiclayo, de inicios y mediados del siglo XX, eran largas, angostas y poéticas; empedradas, tranquilas y limpias. Tenían nombres de Santos y, en la mayoría de casos, los hombres y mujeres de a pié las designaron de manera pintoresca. Por aquella época sus doce mil habitantes (aborígenes, mestizos, negros, europeos y asiáticos) la convirtieron en una ciudad “alegre, audaz, cosmopolita…” conservando tradiciones cholas en cada rincón de esta bendita tierra.   
Avenida Sáenz Peña era “Santa Inés”.
Avenida Grau era “Calle Nueva” o “Larco Herrera”.
Avenida José Balta era “El Comercio” y “Calle Derecha”.
Avenida Luís Gonzáles era “La Carreta”.
Avenida Pedro Ruiz era “Miraloverde”
Calle Elías Aguirre era “Calle Real”.
Calle Torres Paz era “San Marcos” y, después, “Atahualpa”
Calle 7 de enero era “Ortiz”.
Calle Vicente de la Vega era “San Pedro”.
Calle Alfonso Ugarte era “La Verónica”.
Calle Manco Cápac era “Santa Rosa”.
Calle Eugenio Moya era “San Lino”.
Calle Francisco Cabrera era “Maravillas”.
Calle 8 de Octubre era barrio “Barsallo”
Calle Lora y Cordero era “Cantón” y, después, “Santa Catalina”.
Calle Simón Bolívar era “Las Ventanas” o “Palacio de Cristal”.
Calle Manuel María Izaga era “San Isidro” o “San Francisco”
Calle Tarata era “Los Ángeles”.
Calle Tacna era “Ganaderos”.
Calle Faustino Sarmiento era “Esperanza”.
Calle Mariscal Castilla era “Suspiros”
Calle Alfredo Lapoint era “Teatro”.
Calle Juan Cuglievan era “Santo Domingo”.
Calle Daniel Alcides Carrión era “Calle del Parlamento” y después “Jordán”.
Calle Mariscal Castilla era “El Suspiro”.
Chiclayo, de inicios y mediados del siglo XX, limitaba: por el norte hasta la actual calle 8 de Octubre (antes barrio “Barsallo” colindante con “Miraloverde”); por el sur hasta la calle Tacna (antes “Ganaderos”); por el este hasta el actual parque “Federico Villarreal” (antes Callejón “Las Palmas” de la cuadra 11 de la calle “San José”; y por el oeste hasta la avenida José Leonardo Ortiz que, en su límite, se conocía como Barrio “Dávila”.
Don Ernesto Ganoso Ugaz en “Breve Reseña Histórica de la Provincia de Chiclayo y Sus Distritos Desde el año 1896 Hasta Nuestros Días” (1975) y Teodoro Rivero Ayllón en “Lambayeque, Sol, Flores y Leyendas” (1976) hacen referencia al “Parquecito Ruso” que estaba ubicado frente al antiguo local de la Policía de Investigaciones del Perú y que desapareció con la apertura de la avenida Sáenz Peña.
Rivero describe la Plaza Principal de nuestra ciudad en los siguientes términos “La Plaza lucía al frente la vieja Iglesia Matriz, ya desaparecida, con su imafronte de tres cuerpos y sus campanarios de agudas torres coronadas por sendas cruces. Al centro una glorieta de fierro. A los costados dos norias de las que provenía el agua para ficus, palmeras y cocoteros que embellecían la pequeña plaza”.
La Plaza Principal fue centro de “las últimas novedades” y de famosas retretas. Agrega Rivero: “En días de retreta, los maestros Brenis y Gamarra amenizaban el dolce far niente de quienes concurrían allí a tomar asiento, a ver discurrir las parejas de enamorados, a gozar de la plática de la diaria tertulia amical…”
Confirman los ancianos haber escuchado o visto que por esa época eran muy respetados los reconocidos “caballeros” que salían al centro de la ciudad a dar el “paseo rutinario” en horas de la tarde con escarpines de cuero, poncho blanco y sombrero de jipijapa. El Dr. Arias iba montado de un caballo overo, el Dr. Rubén Castro de un caballo de fino pelaje albo, el Dr. Juan Ugaz sobre un alazán y el Dr. Toribio Arbaiza en un corcel arisco.
Una mención especial merece el caballero y filántropo Santiago Luís Gonzáles quien donó un pabellón en el Hospital “Las Mercedes”, uno de los primeros aviones de la Fuerza Aérea del Perú y un monumento de bronce que fue traído a Chiclayo por haberse negado el presidente Augusto Bernardino Leguía a que fuese instalado en la ciudad capital. El monumento representaba simbólicamente a las provincias de Tacna, Arica y Tarapacá; en medio la figura de un cóndor desgarrando a una mujer. El motivo de Leguía fue no enardecer a Chile en las vísperas del plebiscito en el que se definiría el destino de las provincias ocupadas durante la Guerra del Pacífico.
Ernesto Ganoso nos dice “Era Chiclayo, allá a comienzos de siglo, una ciudad transitada por carretas. En carretas se traía el agua de la acequia de Yortuque, en pipas de madera con tapones de crudo y se iba exponiendo por las calles estrechas, al paso lento de las mulas. En carretas se transportaban mercaderías y hasta pasajeros…”
Los desechos de la ciudad eran fuente del trabajo del ciudadano chino Chang Kau, conocido por los chiclayanos como “chancau” quien cobraba por trasladar “aguitas” con o sin “mojón” (excremento) hasta la antigua Pampa Chirinos que se ubicó en la actual Residencial “Pascual Saco”. Con este trabajo el ciudadano chino logró hacer un capital y, más adelante constituir un negocio dedicado a la venta de café tostado en la esquina de la calle Manuel María Izaga y la avenida José Balta.
Personaje ilustre, encargado de dar a Chiclayo un aire de modernidad urbana, fue Don Virgilio Dall’ Orso. Como presidente del “Comité de obras públicas” dio nueva forma a la antigua ciudad prescindiendo de antiguas huacas y acequias que la rodeaban: “Huaca de los Peredo”, “Huaca de la Cruz”, “Huaca del Coliseo”; acequias “Cois” (Coix), “Yortuque” y “Patazca”.
Francis Liza Vera en “Chiclayo Siglo XXI” hizo una lista de todos los responsables del gobierno de la ciudad desde inicios de la República:
1.- Cabildo Provincial Siglo XIX
• Juan Manuel Balcazar 1835
• Claudio Ortigas Figueroa 1868
• Juan del Carmen Gálvez 1873 – 1874
• Manuel María Izaga Arbulú 1875
• Vicente de la Vega Orellano 1876
• Virgilio Dall’Orso Descalzi 1877
2.- Durante la Ocupación Militar Chilena
• Belisario Arizona Bullón 1880 – 1881
• Tomás Gargurevich 1881
• Ángel Gonzáles Fuentes 1881 – 1882
• Vicente Gutiérrez de la Torre 1883
• Ramón Navarrete Cayo 1883
• Juan Ibáñez Zumaeta 1883
3.- Después de la Ocupación Chilena
• Eugenio Moya 1886
• Claudio Ortigas Figueroa 1886 – 1889
• Pedro Chacaltana Reyes 1890 – 1895
• Juan de Dios Lora 1899 – 1900
4.- Siglo XX
• Pedro Chacaltana Reyes 1900 – 1901
• Wenceslao Salazar 1901 – 1903
• Virgilio Dall’Orso Descalzi 1903 – 1905
• Leonidas Lecca Arbulú 1905
• Juan Ugaz Maradiegue 1906 – 1907
• Francisco Cuneo Salazar 1907 – 1909
• José María Quiñones Arizola 1909 – 1911
• Manuel Chirinos Ramírez 1911 – 1913
• Angel Cornejo Bouroncle 1913 – 1914
• Pedro Chacaltana Reyes 1915 – 1917
• José Francisco Cabrera Chirinos 1917 – 1919
• Pedro Baca Matos 1919
• José Francisco Cabrera Chirinos 1920 – 1925
• Aurelio Montenegro 1925 – 1929
• Alfredo Ibáñez Arbulú 1929 – 1930
• Rómulo Paredes Gonzáles 1930 – 1931
• Benjamín Gamarra 1931 – 1932
• Juan Puente Paz 1932 – 1934
• Miguel Arbulú Gonzáles 1934 – 1937
• Vicente Campodónico Diez 1940 – 1942
• Nicolás Cuglievan Carranza 1942 – 1944
• Luís Benjamín Ganoso Ugaz 1944 – 1945
• Rogelio Llanos Barturén 1945 – 1948
• Juan Pardo Y Miguel Vargas 1948
• Carlos Montenegro de la Fuente 1948
• Nicanor Silva Salgado 1948 – 1949
• Carlos Castañeda Iparraguirre 1949 – 1952
• Miguel Muro Zapata 1952 – 1953
• José Ignacio Portocarrero 1953
• Adriano Baca Burga 1954 – 1955
• José de la Torre Ugarte 1955 – 1956
• Salvador Aita Bloise 1956 – 1961
• Carlos Castañeda Iparraguirre 1961 – 1962
• Carlos Zoeger Silva 1962 – 1963
• José Gómez Sánchez García 1964 – 1966
• Alfredo Montenegro de la Oliva 1967 – 1969
• Gerardo Pastor Boggiano 1970 – 1973
• Carlos Fidel Piedra Arana 1974 – 1977
• Enrique Woyke Cuglievan 1977 – 1978
• Julio César Chueca Chávez 1979 – 1980
• Flavio Núñez Izaga 1981 – 1983
• Guillermo Baca Aguinaga 1984- 1986
• Julio Fernández de la Oliva 1987 – 1989
• Arturo Castillo Chirinos 1990 – 1995
• Miguel Ángel Bartra Grosso 1996 – 1998
5.- Siglo XXI
• Miguel Ángel Bartra Grosso 1999 – 2001
• Fernando Noblecilla Merino 2001 – 2002
• Arturo Castillo Chirinos 2003 – 2006
• José Barrueto Sánchez 2006
• Roberto Torres Gonzáles 2007 – 2010
El primer carruaje perteneció a Santiago Luís Gonzáles y se denominó “Victoria”. Los primeros tranvías fueron tirados por mulas y en las primeras décadas del siglo XX recorrían: Uno desde el camal hasta el mercado modelo y otro desde la plazuela “Elías Aguirre” pasando por la Calle Real (Elías Aguirre) hasta el Barrio “Dávila” en el extremo oeste de la ciudad.
En 1912 llegó el primer automóvil a Chiclayo, conducido por el aviador trujillano Carlos Martínez de Pinillos. Los primero chiclayanos que adquirieron automóviles fueron Emilio Silva, Hernán Gorbitz y Alejandro Leguía. Indica Rivero Ayllón que “con una serie de contratiempos cubrieron la ruta de Chiclayo a Reque en 20 horas”.
El primer avión exhibido en Chiclayo fue traído por Juan Bielovucic y ubicado en un aeródromo improvisado en terrenos de la yutera Piedra en el camino entre Chiclayo y Monsefú.
La primera locomotora arribó a Chiclayo el 28 de setiembre de 1914 siendo recibida con flores, banderas, banda de músicos y en un ambiente de algarabía.
El primer hotel de lujo de Chiclayo fue el “Royal”, propiedad de los hermanos Emilio y Eustaquio Silva. En diversas épocas se hospedaron en ese histórico recinto personajes de la talla de José Santos Chocano y Abraham Valdelomar. Un hecho anecdótico ocurre cuando se hospeda en el “Royal” el hipnotizador ruso Onofroff quien vino acompañado de su hermosa hija causando curiosidad y hasta temor entre la población.
Se funda el 20 de julio de 1920 el Museo “Bruning”. En el se expuso la colección del alemán Enrique Bruning adquirida por el gobierno de Augusto B. Leguía en seis mil libras esterlinas.
En esta época, a inicios de siglo, el “progreso” trajo automóviles y aviones para dejar de lado carretas, carruajes y tranvías; trajo luz eléctrica y bombillas para dejar de lado velas y lamparines de kerosene. Una anécdota, por aquel tiempo se presentó una grave epidemia en la ciudad, la mortandad fue grande. No faltó quien culpara a la modernidad y dijera “De seguro que la culpa es de la fábrica de luz”.
La historia de Chiclayo fue también escrita por muchos extranjeros que contribuyeron desde su llegada con la prosperidad y engrandecimiento de nuestra tierra. De ellos nos encargaremos en el siguiente artículo.













sábado, 1 de enero de 2011

Apuntes Sobre El Inicio de la Evangelización en Lambayeque

Jefrey Klaiber, Sacerdote y Doctor en Historia, en su obra “La Iglesia en el Perú” (PUCP – 1996) aporta una idea que, pienso, indica la importancia del estudio que presento: “Es preciso plantear la idea fundamental de que, en buena medida, la Iglesia en el Perú, como en cualquier otra parte del mundo católico, ha sido influida, moldeada y condicionada por el medio social en el que existe. La Iglesia no vive aislada de la sociedad donde actúa. Aunque parece elemental afirmarlo, es necesario enfatizar el hecho de que hay una relación de influencia mutua entre la sociedad y la Iglesia”.
La Iglesia Peruana, gestada desde el comienzo de la colonización española por misioneros como Fray Juan de los Santos (acompañante de Pizarro y Almagro), inició con singular dedicación y fidelidad la nada fácil tarea de la evangelización en el “nuevo mundo”. Se enfrentaron a profundas diferencias geográficas, culturales y atmosféricas; llevando el mensaje de Cristo a cada caserío y pueblo de nuestro vasto territorio.
La labor evangelizadora en la sociedad colonial tuvo que hacer frente a relaciones de tipo vertical. Klaiber refiere en su obra a Lyle McAlister quien afirma “(en América colonial) había indios, castas, nobles, soldados, sacerdotes, mercaderes y juristas, pero no había ciudadanos”. Los misioneros fueron, en su mayoría, defensores de la fe y de los derechos humanos. Se ha discutido mucho sobre los errores y los métodos empleados por algunos religiosos e instituciones eclesiales del tiempo colonial; sin embargo es innegable el aporte de los primeros evangelizadores en la difusión del cristianismo que profesamos, hasta llegar a la construcción del original “sincretismo religioso” que particulariza la creencia de nuestra gente.
No pretendo hacer historia de todo el proceso de la evangelización en el Perú. Mi aporte será presentar el inicio del trabajo evangelizador en la Región de Lambayeque, para lo cual me basaré en la “Crónica de la Provincia de los Doce Apóstoles del Perú” (1651) del Sacerdote Diego Córdova y Salinas; en la obra de Teodoro Rivero Ayllón titulada “Lambayeque: Sol, flores y leyendas” (1976); además de los escritos de Don Fernando de la Carrera, Bernardo Sartolo y Ernst Middendorf.
Menciona en su crónica, Don Diego Córdova, sobre los responsables de la evangelización en esta parte del territorio peruano: “Iban varones preclarísimos resplandeciendo en religión y santidad… Y como otros apóstoles, con indecibles penalidades, hambre, sed y pobreza, corrían de unas en otras provincias… expuestos a perder las vidas, les derribaban los templos, ídolos y huacas de los demonios, que adoraban ciegos. Ponían sobre las puntas de los montes y de los cerros cruces grandes y arrimados a ellas, predicaban desde aquellas cátedras a innumerables gentes que acudían a oírlos. De estos doce apóstoles varones no es posible hacer memoria por menos, así por ser muchos, como porque nuestros antepasados pusieron todo su estudio en las obras y muy poco o ninguno en los escritos y memorias siendo sin duda muy copiosos los frutos que la Iglesia católica copió de la semilla de la palabra de Dios, que sembraron”. La primera Orden Religiosa en el Perú y Lambayeque fue la Franciscana. Sobre ellos, Felipe Guamán Poma de Ayala, menciona: “Los reverendos padres de la Orden de San Francisco son todos santos y muy cristianos, de gran obediencia, humildad y bondad y de gran caridad para los pobres de cristo. Son amados y protegidos en todo el mundo y honrados en el cielo. Con su amor y bondad ellos atraen a todos, ricos y pobres, igualmente, pero en forma especial a los indios. Jamás se ha escuchado queja alguna o desagrado contra estos benditos frailes. Confesarse con ellos es una gloria, porque el pecador se arrepiente con tal amor y bondad,… porque, cuando se anuncia que viene un franciscano, todos vienen a besar su mano”.
Indica Rivero Ayllón “En 1559 estaba ya autorizada y asegurada la fundación de la Iglesia y del primer convento bajo amorosa advocación de Santa maría del Valle de Chiclayo… la adoctrinación o evangelización de estas tierras la inician los discípulos de il poverello de Asís”. Pero la evangelización de los pueblos de nuestra región se había iniciado algún tiempo antes. En 1533 viene desde Cajamarca, a pie, un sacerdote franciscano “ganoso de decir la Palabra de Cristo entre los indios de Cinto y Collique”; el primer evangelizador de nuestra tierra fue el Padre Alonso de Escarcena, uno de los llamados por Córdova y Salinas “Doce Apóstoles de San Francisco”. La ruta del Padre Escarcena incluyó, posteriormente, los pueblos de Huanchaco y Mansiche (Trujillo); a dichos lugares llegó desde Chiclayo “a pie y descalzo, siguiendo el camino de la orilla del mar”. Chiclayo fue, según Córdova y Salinas, el segundo lugar del Perú donde se escucha el mensaje del Evangelio; el primer lugar había sido Cajamarca.
Refiere Rivero Ayllón “largo y penoso fue el esfuerzo de los primeros catequizadores para imponer la nueva religión. Los indios se aferraban a sus antiguas y ancestrales creencias. Como sucede en México, en Guatemala, en Colombia, los españoles van derruyendo acá templos indios para levantar, con la cruz del iluminado galileo, Iglesias cristianas. Sobre los escombros de los adoratorios aborígenes, cabe las ruinas de las viejas huacas, se edifican los templos de la nueva religión. Pronto la voz alegre de las campanas, convoca a los fieles para el culto, y eleva en vuelo místico las almas a la hora del Angelus…”
El Sacerdote Fernando de la Carrera, conciente de las dificultades idiomáticas, escribió el “Arte de la lengua yunga” para salvar las debilidades sobre el vocabulario y la gramática del idioma hablado por “mas de 40 mil personas desde el Corregimiento de Trujillo hasta los de Piura y Cajamarca”. Un apunte sobre la lengua yunga; Ernst Middendorf, en la obra “Las lenguas aborígenes del Perú” comentó a fines del siglo XIX sobre el estado de la misma lo siguiente: “los jóvenes empiezan ahora a avergonzarse de su propio idioma, se sirven frente a extraños solamente del castellano, y hablan su lengua nativa solo entre los suyos, mezclando, cada vez más, palabras castellanas”. Por ello no es raro y lamentable que sea una lengua muerta.
El Sacerdote Fernando de la Carrera narra en sus textos sus penurias en la evangelización y para hacer entender a los aborígenes del pueblo de San Martín de Reque en idioma castellano las verdades del Evangelio. Comenta Rivero: “Llenos los ojos de lágrimas, le dijo un día el viejo cacique de Reque, Don Mateo Millón: ¿Qué quiere vuestra merced, si nos hablan en lengua castennana? Aunque la entendamos no es más que lo necesario para hablar con los españoles”
En Zaña, la “Pequeña Potosí” o “Sevilla Peruana”, desde su fundación en 1563, destacó el fruto de la evangelización en notables Iglesias y conventos como “San Francisco”, “La Merced”, “San Agustín”, “Santa Ana”, “San Juan de Dios”, “Santa Lucía”, etc. Además, desde aquella villa, la presencia preclara de Santo Toribio Alfonso de Mogrovejo, tan venerada por todos los lambayecanos, fortalece nuestro cristianismo.
El Padre Bernardo Sartolo en “Vida admirable y muerte prodigiosa de Nicolás de Ayllón” hace referencia a la vida de servicio de este aborigen lambayecano, nacido en Eten con el nombre de Nicolás Puicón Xailón, a quien el Padre Juan de Ayllón (misionero franciscano) diera su apellido y protección. Aunque no fue canonizado y su causa no prosperó en tiempos coloniales, la población de Lima (ciudad en la que radicó y ejerció la actividad de sastre). La vida de Nicolás de Ayllón es fruto de la obra evangelizadora en nuestra tierra lambayecana.
Un hecho singular ocurre en el pueblo de Eten, cuando en el instante mismo de la consagración de la hostia, el 2 de junio de 1649, apareció el Niño Jesús; según testimonio del Vicario Don Jerónimo de Silva Manrique, el guardián Marcos López, el español Domingo Martínez, los vecinos Andrés Neciosup, Fabián Chancafe, Antonio Crespo y Tomás Reluz; todos ellos recogidos por el Sacerdote Fernando de la Carrera, quien envió el informe correspondiente. Tres meses y medio se repite el prodigio y, desde aquella fecha, a Eten se le conoce como la “Tercera ciudad Eucarística del Mundo”.
Para terminar, un hecho que merece quedar solo en la anécdota: A Zaña, de fines del siglo XIX, llegó por muy breve tiempo Doña Catalina de Eruso, conocida como la “Monja Alférez”. Rivero Ayllón dice sobre el hecho. “Zaña albergará caprichos y desenfados de la Monja Alférez, cuyos escándalos motivan su excomunión por parte del Obispo de Trujillo, Fray Jaime de Mimbela…” Este personaje, vestía de hombre, como un militar, y se comportaba de manera contraria a lo que, socialmente, se solicitaba de una dama. Durante su juventud fue internada en el Convento de las Dominicas de San Sebastián sin llegar a recibir los hábitos de la Orden. Por su comportamiento extraño y escandaloso fue rechazada por la población zañera. La fe de la gente de la villa no se vió perjudicada por la presencia de este personaje.