viernes, 9 de febrero de 2018

Antiguos Bares y bodegas de Chiclayo de mediados del siglo XX

"El chino de la esquina" (1950)
Foto: Antiguas Fotos de Chiclayo - Miguel Díaz Torres

A continuación una lista significativa, aunque desordenada de comercios antiguos que han quedado grabados en la memoria de los chiclayanos, al menor de los más “entrados en años”: los bares de los Hoteles “Europa", "Astoria" y "Turistas"; bar “El Trébol", "El Gaucho", " El gringo Negro; discotecas "El Camgo In", “Jhony Jan” de Valentín Yamashiro. Bodega Chang Kau, en la esquina de Balta y Manuel María Izaga, donde se expendía el mejor café tostado de la ciudad. El Bar de la discoteca " El Caballito ", que funcionaba en el Hotel de Turistas y cuyo Barman era “el flaco” Máximo Molero. La taberna "ventanita" entre los años 1950 y finales de 1970, Se ubicaba entre las calles Leoncio Prado y calle Manco Cápac, cerca de la antigua cárcel. Según Francisco Fernández, “Era concurrida por diferentes obreros y trabajadores de mano de obra fuerte (constructores y hojalateros) se juntaban a tomar sus respectivos bolones (cañazo)” el propietario fue el “conejo” Valdez.
Se aprecia, donde se encuentra el cartel de "El Pacífico", el local de
la Bodega Chang Kau, esquina de Balta e Izaga, año 1966
Foto: Antiguas Fotos de Chiclayo

En un comentario testimonial, Miguel Angel Walde afirma recordar algunos “huecos” (bares o tabernas): “castellanos" , la "bajada de los toros", " el vaso de leche"( frente a la cuna maternal") , la "cámara de gas", "la cámara de diputados", donde se expendía licores de la sierra norte; el bar " Willis" que funcionaba entre Arica y 7 de enero y vendía caldo de gallina, el" gallo de oro” (en la avenida Pedro Ruiz), el "Venecia" o el de "colores" del Sr. Hueda…”. Otro bar, muy pequeño pero siempre solicitado, fue “La Aurorita” en la cuadra 4 de Balta a una cuadra de la antigua empresa de transportes “Perú Express”, el Bar “Rosado” del chino Hueda y su famosa rocola, “La churrasquería” de José Soplapuco, “Don José” y sus caldos de pata y de gallina junto al club de tiro Chiclayo 77 al lado del antiguo grifo “Quiñones” ubicado en la actual plazuela de la fraternidad frente al banco de la nación. Bar “La colmena” en Lora y Cordero. César Aguinaga, recuerda “Entre 1974 y 1982 el bar los 5 hermanitos, atendíamos mi hermano Jaime, yo, Hugo, Carlos y Enrique, ubicado en la Av. Balta 1187, de propiedad de la señora Hilda Anaya Mendoza, mi madre, lugar muy concurrido por comerciantes, maestros, bancarios, gente de radio, y personas que por lo céntrico de su ubicación transitaban por ahí”. La bodega de los hermanos Kamt y la de las señoritas Fu entre teatro y siete de enero. La bodega de los hermanos Kong frente a la puerta lateral del mercado central en la calle Lora y Cordero. Bodega " Mi Lucerito" en el Parque Villarreal, de la Sra. Margarita Racchumi, el " Maipú" de la calle san jose, cerca de la panadería "Rojas". Los “perros calientes” del “tío Bonilla” al lado del antiguo Banco Popular, exactamente en la puerta del actual INEI de la Av. Balta. “El cincuentita” de la calle Manuel María Izaga, frente al antiguo colegio “La Inmaculada”. Bar y bodega “El patio” cerca de la antigua piscina municipal. Las tiendas Yep y el “Palmas de oro” cerca del mercado modelo. No podemos olvidar la carretitas azules con barras de manjar blanco y alfajores de la “Flor del norte”. La fábrica de coñac y anisado del Sr. Cabrejos en la cuadra 11 de la Av. Balta. El bar “33” entre Balta y Pedro Ruiz. El Bar Milán de Giovanni Cantelli, a mediados de la década de los 50, estaba ubicado en la Calle San José, frente al costado de la Catedral, tenía “puerta falsa" en la Calle 7 de enero. Discotecas Blue Sky y Shanom. Bar Lucky en la calle Torres Paz. Discoteca “Billy Bobs”, luego llamada “El escarabajo” del Sr. Billy Holden. En el centro de Chiclayo las bodegas “Don Alarcón”, “Don Simón”, “Don Juan”, “Wilson”, “Chino Carlos”. Bar “El criollo” entre Saenz Peña y Bolognesi, bar restaurante “Tokio” de la Srta. Carmen Uyejara, bar restaurante Maeda. “La Celinda” entre siete de enero y Lora y Cordero.
Tienda Galaxy, ubicada en la Av. Balta frente a la actual RENIEC antiguo
Banco Popular.
Foto: Antiguas Fotos de Chiclayo

Juan Lossio, recuerda “Cantinas: De Colores, en Av. Bolognesi y 7 de Enero. El criollon en la esquina de Bolognesi con Sáenz Peña. Picanterías: La Chero en Diego Ferré El Porvenir. La Viento Fuerte también en D. Ferré El Porvenir. la Diente de Oro (su propietaria tenía diente de Oro). También en Diego Ferré en la esquina del Parque El Porvenir. Las Rejitas en Leonardo Ortiz. La cachetona en la esquina de Bolognesi con la calle del molino Piedra. Recreos: El Choloque, por el parque Villareal. Snacks: El Roma, El Trébol, el Snack Bar de E. Aguirre. Dulcería de olla: Lucianito, al costado de la puerta de Delantero del cine Colonial en Vicente de La Vega. Otra dulcería en Juan Cuglievan con Tacna, por Pascual Sacó” Se refiere a la bodega y dulcería Ramírez.

 
Tienda Quiñones Riquero (1930) calle Elías Aguirre.
Foto: Antiguas Fotos de Chiclayo

miércoles, 7 de febrero de 2018

Las Plazas de Toros de Chiclayo


fotografía aérea de la ubicación de la primera plaza de toros de
Chiclayo.
Foto: Antiguas Fotos de Chiclayo - Miguel Díaz Torres.
La primera plaza de toros de Chiclayo fue inaugurada en 1924 siendo apadrinada por el entonces Prefecto interino del departamento Sr. Vicente Russo Fry. Fue su propietario el Sr. Juan Francisco Casaretto Ugaz, hijo de Juan Casaretto Farfalla inmigrante genovés quien junto a Nicolás, su hermano, llegaron a nuestra ciudad a fines del siglo XIX. La plaza estuvo ubicada en un solar, actualmente entre las calles Vicente de la Vega y Lora y Cordero, al que se accedía por un largo callejón frente a la Plazuela “Elías Aguirre” y al lado de la antigua Clínica Walter. Se pudo apreciar en el mismo lugar, según testimonio de Julio Ching Wong, a los Circos Caballini y, muy cerca, el colegio Peruano Japonés (luego Jardín de la Infancia y Colegio San Pedro). Don Miguel García Puémape, ciudadano ilustre de Chiclayo, afirma: “Aquella plaza la conocí en 1936, cuando se realizó una corrida de toros de casta, llevado por mi tío Ricardo Guerra Q. Grabé por siempre en mi memoria el instante cuando el toro embistió al caballo (sin peto protector) del picador y le abrió al jamelgo la herida por donde se le vaciaron los intestinos”. Un aviso de 1939 anuncia una corrida de toros con el “Niño de la Palma”, “Torerito de Triana” y al chiclayano César Quiñones a quien calificaron como “voluntarioso y entusiasta paisano”

Inauguración de la primera plaza de toros (1924)
Foto: Antiguas Fotos de Chiclayo - Miguel Díaz Torres.
Anuncio de una corrida (1939)
Foto: Antiguas Fotos de Chiclayo - Miguel Díaz Torres

La segunda plaza de toros de nuestra ciudad se ubicó en un solar antiguo usado por el desaparecido Molino Nacional para secar arroz y fue vendido al Sr. Virgilio Acuña en 1983 durante la gestión edilicia del Sr. Flavio Núñez Izaga. Actualmente está detrás de la Basílica de San Antonio en el terreno que ocupa un colegio y un conjunto habitacional. Según testimonio de la ciudadana Cotty de la Oliva, la plaza fue inaugurada en 1962, señala: “la mandó construir un grupo de aficionados como don Amado Lora Risco, Pepe Arrascue Díaz, entre otros. En su inauguración torearon Miguelín y Palmeño, después Rovira y otros” (Según Rafael Céspedes, "Rovira" nunca llegó a actuar en dicha plaza). También participaron en aquella ocasión, Consuelo Villanueva y Jorge Guevara quienes torearon al alimón.  Toreros aficionados desplegaban sus mejores artes: Armando Lora (propietario, además de un criadero de toros de lidia en Motupe), su hijo (apodado “el curro”), “Pochi” Doig, Gonzalo Gil, Ricardo Dejo, Alberto Ugaz, el novillero Orderique y su hijo el “banderillero Orderique”; varios de ellos actuaban, además en corridas en Tumán y en la sierra norte. Antes de su construcción, el solar era ring improvisado de algunos buscapleitos sanjosefinos quienes “cuidaban su honor” después del popular “chócala”.  Doña Ninfa Idrogo, cuenta que “En el edificio de la gran plaza cuentan que algunas noches veían a un torero dar vueltas en el primer piso, justo ocupa el espacio de la plaza de toros”. Hay quienes dicen que se improvisó, también, corridas de toros en el interior de la catedral y en el hospital las mercedes. Según Vicente Sierra León: “(se hicieron muchas obras) A base de estas corridas de toros, los fondos se destinaban a obras sociales, que administraba la Sociedad Beneficencia de Mujeres. La Sra. Victoria Vda. de Dall´Orso donaba el toro de lidia”. Merece ser mencionado el toreo bufo a cargo de compañías mexicanas y nacionales durante la década de 1970.
Corrida de toros años 70
Foto: Antiguas Fotos de Chiclayo



Añadir leyenda
Cuadrilla en la que se aprecia a los accionistas de la plaza
Foto: Antiguas Fotos de Chiclayo
Torero Chiclayano Paco Céspedes
Foto: Antiguas Fotos de Chiclayo

Plaza de toros cerrada (1987)
Foto: Miguel Díaz Torres

Los impuestos y la cada vez menor acogida terminaron por paralizar la actividad taurina que, en Lambayeque, tuvo relativa acogida con dos haciendas de toros de lidia: La Viña, del Sr. Víctor Montero, y Yéncala del Sr. Nazario Villafuerte (Según Rafael Céspedes, Yéncala fue propiedad de don Humberto Fernandini). Además de Chiclayo, en Tumán las corridas de toros se organizaban en una pequeña placita y desde nuestra ciudad los aficionados viajaban gratis en tren.

jueves, 1 de febrero de 2018

La antigua cárcel pública de Chiclayo

Construcción de la Cárcel de Chiclayo (1907)

El objetivo del presente trabajo es presentar algunos datos históricos sobre la antigua cárcel de Chiclayo y no presentar la historia completa de dicho establecimiento, para la cual es necesario un trabajo más sostenido de recopilación de información.
                                                                Fotografías del año 1910
                                
   
En Chiclayo del siglo XIX hubo, al interior del local municipal una celda para reos (tal como consta en un documento del año 1881). A inicios del siglo XX, la Ley N° 27, aprobada por el Congreso de la República el 25 de octubre de 1904 y promulgada el 12 de noviembre del mismo año por el presidente Serapio Calderón Chirinos, determina en su artículo único “ (incluir) en el Presupuesto General de la República, por dos años consecutivos, a partir del próximo (1905) la suma de 500 libras en cada uno, que se entregarán a la Junta Departamental de Lambayeque, para atender a los gastos que demande la construcción de la cárcel de la ciudad de Chiclayo”. El local se ubicó cerca de la antigua Pampa Cuglievan en el “Chiclayo chiquito”.

                                                                    Fotografías 1911


La gestión que permitió la promulgación de la ley fue encabezada por el Sr. Nicanor Alvarez Calderón Roldán, diputado por Lambayeque entre 1899 y 1905 y anterior administrador del Muelle y Ferrocarril de Eten, quien se desempeñaba como presidente de su cámara parlamentaria. A pesar de la ley y los recursos que aparentemente destinaba, los trabajos sufrieron serios atrasos. Con fecha 02 de noviembre de 1906, el Prefecto de Lambayeque dirige un oficio al Ministro de Obras Públicas y Fomento solicitando “que se nombre una junta que se encargue de dirigir la construcción de la cárcel de Chiclayo” (Dirección de Obras Públicas, 1908) petición a la que accede luego de verificar el atraso de los trabajos a través de un oficio enviado a su solicitud por la Junta Departamental de Lambayeque que reconoce haber adoptado la decisión de invertir en la construcción recién a partir de agosto de 1906. El terreno que ocupó se encuentra en la calle “Manco Cápac”, entre “Lora y Cordero” y “Leoncio Prado”; actualmente dichas instalaciones son ocupadas por la sede regional norte del INPE (Instituto Nacional Penitenciario). Según Nicanor de la Fuente (NIXA) “hasta hace más de cien años, en la ciudad, había cruces en Chiclayo chiquito, por el sector de la cárcel…” (De la Fuente, 1935) y según Ricardo Miranda “En el cuarto distrito (de Chiclayo, se ubicaron) la Prefectura, la Cárcel Pública y la municipalidad” (Miranda, 1925).
                                                                         Fotografía 1930

El modelo penitenciario adoptado para la infraestructura y el control de los reos de la cárcel de Chiclayo fue de corte norteamericano, el mismo que estaba vigente en Lima fundamentado en el Reglamento Penitenciario de 1901. La adopción del modelo penitenciario fue así: “Se formó una comisión encargada de estudiar los sistemas penitenciarios de otros países y elegir el que mejor se adecuara a nuestra realidad. Esta misión estuvo a cargo del gran sabio Mariano Felipe Paz-Soldán, quién viajó a Estados Unidos y estudió el funcionamiento de las prisiones. Paz-Soldán creyó que el sistema más conveniente era el de Auburn, que permitía la socialización de los presos y se sustentaba en el trabajo y la educación como forma de corregir su conducta” (Pacheco, 2015). La protección y resguardo al interior del penal correspondió a la antigua Guardia Republicana.
1958

1960

1960

1970

En 1925, se instala la escuela de la Cárcel pública de Chiclayo, dirigida por Don Gregorio Vásquez.
Algunos presos detenidos en 1932 por el Sub-Prefecto de Chiclayo Sr. Manuel Morante debido a su filiación aprista fueron: Arbulú Hurtado, Augusto; Bracamonte, José del Carmen; Bravo Llúncor, Ezequiel; Carmona, Héctor; Céspedes, Hernán; Doig, Juan Manuel; Doig y Lora, Patricio; Farfán, Alfredo J.; Gorbitz, Julio; Nepo Mora, Félix; Plaza, Miguel; Vega, Roberto; Zapata, Augusto.
Fotografía 1980
                                 

En el diario de debates del Congreso de la República (1950) se lee una petición dirigida al Ministro de Justicia “a efecto de que, teniendo en cuenta el atentado que se comete contra la salud de los reclusos de la Cárcel de Lambayeque, les sea nivelado su racionamiento diario con el que perciben los presos de la Cárcel de Chiclayo” la ración diaria de un preso en Lambayeque era equivalente a un sol diario.
esquina con Eugenio Moya

Testimonios de pobladores de mediados del siglo XX: César Aguinaga Anaya, comenta: “de chicos íbamos a comprar las alcancías de yeso (chanchitos, carritos, camioncitos), pero tenías que llevar una cajetilla de cigarros Norton o Ducal, para invitar a los presos”. Jorge Mirko Sarmiento, afirma: “Recuerdo que los bandidos hicieron una excavación para consumar un escape. La idea era ver la calle pero por la parte posterior (Eugenio Moya) Al parecer la fuga se frustró”. Luis Lossio: “en esa Pampa Cuglievan, verdaderamente se jugaban todos los campeonatos de tercera división, de ahí salieron los Hermanos Stucchi (Carlos, Eduardo), Oscar Chiclayo (Camay), Potozen, y los Pulatos Hnos. Diaz y muchos grandes jugadores que no recuerdo sus apellidos”.


miércoles, 24 de enero de 2018

La Historia del Indio Villasante
Pobladores de Concepción (Huancayo) año 1917
Fotografía disponible en: metodistaperu.blogspot.com

El alférez del ejército Ezequiel Villasante Gonzales falleció, según certificó el Dr. Juan Ugaz (médico titular), en Chiclayo a las 11.30 de la mañana del 4 de setiembre de 1919 víctima de tuberculosis pulmonar en un departamento de pensionistas del Hospital “Las Mercedes”. Era soltero, tenía 26 años y pasó en solitario el tiempo de su internamiento. Sus padres, don Mariano y doña Josefina, y Hortensia, su novia, fueron los últimos en enterarse. Hasta su natal Concepción (Huancayo) no llegaron a tiempo las noticias de la enfermedad, muerte y encierro cruel de su hijo en las frías celdas del cuartel en Lambayeque, que las produjo.
Ezequiel era mestizo, 1,60 m de estatura, cabello negro, nariz aguileña… ¡Cholo! ¡Indio! De acuerdo al infame parecer de la antigua oficialidad elitista, y así se lo hicieron recordar. Despectivamente tratado como el “cholo Ezequiel” o el “indio Villasante”, trascendió con valor rebelándose ante el improperio. No sabemos su argumento a la ofensa, pero inferimos fue ruda, directa, sincera, veraz… Villasante fue un hombre de no escasa cultura. Entre sus objetos personales se encontraron novelas, cuadernos de apuntes, innumerables cartas y una copia de la defensa del juicio que, por su apariencia, fue releída muchas veces. Fue acusado de “Insulto al superior”.
La vergonzosa muerte de Villasante se trató de ocultar. El mayor Carlos Lluncor, del Regimiento de Infantería N° 01 de Lambayeque, fue comisionado junto al Tnte. Manuel Camino Calderón para, en cumplimiento del artículo 27 del Código de Justicia Militar (vigente en aquel tiempo), cumpliesen con dar cristiana sepultura a los restos del Alférez Villasante. No escatimaron en gastos: nicho perpetuo y carroza, una costosa caja mortuoria, 04 coronas florales, el alquiler de un automóvil para el traslado de los oficiales comisionados y 15 misas a ser oficiadas durante el primer mes. Todo por un valor de 160 soles.
Los comisionados informaron a los superiores, ausentes adrede durante el acto, que “(…) vieron sacar el féretro de una de las salas de pensionistas de ese establecimiento, para colocarlo en una carroza de primera clase a la que acompañaron en un automóvil hasta el Panteón nuevo, a donde condujo los restos del malogrado Alférez los que fueron depositados en un nicho perpetuo del cuartel de San Víctor; nicho que fue cerrado y el que lleva por número 196…”. Solo, así murió y fue sepultado Villasante. Sin presencia de su padres y novia. Sin el apoyo de la oficialidad y, mucho menos, de aquel militar sin nombre cuyas palabras de ofensa aún resuenan: ¡Cholo Ezequiel! ¡Indio Villasante! Y que dieron origen a toda esta historia de sufrimiento.

Al enterarse, sus padres vinieron y lloraron a su hijo. Hortensia no pudo venir, o no quiso, o pensó no soportaría ver sus restos, no lo sabemos. De su hijo solo quedaban la tumba fría del cuartel San Víctor y los objetos que, inventariados, fueron entregados a sus progenitores: Una caja corriente con su chapa y llave; un terno de paño nuevo; un par de zapatos de hule con presilla; un sombrero de paño negro; cuatro camisetas; un calzoncillo; dos cuellos; dos corbatas; tres sabanas; tres servilletas; seis pañuelos; útiles de aseo una cajita de lata conteniendo útiles de costura; una carterita con carboncillos de colores; cuatro frascos de remedios; dos cajas conteniendo ampolletas para inyecciones; un gancho de madera para colgar ropa; un block de papel para cartas y veinte sobres; dos novelas; dos cuadernos de apuntes; una copia de la defensa del juicio del extinto; un paquete conteniendo cartas particulares y envuelta en un papel de regalo una medalla de metal con el nombre de Hortensia. A lo mejor y ella fue la persona que logró sus agónicos suspiros y el amor jamás realizado da un corolario triste a la corta vida del cholo, del indio que no soportó el atropello y defendió su dignidad. 

jueves, 4 de enero de 2018

A Lambayeque desde Cantabria

Región Montañeza de Cantabria en el siglo XV

La Comunidad Histórica de Cantabria, en España, limita por el norte con el mar cantábrico, por el sur con Castilla y León, por el este con el país Vasco y por el oeste con el principado de Asturias. Desde aquella zona arribaron a Lambayeque colonial destacados personajes que ahora mencionamos. Es interesante referir que aquellos personajes aportaron, fundamentalmente, en el comercio y agricultura por las experiencias traídas desde su lugar de origen.
El interesante trabajo del historiador Rafael Sánchez Concha Barrios, maestro de la Universidad Católica del Perú, “Los Montañeses en el Perú Siglo XVIII” (2012) nos permite conocer las razones de la emigración de cántabros a Lambayeque y, luego, su destacada posición en la sociedad colonial. Sánchez Concha, refiere:  “en el siglo XVI la población montañesa soportó una serie de problemas sociales y de fragmentación de la tierra que obligó a los varones a emigrar dentro de la península, y en contados casos al Nuevo Mundo… la emigración funcionaba como un mecanismo de compensación económica y estabilización social. Por eso, la necesidad de subsistir hizo que el trabajo no mellara su condición de hidalgos”. También, sobre su distribución en el temprano Perú Colonial, señala: “Con su trabajo, reforzaron el poder de las elites locales y sus descendientes pudieron acceder a las más altas magistraturas en las ciudades de Lima, Arequipa, Moquegua, Cuzco, Lambayeque y Piura”.
Específicamente en el caso de Lambayeque, aporta: “En Lambayeque, el vecindario ilustre estuvo encabezado por Bonifacio de Seña y Hedilla, hijo de la villa de Laredo, hacendado y teniente de corregidor de Motupe; Luis de Bustíos y Muga, también de Laredo, agricultor; Domingo Fernández de la Cotera y Somera, natural de Ongayo, cabildante y alguacil mayor del Santo Oficio en Lambayeque”.
Aporto a continuación información particular de cada uno de los personajes cántabros referidos por Sánchez Concha obtenida de su genealogía particular e información de archivo:
Juan Bonifacio de Seña y Hedilla, nación en Laredo, Cantabria, en mayo de 1642. Fue el 4to hijo de Pedro de Seña y de Seña (de ocupación comerciante) e Isabel de Hedilla. Sus hermanos fueron Ildefonso, Bernardo, María Ángela y Sebastiana Antonia. Fue bautizado en la Parroquia Santa Maria de la Asunción de Laredo el 15 de mayo de 1642. Antes de su partida a Lambayeque aportó en los negocios de su padre hasta la crisis agrícola de mediados de 1660 que empobreció Cantabria.
Luis de Bustíos y Muga, sobre este personaje, Sánchez Concha, afirma: “En la misma línea, Luis de Bustíos y Muga, natural de Laredo y vecino de Lambayeque a finales del siglo XVIII, pasó al Perú llamado por su tío materno el montañés Manuel Isidoro de Muga, próspero comerciante de Lambayeque. Con la finalidad de asegurar la fortuna familiar, don Luis contrajo matrimonio con su prima hermana doña Josefa de Muga y Sojo, hija de don Manuel Isidoro”
Domingo Fernández de la Cotera y Somera, fue hijo de Pedro Fernández de la Cotera y María Fernández de la Somera. Nació en Burgos (Castilla – La Mancha) región de Cantabria en 1720 y falleció en 1781 en Lambayeque. Tuvo un solo hermano, Pedro Fernández de la Cotera y Somera. Estuvo, por su hermano, relacionado a la administración de las haciendas de Cayaltí y Pítipo. Casado con María Joaquina de Rojas Caso. El solo hecho de pertenecer a una Comisaría inquisitorial, en su calidad de alguacil mayor del Santo Oficio en Lambayeque, nos muestra la pureza (“Limpieza”) castiza de su sangre. En el “Diccionario de autoridades” se define “limpieza” como “excelencia y prerrogativa que gozan las familias, aunque no sean nobles: y consiste en no tener mezcla ni raza de Moros, Judíos, ni Herejes castigados” (1990, II: 409). Los Fernández de la Cotera, debieron hacer demostración de sus raíces familiares y de la “cristiandad vieja”, para ingresar en el ministerio del Santo Oficio.

Los cántabros eran reconocidos tanto por su “vocación al trabajo, el ahorro, el orgullo familiar” y la convicción de su hidalguía o sentido de nobleza no reconocida. Miguel de Cervantes Saavedra en el cap. 48, segunda parte, del Quijote, expresa: “Hidalgo como Rey porque era Montañez” y sobre su emigración constante y notable presencia en la sociedad colonial peruana, un poema del Conde de la Granja, Luis Antonio de Oviedo y Herrera, el más destacado poeta de la Academia de Palacio de Lima, mencionó en un verso: “…Tanta nobleza junta, al sur extraña/ juzgando va a poblar otra montaña”

miércoles, 25 de octubre de 2017

Los Milagros de Fray Francisco Solano en Lambayeque

Oleo: San Francisco Solano
De Kracker Johann Lucas
Año: 1770 

En 1676 en Madrid (España), se publica la obra “Vida, virtudes y milagros del apóstol del Perú el B. P. Fr. Francisco Solano” del presbítero franciscano Diego de Córdoba y Salinas. El texto reúne las declaraciones y testimonios de quinientos testigos sobre la acción milagrosa de San Francisco Solano. Los testigos pertenecieron a las diócesis de Sevilla, Granada, Lima. Córdoba y Málaga. En la obra aparecen (Cap. XI – p. 523 - 526) cuatro testimonios  registrados entre 1634 y 1640 en el pueblo de San Pedro de Lambayeque.
A San Francisco Solano se le llama el “Taumaturgo del nuevo mundo” reconociéndosele como una Persona que actuó de forma milagrosa y a quien se atribuyó actos prodigiosos. Nació en 1549 en Andalucía (España). Recorrió a pie los territorios de Perú, Argentina y Paraguay, instruyendo a los naturales y ganando fama por su humildad, alegría, servicio y labor pacificadora.  Falleció en 1610 pero sus virtudes fueron reconocidas también en Lambayeque.
Sana una niña desahuciada: A 26 de enero de 1634, juraron ante el juez apostólico en el pueblo de Lambayeque, Martín Godínez Ternero y su mujer María de Mingolla que hacía tres años que una hija suya llamada Lucía estuvo desahuciada y sin esperanza de vida, ni remedio alguno le era de provecho, no podía comer y para que recibiese alguna sustancia le habrían la boca con un palo. El padre afligido pidió una imagen de San Solano que puso en la cabecera de la enferma invocando su intercesión que luego se experimentó, pues el mismo día mejoró y pidió de comer y de bien en mejor en breve consiguió entera salud. Y lo declararon sus padres juntamente con Luisa de Mingolla testigo conteste”.
Resucita un niño: Mayor fue la maravilla que dentro de dos años sucedió, que según buena cuenta fue el de 1639. Parió la dicha María Mingolla un niño que llamaron Pedro que por haber nacido antes de tiempo salió enfermizo y desmedrado y a los siete días le sobrevino un mal repentino. Tomolo en los brazos su padre, pusosele el rostro renegrido, fuele faltando el aliento y la respiración, dio dos o tres boqueaqueadas y con ellas acabó la vida dando principio a general llanto y lágrimas en todos los de su casa. El padre certificado de la muerte del hijo, hizo memoria de lo mucho que valen con Dios los méritos del S. Solano, partió de carrera por el retrato del santo, llegó al difunto y pidió a todos hiciesen pausa en sus lágrimas y tuviesen fe, que sin duda Dios le restituiría la vida a su hijo  por medio de su siervo el santo Solano. Y así sucedió pues dentro de media hora que estuvo puesto el retrato del santo al rostro del niño, resucitó, abrió los ojos y de improviso el color difunto y amarillo se transformó en un color rosado y apacible cobró nuevo aliento y tomó el pecho y quedó bueno y sano y lo estaba al tiempo que se escribió ante el juez apostólico esta maravilla. Todos quedaron como pasmados y alabaron a Dios que por la intercesión del bendito padre Solano obró tan gran milagro, por cuya causa llaman al niño Pedro Solano. Hicieron declaración con juramento en forma los dichos su padre y su madre, y su hermana Lucía de Mingolla, testigo conteste a 26 de enero de 1640”.
Sana una niña muy peligrosa: Una niña llamada Francisca, hija de Alonio García Flores y de Lucía de Mingolla su mujer, vecinos de Lambayeque, estuvo muy peligrosa de una enfermedad que le dio a modo de perlesía, torcíasele la boca a un lado y hería lastimosamente de pies y manos. Viendo su madre cuan poco le prestaban los remedios que le hacían, pidió a su cuñado Martín Ternero el retrato del S. P Solano que con viva fe puso en la cabecera de la doliente y siendo esto de parte de noche, volvió luego en sí y a medianoche tomo el pecho que en tres días no había sido posible con que fue mejorando de manera que amaneció  quitada la fealdad de la boca y vuelta a su lugar, y en señal de su salud milagrosa, apareció delante de todos (con notable admiración) sobre la cabeza de la niña una señal en forma de cruz, como dorada y muy hermosa que luego se fue desapareciendo, y sin otra cura ni remedio humano, en breve se conoció su maravillosa salud y algunos dos años después reconocidos al santo padre Solano, hicieron de esta declaración ante el juez apostólico según derecho los dichos su padre y madre y María de Mingolla testigo conteste el enero pasado de 1640”.
Sana un niño de calenturas: Doña María Santillán, viuda de Miguel de Ribas, juró en el dicho pueblo de Lambayeque ante el juez apostólico, a treinta y uno de enero de 1640, que habría tiempo de cuatro meses, que estando un niño llamado Pedro, que criaba en su casa muy enfermo, una noche llego a estar tan mortal y con tal pestilencial calentura, que no hablaba ni comía y todos aguardaban que expirase. Acudió esta señora con un poco del aceite de las lámparas del santo Solano que le aplicó al vientre implorando su auxilio que luego se sintió con la súbita mejoría de manera que al tiempo que trataban de su entierro amaneció sin calentura y pidió de comer y siempre se continuó su mejoría. Y esta declarante y los demás de su casa celebraron el suceso por milagro obtenido por los méritos del santo Solano”.    
Portada de la Obra de Diego Córdoba y Salinas
“Vida, virtudes y milagros del apóstol del Perú el B. P. Fr. Francisco Solano” - 1676

Algunos comentarios que me parecen necesarios: En los tres primeros milagros es notoria la participación de personajes cercanos, familiares. Los prodigios ocurrieron en favor de dos de los hijos y un nieto de Martín Godínez y María de Mingolla. Se puede inferir la notable devoción familiar a San Francisco Solano. Tenían un retrato del santo y según la costumbre de la época pienso debió tratarse de un retrato grande. En el primer caso se testimonia la sanación de su hija Lucía, al parecer de epilepsia, en 1634 aclarando que el hecho se produjo en 1631. En el segundo caso, Pedro el recién nacido hijo de la pareja, resucita por la intercesión milagrosa de San Francisco Solano treinta minutos después de invocarse su acción milagrosa. Entre los testigos de los hechos se cuenta a Luisa y Lucía de Mingolla hermanas de la madre de los pequeños. El tercer prodigio fue en favor de Francisca, hija de Lucía de Mingolla, usándose medios similares a los dos primeros; esta vez, una cruz dorada apareció por poco tiempo en su cuero cabelludo. Sobre el cuarto prodigio, no puedo evitar relacionarlo con el segundo, en favor del pequeño Pedro; me da la impresión que refieren al mismo milagro.
Me parece significativo que en la dedicación de la obra de Córdoba y salinas realizada por Fray Pedro de Mena a Don Pedro de Portocarrero y Aragón, Conde de Medellín y Presidente del Real Consejo de Indias entre 1676 y 1679; Mena, califique a San Francisco Solano como el “místico diamante de subidos fondos de fe, celo, austeridad y milagros… tesoro perulero con que aquella opulentísima ciudad de Lima adorna la Iglesia…”.


martes, 24 de octubre de 2017

La "Monja Alférez" en Saña

Catalina de Erauzo
La "Monja Alférez"
Oleo de Hans Van Der Hamen
El historiador Teodoro Rivero, en “Lambayeque: Sol, flores y leyendas”, afirmó “… Saña albergará caprichos y desenfados de la Monja Alférez, cuyos escándalos motivan su excomunión por parte del Obispo de Trujillo, Fray Jaime de Mimbela…” (Rivero, 1976). Se ha escrito que por su comportamiento extraño y escandaloso fue rechazada por la población sañera, pero ¿Quién fue la “monja alférez”? y ¿Qué se conoce de su paso por Saña? Su nombre real fue Catalina de Erauzo, nació en la villa de San Sebastián de Guipúzcoa (España) el año 1585 (aunque su partida bautismal original registra el año de 1592). Hija del capitán Miguel de Erauzo y de María Perez de Galarraga. Vestía de hombre, como un militar, y se comportaba de manera contraria a lo que, socialmente, se solicitaba de una dama. A la edad de 4 años fue internada en el Convento de las Dominicas de San Sebastián cuya Priora fue Úrsula de Unza y Sarasti, prima hermana de su madre; Miguel de Erauzo hizo un voto “… a la Virgen de Atocha, consistente en contraer matrimonio y dar sus hijos varones al Ejército, para sacrificarlos en defensa de su Patria, de su Religión y de su Rey. Sus hijas mujeres irían al convento para adorar a Nuestro Señor, en caso de devolverle Dios la salud” (Gana, 1960). Catalina fugó a los 15 años luego de  golpear a la religiosa Catalina de Aliri por haberla “maltratado de manos”. No llegó a recibir los hábitos de la Orden. Fuera del convento se hizo llamar Francisco de Loyola.
En 1829, en París, Joaquín María de Ferrer presentó ilustrada y con notas la autobiografía de Catalina de Erauzo titulada “Historia de la Monja Alférez, Doña Catalina de Erauzo, escrita por ella misma”. De esta versión y la contrastación con otras fuentes históricas es posible reconstruir la breve historia del paso de tan original personaje por nuestras tierras lambayecanas.
Sobre su llegada a Saña, entre 1604 y 1605, Erauzo refiere “De Panamá partí con mi amo Juan de Urquiza en una fragata para el puerto de Paita…a lo último con las últimas cargas, yo partí de Paita y llegué a Saña". Se acomodó a trabajar con el próspero comerciante Juan de Urquiza, de quien refiere “…Púsome en una tienda suya…dejóme dos esclavos que me sirviesen, y una negra que guisase; y tres pesos señalados para el gasto de cada día: y se fue de allí a la ciudad de Trujillo…Yo me quedé en Saña con mi tienda: fui vendiendo conforme a la pauta que me quedó: fui cobrando y asentando en mi libro”.
Los antecedentes del incidente sangriento ocurrido en Saña y por el cual es recordada es narrado por ella misma con las siguientes palabras: “Estábame un día de fiesta y sin más atención, un fulano Reyes vino y me puso otro tan delante y tan arrimado que me impedia la vista. Pedíle que lo apartase un poco, respondió desabridamente, y yo a él: y dijome que me fuese de allí, que me cortaria la cara. Yo me hallé sin armas más que una daga, salíme de allá con sentimiento: entendido por unos amigos me siguieron y sosegaron”.
El lunes siguiente por la mañana, estando en la tienda, Reyes “hijo del alguacil mayor de Saña” (Andrés, 2014) pasó por la puerta. Catalina de Erauzo cerró la tienda y fue a un barbero para afilar la espada, buscó a Reyes y lo encontró frente a la iglesia con un amigo. Se puso al frente diciendo “esta es la cara que se corta” ocasionándole una profunda herida en el rostro. A la reacción del amigo, Erauzo respondió dándole una estocada “por el lado izquierdo, que lo pasó y cayó”. La “monja alférez” se refugió en la iglesia y, entrando el corregidor Mendo de Quiñones, la sacó arrastrando y la encarceló. Juan de Urquiza, enterado, volvió a Saña habló al corregidor y logró la libertad de Erauzo tres meses después.  

Con el propósito de acabar con el problema y creyéndolo varón, Juan de Urquiza propuso a Catalina Erauzo contraer nupcias con Doña Beatriz de Cárdenas, con cuya sobrina era casado Reyes. Erauso dedujo quererlas a ambas “a mí para servicio y a ella para gusto”. Erauzo rechazó el matrimonio a pesar que Urquiza “me prometió montes de oro”. Más adelante, ya en Trujillo, Erauzo tendría un nuevo incidente con el mismo Reyes y su amigo a quien hirió de muerte siendo nuevamente encarcelada. En la obra teatral, “La monja alférez” de Domingo Miras Molina el personaje de catalina rememora sus aventuras y termina, con justicia diciendo: “¡Me han pasado tantas cosas...!”