sábado, 23 de agosto de 2008

Jorge Lazo Arrasco y la metáfora del burro


El noble maestro chiclayano Jorge Lazo Arrasco presentó, hace muy poco tiempo en nuestra ciudad su obra número 57 titulada Chiclayo: Ciudad Símbolo. Debo confesar que no es la primera vez que leo alguno de sus textos y sin embargo esta vez quedé impresionado por el vínculo sincero y entrañable del maestro Lazo con nuestra tierra, sus rincones, sus costumbres, su pasado, su presente y su futuro. Considero que ningún chiclayano, que se precie de serlo, perderá la deliciosa y vivificante experiencia de subir por los peldaños de la inmensa escalera de nuestra misteriosa historia y tradiciones, que reposa sobre el muro fuerte y milenario llamado Perú. Lazo describe al Chiclayo chiquito, al barrio del Porvenir, a las familias de nuestro pueblo, al santo chiclayano Nicolás de Ayllón y muchas otras facetas de nuestras tradiciones. Es impresionante la calidad pionera del autor quien tocó asuntos relacionados a nuestra historia local y regional en tiempos que nadie hablaba de tales temas; una muestra de lo dicho es la publicación de Naylamp en 1959, obra en la cual traduce al género de novela la legendaria historia del personaje fundador de la cultura Lambayeque.La obra presentada a la comunidad local, por el fondo editorial de la Universidad Privada Alas Peruanas, se constituye en una contribución al fortalecimiento de nuestra cultura y es de lectura obligada a cuanto maestro, estudioso social, historiador o chiclayano de a pie que tenga interés en el pasado de nuestro pueblo. Se trata, pues, de una obra que trasciende al tiempo y al espacio, que se ubica como una de las piedras de base en la construcción de nuestra identidad y como libro de consulta permanente por la validez de los datos que aporta.Tal vez el más simpático de los artículos sea el dedicado a La metáfora de los burros. Lazo hace una apología del animal y nos recuerda que según la Real Academia de la Lengua española este término se refiere, entre otros significados, al hombre de mucho aguante para el trabajo. Discrepa con aquéllos que afirman que una persona ruda, de muy escaso cacumen, sea un burro.Nos recuerda que Jesús usó un burro en Jerusalén y que Sancho Panza montó uno junto al Quijote. Antiguamente nuestros abuelos solían decir: Dile a mi compadre que me preste su doctor, refiriéndose al burro.Describe algunas características de este noble animal: su mirada serena, profunda y melancólica; su resignación y paciencia jobiana; su caminar lento, pausado y rítmico; su panza ancha y su pelaje suave; sus orejas grandes que le permiten percibir el ruido más tenue y prever las lluvias. Antiguamente un borracho que montaba su burro llegaba con toda seguridad a su casa.El hombre debiera ser burro para aprender que la mayor virtud es la paciencia y la comprensión; paciencia para perdonar, comprensión hasta con los enemigos. Ya que el burro es definido por Lazo como una metáfora, se puede decir de él muchas cosas humanas. Se puede decir que el burro es un poema de la naturaleza.

1 comentario:

William Gargurevich dijo...

Una sincera felicitación para don Martín Cabrejos por la exquisita prosa empleada para describir tan ilustrativamente un sencillo pero no menos extraordinario escrito de un ilustre chiclayano don Jorge Lazo, que ha sabido mantener a través de los años ese amor por su pueblo y por el Perú entero al dedicar su vida entera a la educación considerando que esta es la principal vía para hacer al hombre libre y dueño de su propio destino.. Es uno de los personajes a los que el Estado aún les debe el respectivo homenaje en vida...